25 Febrero 2010

vinilo vs. compact disc (1)

Archivado en: Análisis, Audio, Nostalgia — voet

Este artículo, debido a su extensión, está dividido en dos partes.

He aquí una vieja guerra que ya dura muchos años: ¿Qué soporte suena mejor: vinilo o compact disc?

Aviso por adelantado: prefiero el CD a pesar de que no es ni mucho menos un formato perfecto. Pero como hay muchos elementos en juego como para llegar a una conclusión temprana, analizaré la cuestión por partes, no sin antes hacer un repaso a mi propia experiencia, cosa que se debe hacer siempre en discusiones de tipo casi-casi-casi religioso como esta.


Desde que era un mocoso he coleccionado música, especialmente en formato LP o LongPlay (muy rara vez singles) y en cinta; aunque para ser preciso, en realidad no debería hablar de cinta sino del formato Compact Cassette. Para abreviar, lo dejaré en cinta a secas a partir de ahora.

Por entonces prefería claramente el vinilo a la cinta por varios motivos.

En primer lugar, porque la calidad de sonido era infinitamente mayor. Jamás he escuchado una cinta comercial que estuviera grabada con la calidad que merecía. Esto tiene explicación: mientras fabricar un disco no pasa de un planchazo sobre un molde, la copia de cintas es un proceso bastante más pesado y lento si se pretende hacer bien; con lo que normalmente se copiaban a altísima velocidad, perdiendo en el proceso muchísima resolución de sonido.

Por otra parte, la calidad del vinilo era menos variable, mientras que las del material magnético de la cinta, de la película misma y hasta de los componentes mecánicos podían experimentar grandes variaciones de unos fabricantes a otros. En definitiva, cuando tenía la oportunidad de oir el mismo disco en sus versiones originales de LP y cinta no había, sencillamente, color en la comparación.

Otra ventaja importante del LP respecto a la cinta era el tamaño de la portada, el formato y la posibilidad de acceder a cualquier punto del disco instantáneamente. Por eso precisamente los ordenadores ahora utilizan “discos duros” y no “cintas duras”.

Volviendo a la música: eso no impedía que normalmente escuchara cassettes: pero las que yo grababa en cintas vírgenes de calidad a partir de mis propios vinilos. ¿Por qué? Por el brutal desgaste que suele suponer cada audición de un vinilo. Así, cuando apreciaba un LP especialmente, solía hacerle una copia en cinta recién comprado y después escuchaba exclusivamente la cinta, dejando el vinilo para ocasiones especiales… o para volver a copiarlo cuando la cinta estuviera ya medio transparente. De aquella consideraba, y sigo considerando, que una cinta de cromo (Type II) BIEN grabada y con Dolby B sonaba indistiguible del disco, clicks, pops y fritos incluídos.

En los 80, sin embargo, se produjo un fenómeno que contribuyó, creo yo, al triunfo del CD como formato más aún que las supuestas ventajas del sonido digital: la industria tomó la costumbre de editar LPs cada vez más delgados y en vinilo de peor calidad.

Me viene a la memoria un álbum, no recuerdo cual, que tenía de finales de los 70 y que recompré unos 10 años después, pues tenía el viejo ya muy gastado. La nueva reedición no sólo era infinitamente más fina y endeble, sino que tenía hasta el agujero descentrado casi un milímetro, lo que se apreciaba claramente al reproducirlo en el Dual Bettor de mi hermano. Comprar vinilos a finales de los 80 o principios de los 90 se convirtió en una lotería, teniendo que devolverlos muchas veces a causa de sus sangrantes defectos.

Precisamente a mediados/finales de los 80 escuché por primera vez un CD en casa de un amigo. Y me sorprendió, más que nada, la ausencia de ruido: Puse el Incantations Part 3 de Mike Oldfield (el primer CD que, al cabo de un tiempo, acabaría comprando) y le di al Play. Como era costumbre, intenté subir el volumen hasta oir ligeramente el ruido de fondo usual en los LPs, sin éxito. Y claro, cuando sonó la primera nota pensé que se venía la habitación abajo. En ese momento dije: ¡Olé el concepto de CD y la madre que lo parió, que se llama Philips!

Teniendo en cuenta que por entonces era imposible hacer copias caseras en formato LP o CD, con lo que no había más remedio que adquirirlos originales, y que el mismo álbum más o menos costaba lo mismo independientemente del formato, decidí dejar de comprar vinilos y adquirir sólamente CDs a causa de su ausencia de ruido y durabilidad… incluso antes de tener reproductor, que finalmente fue un Luxman de excelente calidad que compré a un amigo de mi hermano.

Y ahora, al grano: comienza la disputa.

EL FACTOR EMOCIONAL

Creo que no exagero si aseguro que el factor primordial en esta guerra de formatos es emocional, y contra el sentimiento no hay razonamiento que valga. Pero sí se pueden argumentar las causas de este apego. Que cada uno/a concluya por sí mismo/a posteriormente.

Es evidente que el mayor formato del LP permitía hacer portadas espectaculares a gran tamaño, en comparación con la de los CDs, que eran una cuarta parte.

