31 marzo 2010

río eo (1)

archivado en: Eo Naturaleza

árbol en los oscos
He pasado los últimos días alrededor del río Eo. Toneladas de fotos en los próximos posts.

archivado en: Eo Naturaleza

26 marzo 2010

la calidad nueva del jefe

archivado en: Ficción Ironía Kafka

Hace no tantos años había un jefe, tan ansioso por ser director, que gastaba todo el presupuesto en realzar su propio curriculum.

El Sr. Líder, que así se llamaba, no se interesaba por su equipo ni por la empresa, ni le gustaba hablar con sus empleados, a menos que fuera para presumir de sus logros o machacarles un poquito, para que se viera quién mandaba allí. Tenía todas las paredes de su despacho llena de certificados y diplomas, y de la misma manera que se dice de un Jefe: “Está organizando las tareas de sus empleados“, de él se decía: “Está sacando brillo a sus medallas” o “Esta pensando a quién putear“.

Su departamento tenía mucho movimiento. Todos los días pasaban por allí subcontratados, comerciales, clientes y algún que otro becario. Y un día se presentaron por allí unos consultores, asegurando que sabían diseñar los más perfectos procedimientos departamentales. No sólamente garantizarían un máximo de eficiencia y un 100% de resultados, sino que servirían para determinar que empleados eran competentes y cuáles no, ya que sólo los primeros comprenderían las virtudes de la Política de Calidad que ellos implantarían. Además le pondrían al final una Q muy grande en la entrada a su departamento, lo que luciría un montón.

—Esta es la mía. Si consigo esa Q, el Presidente Supremo no tendrá más excusas para no hacerme Director de Algo —se dijo para sí mismo el Sr. Líder—.
Y mandó pagar a los consultores un buen adelanto por sus servicios, que no eran baratos precisamente, para que se pusieran cuanto antes a ello. Nuestro jefazo estaba dispuesto a sacrificar el dinero de la empresa con tal de poner esa Q en su curriculum.

Los consultores se metieron en el despacho que les habían asignado, abrieron, encendieron sus portátiles y empezaron a simular que diseñaban unos procesos adecuados para aquel departamento. En realidad, más que consultores, que también lo eran, eran unos truhanes sofisticados que se dedicaban a hacer copia-pega de un montón de libros absurdos y de PDFs escritos por gente que no tenía ni idea, ya no de organizar un departamento, sino de trabajar.

Me gustaría saber cómo es lo que están montando“, pensó el Sr. Líder. Pero tenía miedo de ver el trabajo de los consultores y no poder captar la sutileza y la sabiduría de los procedimientos que diseñaban, pues sólo tenían sentido para la gente competente. Y él sabía de sobra que no era competente: lo único que se le daba bien era ser un bastardo redomado, habilidad que había logrado a base de ser un cabrón todos los días; ya que sin constancia y disciplina, amable lector/a, no se llega a ningún lado.

Así que no iba él en persona, sino que estratégicamente situaba a empleados al lado de los consultores para que no perdieran de vista, ni por un segundo, aquello que redactaban.

Pero como estos no parecían enterarse de mucho, envió a su segundo de a bordo, persona inteligente y recta, aunque temerosa de conflictos, para que preguntara a los consultores como iba aquello.

Este hombre se acercó a los consultores y les pidió un PowerPoint sobre los avances de su trabajo. Mientras lo leía se dió cuenta de que no le encontraba sentido a nada.
—Aquí dice que uno de los objetivos es que ninguna incidencia tarde en resolverse más de tres días. Y más abajo, dice que cualquier incidencia que lleve más de tres días abierta debe cerrarse y volverse a abrir con un número distinto —comentaba él, ingenuo—.
—Así se consigue alcanzar el 100% del objetivo —contestaban ellos, no sin razón—. Nuestros procedimientos garantizarán la máxima eficiencia y las métricas periódicas así lo revelarán. Y ahora que ya ha leído el PowerPoint y hemos aclarado sus dudas… ¿qué opina usted? ¿No es maravilloso?
Y el pobre, que tenía miedo de contrariar a uno y a otros, y todavía no acababa de pillar de que iba aquello, decía:
—Me parece un enfoque muy inteligente y original. Le diré al Sr. Líder que están ustedes haciendo una magnífica labor.
—Muchas gracias —respondieron ellos—.
Y siguieron explicándole cosas al segundo de a bordo para que se las repitiera al Jefe, como que gracias a estos procedimientos los trabajadores estarían ocupados rellenando un montón de papeleo aunque no tuvieran nada que hacer, lo que fomentaría la creación de una atmósfera de trabajo. Y eso siempre es bueno.

