14 septiembre 2009
He recuperado (temporalmente, ya que lo devolveré) uno de los muchos cuadros que regalé a lo largo de los años. Se trata de un autorretrato hecho a partir de una foto en la que estoy apoyado en un árbol, con cara de felicidad/dormido. Es de 1996. Yo tenía 23 recién cumplidos, pelo largo a lo Bon Jovi y menos papada.

La técnica es: hidralux blanco caducado con pincel grueso sobre plancha de DM de 30x40cm impregnada de negro a rodillo. Lo de la caducidad es reseñable porque, al estar la pintura medio descompuesta, permite hacer velados, texturas anómalas y grises con mucha facilidad.
Por otra parte, el espíritu del trazo es similar al de Eddie el de Gijón, siempre salvando las distancias pues el está mucho más dedicado que yo a la pintura, su técnica es muchísimo más depurada y prefiere el color.
|
12 septiembre 2009
¡Este año vuelve El Astronauta Chamán™ a repartir felicidad por el mundo!
Recuerda: ¡Ni Papa Noel, ni Reyes Magos! El Astronauta Chamán™ trae tus regalos ANTES que nadie para que los disfrutes TODAS las vacaciones.
¡Haz tu pedido ya a El Astronauta Chamán™!
|
4 septiembre 2009
este es el episodio final de mi viaje a lisboa, en el que se desvela que a darth vader le gusta mecano, pero no le gusta que se sepa. ¿perdido/a? lee el capítulo anterior.
el oceanário de lisboa
La verdad es que este último post va a estar casi íntegramente dedicado a este lugar, que men-can-tó. Tanto me gustó que hice casi más fotos aquí que durante el resto del viaje, aunque la mayoría salieron muy mal pues mi camarita es una caca y había muy poca luz. Aparte, después de ver durante años las piazo fotos submarinas del amigo Zor, de algún modo tenía que resarcirme (emoticono de sacar lengua).

Como se puede ver en la foto, la propia arquitectura del sitio se sale. Pero el interior es todavía mejor.
El acceso se hace por la pasarela de la derecha. Como ya comenté en el post anterior, la cola para las entradas en verano es inmensa, con lo que no está de más pillarse el multipase para el Parque das Naçoes a la salida del metro.
Lo primero que se ve al entrar es el inmenso vaso principal, que ocupa el centro de la instalación y que tiene unos 10 metros de altura. En él hay multitud de especies en el que supongo fue un ejercicio de a-ver-que-bichos-no-se-comen-los-unos-a-los-otros.

Aparte de pecezuelos de todo tipo, hay tiburones típicos, unas cuantas rayas, un pez luna del tamaño de una furgoneta e infinidad de bichos más pequeños. Y no digo corales y similar.
La única pega es el mogollón de gente que hay. Al principio no te das cuenta de que el vaso principal tiene mogollón de ventanales repartidos por dos plantas y la gente se amontona/acopla delante del que hay a la entrada. Así que si entrais, movéos rápidamente que encontraréis muchos puntos de vista privilegiados para observar a los pececitos durante horas.
Rodeando al gigantesco acuario hay salas, iluminadas por luz solar, donde se encuentran otros tipos de bichos relacionados con el mar, como pinwinos…

…nutrias…

…y pajaritos (no me pidáis el nombre científico, pofavó).

