Este artÃculo, debido a su extensión, está dividido en dos partes.
He aquà una vieja guerra que ya dura muchos años: ¿Qué soporte suena mejor: vinilo o compact disc?
Aviso por adelantado: prefiero el CD a pesar de que no es ni mucho menos un formato perfecto. Pero como hay muchos elementos en juego como para llegar a una conclusión temprana, analizaré la cuestión por partes, no sin antes hacer un repaso a mi propia experiencia, cosa que se debe hacer siempre en discusiones de tipo casi-casi-casi religioso como esta.
Desde que era un mocoso he coleccionado música, especialmente en formato LP o LongPlay (muy rara vez singles) y en cinta; aunque para ser preciso, en realidad no deberÃa hablar de cinta sino del formato Compact Cassette. Para abreviar, lo dejaré en cinta a secas a partir de ahora.
Por entonces preferÃa claramente el vinilo a la cinta por varios motivos.
En primer lugar, porque la calidad de sonido era infinitamente mayor. Jamás he escuchado una cinta comercial que estuviera grabada con la calidad que merecÃa. Esto tiene explicación: mientras fabricar un disco no pasa de un planchazo sobre un molde, la copia de cintas es un proceso bastante más pesado y lento si se pretende hacer bien; con lo que normalmente se copiaban a altÃsima velocidad, perdiendo en el proceso muchÃsima resolución de sonido.
Por otra parte, la calidad del vinilo era menos variable, mientras que las del material magnético de la cinta, de la pelÃcula misma y hasta de los componentes mecánicos podÃan experimentar grandes variaciones de unos fabricantes a otros. En definitiva, cuando tenÃa la oportunidad de oir el mismo disco en sus versiones originales de LP y cinta no habÃa, sencillamente, color en la comparación.
Otra ventaja importante del LP respecto a la cinta era el tamaño de la portada, el formato y la posibilidad de acceder a cualquier punto del disco instantáneamente. Por eso precisamente los ordenadores ahora utilizan “discos duros” y no “cintas duras”.
Volviendo a la música: eso no impedÃa que normalmente escuchara cassettes: pero las que yo grababa en cintas vÃrgenes de calidad a partir de mis propios vinilos. ¿Por qué? Por el brutal desgaste que suele suponer cada audición de un vinilo. AsÃ, cuando apreciaba un LP especialmente, solÃa hacerle una copia en cinta recién comprado y después escuchaba exclusivamente la cinta, dejando el vinilo para ocasiones especiales… o para volver a copiarlo cuando la cinta estuviera ya medio transparente. De aquella consideraba, y sigo considerando, que una cinta de cromo (Type II) BIEN grabada y con Dolby B sonaba indistiguible del disco, clicks, pops y fritos incluÃdos.
En los 80, sin embargo, se produjo un fenómeno que contribuyó, creo yo, al triunfo del CD como formato más aún que las supuestas ventajas del sonido digital: la industria tomó la costumbre de editar LPs cada vez más delgados y en vinilo de peor calidad.
Me viene a la memoria un álbum, no recuerdo cual, que tenÃa de finales de los 70 y que recompré unos 10 años después, pues tenÃa el viejo ya muy gastado. La nueva reedición no sólo era infinitamente más fina y endeble, sino que tenÃa hasta el agujero descentrado casi un milÃmetro, lo que se apreciaba claramente al reproducirlo en el Dual Bettor de mi hermano. Comprar vinilos a finales de los 80 o principios de los 90 se convirtió en una loterÃa, teniendo que devolverlos muchas veces a causa de sus sangrantes defectos.
Precisamente a mediados/finales de los 80 escuché por primera vez un CD en casa de un amigo. Y me sorprendió, más que nada, la ausencia de ruido: Puse el Incantations Part 3 de Mike Oldfield (el primer CD que, al cabo de un tiempo, acabarÃa comprando) y le di al Play. Como era costumbre, intenté subir el volumen hasta oir ligeramente el ruido de fondo usual en los LPs, sin éxito. Y claro, cuando sonó la primera nota pensé que se venÃa la habitación abajo. En ese momento dije: ¡Olé el concepto de CD y la madre que lo parió, que se llama Philips!