Pero los consultores no acababan de establecer todos los protocolos necesarios, que eran muchos. Y prosiguieron durante meses y meses escribiendo, más bien copiando-pegando, y en ocasiones cambiándole el logo a documentos Word que reciclaban de otras empresas donde habían estado. Y claro, durante todo este tiempo, siguieron cobrando un pastón.

Como la cosa tardaba, el Sr. Líder volvió a enviar a otro hombre de confianza. Este ya no pidió un PowerPoint, sino que se dedicó a hojear el montón inmenso de hojas que iban recogiendo todas las normas y protocolos que estos consultores preparaban. Y como los innumerables párrafos utilizaban una palabrería increíblemente técnica y rebuscada, llegó a la conclusión, sin haberse enterado de mucho, de que aquello era, sin duda, una tarea titánica y digna de mérito, cosa que dijo en voz alta para que le oyera el Jefe.

Y pasaron meses y más meses. Como aquello seguía y seguía y no parecía acabarse, un día decidió acercarse a los consultores el propio Sr. Líder, rodeado de su séquito, para ver de que se trataba aquello.

El taco de folios se había convertido en un montón de tomos que tenían una gran Q en el lomo.
—¿Se ha fijado usted que bonita ISO? —preguntaban los consultores al Jefe con una gran sonrisa.
—Sí, por lo menos es una 70000 —contestaba él aparentando seguridad y esperando que colara, porque tenía medio idea de que detrás de ISO siempre había que decir un número, cuanto más alto mejor. Mientras, hojeaba aquellos tochos llenos de objetivos, métricas y protocolos, y pensaba que debía ser un poco tonto, pues contemplaban casuísticas que a él ni se le hubiera imaginado que pudieran afectar a su departamento. Sus hombres de confianza, por la manera de levantar las cejas, parecían llegar a la misma conclusión. O no.

Y llegó el día de la implantación oficial de la nueva Política de Calidad. Las semanas anteriores los consultores se habían dedicado a la formación de los empleados, repartiendo un montón de copias de los procedimientos, encuadernados en anillas, entre los trabajadores del departamento para así poder explicarles, con una gran sonrisa, cada una de las incontables minucias con las que tendrían que lidiar a partir de ese momento.

Todo el departamento estaba presente y expectante en el Gran Día. También estaban varios altos directivos, atraídos por el bufet, y hasta el Presidente Supremo. El Momento de Gloria del Sr. Líder había llegado por fin.
— Hace tan sólo un año —dijo—, el caos y la desidia invadían esta sala. A partir de hoy, los procesos fluirán como piezas bien lubricadas dentro de un motor eficiente.
Y después, dirigiéndose a los empleados uno por uno, les iba asignando sus nuevas funciones adicionales.
— Usted es ahora Responsable de Sinergias. Usted, Coordinadora de Metodología. Usted, Supervisora de Incidencias.
Y así hasta completar todos los puestos. Y aunque nadie entendía muy bien en que consistían todas aquellas funciones y de que iba exactamente el trabajo que tenían que hacer, a pesar de la formación recibida, nadie decía nada aunque, eso sí, algunos estaban sinceramente henchidos de orgullo.

—Ahora, como colofón, pondremos la gran Q a la entrada del departamento como símbolo de la Nueva Era de Eficiencia y, oh, Calidad.
Ahora sí que va a funcionar todo como debe“, “Por fin orden y organización“, comentaban los asistentes, ansiosos por atacar los canapés que estaban esperando en la sala contigua.