Aparte, hay en la planta baja infinidad de acuarios más pequeños especializados en diversas especies, desde caballitos de mar hasta sepias (me fiplan las sepias), y una sala donde explican en video, afortunadamente en inglés, todas las labores de mantenimiento e investigación que realiza el acuario. Dan datos sorprendentes, como que no pueden utilizar agua de mar normal porque, da igual dónde la recojas, está contaminadísima por el hombre. Y así se tienen que rellenar el acuario con agua purificada a la que añaden sales del mar muerto.
Ciertamente entiendo que la entrada puede resultar cara, pero es que más allá del espectáculo la labor que cumplen estos acuarios es magnífica y no debería tener precio. De hecho, cuantos más haya, mejor.
el mar en portugal
Y para finalizar esta serie de posts, y ya que estamos hablando del mar, aprovecho para contar que antes de llegar a Lisboa nos bañamos en el Atlántico, aunque probablemente ya lo habríais deducido en el apartado de las cervezas.
Vaya mala fama que tiene el mar en Portugal: todo el mundo dice que el agua está muy fría. Y es cierto. Pero es que está prácticamente igual de fría en el Cantábrico. Eso sí, las olas son salvajes. En la playa donde estuvimos tenían bandera amarilla. Pero es que en el Cantabrico sería roja y en el Mediterráneo ultravioleta lejano virando a Rayos X. De lo que deduzco que los portugueses deben querer poder bañarse de cuando en cuando.
Y aunque el objetivo del viaje fue Lisboa, de lo que tengo ganas de verdad es de conocer el Portugal rural alejado de toda intención turística, que es como a mí me gusta viajar. Por eso algún día pienso volver, pero en otro plan, a este estupendo país.
reflexión final
Parece mentira como ignoramos los españoles a nuestros vecinos.
No los tenemos en cuenta para nada. Hablamos en nuestra conversación diaria infinidad de veces más del resto de Europa que de Portugal. Y sin embargo, ellos hasta cierto punto nos adoran; nos tienen de referencia absoluta, me atrevería incluso a decir. Pero siempre mantienen un perfil bajo, extremadamente discreto y carecen de toda pretensión.
Creo que es algo que se refleja en su vida diaria, también. No he visto ningún portugués con prisa durante todo este tiempo. Ni a la hora de comer, de coger el tranvía o de hacer cualquier otra cosa. Y quizás en ese sentido tengamos que aprender mucho de ellos.
|
3 septiembre 2009
este es el episodio cuarto de mis aventuras lisboetas. tienes el tercero aquí.
al oeste del bairro alto
Es una zona de la ciudad realmente bonita (y poco turística en sentido estricto) en la que resulta casi inevitable caer si uno pasea por el bairro alto en sí y se deja llevar. De hecho, no hay una demarcación clara que diga “aquí acaba el Bairro Alto”.
Digo que esta zona no tiene interés turístico estricto porque no tiene lugares que llamen especialmente la atención ni tampoco tiene comercios especialmente orientados al visitante foráneo. Y eso es precisamente lo que la hace más interesante, pues es una zona bonita (apenas hay bloques de pisos y las casas suelen ser bajas) y a la vez bastante obrera y “normal”: está repleta de bares y restaurantes sin pretensiones para comer a precios populares y abundan también los comercios de barrio, desde ferreterías y tiendas de mascotas hasta algún supermercado que otro. De hecho, estos últimos no abundan demasiado en Lisboa.
Y que sea un barrio más o menos obrero no impide que esté salpicado por un montón de instituciones, incluido el Parlamento Nacional.
De hecho, ejem, asistimos sin pretenderlo a un cambio de guardia y la verdad es que si los guardias rusos o ingleses acojonan a pesar de lo ridículo que pueda ser el ritual, los dos portugueses que empezaron a hacer chiribitas con el arma y a saludarse mútuamente más bien transmitían el mensaje de nos pagan poco y lo hacemos sin ganas. Como La Abeforma y yo éramos los únicos presentes en ese momento nos tuvimos que aguantar la risa, no fuera que nos detuvieran o similar; pero le hacen ese espectáculo a un estadista que esté de visita y tenemos guerra.

