En mi último artÃculo sobre música hablé de Thomas Diethelm y su técnica de pedaleras con delay para tocar sobre sà mismo creando capas y capas cada vez más complejas de su propia interpretación, de tal manera que al final parece que no hay un solo instrumentista, sino varios de ellos a la vez.
Pues bueno, Diethelm no es el único que se caracteriza por utilizar esta técnica como sello personal, y por eso me ha parecido oportuno hablar de Ed Alleyne-Johnson, un violinista de Liverpool bastante curioso. Aunque es necesario aclarar antes de proseguir que, a diferencia de Diethelm, no es ni mucho menos un músico excepcional o especialmente creativo. Más aún, dirÃa que es bastante mediocre, y no en el sentido despectivo, sino en el literal: qué hay muchÃsimos músicos igual o mejores que él. Pero original y freaky es un rato. Y además, en cierto sentido frÃvolo, forma parte de mi vida.
Mi primer contacto con Ed ocurrió en el edificio de GalerÃas Preciados de Oviedo a mediados de los 90, cuando el negocio ya estaba cerca de las últimas. AllÃ, en la horrible sección de música que habÃa en la planta baja, entre éxitos pop y folklóricas, encontré este disco de aquà a la derecha, publicado en 1992. Costaba la friolera, de aquella, de 3000 pesetas, el equivalente a unos 70€ actuales. No exagero: recuerdo que en esos años un quinto de cerveza costaba 100 pesetas en la mayorÃa de sitios de marcha.
Recuerdo como me quedé fascinado con la portada de Purple Electric Violin Concerto. Por las pintas jipiosas-psicodélicas-lennon del tÃo, el violÃn rarÃsimo —de cinco cuerdas y construÃdo por el propio músico, cosa que yo no sabÃa en ese momento— y el Conjunto de Mandelbrot como motivo recurrente en la decoración. De aquella éste no era un icono popular y sólo era conocido por friquis como yo, que en esos años me dedicaba a programar en C representaciones de fractales con mi PC Amstrad.
Lamentablemente la polÃtica de escucha de CDs de GalerÃas era un poco idiobécil —que no dejaban, vamos— y no sólo no tenÃa ni idea de a qué sonaba aquello, sino que no podÃa, en principio, ¡ni quitarle el plástico a la caja! Con lo que allà estaba yo contemplando lo que prometÃa ser la música del futuro, sin poder oÃrla, y con un Mandelbrot que sonreÃa y susurraba …cooómprame…
Pero hablo de la época en la que 3000 pelas eran una pequeña fortuna y yo no tenÃa un duro; de la época anterior a internet, de una miseria y una escasez musical patética, la era en la que las discográficas se forraban a nuestra costa descaradamente y en la que comprar o no un disco era una decisión trascendental, al menos para la cartera.
Asà que ni corto ni perezoso escondà el disco en la clasificación más aberrante para él, para minimizar las probabilidades de que alguien se lo llevara. Creo que lo metà entre las folklóricas. Y durante más de un año, cada vez que pasaba por galerÃas, me aseguraba de que siguiera en su sitio.
Por fin llegó el dÃa en el que a GalerÃas Preciados le tocó liquidar sus existencias de casi todo, más o menos por el año 1995. Me acerqué y comprobé horrorizado que MI disco habÃa desaparecido… pero claro, porque miré en mi escondite entre las folklóricas. Cuando recapacité y examiné la sección de New Age, allà estaba esperando por mÃ. Alguien de la tienda, tras bajarle el precio a 1000 pesetas, seguramente extrañado por la ubicación lo habÃa cambiado de sitio. Y por esa pasta me lo llevé a casa. Si es que no hay como saber esperar.
Y bueno, el disco estaba bien, pero ni mucho menos tan bien como yo esperaba. Era repetitivo y algo pesado; pero es que no se le puede pedir más a un señor en solitario con mil delays que no toca precisamente a la velocidad del rayo. Escuchen:
El resto de los temas del disco son por el estilo, hasta el punto de que el álbum no es tan adecuado para una escucha atenta como para utilizarlo de música de fondo durante una cena romántica o similar. Es posible que algún instrumento más o el uso de percusión lo hubiera dinamizado lo suficiente como para hacerlo más interesante. Aun asÃ, decidà no perderle la vista a este señor. Y llegada la era de la abundancia musical de mano de internet, el señor Alleyne-Johnson fue una de mis primeras búsquedas en el famoso programa Napster, que tantas alegrÃas nos dió a los primeros internautas.
Entonces me enteré de que habÃa al menos otro disco publicado en 1994, dos años después de Purple Electric Violin Concerto: Ultraviolet, el que cada corte estaba dedicado a un color.
En el fondo, más de lo mismo. Eso fue lo que pensé tras escuchar este disco.
Estaba claro que Ed como compositor no es brillante, aunque como intérprete sea correcto, y que insistÃa en llevar todo el peso de la música él solo. Y que la técnica de pedaleras con delays que le permite tocar sobre capas de sà mismo, aunque en muchos aspectos un regalo, por otra también le limita enormemente, pues sólo le deja, a la hora de la verdad, tocar composiciones tipo canon contrapunteando sobre sà mismo.
Mi intuición sobre el talento compositivo de Ed fue correcta, y me lo confirmó el hecho de que los siguientes discos que podemos considerar exitosos, Echoes (2004) y Reflections (2006), son exclusivamente versiones de éxitos pop-rock y fueron publicados tras un aparente hiato de 10 años en el que Ed sacó tres discos más de composiciones propias que no tuvieron absolutamente ninguna repercusión.
La verdad es que este video me produce cierta indignación. Parece que hasta ahora, por lo que he dicho, no valoro mucho a este músico, pero no es cierto. Es verdad que NO es un gran músico, pero creo que merece alcanzar cierto status de culto aunque sea por la fidelidad que ha mostrado a su propio (aunque limitado) estilo personal. En otras palabras, deberÃa estar sobre un escenario tocando para sus 100 incondicionales en todo el mundo y no pidiendo en la calle, tocando para el camión de la basura que casi le pasa por encima.
De todos modos se ve que es un hombre que le gusta estar al pie del cañón y no desiste en su empeño de hacer música. AsÃ, en 2008 volvió a sacar un disco de composiciones propias, Symphony (que incluye una sinfonÃa, como su tÃtulo indica) y este mismo año 2011, otro con mitad de temas originales, mitad versiones: Arpeggio.
En cualquier caso, estoy seguro que Ed Alleyne-Johnson está orgulloso y contento de lo que hace, que es consciente de sus limitaciones, y que algún dÃa obtendrá el reconocimiento pleno de una pequeña pero fiel base de admiradores. Probablemente con eso le baste.



9,67 [6 votos]
9,00 [10 votos]