En esto llegó un becario al que habían sub-sub-sub-subcontratado para hacerse cargo de TODO el trabajo pendiente de las últimas semanas de TODO el mundo; ya que la totalidad de empleados había estado dedicada a estudiarse las nuevas normativas. Y este becario, al hojear uno de los manuales de calidad por primera vez, pues no había tenido tiempo para hacerlo antes porque había curro que sacar adelante, dijo a grito pelado:

—¡¡¡¡ESTO ES UNA PUUUTA MIEEERDA!!!! ¡¡¡¡ESTO ES TODO PARIPÉ PARA QUE PAREZCA QUE AQUÍ FUNCIONA ALGO, CUANDO AQUÍ NO FUNCIONA NAAAADAAAA!!!! —y acto seguido marchó a la cafetería a por un capuchino de máquina.

Y aunque hubo un pequeño revuelo ante semejante declaración, el Sr. Líder pensó que era demasiado tarde para dar marcha atrás. Tras autorizar con su firma las primeras solicitudes 27B/6 de Desplazamiento Pedestre Para Gestiones de Carácter Urinario a unos empleados que estaban en medio de un gran charco amarillo, se retiró a su despacho. Total, ya tenía su Q.

archivado en: Ficción Ironía Kafka

25 marzo 2010

gomoku

archivado en: JavaScript Proyectos

gomoku
Este cinco en raya es probablemente el primer programita un poco complejo que creé en javascript, allá por el 2001, cuando empecé en esto de internet y las páginas web.

Al principio sólo funcionaba con el Explorer, ya que Netscape, el predecesor de Firefox, tenía un soporte de javascript bastante chapucero. Hace unos 3 años lo adapté deprisa y corriendo sin preocuparme mucho por la estética. Y siempre lo he tenido muy descuidado. Así que he decidido remozarlo un poco, currarme un interfaz un pelín más entendible y dejarle la mala leche como la tenía, pues ya tenía mucha.

Si os gusta y además me lo podéis promocionar, os lo agradeceré: http://gomoku.cranf.net

