El claxing, como casi todas las modas, surgió de manera un tanto espontánea entre cierto sector de aficionados al tuning.
No hace tantos años que uno de ellos llegó a la conclusión siguiente: que instalar un cláxon de camión en su turismo no era sólo divertido, sino también esencial; ya que servÃa para atronar a los vecinos aún más que su equipo musical de 2000W. Y eso sin contar con el efecto que estos claxonazos surtÃan sobre el conductor desprevenido al que, por desgracia, le tocaba parar en el semáforo delante de uno de estos energúm… practicantes del tuning.
La idea no tardo en extenderse entre otros tuneros: costosos equipos de sonido fueron removidos de los maleteros para dejar sitio a bocinas cada vez más potentes. Al poco, las bocinas de 60kg de acero ruso impulsadas por botellas de dióxido de carbono a alta presión se convirtieron en el mÃnimo deseable, y toda clase de sucesos extraños tuvieron lugar a partir de ese momento.
Cerca de Calatayud, una pareja murió intoxicada por la inhalación de los gases impulsores de su bocina tras celebrar el amanecer con una pitada excesivamente larga. Algo parecido ocurrió en PeñÃscola, cuando otra pareja que hizo lo mismo sobre un pequeño acantilado se precipitó al agua, dentro de su vehÃculo, tras ceder el terreno por la vibración.
En la Primera Berrida Tuning de Mérida, ese mismo año, urgencias fue colapsada por un montón de gente a la que los órganos blandos se les habÃan roto debido a los subsónicos. La mayorÃa murió. En ese mismo evento, unos jovenes que hacÃan botellón a unos quinientos metros de distancia se quedaron sordos tras perder los tÃmpanos.
Una secta de tuneros evangelistas, los Trompeteros del Último DÃa, surgió espontáneamente en forocoches.com, proclamándose sus miembros a sà mismos como los ángeles de las trompetas del DÃa del Fin. En Marsella, delincuentes organizados se dedicaban a desencajar coches en marcha atacándolos con bocinas especialmente graves que desatornillaban las piezas a base de pura vibración.
También hubo curiosos accidentes, en los que estaban implicados camioneros que no se habÃan molestado en reemplazar sus bocinas por otras más potentes. Los conductores de turismo, acostumbrados a los nuevos barritos de los coches, cuando escuchaban un claxon normal de camión no reaccionaban como antes. Suena como un triciclo, debÃa ser lo último que pasaba por la mente del desdichado conductor después de ser aplastado por un vehÃculo de ocho ejes que habÃa intentado, infructuosamente, avisar de que habÃa perdido los frenos.
Hubo un escándalo en el congreso cuando un famoso diputado del PNPSE le intentó quitar importancia al fenómeno, descubriéndose poco después que era accionista mayoritario de una fábrica de cristales, cuya producción se habÃa multiplicado en los últimos meses. Como los casos de sordera.
Aun asà el fenómeno se extendÃa como la pólvora: el sufrido conductor que recibÃa un ultrabocinazo de 150dB y sobrevivÃa para contarlo, no tardaba en instalar un cláxon similar o más potente en su coche, para cuando pudiera tomarse la revancha. Tal era asà que hasta una conocida marca de coches alemana, especializada en macarrismos diversos, se planteó incorporar de serie una bocina de diez mil watios en todos sus vehÃculos.
Pero justo en ese momento el claxing se prohibió en toda la Unión Europea.
Al año siguiente el fenómeno, que habÃa estado restringido a centroeuropa, los paÃses del este y los paÃses mediterráneos, aunque no a los escandinavos, se habÃa extendido a todo el planeta… al igual que la prohibición.
Condenados a la clandestinidad, los gigantescos conos montados sobre el capo tuvieron que disimularse bajo lonas y chapas escamoteables. Las autopistas y aparcamientos se forraron de vigilantes equipados con orejeras especiales de varios kilos de peso. AsÃ, el riesgo quedó finalmente reducido a las carreteras terciarias que recorrÃan parajes especialmente aislados; atravesar una de estas era jugarse la vida, ya que allà acechaban los practicantes del claxing.
Pero hubo un lugar donde no se prohibió: California. Fue relativamente fácil para los juristas, ya que se refugiaron en la Segunda Enmienda. SÃ, la que garantiza el derecho a portar armas con fines defensivos o deportivos. Y fue precisamente en California donde se organizó el First Claxing World Contest.
El resto de la historia es conocido por todos: la falla de San Andrés se desplazó diecisiete metros, etc.. etc… El premio Darwin de ese año fue decicido por unanimidad. Quizás es menos conocido el suicidio simultáneo de los Trompeteros del Último DÃa que tanta alharaca habÃan montado hasta entonces, ya que ninguno de ellos habÃa asistido al evento en cuestión, al que acusaban de ateo. Su muerte debió ser horrible, ya que introdujeron la cabeza en sus propias bocinas; y cuando les encontraron, chorreaban sangre por todos los orificios del cuerpo.
Poco a poco, la moda decayó. La sociedad, tras la debacle de San Francisco, rechazó definitivamente la tendencia. Y no sólo ella: los cada vez más escasos practicantes del claxing fueron perdiendo el interés a medida que perdÃan completamente el oÃdo. Ya que gusto e inteligencia nunca habÃan tenido.



9,67 [6 votos]
9,00 [10 votos]