Algo que encontramos, y me resultó bastante sorprendente, fue un tejo bastante mayor en medio de la Praça do Príncipe Real. Lo que más me llamó la atención es que el parquecillo en cuestión está en lo más alto de la colina en la que nos hayábamos, muy típico de los tejos que suponían lugar de adoración para los celtas; con lo que deduzco que ciertamente hubo una conexión con aquella cultura en la antigüedad lisboeta.
Al oeste del tejo, subiendo y bajando un montón de calles, también nos encontramos un parque precioso llamado Jardim da Estrela, enfrente de la Basilica da Estrela.
la estufa fría
Sí, me encantan las plantas, los parques y todas las cosas verdes. Por eso hay que hablar de la estufa fría. Eso sí… ¿qué es la estufa fría? suena a estafa. Pues no: es un inmenso jardín cerrado situado en el interior del Parque Eduardo VII, que está relativamente cerca del centro, andando dirección norte.
La verdad es que no tengo derecho a hablar de la estufa fría porque en realidad… no estuve allí. Bueno, sí estuve pero no pude entrar porque están de reformas hasta febrero de 2010, pero aún así el paseito mereció la pena. La prueba son las siguientes panorámicas:

El estanque que rodea a la Estufa Fría, que da idea de como es por dentro.
El parque de Eduardo VII, mirando en dirección al Tajo. La columna del medio es la estatua al marqués de Pombal.
Ciertamente el parque en sí está bien, pero no deja de ser un paseo. Y si eres de Oviedo, igual hasta te cabreas un poco con Fernando Botero.
el metro
Sólo hay 4 líneas de metro en Lisboa. Y llegó el momento en que hubo que cogerlo porque no pudimos resistir el impulso de ir a conocer la Lisboa-del-futuro-pero-hoy.
Si coges cualquier plano de Lisboa, verás que a la derecha, o sea, al este, hay una explanada pegada al tajo con edificios bastante grandes de forma inusual que, se deduce por los nombres (casi todos acabados en “oceano”), fueron antiguas zonas portuarias reconvertidas a lo Canary Wharf en Londres. Así que tras ver la Lisboa decadente e imperial, decidimos conocer la Lisboa moderna.
Está la opción de coger un taxi, claro. Pero como tíos viajados que somos, no nos fiamos de ningún taxista en ningún lugar. Eso sí, que sepáis, si es que necesitáis coger uno en Lisboa, que lo típico es preguntarle al taxista cuanto nos va a cobrar por ir a determinado sitio ANTES de subirse a él.
Pero claro, está un poco lejos y vimos que la mejor forma de acceder era el metro. De primeras nos imaginamos que sería bastante bonito, pero también cutre: y ahí nos llevamos una decepción. Al menos en un par de líneas, las estaciones son enormes, amplias, luminosas y muy limpias. Y aunque el billete no es especialmente barato (tampoco lo es el tranvía), realmente compensa. Y así llegamos a la Estación de Oriente.
parque das naçoes
Supone un mazazo bajarse del tren del metro para encontrarse una estación enorme diseñada por el omnipresente Calatrava (¿pero cuántos becarios tiene este tío?) que desemboca en un centro comercial bastante grande en el que encontramos un Carrefour, muchas macrotiendas, la mayoría de capital español (Zara y similar) y una planta dedicada a franquicias de hostelería. De hecho acabamos tomando un buffet libre ahí porque los restaurantes de fuera, como pudimos comprobar luego, eran todos un clavazo.
A la salida del centro comercial encontramos muchos edificios de negocios, apartamentos de lujo y un enorme paseo orientado norte-sur en el que hay multitud de sitios que ver, eso sí, todos muy turísticos. De hecho, una buena opción es acercarse a una caseta que hay nada más salir del centro comercial y pillar un pase (llamado Cartao do Parque) de 18€ que permite entrar en el Pavilhao do Conhecimento, subirse al tren Choo-Choo (sic), al teleférico que une los extremos del paseo y al magnífico Oceanário de Lisboa.