archivado en: JavaScript Proyectos

23 marzo 2010

historia de aldrín y asdrón

archivado en: Ficción Ironía

— Venga, cuenta una historia — dijo uno de sus maridos.
— Cuéntanos la Historia de Aldrín y Asdrón —animó otro de los presentes—.
— Eso, La historia de Aldrín y Asdrón / Los gemelos guerreros / Que fueron a la Luna / Y luego volvieron. Tu bisnieto Radio creo que todavía no la ha oído —dijo un tercero—.
— Yo tampoco —dijo Furgoneta, una de las niñas—.
— Ya está, ya está bien —dijo la abuela—. La contaré.
— ¡Bieeen! —respondieron a coro los niños presentes, que no eran pocos—.
— Hace muchos miles de años, muchos muchos muchos miles de estaciones, la gente que vivía en el mundo estaba dividida en dos: la roja y la azul. No se hablaban y…
— ¿Por qué estaba dividida en dos? —dijo Esparadrapo, que era un poco mayor que Radio—.
— Porque había una cosa que se llamaban tribus.
— ¿Y qué eran las tribus? —insistió el niño, al que ya estaban avisando con gestos para que no siguiera interrumpiendo—.
— ¡Pues la verdad es que no lo sé muy bien! —explicó la abuela— Pero eran algo así como un pensamiento que vivía en la cabeza de la gente para hacerse distinta una de otra, y luego hacían cosas muy raras por él. Como la de la historia que estoy contando… ¿Me dejáis seguir?
— Sigue, abuela —dijo una de sus hijas—. Hoy es tu día.
— Como iba diciendo, hace mucho tiempo la gente estaba dividida en dos: la roja y la azul. Y no se hablaban. Y no sólo no se hablaban si no que además, los rojos querían pintar a los azules de su color, y al revés. A veces cuando se cruzaban se mantenían lejos unos de otros, enarbolaban palos y todos tenían miedo.
— No me puedo creer que algo así ocurriera —dijo alguien de los mayores—.
— Que no me interrumpáis. Un día llegaron a la conclusión de que para imponerse hacía falta conseguir algo muy difícil, realmente difícil. Y además hacerlo antes que el otro: piedras de la Luna.
Todos miraron hacia el cielo y contemplaron el satélite por un instante.
— Tanto los rojos como los azules empezaron a pensar como podrían, primero que el otro, conseguir piedras de la Luna. Y entonces llegaron los guerreros gemelos Aldrín y Asdrón, acompañados por el mago Colín. Colín convenció a los sabios de entre los azules para que construyeran un poste mágico de metal, muy muy muy grande, y en lo alto de él pusieran un gran nido de pájaro.
La abuela se aclaró la garganta y continuó.
— Mientras hacían ese trabajo, muchos hombres salieron a la caza y domesticación de dos animales muy grandes, fuertes y raros: un águila y una araña gigantes. No sólo habría que cazarlos, sino que habría que enseñarles a obedecer a sus amos. Todo esto costó mucho esfuerzo y muchas vidas, pero es que la hazaña de los guerreros gemelos estaba a la altura de semejante sacrificio.
Uno de los adolescentes al fondo miraba con escepticismo y un tanto de sorna a la abuela.
— Qué ocurre, Cloro… ¿No te crees lo que cuento? —dijo ella—.
— No, no es eso. Es que ahora vas a contar como metieron mucho aire en una botella para poder respirar en el camino a la Luna. Y lo del poste y los animales me lo creo, pero ¿meter mucho aire en una botella? Eso es imposible —dijo el chaval—.
— Es una historia que ocurrió de verdad —respondió la abuela—. Y no la cuentes por mí.
Y dirigiéndose de nuevo al público, formado casi integramente por su numerosa descendencia:
— Llegó un día en el que Aldrín y Asdrón se subieron al nido de encima del poste, vestidos con sus armaduras plateadas, acompañados por un águila fiel y una dócil araña, que nadie recuerda como se llamaban. Entonces alguien arrimó una llama al poste y este, con el fuego, empezó a crecer muy alto, cada vez más alto, altísimo, por encima de las cumbres de las montañas y hasta de las nubes…
— Eso sí me lo puedo creer, y no lo del aire —interrumpió Cloro—.
—…y cuando el poste dejó de crecer, el nido se separó de él y quedó flotando en la inmensa oscuridad que hay entre la Tierra y la Luna, donde la Tierra pierde el poder de pegarte al suelo.
— Y chupaban aire de una botella para respirar —volvió a interrumpir Cloro—.
— ¡Un respeto a la matriarca, chaval! —dijo uno de sus tíos—.
— Sigo contando —dijo la abuela—. Una vez cerca de la Luna, el mago Colín se subió al cuello del águila y le hizo dar vueltas alrededor de la Luna. Después Aldrín y Asdrón se introdujeron en el vientre de la araña, que se descolgó del pájaro usando un hilo muy fino y se posó en la Luna. Como los guerreros llevaban con ellos una lupa muy grande, toda la gente, rojos y azules, pudieron ver desde la Tierra como cogían las ansiadas piedras. Y los rojos se pusieron tristes, mientras Aldrín, Asdrón y Colín volvían a la Tierra cabalgando el águila. Poco después de aquello, los rojos despertaron convertidos en azules de un día para otro. Y más tarde aún, cuando parecia que todo el mundo ya iba a ser del mismo color para siempre, la gente empezó a cambiárselo a lo loco, discutió, y luego no se ayudó entre sí durante la Gran Tormenta. Pero esa es otra historia que todos conocéis ya.
— Vaya historia más rara, bisabuela —dijo Radio, que hasta entonces había estado muy atento sin decir ni pío—. ¿Es de verdad?
— Claro que es verdad, tonto —respondió ella—. ¿Por qué no iba a serlo?
— Porque no entiendo qué es lo que quiere decir. No tiene sentido. Ir a la Luna por piedras me parece una tontería.
— Precisamente por eso es probable que sea verdad; porque no se acaba de entender del todo, porque no es lógica del todo.

archivado en: Ficción Ironía

22 marzo 2010

cachopomán en casa pedro (oviedo)

archivado en: Asturias Cachopomán

De nuevo Cachopomán, esta vez acompañado de Cachopoguoman, asume su identidad secreta para combatir el crimen culinario, sea este en forma de astracanadas etéreas o de melifluás de diseño, aunque a veces sean más bien de diñeso.

