5 abril 2010

río eo (2)

archivado en: Comer Eo Naturaleza

Ya estoy de vuelta a la vida cotidiana y por tanto, a este mi/tu/vuestro superglob.

En mi último post puse una de las muchas fotos que hice durante mi escapada de semana santa a la zona del río Eo. Fuí hasta allí buscando reencontrarme con la Naturaleza después de pasar 6 meses completamente volcado en un proyecto de implantación de un sistema informático, es decir, delante de una pantalla.

Como el objetivo de este pequeño viaje era más de carácter interno que externo, encuentro cierta dificultad a la hora de contar lo que vi y viví, ya que prefiero guardar reserva. Así que al contrario que en otros viajes que hice, que conté de modo cronológico, haré un pequeño resumen de mi estancia y en futuros posts contaré algunas de las rutas de senderismo que hice durante este tiempo, algunas de belleza sobrecogedora.

PRIMERAS IMPRESIONES

Ciertamente me llevé una sorpresa nada más llegar a la zona, ya que no me la encontré tan salvaje como pudiera esperar, al menos aparentemente. La fuerte inversión con fondos europeos sobre estos concejos ha potenciado su carácter turístico y los pueblos, caminos y carreteras están tan cuidados y arreglados que da la sensación de haber caído en una trampa para turistas. Pero como pude comprobar, nada más lejos de la realidad.

Las comarcas que rodean al Eo (a las que se les suele llamar sin más Los Oscos) están formadas por siete ayuntamientos distintos (incluyendo los Oscos propiamente dichos) que viven en gran parte, efectivamente, del turismo. Pero no es el típico turismo masivo que se puede encontrar en la costa mediterránea; al contrario, se basa sobretodo en el respeto al patrimonio natural y está dirigido a gente amante de la montaña y de las rutas por naturaleza. Y aunque mucha gente ha criticado y critica este enfoque, puedo afirmar que al menos por lo que fui testigo, esta inversión ha potenciado positivamente una zona que estaba prácticamente condenada al aislamiento y la autarquía económica.

Si no eres de Asturias o Galicia lo más probable es que la palabra Oscos no te diga nada. Pero esta zona destacaba por su peculiar modo de vida. Ancestralmente desconectada del resto del mundo por su geografía y situación, la gente que aquí vivía prácticamente era autosuficiente en todos los sentidos. Mucha de la gente que aquí vivía poseía casas Y terrenos que les proveían de todo al precio de trabajar de sol a sol. La gente se hacía con sus propios medios desde el pan hasta el licor, y la única industria, de carácter artesanal, que tenía cierta relevancia hacia el mundo exterior estaba basada en el hierro. Aún se conservan unas cuantas herrerías tradicionales impulsadas por energía hidráulica, y hay toda una cultura de navajas y cuchillos artesanales en plena vigencia.

ALOJAMIENTO

Aunque inicialmente me iba a hospedar en San Martín de Oscos, allí conocido como Samartín d’Ozcos, al final encontré habitación en Santa Eulalia, localmente llamado Santalla d’Ozcos. Véase foto.


Allí me hospedé en Casa Pedro, un bonito hotel atendido por, como es fácil deducir, Pedro, un hostelero multigalardonado por la calidad de sus servicios. Y ciertamente es un reconocimiento merecido pues Pedro es una persona que se desvive porque estés agusto y vuelvas. No sólamente se preocupa de dar comida y alojamiento de excelente calidad (hasta el café que sirve es de primera) a un precio muy asequible sino que demuestra que para esto de la hostelería no vale cualquiera: hay que saber y valer para ello.



LA GENTE

Toda la gente con la que tuve oportunidad de tratar, tanto en Santalla como en otros muchos sitios que estuve, es extraordinariamente amable. No sólo es abierta por naturaleza sino que en ningún momento tienes la sensación de que te intenten timar, como pasa en muchos sitios que viven principalmente del turismo.

Me produjo una gran impresión la manera de hablar. Al ser una zona que experimentó un aislamiento durante siglos, en él se mezclan influencias del gallego y del asturiano y el dialecto que se habla, el eonaviego (que toma el nombre por estar la zona comprendida entre el río Eo y el Navia) está muy vivo, como pude comprobar al oir a un montón de gente charlar en el primer bar-tienda en el que entré y durante el resto de mi estancia.

Yo que aprendí a hablar el bable que me enseñó mi abuela y estoy bastante familirizado con la lengua asturiana más o menos oficial que se habla en Asturias lo pasé mal para entender a la gente de allí. Aunque las palabras no son muy distintas y con atención son reconocibles, la fonética es muy distinta a la que se utiliza en el resto de Asturias: el uso de la che vaqueira, por ejemplo, está muy extendido. ¿A qué suena? pues un poco a como los argentinos pronuncian la y griega y la elle: ¿shegaste sha?.

EL PAISAJE

Es bastante montañoso, aunque variado. Mientras Taramundi tiene montes surcados por valles profundos y umbríos, de modo similar a Grandas de Salime o Pesoz, San Martín es mucho más abierto y formado por colinas redondeadas. En Santa Eulalia se pueden encontrar ambos tipos de paisajes.

