28 Noviembre 2009

giordano bruno

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Giordiano Bruno, hace cuatro siglos, que es lo mismo que decir cuatro días, miró al Cielo y pensó algo que probablemente se le habría ocurrido a alguien antes, pero que sólo él se atrevió a decir:

¿Y si las estrellas no son agujeros en el manto de la noche que muestran el fuego que hay detrás? ¿Y si son soles como el nuestro, sólo que situados muy muy lejos, más allá de las esferas planetarias? ¿Y si alrededor de esos Soles hay otras Tierras?

¿Y si en esas otras Tierras el Señor ha enviado a otros Cristos?

Le quemaron en la hoguera.

PS: Al tío que lo traicionó y le entregó a la Inquisición le acusaron también de herejía tras pillarle intentando técnicas para controlar la mente de otras personas.

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27 Noviembre 2009

lo impensable

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Acabo de leer en el feisbuk un comentario de un amigo [hola Pin]. El contexto da igual. El comentario dice “Porque si tiras una piedra nunca sabes con antelación dónde va caer“.

Parece inocente.

Se supone que Platón dijo algo muy parecido hace 2500 años. Tuvo consecuencias desastrosas.

Si partimos del hecho de que una piedra no cae dos veces en el mismo sitio al lanzarla con la misma fuerza debido a que el mundo material es imperfecto, está claro que la naturaleza y las matemáticas, que son perfectas, están en esferas distintas. A raíz de esto Aristóteles acabó la broma separando las leyes del Cielo y de la Tierra, ya que las cosas de aquí eran imperfectas pero las del cielo eran círculos que se movían con matemática precisión.

Convirtieron la física que conocemos hoy en algo impensable.

Hicieron falta casi 2000 años para que recuperara su ligazón con las matemáticas. Pero sólo cuando se planteó necesaria alguna manera de calcular la trayectoria de los proyectiles lanzados por cañones, a finales de la edad media.

Se podría especular que si Platón se hubiera callado su boquita de piñón, ahora mismo estaríamos construyendo orbitales alrededor de Venus. Como mínimo.

Pero el problema no está en que Platón hablara, ni en lo que dijera.

El problema es que durante generaciones cierta gente hizo caso ciegamente a una persona. Y otros muchos hicieron caso a esa gente. Y los demás callaron sin rechistar.

Visto esto… ¿Que pensamientos son impensables hoy en día por el mismo motivo?

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26 Noviembre 2009

hexagrama 63: la inercia

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Nombre original en la edición de Wilhelm: Después de la Consumación

descripción

Abajo, el fuego; Arriba, el agua. Por dentro las cosas están claras, pero lo que espera afuera es ciertamente desconocido y puede esconder peligros. La citada claridad interior puede inducir a pensar en que se controla la situación cómodamente, pero esta sensación puede ser engañosa.

La situación es como la de una empresa exitosa que ha alcanzado sus objetivos y, embriagada por el triunfo, experimenta una profunda renovación en sus políticas. Se abandonan viejos métodos obsoletos y se adoptan otros nuevos y, en principio, más eficaces. Del mismo modo, el organigrama sufre profundos cambios. También se puede comparar con la situación de un nuevo rico que aspira a cambiar de ámbitos. Pero hay que recordar que una persona noble es capaz de superar un fracaso; pero una persona vulgar jamás supera un triunfo. En definitiva, estamos hablando de las decisiones a tomar tras un cambio profundo de situación.

Todo va bien y avanza por sí mismo, pero la situación no deja de ser rotundamente nueva. Aunque las líneas directrices estén claramente delimitadas y en el lugar que les corresponde, hay una necesidad de completar la adaptación, puesto que muchos pequeños detalles están todavía por perfilar y otros son herencia del anterior estado de cosas. Se puede decir que hay intentar ubicar y ubicarse.

El problema surge precisamente a raíz de esos elementos aparentemente sin importancia que aún están en el aire y no acaban de encontrar su sitio, que en muchos casos debería ser el cubo de la basura. Si no se presta atención a ellos, pueden acabar escapando a nuestro control y comprometer la totalidad. Es por ello que tenemos el deber de identificarlos y la oportunidad de hacer algo útil con ellos.

La edición de Wilhelm sugiere como imagen una máquina de vapor: el fuego de debajo calienta al agua de arriba y se genera vapor a presión que impulsa a una locomotora que hace avanzar a la situación. En principio todo funciona correctamente; pero si por cualquier motivo la caldera rompe y el agua se derrama, esta apagará al fuego. Si el fuego es demasiado intenso, la caldera explotará. Si el tren va demasiado deprisa, descarrilará. Es por ello que hay que estar vigilante.