Esta vez nuestra misión era de reconocimiento. Por ahí circula que el cachopo de Casa Pedro es de los mejores de Asturias. Numerosas fuentes lo atestiguan, como la noble Cofradía del Cachopo de Avilés. Sin embargo, un auténtico científico no se cree nada hasta que observa por sí mismo.

Suponiendo por la fama precedente que iba a ser difícil encontrar sitio, reservé por si acaso con unas horas de antelación. No me equivoqué. Nada más llegar al sitio comprobé que estaba bastante lleno, a pesar de ser ya un poco tarde.

Pedimos un cachopo para dos y nos llegó ESTO, convenientemente partido:

cachopo casa pedro
Debido al ángulo de la foto no se aprecia bien su tamaño, ya que el mechero y el boli puestos como referencia están mucho más cerca que el artefacto en sí. Mea culpa. Pero baste decir que el cachopo mide 45cm de largo, es decir, CASI MEDIO METRO.

El rebozado, la carne, el jamón serrano y el queso, riquísimos y abundantes. El corte, fino y agradable de comer. La guarnición, estupenda. El tamaño, el ideal para dos personas. El precio, 17 euros.

Diagnóstico: el cachopo de Casa Pedro casi roza la perfección, y aunque pueda parecer un poco caro comparado con lo de otros locales de hostelería extraurbanos, merece la pena.

Decir que es uno de los mejores cachopos de Asturias no es faltar a la verdad. En definitiva, un sitio para repetir de cuando en cuando.

archivado en: Asturias Cachopomán

21 marzo 2010

cachopomán en la sidrería ovetense

archivado en: Asturias Cachopomán

Hete aquí que Cachopomán, mi identidad secreta, así como Cachopoguoman y unos amigos paramos medio de casualidad en esta sidrería/hotel/restaurante Ovetense, situado en el centro de Oviedo.

Aunque no estábamos en misión oficial, jamás olvidamos el compromiso que hemos asumido libremente con la sociedad, y aprovechamos para hacer análisis del cachopo servido en este local.

cachopo ovetense
El artefacto en cuestión cuesta 18 euros. A mí me parece caro, pero es comprensible teniendo en cuenta que nos hayamos próximos a la que quizás es la mayor trampa para turistas de Oviedo, la zona de Gascona, bautizada no ha muchos años como El Bulevar de la Sidra. A evitar.

El cachopo en sí no es muy grande, como se puede apreciar bien por la botella de cocacola de la esquina superior. Pero la carne es muy buena y el jamón de relleno, abundante además, de primera calidad. Ciertamente está muy rico.

Debo decir que cuando nos lo sirvieron la carne estaba prácticamente cruda. Y esto fue debido a dos motivos: al hecho de pedirlo en hora punta, lo que pilló al cocinero agobiado y con prisa (lo que es disculpable) y al grosor de los filetes empleados.

Este es uno de los puntos negativos: el corte de la carne es muy basto y grueso, lo que provoca que por momentos sea hasta difícil de masticar. Hubo un momento, cuando ataqué una esquina, que pillé algo de nervio y a causa de ello se me hizo una bola en la boca dificílisima de tragar. Si el corte hubiera sido más fino esto no habría pasado.

Resumiendo: A favor, la calidad de los ingredientes, especialmente del jamón.

En contra, el tamaño, no muy grande, y el corte, un tanto bruto, hasta el punto de dificultar la ingesta. La escasez y monotonía de la guarnición tampoco colaboran a la hora de darle una buena nota.

No creo que vuelva a pedir más cachopo en este lugar. Pero eso no significa que no sea un lugar excelente para pedir otro tipo de tapas, como lacón.

archivado en: Asturias Cachopomán

16 marzo 2010

escocia (8)

archivado en: Escocia

Octavo y último capítulo de mis aventuras escocesas en el que se relata como cruzamos Gales para coger el avión de vuelta. El anterior está aquí, y el primero es este, si es que te has incorporado tarde.

el país de gales

Salimos de Portmeirion a eso de la hora del té. A estas alturas del viaje sólo nos quedaba la opción de dirigirnos en dirección a Stansted, nuestro aeropuerto para volver a casa, pero sin especial prisa ya que todavía nos quedaba una noche; y decidimos pasarla sin prisas ni agobios.