En la zona ha habido muy poca industrialización, al contrario que en el resto de Asturias; eso no significa que esté exenta del todo de ella. Cerca de Grandas de Salime, sobre el río Navia, hay una presa con un conjunto industrial en ruinas que parece una especie de Minas Tirith que hubiera sido conquistada por Mordor. Es hasta bello por lo ominoso que resulta.


Y que valga la referencia a El Señor de los Anillos para mandarle un mensaje a Peter Jackson: Macho, entiendo que para rodar tus películas sobre la obra de Tolkien hayas escogido tu tierra, Nueva Zelanda. Pero si hubieras necesitado una alternativa, tendrías que haber venido por aquí.

Los paisajes, una vez que nos alejamos de las zonas más o menos urbanizadas, exquisitamente cuidadas, son sobrecogedores. Como veréis en futuros posts, o mismamente en la foto del anterior, no es difícil imaginarse a Gandalf y sus hobbits apareciendo por un recodo del camino.

A todo ello contribuye la omnipresente presencia de la pizarra, que domina la geología y la construcción en la zona. La increíble variedad de azules y violetas de esta piedra supone un contraste continuo con la infinita variedad de verdes, desde el limón hasta el turquesa, que explotan continuamente delante de los ojos, así como con los ocres y rojos de la madera y las hojas secas. Hay momentos en el que la belleza del entorno es tan sobrecogedora que deseas, sin éxito, parar los procesos mentales para poder percibirlos plenamente sin sentirse abrumado. Tanto es así que en algún caso, sólo tras ver las fotos en casa, he podido percatarme de lo obsceno de la belleza de algunos de los sitios en los que estuve.


Los muros que separan los campos están prácticamente todos hechos de esta pizarra, más o menos inundada de vida: cuando no lo es por el sedum y otras plantas más o menos suculentas, el musgo invade la totalidad de la piedra.


Es propio de esta zona utilizar lajas de pizarra clavadas en la tierra para delimitar los pastos y caminos de modo rapido y eficaz, sin el esfuerzo de levantar los muros de piedra clásicos. Se llaman chantos, como estos de Martul, entre Santa Eulalia y San Martín.


COMER

Se come de maravilla. Típicos productos de los Oscos son el queso y la miel, de los cuales traje alguna muestra para revivir la estancia una vez de nuevo en la ciudad. Pero aparte de los productos típicos para adquirir hay un montón de sitios para comer bien. El propio hotel Casa Pedro, donde me alojé, es un sitio excelente para probar la gastronomía de la zona, de carácter rural. Aquí no espere uno encontrarse pato a la naranja y melifluás parecidas: aquí lo que hay que tomarse son unos buenos huevos fritos con jamón, chorizo y patatas fritas. Y no digo ya el pan, riquisimo, que se hace y toma por aquí.


Uno de los sitios donde me gustó mucho comer, aunque probé unos cuantos, fue en el restaurante Las Cortes (no tienen web, sorry) de Pesoz. Precisamente allí me tomé el plato que acabo de mencionar. Lo que pasa es que me pilló con tanta hambre que no me acordé de hacer foto cuando me lo sirvieron, pero la ración, aparte de considerable, tenía un precio más que razonable. En la foto superior se ve el gusto con el que reformaron la antigua cuadra que ahora es comedor.

Hablaré de otros sitios para comer en los futuros posts sobre las rutas de la zona. Pero ya puedo adelantar que en todos ellos la casa os convidará seguramente a un pornográfico licor de orujo con miel.

Curiosamente, y para mi pesar, no hay apenas tradición de cachopo. De hecho, muchos hosteleros nisiquiera conocen el plato. De todos modos me tomé uno en Casa Pedro que analizo aquí.

EL CLIMA

Pues no muy distinto del resto de Asturias. Obviamente, cuando hay buen tiempo da gusto estar aquí. Pero cuando no, llueve; y bastante. Aunque por el hecho de estar relativamente bajos respecto al nivel del mar no hace mucho frío a no ser que tiremos en dirección a Galicia o León. A mí no me importa especialmente que el día esté gris o llueva: gran parte de la belleza del lugar se debe a la gran cantidad de agua presente en la zona, y alguna de las rutas que hice fueron bajo la lluvia. No por ello fueron menos hermosas.

Y como muestra un botón. Os pongo a continuación dos panorámicas realizadas en dirección al Mar Cantábrico desde el Alto de la Garganta, que separa la Ría del Eo del interior, a mi llegada (buen tiempo) y a mi partida cinco días después (mal tiempo).



¿Cuál os parece más bonita? Seguramente la segunda. Por eso el hecho de que no haya Sol no debería preocupar a la hora de acercarse por aquí. Otra cosa es que haya temporal, claro.

Y nada. Como ya he repetido varias veces a lo largo del artículo, en el futuro contaré con detalle algunas de las rutas que hice.

  • RSS
  • Facebook
  • Meneame
  • Twitter
  • MySpace
  • Digg
  • del.icio.us
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Slashdot
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • Wikio
  • Google Bookmarks
archivado en: Comer Eo Naturaleza

No hay comentarios

Ir al formulario  RSS de estos comentarios Trackback URL

Deja un comentario



índice   cranf.net   wordnadapress