Pero esto, como siempre, es una verdad a medias, pues a la hora de la verdad lo que importaba era las ganas del editor. He tenido discos supercutres, especialmente reediciones, y discos espectaculares, como el War of the Worlds de Jeff Wayne. Y no hay que olvidar que los CDs tenían, y tienen a su favor, costumbre de traer algún tipo de libreto, cosa rara en el vinilo que traía simplemente, y no siempre, una hoja impresa a dos caras con las letras de las canciones. Y gracias.

[ Obviamente las cintas de cassette, en este aspecto, juegan en una liga inferior y poco pueden hacer contra un vinilo o un CD. ]

Si dejamos de lado la parte gráfica y/o informativa, tenemos que considerar también el tacto. Obviamente no es lo mismo el ritual, parecido a hacer al amor, de colocar la aguja, o darle la vuelta al vinilo, que el mero insertar, acto más porno, el CD en el reproductor; y no digamos si este se resistía a leer el CD, cosa muy habitual en los primeros años de la tecnología. Aquí gana el LP con diferencia.

Algo que no se suele mencionar en este tipo de disquisiciones es el hecho de que es fácil reconocer, por el diferente brillo de los cortes y las separaciones entre ellos, de que disco se trata incluso sin ver la etiqueta. En ese sentido, el vinilo tiene una especie de huella dactilar que le dota de personalidad. Recuerdo que a un amigo mío de la adolescencia el hecho de que yo adivinara de que disco se trataba exclusivamente por su patrón de brillos le resultaba asombroso y solía desafiarme cuando podía. A mí nunca me pareció un talento especial y sé de mucha gente que lo hacía.

Dentro del factor emocional hay que destacar la diferente presencia que tenía en una estantería una colección de vinilos y otra de CDs. Pero aunque no lo parezca ocupan más o menos el mismo espacio, ya que aunque el CD es más o menos cuatro veces más pequeño en área, el grosor de la caja, al menos en los primeros años de comercialización, compensaba. Y en un orden práctico, los CDs se sostienen mejor y su lomo es más fácil de leer.

Y algo que no se debe olvidar, especialmente con la personas sentimentales que suele tener aprecio a los objetos materiales: un LP exige mucho más cuidado y mimo que un CD en el trato, y por tanto, más ternura (de nuevo la dicotomía amor/sexo que mencioné antes). Esto de todos modos sólo puede ser un inconveniente en el caso de personas más prosaicas.


Y llegados a este punto, voy a revelar porque estoy escribiendo sobre este asunto.

Resulta que hace un par de días pasé por la FNAC y he visto que tienen una nueva sección de vinilos. La cuestión es que los venden a la friolera de casi 30€. Me parece un abuso.

Las únicas explicaciones que se me ocurren para estos precios, o lo que es lo mismo, el que haya gente dispuesta a pagar esa pasta, son dos: el factor emocional del que acabo de hablar, con el que no me meto, y el mito erróneo de que el vinilo suena mejor el CD. Eso sí que no es verdad, al menos en la inmensa mayoría de los casos o condiciones de escucha.

De desmontar este mito tratará la segunda parte de este artículo.

  • RSS
  • Facebook
  • Meneame
  • Twitter
  • MySpace
  • Digg
  • del.icio.us
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Slashdot
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • Wikio
  • Google Bookmarks
Archivado en: Análisis, Audio, Nostalgia

5 comentarios

Ir al formulario  RSS de estos comentarios Trackback URL

El otro dia, por mi cumpleaños, me regaló Tomás un vinilo y, la verdad, me hizo mucha ilusión. Pude rememorar el desvirgue de un LP como ese acto de fe que a mi me encantaba. Aunque estoy contigo en que, en cuestión de sonido, es mejor el CD y en cuestión de, digamos estilo, gana el LP.
Por cierto, el LP regalado fue éste (enlace abajo) y no llegó a 21 € (¡y es doble y de importación!):
http://musica.fnac.es/a106130/Neil-Young-Live-In-San-Francisco-Edicion-vinilo-Importacion-sin-especificar?PID=6&Mn=-1&Mu=-13&Ra=-28&To=0&Nu=3&Fr=0

Comment por BVM — 25 Febrero 2010 @ 20:45

ya hablaré del tema del sonido en el próximo post. y sobre el disco, pues jobá: los que vi el otro día no eran dobles y costaban bastante más caros.

Comment por voet — 25 Febrero 2010 @ 21:15

De momento yo me quedo con el CD, ya que no tengo ningun medio para reproducir el vinilo >.<

Comment por Yami — 25 Febrero 2010 @ 22:30

¿Cual guerra?, si el CD-Audio es tecnología vieja (1990’s) pronto será un formato para la historia. Hoy en dia existen varios formatos de audio tan buenos o mejores que el CD-A. Saludos.

Comment por Alexander — 26 Febrero 2010 @ 2:33

la guerra entre DOS formatos viejos. en realidad la discusión es sobre lo analógico y lo digital. pero ya hablaré de eso en el siguiente.

Comment por voet — 26 Febrero 2010 @ 8:34

Dejar un comentario

índice   cranf.net   wordnadapress