Teniendo en cuenta que por entonces era imposible hacer copias caseras en formato LP o CD, con lo que no habÃa más remedio que adquirirlos originales, y que el mismo álbum más o menos costaba lo mismo independientemente del formato, decidà dejar de comprar vinilos y adquirir sólamente CDs a causa de su ausencia de ruido y durabilidad… incluso antes de tener reproductor, que finalmente fue un Luxman de excelente calidad que compré a un amigo de mi hermano.
Y ahora, al grano: comienza la disputa.
EL FACTOR EMOCIONAL
Creo que no exagero si aseguro que el factor primordial en esta guerra de formatos es emocional, y contra el sentimiento no hay razonamiento que valga. Pero sà se pueden argumentar las causas de este apego. Que cada uno/a concluya por sà mismo/a posteriormente.
Es evidente que el mayor formato del LP permitÃa hacer portadas espectaculares a gran tamaño, en comparación con la de los CDs, que eran una cuarta parte.
Pero esto, como siempre, es una verdad a medias, pues a la hora de la verdad lo que importaba era las ganas del editor. He tenido discos supercutres, especialmente reediciones, y discos espectaculares, como el War of the Worlds de Jeff Wayne. Y no hay que olvidar que los CDs tenÃan, y tienen a su favor, costumbre de traer algún tipo de libreto, cosa rara en el vinilo que traÃa simplemente, y no siempre, una hoja impresa a dos caras con las letras de las canciones. Y gracias.
[ Obviamente las cintas de cassette, en este aspecto, juegan en una liga inferior y poco pueden hacer contra un vinilo o un CD. ]
Si dejamos de lado la parte gráfica y/o informativa, tenemos que considerar también el tacto. Obviamente no es lo mismo el ritual, parecido a hacer al amor, de colocar la aguja, o darle la vuelta al vinilo, que el mero insertar, acto más porno, el CD en el reproductor; y no digamos si este se resistÃa a leer el CD, cosa muy habitual en los primeros años de la tecnologÃa. Aquà gana el LP con diferencia.
Algo que no se suele mencionar en este tipo de disquisiciones es el hecho de que es fácil reconocer, por el diferente brillo de los cortes y las separaciones entre ellos, de que disco se trata incluso sin ver la etiqueta. En ese sentido, el vinilo tiene una especie de huella dactilar que le dota de personalidad. Recuerdo que a un amigo mÃo de la adolescencia el hecho de que yo adivinara de que disco se trataba exclusivamente por su patrón de brillos le resultaba asombroso y solÃa desafiarme cuando podÃa. A mà nunca me pareció un talento especial y sé de mucha gente que lo hacÃa.
Dentro del factor emocional hay que destacar la diferente presencia que tenÃa en una estanterÃa una colección de vinilos y otra de CDs. Pero aunque no lo parezca ocupan más o menos el mismo espacio, ya que aunque el CD es más o menos cuatro veces más pequeño en área, el grosor de la caja, al menos en los primeros años de comercialización, compensaba. Y en un orden práctico, los CDs se sostienen mejor y su lomo es más fácil de leer.
Y algo que no se debe olvidar, especialmente con la personas sentimentales que suele tener aprecio a los objetos materiales: un LP exige mucho más cuidado y mimo que un CD en el trato, y por tanto, más ternura (de nuevo la dicotomÃa amor/sexo que mencioné antes). Esto de todos modos sólo puede ser un inconveniente en el caso de personas más prosaicas.
Y llegados a este punto, voy a revelar porque estoy escribiendo sobre este asunto.
Resulta que hace un par de dÃas pasé por la FNAC y he visto que tienen una nueva sección de vinilos. La cuestión es que los venden a la friolera de casi 30€. Me parece un abuso.
Las únicas explicaciones que se me ocurren para estos precios, o lo que es lo mismo, el que haya gente dispuesta a pagar esa pasta, son dos: el factor emocional del que acabo de hablar, con el que no me meto, y el mito erróneo de que el vinilo suena mejor el CD. Eso sà que no es verdad, al menos en la inmensa mayorÃa de los casos o condiciones de escucha.
De desmontar este mito tratará la segunda parte de este artÃculo.


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