Esta es la segunda parte de este artículo. En aquel me centro en la parte emocional de la discusión. Este sin embargo tiene carácter más técnico.
Divido el artículo en varias secciones según el aspecto a tratar, no sin antes dejar claro que un vinilo correcto en un buen equipo suena mejor que el mejor formato digital posible en un mal equipo, para así dejar de lado posibles objeciones espúreas que puedan surgir al respecto comparando tal o cual equipamiento.
DIFERENCIAS EN LA RESPUESTAS ESPECTRAL Y DINÁMICA
Es necesario darse cuenta que gráficas comparativas entre versiones de una misma grabación en Long Play y CD no pueden conducir a ningún tipo de conclusión relevante.
En primer lugar porque lo que se analiza no es el Long Play, sino una digitalización de él, lo que de por sí invalida muchos tipos de análisis y resultados.
En segundo porque las diferencias en el proceso de producción que ha tenido el mismo tema, normalmente separado por años, equipamiento utilizado y envejecimiento del máster original (que antiguamente se hacía en cinta magnética, lo que es relevante como se verá) pueden ser abismales. Esto es más cierto aún si tenemos en cuenta modas como las Loudness Wars de las que hablaré más adelante.
En tercer lugar las posibles variaciones en el espectro entre ambas versiones sólo se pueden juzgar respecto a la fidelidad al sonido original: o sea, el máster. Como todavía no he encontrado en internet un análisis que incluyera a este elemento en juego, considero que no se puede deducir a partir de las diferencias entre las versiones de vinilo y CD que una sea “mejor” o “peor” respecto al original, ausente.
Lo que si nos puede interesar son mediciones objetivas del rango dinámico, es decir, de la mínima y máxima señal que son capaces de registrar respecto al suelo de ruido de las grabaciones, y también del rango espectral: las frecuencias máximas y mínimas que se pueden registrar con fiabilidad.
En este artículo se hace un análisis bastante exhaustivo de varias grabaciones. La conclusión más evidente respecto al rango dinámico es que el CD le gana al vinilo por goleada. Mientras el límite teórico y práctico en un CD es de 96dB, encontrar un vinilo que llegue a los 70dB es excepcional. Eso significa que un CD admite variaciones de volumen casi 10 veces superiores respecto a un LP.
Por la parte espectral gana el LP. Se pueden observar en muchos de ellos presencia de información musical por encima de los 20kHz. El autor del artículo anterior lo considera una ventaja. A mí me parece una tontería si tenemos en cuenta que es muy probable que nuestros altavoces sencillamente no reproduzcan esa información. Achaco al fenómeno a resonancias y formación de armónicos por elementos mecánicos (la aguja) y/o electromagnéticos (en la transducción de la señal mecánica a eléctrica).
En el CD no puede existir información fiable a partir de 22kHz por la aplicación del teorema de Nyquist. Una manera de expresarlo en que cuando se digitaliza a cierta frecuencia de muestreo, esa frecuencia actúa como un espejo imaginario que reproduce en las frecuencias altas una imagen invertida de las bajas. Ello implica, entre otras cosas, que es necesario muestrear al menos al doble de la frecuencia máxima que se quiera almacenar.
Por otra parte, la sensación de “aire”, de espacialidad en una grabación, cabe perfectamente en la banda de 10-20kHz. Existe un pico ancho hacia 16kHz en las grabaciones de flauta, por ejemplo. Pero rápidamente decae como tendencia general en todos los instrumentos habituales.
RUIDO ANALÓGICO, RUIDO DIGITAL
De los párrafos anteriores se deduce que el vinilo es más susceptible al ruido que un CD, aunque sea sólo por su menor rango dinámico efectivo. Y puede que eso no sea un problema si consideramos el tipo de ruido. Puede incluso que la clave este aquí: en que el cerebro prefiera un ruido concreto al silencio total. Veremos que finalmente esto no es relevante.
Para darse cuenta de las diferencias en ruido entre un LP y un CD vamos a imaginar que sacamos un molde de una colina y la copiamos dos veces: la primera vez utilizando piedras redondas de diversidad de tamaños, desde el tamaño de una furgoneta al de un perdigón, y la segunda vez utilizando bloques cúbicos, todos del mismo tamaño.
