3 marzo 2010

jacque fresco y el proyecto venus

Si habéis visto Zeitgeist: Addendum os acordaréis de la parte final, basada en el Proyecto Venus. Si no, os recomiendo que le deis al enlace anterior pues contiene el documental entero, que tiene poco desperdicio y debería ser obligatorio en los institutos de secundaria para todos los escolares entre 12 y 16 años.

Al grano: El Proyecto Venus es iniciativa de Jacque Fresco y su mujer Roxanne Meadows. El nombre le viene por su base de operaciones, en Venus, Florida.

En resumen, consiste en el diseño, de principio a fin, de una sociedad utópica cuya base es una Economía Basada en Recursos, en contraposición a nuestra Economía Basada en Beneficios. No es una idea exclusiva de Fresco, pero supone la base de todo el Proyecto Venus.

Si miramos la página oficial del proyecto Venus con sus gráficos un tanto ingenuos de futuras infraestructuras y máquinas automáticas, probablemente nos recuerde a las enciclopedias de la vida futura que leíamos de pequeño, repletas de coches voladores y panolladas similares. Esto parece restarle seriedad al planteamiento; pero cuando miramos de cerca las reflexiones de Fresco sobre la organización económica actual y la que él propone como alternativa, no hay más remedio que asentir en muchas cosas.

Voy a intentar resumir algunos de los razonamientos de Jacque Fresco sobre economía.

Una economía basada en el beneficio necesita y provoca escasez: para obtener beneficios es necesario que al coste de producción se le añada una plusvalía más o menos proporcional a este. En el momento en el que el coste de algo tiende a cero por su abundancia (por ejemplo, el aire), deja de haber beneficio. La cultura del beneficio necesita de la escasez para medrar.

El dinero está obsoleto: En una época pretecnológica donde la explotación de los recursos era cara y la escasez inevitable y endémica, tenía sentido el uso del dinero como herramienta para la distribución de la riqueza. Hoy en día la tecnología permite tanto la explotación como la transformación de los recursos a muy bajo coste.

Esto y lo anterior implica que:

Hay más recursos que dinero. Si la cultura del beneficio fomenta la escasez y el coste real de producción no hace más que bajar debido al progreso tecnológico, sólo se puede conservar el sistema monetario haciendo que la cantidad de dinero en circulación sea escasa; en definitiva, que el dinero sea el cuello de botella de cualquier iniciativa. Fresco lo expone así con sus propias palabras:

Al principio de la Segunda Guerra Mundial en los USA había unos 600 aviones de guerra. En apenas un año estábamos fabricando 90.000 al año. La cuestión al principio de la guerra era: ¿Hay fondos para producir todo lo que necesitamos para la guerra? La respuesta era No, no tenemos bastante dinero u oro; pero tenemos recursos suficientes. Eran los recursos y no el dinero los que permitieron la capacidad de producción y eficiencia necesaria para ganar la guerra. Desafortunadamente sólo se piensa así en tiempos de conflicto.

A esto hay que añadirle que esta abundancia de recursos es MUY real, y que la tecnología para sacar el máximo partido de ellos está ahí presente. Tenemos recursos de sobra para que todo el planeta viva muy bien trabajando apenas unas horas al día.

Estimaciones como la que se citan en Zeitgeist, aseguran que sólo la explotación adecuada de la energía geotérmica disponible en las zonas adecuadas del planeta permitiría generar 4000 veces más energía que la que consumimos actualmente; y además, limpia.

La cultura del beneficio conduce a la corrupción y la desconfianza: esto lo expresa Fresco muy bien con el siguiente ejemplo: Cuando un médico dice que necesitas operarte de algo, lo que le supone un beneficio a él, no sabes si es realmente necesario para ti o quiere comprarse un yate. Beneficio y ética se repelen mutuamente.

Hay cosas que se deben hacer porque son necesarias, y no por que den beneficio: Esta afirmación es mía pero supongo que Fresco la firmaría sin dudar. Hay cosas que no dan beneficio por sí mismas, o al menos no inmediato, pero que son necesarias: educar al que no sabe, mitigar los efectos del cambio climático, poner una colonia en la Luna YA (Obama, ya te valium), garantizar un nivel de vida mínimo a los que no tienen nada… En una cultura del beneficio lo que no es rentable sencillamente no se lleva a cabo.

El sistema monetario está comprometiendo el futuro del planeta y de la especie: Sirva esto como corolario de las afirmaciones anteriores. Ciertamente el beneficio inmediato supone el rechazo de cualquier planificación a largo plazo. ¿Quién puede invertir en algo que sólo dará beneficios dentro de 100 años, por inmensos que sean? Sólo empresarios o gobernantes con una visión fuera de lo común.

El dinero no es la única motivación posible: Cuando estas ideas saltan a la palestra, la respuesta más habitual del público es: Sin dinero, ¿qué motivación tendría yo para trabajar?.

En nuestra actual economía basada en la explotación de la Tierra y de las personas, los beneficios que se producen ya son enormes, pero no los vemos. ¿No te lo crees? Busca datos de cualquier gran empresa y divide los beneficios anuales entre el número de trabajadores. Si cogemos las cifras públicas de una petrolera, que es un buen ejemplo, nos sale que cada empleado, de media, produce casi 600.000€ de beneficio anual. ¿Quién los disfruta? Lo más seguro, un puñado de personas que probablemente no han visto un cubo de petróleo en su vida.