El paseo tiene varias fuentes con forma de prepucio fláccido que orgasman cada pocos minutos lanzando un chorro de agua hacia lo alto. De hecho, no conviene pararse muy cerca de ellas. Molan MUCHO.
El Pabellón del Conocimiento es un tanto decepcionante, pues está muy orientado a niños y es el típico museo interactivo en el que la mitad de las cosas no funcionan especialmente bien y uno no deja de sentir que está algo desaprovechado. Eso sí, tiene en su interior un cibercafé gratuito sin límite de tiempo donde uno puede ponerse al día del correo electrónico sin agobios.
Y aunque el Pabellón de marras no me pareció gran cosa, el Oceanario es una auténtica pasada. Y sólo por él merece la pena el desembolso por la tarjeta. Está la opción de pillar la entrada en el propio edificio, pero la cola es bastante desazonante. De él hablaré mañana.
Y no, no subimos al tren choo choo.
…continuará…
|
1 septiembre 2009
este es el tercer artículo de una saga, así que a lo mejor prefieres leer primero el anterior.
caminito a belém
Una parada obligada en cualquier viaje a Lisboa es Belém.
Aunque antes cité la Praça Do Comércio, no señalé que viene a ser el centro absoluto de Lisboa: desde aquí parten muchas vías de comunicación, sean algunas de las calles más importantes, líneas de tranvía o convergencia de líneas de metro. Así que la mejor manera de llegar a Belém es acercarse a esta plaza y coger el tranvía (de los modernos) que va en dirección oeste.
Hay que advertir que Belém no está realmente separado de Lisboa y viene a ser casi un barrio de esta. Allí se encuentran algunos lugares emblemáticos, como el Mosteiro (monasterio) dos Jerónimos o la pastelería donde se inventaron las típicas tartaletas de nata de Lisboa.
Debo decir que pensé en entrar en la pastelería, pero tenía un colón impresionante. Más tarde me enteré de que vendían 12000 pastelitos diarios por semana y hasta 20000 los sábados. Basta hacer números para deducir que fabrican uno cada dos/tres segundos, con lo que eso NO puede ser artesanal. Y la verdad es que los que pillé hechos en cualquier pastelería de Lisboa también estaban muy ricos.

Otra cosa para ver en Belém es el Monumento a los Conquistadores, ejemplo de arquitectura fascista con unas dimensiones bastante impresionantes, aunque no colosales. En la foto, que en realidad es el montaje de dos fotos una encima de otra, se aprecian bastante bien las dimensiones. Para que os hagáis una idea, una persona alta apenas le llega por debajo de la cintura a cualquiera de los personajes retratados.
Pero lo que más me gustó de Belém fue su Centro Cultural, un complejo de edificios con varias funciones (museo, auditorio…, etc…) de más de 200 metros de largo con una arquitectura muy correcta y funcional. Además tienen vaporizadores de agua en el patio interior para refrescar. Suena frívolo, pero aquel día se agradecía.
Dentro de este complejo se puede acceder, gratuitamente, a un Museo de Arte Moderno de bastante nivel, con espacios muy bien estructurados y donde encontré auténticas joyas del arte del siglo XX que sólo había visto en fotos: obras de Jenny Holtzer, Jeff Koons y auténticas virguerías de otros autores que no conocía. En el mismo museo había una exposición sobre Art Decó bastante potente y una retrospectiva sobre el genial arquitecto y artista Pancho Guedes.
pancho guedes
Le dedico un apartado pues este hombre me supuso una auténtica revelación. Nacido en Portugal en 1925, pasó la mayor parte de su vida en Mozambique (que fue, con Angola, colonia portuguesa) donde se empapó de la estética y cultural local, su principal fuente de inspiración. Construyó muchísimos edificios en la década de 1950 y 1960.
La retrospectiva expuesta en el Centro Cultural de Belem era extensísima, pero me encuentro ahora mismo la decepción de que apenas hay nada en internet sobre él, a excepción del enlace anterior. No hice apenas fotos pues la luz no era adecuada, pero tengo la de este tren-escultura-totem (un pelín desenfocada) que da idea de su peculiar estilo.