Si observamos la primera copia, que sería la analógica, veriamos que está formada por piedras grandes cuyos huecos están rellenos por piedras más pequeñas y así consecutivamente. La otra copia, la digital, parecería hecha de lego.
En ambos casos tenemos ruido. Si nos acercamos lo suficiente a la primera copia veremos que existen multitud de huecos entre las piedras. En algún caso veremos incluso alguna grande sobresalir más de lo que debería. Sin embargo, la distribución fractal de los huecos da una sensación de organicidad considerable, y es hasta bella a la vista. En el caso de la segunda copia veriamos que la copia tampoco es exactamente fiel: pero en este caso la naturaleza de los huecos, el ruido, es relativa a las aristas y vértices de los cubos perfectamente apilados. Los huecos tiene todos la misma relación, que es exactamente la del tamaño del cubo. La sensación no es de organicidad, sino de geometría pura y artificialidad.
¿Es el ruido analógico más “natural” y agradable que el digital? La respuesta es que sí, sin duda, por su naturaleza fractal. Es el caso del Ruido Rosa (véase enlace anterior), muy cercano al Ruido Verde, que es el que se registra cuando se graba “silencio” en la naturaleza. El ruido digital es por contra más “antinatural”.
Pero la cuestion es cual la cantidad de ruido que oímos en la práctica. Para eso es necesario percatarse de que:
1) el ruido de un CD, como se deduce del análisis del rango dinámico, puede ser hasta 10 veces menor en volumen que el de un vinilo.
2) luego un CD puede recoger ruido del vinilo (o del propio directo) y codificarlo, si es lo queremos. El ruido analógico enmascararía al digital. Pero ni siquiera debería ser necesario añadirlo ya que
3) NINGÚN equipo se salva del ruido analógico, simplemente porque en el momento necesario de convertir la señal digital en analógica se introduce ruido debido, como mínimo, la agitación térmica de los electrones en los cables.
Mi conclusión es que el ruido digital de un CD sólamente es apreciable en equipos de altísima gama a gran volumen. En ese mismo equipo el ruido analógico de un vinilo será audible, pero por su naturaleza no resultaría especialmente molesto. O sí.
Por otra parte el ruido digital es mitigable en grado sumo: procesos complicadísimos de interpolación digital y sobremuestreo pueden redondear nuestra colina hecha de cubitos, alisando y suavizando considerablemente sus aristas. Incluso un diminuto condensador sirve para este difuminado a falta de microprocesadores específicos. Es verdad que este proceso implica una pérdida de resolución, por supuesto. Pero estamos hablando de cubos diminutos con respecto al tamaño total de la colina. Si la contemplamos de lejos probablemente la encontremos indistinguible a la original.
Como ventaja esencial de la colina de cubos con respecto a la de cantos rodados de distinto tamaño es que, además, podemos apuntar la disposición de los cubos en una libreta no muy grande. Si intentamos apuntar la disposición de cada piedrita en la otra colina no podremos. La colina de cubos es digitalizable y fácilmente reproducible al milímetro, la otra no. Por otra parte, caminar por la la colina de esferas las descoloca en cada paseo. Mientra que por la de cubos es posible caminar sin descolocar ni una sola pieza. Así se resumen las dos abrumadoras ventajas del CD sobre el LP: la capacidad de copia exacta y la durabilidad de la información.
Podría quedar una objeción final por parte de un vinilo-defensor: que la capacidad de detalle de una grabación analógica es infinita. Pero se rebate fácilmente: la punta de la aguja no tiene un tamaño infinitamente pequeño, y su efecto es nivelador: de hecho, eso reduce el ruido. Eso sin considerar los artefactos mecánicos debidos a la amortiguación de la aguja, los baches que encuentra y su inercia. Existen de todos modos giradiscos carísimos que utilizan láser para leer el surco.
Eso sí, en ambos casos, vinilo y CD, tenemos que asumir que por las mismas causas las propias membranas del altavoz vibran con pequeñas irregularidades muy difíciles de mitigar. Pero no es lo que se debate aquí.