En todo caso no hay que olvidar que un tren que avanza deprisa posee una gran inercia. Cambiar el sentido de la marcha está vedado. Frenar en caso necesario puede ser difícil. Y en caso de accidente, las consecuencias pueden ser catastróficas.

las líneas

1 Uno es consciente de las dificultades de ir demasiado deprisa y por tanto decide frenar ligeramente el avance. Es esta una actitud sabia, pues es sugerida por la precaución. Desde un ritmo pausado es más fácil ver con claridad el camino que seguimos y el paisaje que nos rodea. Es por esto que no debe ser uno demasiado ambicioso. Las cosas todavía están muy verdes y no se puede pretender avanzar demasiado lejos o marcarse grandes objetivos pues es fácil enredarse.

2 En épocas de transición es habitual que tanto las actitudes como las posiciones de las gente que a uno le rodea experimenten un cambio. Algunas personas se ocultan, otras se embriagan con el éxito, otras intentan sacar ventaja de la situación. No es el momento de intentar afianzar relaciones; tampoco de desprenderse de ellas. Es el momento en que unos se ponen caretas, otros se las quitan. Hasta que la situación no se estabilice no va a estar claro quién es quién y qué lugar debe ocupar. Sólo entonces sabremos quien sigue a nuestro lado y a quien merece la pena dirigirse.

3 Uno está tentado a crecer más allá de lo que es conveniente. Ciertamente existe la posibilidad de una gran expansión. Pero en este caso no hay que olvidar el viejo refrán: “El que mucho abarca, poco aprieta”. Si crecemos más allá de todo control, llegaremos a una situación difícil de manejar. Del mismo modo no es buena idea rodearse de gente con la que no nos fiamos mucho pero que pensamos puede sernos útil. Llegado el momento su propia ambición puede chocar con la nuestra.

4 Es necesario abandonar viejos modos de actuación. Lo que era válido en la condición anterior, no lo será en la nueva. Si mientras la empresa era familiar la gestión era paternalista, ahora que es grande esa actitud no será bien recibida y provocará problemas. De todos modos, cualquier equivocación en este sentido será fácil de subsanar, ya que los requerimientos del tiempo son muchos y no hay problema en relegar estas cuestiones a mera anécdota; al menos la primera vez. Pero es necesario estar muy pendientes de estos episodios para que no vuelvan a manifestarse.

5 En una situación de crecimiento es muy fácil caer en la tentación de invertir nuestros esfuerzos en la grandiosidad y el autobombo, intentando proyectar una imagen pública de triunfo y carisma. Sin embargo es mucho más sabio centrarse en las cuestiones esenciales: infraestructuras, logística, recursos, objetivos. Esas son las cosas importantes. Es muy curioso cómo en la edición de Wilhelm se hace referencia a una comparación entre un hombre del este y otro del oeste. Mientras el primero es el que cae en artificios, el segundo presta atención a lo esencial.

6 Existe la tentación, durante todo el proceso, de echar de menos la situación anterior y no abandonar ciertas actitudes que no cuadran en el nuevo entorno. Pero es muy peligroso quedarse anclado en la antigua mentalidad y las antiguas costumbres. Esto no debe suceder. Uno debe mirar hacia adelante.

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24 Noviembre 2009

plop

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- ¡Plop plop!
- ¡Plop!
- ¡Plop plop plop! Plop plop plop, plop.
- Plop plop plop plop… plop.
- Plop, ¿plop?
- Plop plut.
- Plop plop plop, plop, plop plut plop. Plot plop, plop plop. Plop plop plop.
- ¡Plop…! Plop plop plop, plop… plut.
- Plop plop.
- …
- Plop.
- Plop plop, plop plop plut.
- Plut plop, ¡plop!
- ¿Plop plop plop? Plop plop plop plop; plop, plop, plop. Plot plop, plop plop. Plop plop plop… plop plop. Plop plop plop, plop. ¿Plop plop plop… plut?
- Plut plop plut… plut plop plut.
- Plut… Plut… plop.
- Plut.
- Plop.
- ¡Plut! Plut, plut plop.
- Plop plop plop plut.
- Plut plut, plut plut.
- Plop, plop plut, plut, plut. Plut… PLUT.
- Plut plut plut.
- Plut… plut plut plut plut; plut, plut, plut. Plut plut, plut plut… plut plut plut plop.
- ¡PLUT!

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20 Noviembre 2009

chand baori

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Este es un post un tanto extraño, pues mezcla muchos pensamientos entrelazados que tienen que ver con reflexiones de años… y por eso mismo creo que es interesante.

