11 marzo 2010

escocia (1)

archivado en: Escocia

Este viaje a Escocia, uno de los más divertidos y caóticos que recuerdo, lo realicé en 2004 junto con la Abeforma y el Señor Conde (al que llamaré así porque prefiere el anonimato).

Hace tiempo que tengo ganas de contarlo para la posteridad igual que hice con el de Lisboa. Como por otra parte suelo documentar bastante los viajes que hago, aunque sea al menos geográfica y fotográficamente, gracias a ello puedo recordar y revivir los detalles como si hubieran ocurrido ayer.

prolegómenos

La idea del viaje surgió de Abe, que rápidamente nos lió a los demás y se encargó de organizar lo que pudo en apenas una semana. Eso quiere decir que nuestros preparativos consistieron en a) los billetes de avión hasta Stansted (no hubo manera de coger directamente un vuelo barato hasta Edimburgo o Glasgow) y b) alquiler de un Volkswagen Polo. Todo lo demás quedó improvisado a la mano de Dios. Así, el sábado 21 de Agosto de 2004 partimos de Asturias hacia Bilbao, y de allí hacia Inglaterra, llegando al aeropuerto, ya de noche, sin incidencias.

observación sobre el reino unido

Antes de proseguir: como es posible que el amable lector de este glob no tenga muy claro a que me refiero cuando hablo de Inglaterra, Escocia, Gran Bretaña, etc… quiero hacer una reseña importante para entender las islas británicas y su gente.

Al igual que España tiene sus diversas comunidades históricas, y no es lo mismo Cataluña que Andalucía o Galicia, pues resulta que, para sorpresa de alguna gente que piensa que España se rompe y esas cosas, en el resto de Europa pasa exactamente lo mismo. La inmensa mayoría de naciones europeas están formadas por pueblos muy distintos que se llevan más o menos bien después de tirarse mil años dándose de hostias entre sí.

De hecho, el caso británico es incluso más extremo que el español en todos los aspectos. Del mismo modo que Castilla incorporó el resto de España imponiendo su lengua, etc… en Gran Bretaña ocurrió lo mismo. Inglaterra incorporó al resto de pueblos de las islas; es decir, Escocia (Alba), Gales (Cymru) e Irlanda (Eire). Hay quien incluye Cornualles (Kernow). La diferencia es que en su caso concreto hubo bastante más sangre y fuego que en el nuestro. Allí no es extraño oir a una persona mayor expresiones como A mi abuelo lo mataron los ingleses.

Esto a la hora de la verdad se traduce en que las identidades nacionales están en Gran Bretaña aún más presentes que aquí en España y el odio o el desprecio (a veces mezclado con admiración) hacia los ingleses es más o menos generalizado por parte de los demás británicos. Tan intenso es este nacionalismo que, de hecho, existen libras inglesas emitidas por el Banco de Inglaterra y libras escocesas emitidas por el Banco de Escocia. Teniendo esto en cuenta, no alcanzo a imaginar que escándalo podría suponer aquí en España que las Comunidades Autónomas emitieran sus propios Euros.

Como se puede ver, las diferencias regionales no son algo exclusivo de España; en otros países son incluso más nítidas y, además, no impiden una convivencia pacífica. Este tipo de cosas se comprueba viajando.

En definitiva, cuando hablo de Inglaterra, Escocia o Gales, estoy refiriéndome a lugares muy distintos en cada caso.

en ruta hacia escocia

Ya que no pudimos volar directamente hasta Escocia, el primer día consistió en una paliza de unos 1000km dirección norte en el (mini)coche que alquilamos. Tenía intención de poner aquí el mapa de la ruta pero me quedaba tan largo e hicimos tan pocas paradas que no merece la pena. Y bueno, el pobre Abe era el único lo suficientemente confiado como para conducir por la izquierda, con lo que hizo de chófer todo el viaje.

Pues eso: la primera noche subimos lo que pudimos en dirección a Escocia, mientras el cuerpo aguantó: acabamos derrotados ya cerca de York. Dormimos en el coche (no sería la última vez) pero al día siguiente nos levantamos animados. Como no teníamos ninguna planificación, nos dejamos guiar por los nombres y la aparente geografía de lo que ponía en el mapa de carreteras que llevábamos. Así nos dejamos llevar hasta la costa este para contemplar la costa del Mar del Norte.

ovejitas en yorkshire
Yorkshire, aunque lo vimos de pasada, es precioso. Parte de mi curiosidad hacia este lugar derivaba de haber leído en mi infancia a James Herriot, el famoso veterinario/escritor que se dedicó a retratar el Yorkshire de los años 30 y 40. Allí pudimos comprobar el amor de los ingleses por la jardinería, que es una pasión nacional: rara es la casa que no tiene jardín, y más rara aún es la que no tiene enanitos u otras horteradas de peor gusto aún.