TÉCNICA Y MODAS
Se suelen ignorar dos hechos fundamentales entre la era del vinilo y la era del CD. La diferente naturaleza del máster y la diferencia en la producción de música. Se suelen usar erróneamente como argumentos a favor de un formato a otro, pero en realidad son irrelevantes.
Hasta los años 80 los máster originales se realizaban sobre cinta magnética, en una grabación, por supuesto, de carácter analógico. A partir de esa época la grabación se hará directamente sobre un formato digital, sea cinta, RAM o disco duro.
Cuando alguien argumenta que el vinilo suena más cálido es por dos razones. La principal es que la cinta magnética, al igual que los amplificadores de válvulas, cuando saturan en determinada frecuencia, no la cortan como hace el muestreo digital: alcanza el tope de rango y la energía sobrante la convierte en armónicos de esa misma onda, muy agradables al oído.
En el caso de la cinta magnética esto es especialmente cierto con las bajas frecuencias, que generan armónicos en los medios. Como consecuencia, la música suena más rica, densa, cálida. Pero no es consecuencia del formato final, sino de la naturaleza del máster. Yo utilizo por emulación de software un plugin VST gratuito que simula la histéresis magnética de la cinta en el proceso final de mezcla de mis propios temas llamado jb ferox.
Otra gran diferencia entre la producción musical de los 70 a los 90 es el tratamiento de las altas frecuencias. Si observamos el espectro acumulado de un tema musical de los 70 bien producivo, veremos que de 1kHz a 10kHz la ganancia de pico o RMS (más relacionada con la intensidad sonora) puede bajar en una pendiente recta hasta 20 y 30 dB de un punto a otro. En un tema de los noventa, el espectro cae tan solo 10dB. Eso hace que suene más brillante y por tanto, “mejor”. Aunque a alguna gente le puede cansar tras un tiempo. Hay casos extremos, que invito a analizar, como el tema fade to grey, donde la respuesta no sólo desciende sino que permanece plana hasta los 8kHz y a partir de ahí sube otra vez (!).
Estas dos consideraciones, la saturación magnética y las tendencias en la ecualización, explican el porqué de que la mayoría de grabaciones de vinilo suenan cálidas y las de CD brillantes: Por su diferencia generacional, por así decirlo, más que por sus peculiaridades intrínsecas.
Pero la diferencia más brutal y menos considerada ha sido la tendencia de sobrecomprimir el sonido.
(EXCESIVA) COMPRESIÓN DE SONIDO
Alguien que se haya informado o pensado un poco se habrá dado cuenta de que la información sonora en un LP está directamente condicionada por la profundidad del surco. Si un cañonazo suena en medio de una canción, el pico de la explosión condicionará el volumen del resto de la grabación. Ese es el motivo de que a mediados del siglo XX se inventara la compresión, mediante sistemas electrónicos o electroópticos.
La compresión es un proceso que sirve para aplastar los picos excesivos en una onda, nivelando su dinámica y permitiendo que quepa la información en menos sitio. El hecho es que la música comprimida… ¡suena mejor! Es la pura verdad. Tiende a igualar diferencias desagradables en el volumen, como las que se suelen dar en guitarristas y cantantes, y da más entidad y volumen a la mezcla final si posteriormente se amplifica el resultado del compresor (que de por sí disminuye el volumen, no lo aumenta). La compresión es una herramienta fantástica: permite controlar hasta el punch de bombos y bajos y realzar enormemente cualquier mezcla… siempre que se use bien. Y perdón por lo que voy a decir, pero el tema de la compresión parece ser el que peor llevan los profesionales de esto.
En definitiva, cuando nos pasamos de compresión el sonido se aplasta, pierde dinámica y se hace machacón. Eso sí, al menos inicialmente, un tema sobrecomprimido suena de la hostia. Las Loudness Wars de los 90 (por favor clica y mira las gráficas comparativas) partieron de la idea cuanto más alto, mejor. Y efectivamente, coincidieron con la difusión del CD como formato.