Eso es mucha pasta. Si esa riqueza (que no dinero), y la de todo el trabajo realizado en todo el planeta, fuera efectivamente distribuida entre todos los seres humanos, viviriamos como reyes o emperadores. De lo que se deduce que para vivir bien a secas bastaría que trabajaramos muy poco al día. Y no digo si simplemente nos limitáramos a nuestras necesidades básicas.

Más aún, el trabajo pasaría de ser una obligación para sobrevivir a orientarse en función de las pasiones individuales o colectivas, que funcionan como la motivación definitiva. Véanse los Falansterios de Fourier. En un mundo así, sé que mi profesión tendría que ver con la programación de máquinas, una de mis pasiones.


Ciertamente creo en la visión de Fresco, y creo en ella porque es posible y plena de sentido. Lo que no creo es que estemos lo suficientemente desarrollados como para realizar una transición fluida hacia una economía basada en recursos.

No se trata sólo de que toda la maquinaria socioeconómica actual trabaje unida para impedir que cualquier tipo de iniciativa de este tipo.

[ Sólo hay que ver lo que ocurre cuando internet posibilita que la copia de música o vídeo sea gratuita. Sí, hablo de cánones y chorradas varias. No me extrañaría incluso que la innombrable me viniera un día a decir algo como: Quita TU música de TU página, que la estás regalando y eso es ilegal. ]

Lo peor es la fe ciega en el sistema actual, una fe que no se acaba de desmoronar incluso cuando se observa de cerca la crisis económica de 2007 y su origen en una especie de juego de cartas financiero que aparentemente estaba desconectado de la realidad.

Y la ilusión, todavía presente, de que en un sistema de beneficios todo el mundo gana. Falso: cuando hablamos de recursos materiales, en toda transacción, para que unos ganen, otros tienen que perder.

No me quiero extender más porque me deprimo. Concluiré: el salto sólo será posible el día que lleguemos a una situación límite en la que perdamos todos. Espero que no sea demasiado tarde.

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4 comentarios

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Vaya, es la economia de Star Trek…………bueno, ya sin coñas es la economia de Star Trek, la tecnologia permite a todo el mundo un minimo de bienestar sin trabajar asi que todo el mundo puede trabajar vocacionalmente.

Comment by Carmencita — 11 noviembre 2010 @ 18:17

bueno, la comparación con star trek la encuentro odiosa, y no sólo porque no me gusta ni la serie ni el universo que describe. es que, de por sí, los gráficos e ilustraciones de fresco son bastante ingenuos (que no sus planteamientos) y la analogía con star trek no le añaden mucha seriedad.

la cultura” de iain banks (ejemplo de economía post-escasez) me parece mucho mejor ejemplo y hasta más viable, salvando las distancias.

Comment by voet — 11 noviembre 2010 @ 18:30

Las utopías son útiles y necesarias como experimentos intelectuales que nos permiten entender mejor nuestra realidad: ganando perspectiva al mirar desde otro punto de vista al que estamos habituados. Y así interpreto tu manera de exponer las tesis del “Proyecto Venus”. Comparto algunas de tus críticas a las consecuencias negativas de la economía de mercado.

Pero es muy fina la linea que separa esta introspección mediante utopías y el considerar que una utopía es una realidad alternativa a la que podemos optar “si nos lo proponemos”. Esta falacia es una epidemia en cuyo epicentro encontraremos Star Trek, Disney y similares. ;-)

Me recuerda a una frase que leí hace poco: “Cualquier memo logra idear una solución teórica a un problema. El buen ingeniero no debe empecinarse con encontrar una solución óptima, sino también viable.”

A menudo pretendemos que nuestros sistemas políticos y económicos son el resultado de un proceso de diseño racional, cuando más bien se trata de sistemas “naturales”, complejos y caóticos en los que es muy difícil incidir y menos aun con consecuencias previsibles.

Axel.

Comment by Axel — 12 noviembre 2010 @ 3:26

axel, encuentro el comentario muy inteligente. obviamente una utopía prediseñada necesita de un pragmatismo a prueba de bomba.

este pragmatismo requiere, ante todo, que todos los afectados (¡en este caso hablaríamos de la humanidad entera!) sean tenidos en cuenta y que no exista exclusión. en principio esto es posible siempre que se considere que las necesidades humanas básicas son las mismas para todos: comida, abrigo, techo y socialización.

la historia abunda de casos de iluminados que impusieron su criterio con consecuencias desastrosas, y el ejemplo más flagrante quizás sea el de pol pot en camboya, con su utopía de un “socialismo prehistórico” que en principio concuerda en muchos puntos con el proyecto de fresco pero en la práctica se convirtió en una matanza.

también es verdad que en algunos casos los sistemas políticos y económicos tienen una naturaleza y una historia/desarrollo de carácter orgánico. pero muchas veces condicionados por sistemas de creencias muy elementales que condicionan ese desarrollo: por ejemplo, sin la creencia en el oro como material valioso probablemente el sistema monetario sería muy distinto. y atacar o “limpiar” el sistema de creencias es un punto de partida.

el problema ahora es ¿cuál es el sistema de creencias que hay que modificar? en este caso la fé en el sistema monetario y su ilusión de que todos ganamos (o podemos ganar si nos lo proponemos).

por eso concluyo el artículo precisamente con “el salto sólo será posible el día que lleguemos a una situación límite en la que perdamos todos“, que a grandes rasgos será el día en que exista un clamor universal por el cambio, porque lo que tenemos ya no funciona.

Comment by voet — 12 noviembre 2010 @ 11:00

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