Y así, guiados por el mapa de carreteras que llevábamos encima, decidimos coger una ruta hacia el este y parar en el primer pueblo que nos hiciera tilín.


El paisaje de Gales es tan bucólico como monótono: infinitas colinas y multitud de rebaños de postal. Se podrían encontrar similitudes con Escocia, pero también diferencias. No hay tantos lagos como en el norte y el paisaje es mucho más plano. Esto tiene explicación: en Gales se ubican las Cambrian Mountains, y si el lector/a ha estudiado Historia natural, le sonarán los periodos cámbrico y precámbrico. Efectivamente, el nombre viene de ahí, de la edad de estas montañas. Son tan viejas en sentido geológico que están casi completamente desgastadas, lo que implica que estábamos recorriendo uno de los paisajes más antiguos del planeta.

corwen

corwen court hotel
mi celda/habitaciónCuando llevábamos unos 40km recorridos desde Portmeirion llegamos a Corwen, un pueblo minero, precioso y aparentemente nada turístico, ubicado prácticamente en el centro de la región. Y decidimos quedarnos, ya que había un B&B bastante barato (20 libras/persona) y muy original puesto que se trataba de la antigua comisaría del pueblo.

El interior del Corwen Court Hotel conservaba en lo gruesos de sus muros y en lo sólido de sus puertas algo de su espíritu original de prisión. No era difícil imaginarse lo que tendría que haber supuesto haber estado encerrados allí, más que nada porque íbamos a dormir en las antiguas celdas, rehabilitadas como habitaciones.

Ya que todavía no eran las 7 de la tarde decidimos dar un paseo por el pueblo y, de paso, tomar una cervecita en algún pub de la zona.

Y el paseo mereció la pena. Hay que reconocer que los británicos saben cuidar lo suyo, especialmente todo aquello que tiene el peso de la Historia encima, y hacer de sus pueblos y casas un lugar hermoso donde vivir. Muchos de los pueblos que visitamos a lo largo del viaje serían automáticamente clasificados en España como pueblos ejemplares… al menos mientras no los rodearan de adosados.

Una de las iglesias del lugar era espectacular: ejercía también las funciones de cementerio y así había sido al menos durante 400 años, ya que los senderos que conducían a las entradas del edificio estaban hechas con lápidas recicladas de los siglos XVII y XVI.

cementerio de corwen

Esta iglesia/cementerio, cosa curiosa, no estaba en las afueras del pueblo, sino en su centro. En tres de sus lados tenía casas habitadas en vez de muros, para las cuales el paisaje de lápidas hacia de patio interior. No había nada morboso ni tenebroso, sin embargo, y la tranquilidad y la serenidad impregnaban completamente el lugar. Pasamos un buen rato en silencio leyendo los nombres en las lápidas e impresionados por la antigüedad de muchas de ellas. La verdad es que era tan bonito que daban ganas de morirse allí mismo.

Tras salir de allí vimos más edificios curiosos, como la fábrica de velas de cera. Finalmente dimos con un pub típico galés. Allí degusté la cerveza local, que como en la mayoría de los otros pubs de las islas donde la había probado era bastante decepcionante, y comprobé de nuevo que, efectivamente, había cañero de San Miguel.

Aunque la decoración del sitio era la típica que uno se puede esperar de un pub británico/celta, la música era bacalo chungo de Ibiza, tipo Scorpia Mix o peor. Estaba realmente animado y lleno de gente, sobretodo de mineros que acababan de salir de la mina y estaban tomándose su cerveza con la cara negra de carbón; como se puede comprobar en esta foto que hice discretamente por el procedimiento de apoyar la cámara en la mesa y dejar el temporizador puesto.

mineros en un pub de corwen
A la segunda cerve decidimos echar un billar entre los tres, y unos parroquianos no tardaron en retarnos. Les echamos al menos una partida, pero no recuerdo bien quienes jugaron mejor. Yo estaba un tanto preocupado porque mi sentido arácnido percibía que la gente que nos había entrado en el fondo estaba buscando bronca.