Y claro, cuando se compara la compresión y la dinámica de un vinilo de los 80 a la de un CD de los 90 o de este siglo, la diferencia es notoria. Aparentemente suena mucho mejor el CD, incluso a menor volumen. Pero a la hora de la verdad nos cargamos la esencia de la música, pues falla la dinámica, las diferencias de volumen entre instrumentos y toda la información musical que ello conlleva. Esto se extiende a multitud de reediciones en CD de álbumes antiguos.
DOS EJEMPLOS DE TODO LO DICHO
Ya que no puedo subir vinilos a la web, habrá que imaginarse que el primer video es de una grabación analógica, mezclado analógicamente, comprimida ligeramente de modo analógico, masterizada sobre cinta y con relativamente pocos agudos. Como así fue, efectivamente, en su origen.
La siguiente es de finales de la era CD, antes de la supremacía del MP3. Digital de principio a fin, a excepción de los instrumentos, está MUY comprimida (suena mucho más alto, como comprobarás) y tiene una mayor cantidad de agudos con respecto a la primera grabación, especialmente en las bandas de presencia y aire [a partir de 3kHz], que la hace literalmente brillar.
¿Es la diferencia entre un sonido u otro debida al formato de escucha? No. Es debido a diferentes formas de produccion.
VAPULEANDO FINALMENTE AL VINILO
Los efectos mecánicos de la aguja se transmiten de una forma u otra a la señal, con lo que esta no recoge fielmente la supuesta información almacenada. Otros defectos mecánicos, más fáciles de corregir, se refieren a la estabilidad de la velocidad de giro del motor del tocadiscos. Los CDs no se ven afectados pues bufferizan electrónicamente la señal y la liberan en función de un reloj interno muy preciso.
Defectos en la calidad del vinilo o la marca que queda cada vez que posamos la aguja en él producen saltos, clicks y pops que en CD sencillamente no aparecen. Errores de datos en la lectural digital se corrigen mediante computación con lo que posibles números locos son desechados e interpolados.
La separación de canales en el surco de un vinilo dista de ser perfecta. Un único surco almacena la información en estéreo pues su perfil es en forma de V, almacenando cada palito de la V la información de un canal, con lo que la aguja vibra en dos dimensiones. A efectos prácticos la vibración en un sentido acaba afectando a la vibración en sentido perpendicular.
Un fenómeno curioso que se produce en vinilos con el surco muy apretado es que la información de un punto puede verse afectada por la de la parte del surco situada adyacentemente, normalmente a menos de 2 segundos de diferencia en el tiempo. Es por eso que se puede oir un delay de muy baja intensidad antes y después del sonido original.
La diferencia de velocidad lineal al disminuir el radio de giro hace que el inicio del disco tenga más resolución que el final. Un CD, no obstante, disminuye su velocidad de giro a medida que se aleja del centro conservando la velocidad lineal (los CDs se reproducen de dentro a afuera, alrevés que los vinilos).
Por último, un adecuado aislamiento mecánico del giradiscos es esencial para que no oigamos en los altavoces los martillazos de dos pisos más abajo transmitidos a través de la aguja.
LA GRAN VENTAJA DEL VINILO
Cuando estalle la guerra nuclear va a ser mucho más fácil hacer que sobrevivan y puedan ser escuchados en el futuro los discos de vinilo que los CDs.
CONCLUSIONES
El CD es mucho mejor que el vinilo considerando su fidelidad, resistencia y facilidad de copia.
Destaca también en la relación señal/ruido.
Las calidades de uno u otro son equivalentes siempre que se realice una mayor inversión en el equipo analógico. Pero al mismo precio gana claramente el CD.
Muchos argumentos que se emplean en favor de uno u otro son espúreos y basados en aspectos ajenos al formato.
El único argumento válido y definitivo para preferir el vinilo al CD es de carácter romántico, sea por nostalgia del pasado o por dejar un legado al futuro, lo cual es muy respetable. Pero es un argumento muy ligado a las preferencias personales y no tiene que ver con la calidad del sonido. En este aspecto, de modo objetivo/técnico, el CD es claro ganador.
El CD no es un formato perfecto. El SACD supone una mejora sustancial y debería ser el estándar en los comercios. Sino algo mejor.
Cuestiones, broncas y demás en los comentarios.


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