Hace unos días vi una película curiosísima: El Sueño de Alexandria, titulada originalmente The Fall. Si os digo la verdad, no sé como llegó a mis manos. Sólo recuerdo que el primer fotograma pone: “Una presentación de David Fincher y Spike Jonze“, dos directores que admiro. Y eso me impulsó a seguir viéndola.

Decir que es una de las pelis más extravagantes, más personales y con más pasión jamás realizadas es quedarse corto. Ciertamente es una fantasía infantil, pero tampoco lo es, aunque sea sólo por las alusiones a la morfina. Tampoco es una película para adultos. Es sin más la película que alguien quería dirigir, tuviera éxito o no, recaudara o no. Eso es lo de menos. Y de hecho, no ha recaudado más de 3 millones de dólares, aunque está claro que ha costado mucho más porque visualmente es absolutamente increíble.

Y el director se la ha pagado de su bolsillo. Me recuerda un poco a Schliemann, el arqueólogo que decidió hacerse rico para algún poder financiar el descubrimiento de Troya, en quién sólo él creía.

¿De qué va? Eso es lo de menos. Sólo repetir las palabras del afamado crítico Roger Ebert: Mira, tienes que ver esta película sólo por el hecho de que jamás se ha hecho nada igual ni jamás se volverá a hacer nada igual. El propio Fincher dijo de ella que era como El Mago de Oz dirigida por Tarkovsky.

Pero bueno, aunque realmente recomiendo la peli encarecidamente, este post no va sobre ella.

La cuestión es que la película está rodada en lugares reales, muchos de los cuales yo ya conocía por Baraka, otra obra maestra.

Y uno de ellos, cuando lo vi por primera vez en esta película, me sorprendió sobremanera. Tanto, que en primer lugar pensé que estaba simulado digitalmente y que no existía. Hasta que comprobé que no era así. Existe.

Es un lugar con el que he soñado un montón de veces. Unas veces tal cual es, otras en extrañas variantes de hormigón, cristal y acero. Otras simplemente como roca desnuda, hierba y una cascada. El lugar es Chand Baori.

chand baori
Sí, es real. Está situado en la India, en una zona con graves problemas seculares de abastecimiento de agua. Tiene cientos de años. En la siguiente foto se aprecia mejor el fondo, cuyo nivel de agua es bastante variable como he podido comprobar mirando docenas de fotos del sitio.

chand baori
En mis sueños desciendo las escaleras, y cuando estoy cerca del agua, sumerjo la mano y está fresca. En ese momento un gigantesco surtidor brota del centro y el agua se llena de luz. La impresión es tan grande que despierto, y nunca llego a beber de él en mis sueños.

Y sé qué sitio es. Es mi lugar interior, y el de todo ser humano, que es inagotable. Todos tenemos uno, que sólo debemos a) identificar y b) tomar el trabajo de descender para alcanzarlo.

Lo más acojonante de todo es que uno de los hexagramas del I Ching, el 48, habla de él con detalle. No voy a comentarlo aquí pues prefiero dedicarle un post aparte con una estructura concreta, como al resto de artículos que he dedicado al libro. Probablemente lo publique en breve, cuando tenga algo de tiempo.

Ahora, la utilidad de esto que estoy escribiendo: a) identificar nuestro Chand Baori particular y b) descender a él para poder beber de su agua.

Es muy fácil identificar nuestro pozo. Es aquella cualidad que poseemos en tal medida que no nos importa darla, o incluso que nos la quiten, pues nos sobra tanto que ni siquiera nos preocupa. Como se menciona en el hexagrama, del pozo todo el mundo puede beber, y su nivel nunca aumenta ni disminuye. En mi caso concreto mi cualidad inagotable es la creatividad. No sólo está siempre ahí, en todo lo que hago, por prosaico que sea, si no que además, generalmente, no me importa que me roben mis ideas, mas cuando sé que muchas en el caso de muchas de ellas no tendré ni tiempo ni recursos para llevarlas a cabo, pero me gustaría verlas realizadas.

En un entorno más transpersonal, trascendiendo lo individual, veo este mismo espíritu en el software libre y/o abierto. Copia mi código, utilízalo libremente… ¡tengo más!

Simplemente piensa en aquella cualidad que te sobra. Ese es tu pozo, o al menos parte de él.

Cómo descender a él… eso es más complicado. Y para eso voy a echar mano de un artículo que escribí hace 7 años y que voy a reproducir aquí, tal cual. Lo titulé El Síndrome de Brasilia, y con él finalizaré este artículo.