Cuando acabó la partida y marchamos me sentí aliviado, aunque Abe y el Señor Conde, tras confesarles mis temores, me dijeron que no llegaron a sentir amenaza en ningún momento y que les había parecido gente muy amable. Yo no sé que pensar a día de hoy, pero tenía la sensación de que esa gente nos estaba controlando muy de cerca para ver si cometíamos alguna descortesía que sirviera como excusa para iniciar una pelea.

Finalmente nos fuimos a dormir y lo hicimos como benditos, ya que cada uno tenía su propia celda y en ellas no entraban ni una gota de luz ni una pizca de ruido. Y mis ronquidos podrían ser fuertes, pero no sísmicos.

desayuno en corwen

A estas alturas no sé qué concluir: si los desayunos empeoran a medida que uno se acerca al sur o cuando uno se acerca a la City, o sea, a Londres. Tendré que visitar Cornualles en otro viaje para despejar dudas. Pero está claro que el desayuno que nos dieron aquí, comparado con el que nos dieron en Lochluichart, era para echarse a llorar.

desayuno en corwen
de vuelta a casa

Salimos bien temprano pues, aunque el avión despegaba a última hora de la tarde, nos quedaban tareas pendientes.

Una de ella era limpiar a fondo el coche alquilado y comprarle un ambientador. No fue hasta el tercer o cuarto día de viaje que observamos, en un lado del parabrisas, una pegatina que, en lenguaje jeroglífico, indicaba claramente que estaba prohibido fumar dentro del coche bajo recargo en la tarifa. Para ese momento había más ceniza y colillas que polvo y migas en el interior del coche. En una gasolinera a las afueras de Birmingham hicimos la mayor limpieza a fondo de un coche de nuestra vida. Sólo volví a hacer semejante desinfección-desempolvo-desescombrado unos años más tarde, durante mi Expedición Mediterránea de 2008, que algún día contaré aquí.

Este último día fue por tanto de transición. Tengo vagos recuerdos de muchos nudos de carretera, cafés de gasolinera, hormigón, acero y cristal. Precisamente lo contrario de lo que habíamos venido a buscar en este viaje.

El vuelo fue sin incidentes, a no ser por el desprendimiento parcial del ala derecha, que el Señor Conde arregló limpiamente entre aplausos con su navaja suiza. Eso sí, recuerdo una imagen notable: la de Mont Saint-Michel visto desde el aire a la luz del ocaso en medio de un mar de plata.

Llegamos a Bilbao hacia eso de las 10 de la noche y a la 1 de la mañana ya estábamos todos en mi casa, en Oviedo, viendo los títulos de crédito de The Prisoner y comprobando los cambios que había habido en Portmeirion desde su rodaje, que no eran demasiados.

Durante el trayecto de Euskadi a Asturias hubo ciertas observaciones sobre ratios de uso de teléfono que no pienso detallar aquí, pero de la que Abe y el Señor Conde se acordarán. Guiño de complicidad.

Estimo que el viaje nos salió, si no contamos las botellas de maltas incunables que se trajo el Señor Conde, por unos 500-600 euros a cada uno, incluyendo avión, alquiler de coche (que es mucho más barato que en España), gasolina, etc… Y eso que los precios allí era por aquel entonces un 50% más caros que en España, debido a que las cosas cuestan lo mismo que aquí, pero cambiando euros por libras. Hoy en día, con la crisis, supongo que la diferencia es bastante menor.


Y aquí acaba nuestro viaje a Escocia, uno de los más plenos que he hecho nunca y el primero que hice en mi vida con una dinámica que luego repetiría en todos los siguiente: es decir, en coche, evitando las ciudades y los sitios turísticos y con el mínimo de planes. Es la mejor manera de que no salgan mal.

Supongo que los lectores/as que me habéis seguido durante estos ocho capítulos habréis disfrutado un montón con el nivel de detalle con el que he relatado el viaje. Pero os aseguro que ninguno habéis disfrutado como yo reviviendo, en algunos momentos hasta minuto a minuto, kilómetro a kilómetro, cada uno de los días que pasé allí.

Tened claro que si algún día tenéis la oportunidad de viajar conmigo, es posible que no lo paséis especialmente bien o hasta que me tengáis que sufrir; pero que va a quedar memoria de él, seguro.

archivado en: Escocia
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