Una cosa que me llama la atención de los ingleses es que no tienen gusto por la ostentación, y la uniformidad derivada de la discrección suele ser la norma; de hecho, encontramos un montón de pueblos que parecían clones unos de otros.

adosados en yorkshire
Esta uniformidad, junto con el paisaje, una permanente campiña con suaves y verdes colinas, unas veces peladas, otras arboladas, a lo largo de cientos de kilómetros, provocaba una permanente sensación de déjà vu a medida que avanzábamos por el noreste de Inglaterra.

el castillo de warkworth
Fue en Yorkshire donde hicimos nuestra primera parada digamos, turística, pues nos topamos por casualidad con el Castillo de Warkworth, situado muy cerca de una pequeña localidad llamada Amble y de la costa. Aun estando en ruinas daba la sensación de estar muy cuidado; el amor y el orgullo por su Historia son bastante característicos de los británicos en general.

más warkworth
…y por fin llegamos a escocia

Nada más llegar a la frontera, los escoceses nos recibieron como mejor saben: a pedradas.

escoceses atacando
Obviamente es broma, aunque, como reconstrucción de la actitud escocesa durante la época de la invasión romana, la foto no está tan mal. De hecho, los escoceses, dos milenios después, son extraordinariamente amables y la diferencia de carácter con los ingleses es abrumadora; pero eso lo dejaré para otro artículo de esta serie.

Aunque en esta zona el Muro de Adriano, que es lo que se ve en la foto anterior, no es especialmente espectacular, ser consciente de que atraviesa la isla de lado a lado da una idea del esfuerzo que supuso construirlo; y subraya la diferencia entre los dos países, Inglaterra y Escocia. Por otra parte su conservación es excelente, lo que dice mucho a favor de los romanos y de quienes lo cuidan hoy en día. De nuevo el amor por la Historia, etc…

Como aún teníamos que llegar a las Highlands, que eran nuestro objetivo, no nos detuvimos mucho y atravesamos lo más rápidamente posible Edimburgo (pasando por el famosísimo Forth Bridge) y posteriormente Perth con destino Inverness, punto a partir del cual buscaríamos alojamiento.

el viejo forth bridge desde el nuevo forth bridge
A lo largo del avance al norte, que hicimos a toda velocidad, fuimos testigos de la gran diferencia entre el norte y el sur de la isla. No sólo la densidad de población y de edificación disminuía progresivamente; el paisaje, al llegar a Escocia, experimento un cambio considerable. La campiña se convirtó en monte bajo nada más atravesar la frontera, y esto es debido a que Inglaterra y Escocia tienen orígenes geológicos muy distintos; la principal isla británica es la unión de dos distintas que estuvieron separadas miles de kilómetros hace millones de años, como más adelante veríamos por nosotros mismos en Knockan Crag.

Y avanzando más al norte aún, las abundantes fallas y accidentes geográficos, unido a la ENORME cantidad de agua presente en la atmósfera y el suelo, provocan que existan literalmente miles de lagos, de mayor o menor tamaño, creando así uno de los paisajes más arrebatadoramente bonitos que he contemplado en mi vida. Ya pondré fotos en los siguientes articulos de esta serie.

black isle

beauly firth visto desde kessock
Una vez llegamos a Inverness no paramos allí, ya que nos habíamos planteado el viaje buscando el entorno rural más que el urbano y evitando en lo posible todo aquello que tuviera tufo turístico; así, atravesamos el puente que cruza el Beauly Firth hasta North Kessock, un pueblo costero bastante bonito situado ya en la Black Isle en sí. En Kessock nos permitimos por fin relajarnos en un pub típico, lleno de madera y diversos acolchados; y no muy distinto a los que nos podemos encontrar en España de estilo parecido.

Tres factores definen los pubs rurales británicos, deducidos a partir de nuestra propia experiencia:

  1. En todos hay un cañero de cerveza local, que por lo general es bastante infame. Era la que por sistema pedía yo, porque por mal que supiera sé que en otro sitio no podría probarla.
  2. En todos hay un cañero de San Miguel. Hay que joderse, pero la publicidad en la que la marca presume de estar presente en Europa es completamente cierta… al menos en el caso británico.
  3. La música NO es tradicional o celta, como la que suena en los pubs supuestamente celtas de España. No… allí o no suena nada o ponen cosas como… ¡¡¡bacalao-chumba-chumba!!!, lo que nos ocurrió en Gales.

duncanstown y el concepto de b&b

No nos detuvimos mucho en Kessock ya que aún era relativamente temprano, y aunque habíamos tenido un día ajetreadísimo, decidimos continuar todavía más al norte. Pero nos dieron las 7 de la tarde, tardísimo en esas latitudes, cuando llegamos a Duncanstown, en el norte de Black Isle, y decidimos buscar un Bed&Breakfast, no tardando en encontrar uno bastante potable.

Si nunca has estado en Gran Bretaña, debes saber una cosa; hay dos tipos de alojamiento. Carísimos hoteles, mínimo 120 libras la noche por habitación, y los Bed&Breakfast.

Estos últimos son baratos y suelen ser llevados por personas mayores que han quedado solas porque sus hijos han marchado de casa, y por tanto utilizan las habitaciones libres para hospedar a gente. Dormir en ellos suele costar unas 20 libras por persona, siendo más barato cuanto más al norte y bastante más caro a medida que uno se aproxima a Londres.

Se reconocen rápidamente por el cartel B&B que tienen colgados, aunque algunos hoteles llevan a engaño porque tienen el mismo cartel. Por otra parte los B&B pueden ser más o menos hospitalarios, y en ese sentido son un poco lotería; pero llevan un control gubernamental muy estricto con lo que nadie, insisto, nadie que quiera conservar su licencia B&B abusará del viajero que se aloje.

Ojalá hubiera un concepto parecido en España. Sería un gran estímulo para el turismo.

puesta de sol
Después del palizón de este primer día, decidimos, antes de acostarnos, dar un paseo por los enormes pastos de Black Isle contemplando la puesta de sol, preciosa.

bed & breakfast en duncanstown
Y nada, nos fuimos a dormir. Hasta mañana.

Continuará… Continúa.

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