* * *

Durante los años 50, Brasil recibió una inyección económica muy potente del exterior que decidió invertir, como se suele hacer en estos casos, en infraestructuras. Por aquel entonces, el optimismo ante el futuro se tradujo en un intento de hacer de Brasil el país del mañana.

Se planteó entonces un proyecto utópico: construir una nueva capital, completamente de cero. La idea no era nueva, pues ya se había planteado en 1789 la posibilidad de trasladar la capital más al centro del país. Pero no fue hasta 1956 cuando se empezó a llevar a cabo. Dada la oportunidad de construir de cero, se decidió hacer una ciudad perfecta, diseñada científicamente. De ello se encargó Oscar Niemeyer.

Éste, un utópico donde los haya y cobrando un sueldo de funcionario por propia voluntad, creó enormes y estilizados edificios envueltos por amplias avenidas y autopistas, con abundantes zonas verdes e innovaciones urbanísticas y arquitectónicas que incluso hoy en día son impresionantes.

Brasilia se construyó en tres años.


Hoy en día, es una ciudad fantasma. Fíjate en la foto. Apenas hay coches circulando. De los 600000 habitantes esperados, en la zona planificada apenas viven 240000. ¿Qué fue de aquel deseo utópico de romper con el pasado y crear una nueva sociedad a partir de una nueva arquitectura? Enrique Beracasa lo explica así.

Habiendo transcurrido ya más de 40 años de la inauguración de la obra, los resultados saltan a la vista: Brasilia es una ciudad concebida para automóviles y aires acondicionados, no para seres humanos normales. Las distancias son gigantescas, y nadie puede caminar, so pena de ser transformado en el propio churrasco por un sol inclemente. No hay árboles o matas que den tan siquiera un poco de sombra. La población está esencialmente compuesta por burócratas y políticos (¿qué más?), atraídos por la oferta de unos sueldos dobles y de grandes viviendas, que no piensan sino en largarse a Sao Paulo o a Río de Janeiro en cuanto llega el fin de semana. Las formas arquitectónicas curvas ya no lucen naturales ni actuales, y las construcciones han envejecido mal: chorreados y manchas compiten con los aires acondicionados de ventana para afear fachadas y estructuras.

En cuanto a los pobres, que se suponía debían ser los grandes beneficiados de esta revolución, nada ha cambiado para ellos: apenas consiguen escasos empleos en la construcción o en la industria, y tienen que resignarse a sobrevivir en paupérrimas favelas situadas a unos treinta kilómetros de la capital, que jocosamente han sido bautizadas las Antibrasilias.

¿De qué sirve planear una ciudad perfecta si la construyes en medio del desierto?

¿De qué sirve pretender cambiar y ser perfecto, si no cubres tus necesidades más profundas? Este es el Síndrome de Brasilia.

Ya desde nuestra infancia se nos vende ser de determinada manera. Otras veces la decisión la tomamos nosotros mismos. En el primer caso, tenemos personas que sacrifican sus propios gustos y deseos en aras de una virtud superior, como aquella niña que tocaba el chelo ocho horas diarias con seis años y de la que Pau Casals, cuando la vió tocar dijo: ¿Qué están haciendo con esta niña? ¡Qué juegue con los demás niños, que corra…! Otras veces personas incapaces de aceptarse devoran libros de autoayuda pretendiendo cambiar. Cambiar ¿para quién?

De nuevo, vivimos en un mundo en que se nos exige ser máquinas, donde la eficiencia y la perfección son valores que devoran todo lo demás… y ni siquiera somos conscientes, muchas veces, de lo que estamos sacrificando: nuestras necesidades más auténticas, que al contrario de lo para mucha gente parece, no son imposibles de reconocer: Son las mismas para todo el mundo. Y tampoco son imposibles de conseguir: Las podemos satisfacer nosotros mismos.

Qué tristeza cuándo nos encontramos a gente que lo tiene todo después de haber luchado por ello durante toda su vida y no dejan de transmitir en la mirada que no se sienten vivos porque nunca lo han estado. Porque siempre han estado corriendo detrás de lo que, convencionalmente, se ha entendido que debemos poseer para ser felices. Y cada vez más en esta mentira que se nos ha construido. Qué triste ver a niños desesperados, confundiendo la felicidad con el pokemon #238. A niños adultos detrás del último modelo de determinada marca de coche.

Podría seguir poniendo ejemplos hasta el infinito, pero realmente la labor aquí no es exponer ejemplos sino invitar a buscarlos en uno mismo. Porque funcionamos por el deseo, y somos capaces de hacer cualquier cosa por satisfacerlo. Pero el deseo ha de llegar de lo más hondo.

Y no de lo que se nos ha dicho que es bueno. Y no de lo que se espera de nosotros.

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