10 enero 2010

cachopomán en la gruta

archivado en: Asturias Cachopomán

Asumiendo mi identidad secreta de Cachopomán, en esta ocasión le toca el turno a La Gruta, uno de los restaurantes más afamados de Oviedo.

Este complejo hostelero ciertamente tiene una gran reputación, labrada a lo largo de décadas por sus gestores originales. Pero, para variar, el negocio ha experimentado una serie de traspasos, siendo el último bastante reciente. Sin echarle la culpa a nadie en concreto, pues realmente no he tenido oportunidad de hacer un seguimiento de cerca de la evolución de La Gruta, me temo que los viejos días de gloria han pasado.

Hace casi 20 años fui a mi primera boda en La Gruta. Y por lo que pude ver por mí mismo y por lo que me contaron los novios después, quedé encantado con el banquete y el servicio. Ahora mismo no estoy seguro de si celebraría mi boda allí. Al grano.

Ayer fui invitado a cenar por una amiga, Bea, y salí MUY decepcionado. No digo que con hambre, porque tampoco tenía mucha a la hora de entrar, pero es posible que ese extremo se hubiera producido si me hubiera pillado un poco más goloso.

Los precios son absurdamente caros. Una ración de croquetas, por ejemplo, cuesta 14,50€. Y sí, están muy ricas y todo lo que tu quieras.estudio sobre disposición de croquetas Pero está claro que las diez croquetas que traen están evidentemente contadas (como en el primer caso del gráfico de la izquierda) y los abundantes huecos que las separan en el plato, demasiado grande, da más impresión de tacañería que de estética. Pues eso, cada (mini) croqueta a 1,5€. La ración de calamares, eso sí, fue un poco más digna. Pero no tenía nada que ver con las que tomaba con mi padre en la época gloriosa de La Gruta. Y tuve que pedir el limón aparte, ya que esta gente asume que los calamares fritos deben tomarse sin limón (!?).

Es que son rácanos hasta con el pan. Mi única rebanada de pan malo, seco y duro, fue cobrada a 1,20€. De hecho le acabé preguntando al camarero si debido al temporal de nieve no les quedaba más que pan de ayer, ya que no estaba a la altura de lo que uno espera del restaurante; a lo que me contestó que no, que era del día.

Y llega el turno del cachopo. Y la verdad, esto no es un cachopo. Se parece bastante pero es más un filete (pequeño) enrollado que un susodicho:

cachopo gruta
Perdonad la mala calidad de la foto pero es que está hecha con el móvil y con poca luz.

Lo que lleva el cachopo por encima es una loncha de jamón de bastante calidad. Pero una loncha, nada más. Y, qué queréis que os diga, el jamón debe ir dentro del cachopo: me parece muy bien que madonna se ponga la ropa interior por encima, pero con la comida no se juega. Tampoco me gusta el detalle de la salsa. Aunque está rica y no parece que intente disimular nada, como suele ocurrir cuando el rebozado del artefacto se agrieta, el cachopo debería servirse sin salsa y, en todo caso, echarse a gusto del comensal.

Y las patatas… de nuevo, como en el caso de las croquetas, la escasez de patatas inspira sensación de racanería. Joer, señor gerente, que las patatas son bien baratas.

Descritas las cualidades externas, pasamos a las organolépticas. De nuevo, decepción. El relleno del cachopo es de pimiento del piquillo de lata y de champiñones laminados también de lata. Pero no precisamente de una gran conservera artesanal, sino de bote industrial de 5 litros. De hecho, el sabor metálico y hasta desagradable de los champiñones estropeó completamente la experiencia gastronómica.

Precio del ¿cachopo?: 15,75€.

sobre 20 mesas en la sala, casi todas vacías, y aun así nos ponen apretados contra la paredLlegados a este punto me cuesta decir algo bueno de esta gente, pero lo hay. Concretamente, la ambientación. La decoración del local, llena de madera de tonos oscuros, no ha cambiado apenas en 50 años, lo que le da una pátina rancia que personalmente me resulta muy agradable.

De todos modos, habiendo un montón de mesas libres, nos pegaron contra la pared de mala manera (véase foto a la derecha), siendo incómodo tanto para nosotros como para los camareros que nos atendieron. Estos, por otra parte, parecen desvivirse por atenderte; pero a la hora de la verdad hay alguno bastante apollardao = pasota+despistao. ¡Y eso que sólo había cuatro mesas ocupadas!

Quizás el único detalle que me gustó de verdad fue el del cuchillo, que por eso me molesté en ponerlo en la foto. Debo reconocer que es el mejor cubierto que me han puesto nunca para comer carne: estoy hablando de un cuchillo de 15cm de acero al molibdeno/vanadio afilado como una cuchilla de afeitar. Una auténtica arma asesina que era una delicia manejar, pues cortaba la carne como si fuera mantequilla. Pero como no te lo dejan llevar (y eso que prácticamente lo cobran) y la comida a cortar no está a la altura, pues que tampoco es un detalle a valorar tanto.

En definitiva, por un vino normalito (Protos crianza 2004), un par de cachopos cutres, una de croquetas rácana y otra de calamares normalita (sin limón de serie) metieron a mi amiga el increíble clavo, para tratarse de Asturias, de 78,54€. Afortunadamente no nos cobraron el limón.

En definitiva: NO recomendable.

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