multiculturalidad
Menciono Mozambique y Angola, y es necesario añadir que hay mucha inmigración de esos países en Lisboa. Paseando por la ciudad se ve que hay una gran parte de la población de origen africano, y lo que es mejor, está asumida con mucha naturalidad. En ninguna parte vi nada que se pareciera a una discriminación, y si la hay, a mí al menos no me pareció evidente.
bairro alto
Otro sitio a conocer.
En el post anterior sobre Lisboa mencioné que el Bairro Alto era la zona pija de Lisboa. En efecto, los edificios están más cuidados de lo normal y abunda la tienda de ropa exquisita y el restaurante caro con fado incluido. También abundan las tiendas de librero anticuario, aunque sólo entramos en una donde su dueño puso cara de ya vienen estos a joderme el día y a lo mejor hasta les da por comprar. Debo decir que no entrábamos a fisgar, sino a ver si encontraba algún material de mi admiradísimo escritor portugués Rui Neves, pero al hombre ni le sonaba.
Pero todo esto es por el día: por la noche, el Bairro Alto se convierte en la zona de marcha. No muy distinta, es verdad, a la de otras ciudades: abunda el local consistente en el bajo de un edificio antiguo, sofisticado a base de bola de cristal comprada en Ikea + mueble viejo del abuelo, en el que se sirven combinaciones más o menos raras en distintos estados de descomposición. Y a precios no especialmente baratos. Luego hablo de la bebida.
También hay rollito pseudocultural, y en el primer bar que entramos tuvimos el placer de escuchar los desgañitos de un autocantor al que apetecía 1) ponerle un bozal y 2) meterle la guitarra por el culo.
Parece ser que esta tendencia es más o menos reciente, por lo que me comentó gente de allí. Y es debida al turismo. Es que de hecho, parecía que había más españoles que portugueses (que no implica que el ambiente fuera malo, en absoluto)… y cual fue la sorpresa cuando me dan el toque por detrás y me encuentro a gente de El Olivar, uno de mis bares favoritos de Oviedo. He aquí la prueba:

El oso de la izquierda soy yo, y el de la derecha es Javi. En el centro están Nanu y Amadeo. La censura en plan Interviú es porque sólo le pude preguntar a Amadeo, ya a la vuelta en Oviedo, si le importaba o no que le sacara en mi superglob.
La verdad es que a Javi lo había cruzado antes y me había quedado pensando: joder, cómo se parece este a Javi. Y después a Amadeo, y pensé lo mismo. Pero claro, me parecía imposible que fueran ellos.
beber
Mencioné que el Bairro Alto era caro, y antes hablé de comer; pues ahora toca beber: en la primera parada que hicimos en nuestro viaje a Portugal, paramos en un chiringo de playa al norte de Coimbra y tomamos una botella de la cerveza nacional, que es la Superbock y está co-jo-nu-da. Cuando vimos que nos cobraron 90 céntimos/botella, entré en estado nirvana-homer simpson.
Sin embargo, en el Bairro Alto nos encontramos precios más cercanos a los españoles. Una cerveza ronda los 2€, y los combinados 4 ó 5€. Sin embargo hay bares baratos en los que la gente suele pillar litros para sacarlos a la calle.
Ya en otro orden de cosas, si piensas traer vino de oporto de recuerdo, ten en cuenta que no es especialmente barato. Una botella de oporto elemental cuesta unos 5€ y de ahí para arriba, no hay límite. Te lo digo por si pensaste en llevar varias cajas de vuelta a España.
dronga
Como dice el I Ching en el hexagrama 57, así el viajero no arrastra pendencias. Me parece una gilipollez jugarse el tipo con delitos de drogas en el extranjero, y así es que la mitad de españoles presos en el extranjero lo están por el tema. Otra cosa sería si estuviera en la selva y el chamán me ofreciera ayahuasca en un ritual al efecto, pero no es el caso.
La cuestión es que yo ya fui para Portugal sabiendo dónde se conseguían las cosas en Lisboa, gracias a la info que me facilitó una tía muy maja que conocí tomando sidras en Oviedo: en la Praça Dom Pedro IV. Hablo de esto porque por lo visto es una información muy extendida.
Pues aclaro: que se dice que basta caminar por allí y que te vean con pinta de extranjero para que vengan los camelletes ofreciéndote de todo… y es verdad. Pero es gente muy poco discreta, con auténtica pinta de delincuente, muy brasas y muy prepotente. Que si quieres hachís; dices que no y te siguen; que si coca, que si nosequé. La verdad es que inspiran muy poca confianza y yo jamás probaría nada de lo que me vendieran. Avisaos estáis.
…continuará…
|
este post es la continuación de este otro, por si estás perdido/a.
comer
Por lo general no es especialmente caro comer en Lisboa, y no digo ya en otras partes de Portugal; pero hay mucha variación de precios de unos locales a otros.
Los restaurantes típicos lisboetas, y cuando hablo de típicos no me refiero “para turistas” sino para portugueses, suelen reconocerse por tener las mesas, generalmente pequeñas y cuadradas, alineadas unas junto a otras formando pequeños trenes. El rey en todos los menús suele ser algún tipo de pescado acompañado de guarnición de verduras y patatas cocidas. La verdad es que en general encontré las guarniciones abundantes casi siempre pero bastante desangeladas e insípidas. Aunque la calidad de las hortalizas suele ser suprema.
Es costumbre, y esto es importante saberlo para evitar follones, que nada más pedir la comida te pongan encima de la mesa cositas para picar, como quesos diversos o el típico paté de sardinas (que me encanta) en packs monodosis. Pues bien: si lo comes, te lo cobran. Si no te lo comes, no. Debo aclarar que a mí me ponen en un restaurante, en España, algo que no he pedido y me lo quieren cobrar y lo más probable es que acabe incendiando el chiringo; pero en Portugal es simplemente una costumbre universal. Eso sí, que no te cobren nada que no hayas comido, aunque nunca me pasó en todo el tiempo que estuve allí.
La cuestión es que escogiendo bien el sitio se puede comer de maravilla por unos 8 euros. Y si tuviera que recomendar postres, no dudaría en sugerir la típica tartaleta de nata (que tuvo origen en Belém, por lo visto) o melón: tienen unos melones amarillos muy dulces que están riquísimos.
Eso sí, compramos uno para comerlo en el hotel, a 30 céntimos/kg, y resultó una puta mierda.
Para finalizar… dije antes “restaurantes típicos”. Pues bien, los restaurantes para turistas no disimulan nada y ponen eso mismo al lado del nombre: “típico”. Así que ya de lejos puedes saber dónde te metes.
alfama
Es el barrio antiguo de Lisboa, aunque esto hay que matizarlo: Lisboa tiene muchas partes antiguas, cuando no viejas, y en general se cae a cachos, con excepciones. Es habitual que al caminar por cualquier calle de barrio mires para las casas y pienses madredediós, como es que no se derrumba. Esto, que en cualquier otra ciudad sería para morirse del asco, en Lisboa se le llama decadente y pintoresco. Y tiene derecho, porque es una ciudad con mucha vida. Si no fuera por ella, algunas zonas serían sin más horribles. Que también las hay.
Alfama es por tanto un destino inexcusable, por sus estrechos callejones y locales de restauración, y por la coexistencia del turismo con una vida propia bastante evidente. Es fácil llegar si estás en el centro de Lisboa simplemente dirigiéndote hacia el Este, aunque habrá que subir una colina bastante empinada, o bajando hasta la Praça Do Comércio, dirigiéndote al Este y volviendo a subir.
Típica visita en Alfama es el Castelo de Sao Jorge, que domina la ciudad desde lo alto. Pero si lo que se busca es algo más de vidilla, se puede ir hasta un mercadillo/rastro que funciona casi todos los días y rodea al Mercado de Santa Clara.

lecciones del karma
Tengo que contaros una anécdota: cuando adquirí mi penúltimo móvil, di alguna vuelta que otra buscando el cable para conectarlo al ordenador (llamado nokia CA101). Tras dar bastante vueltas por comercios de España, lo encontré por el atracativo precio de 45€. Así que decidí no comprarlo. Y poco después perdí el interés.
La cuestión es que en este mercadillo me acerqué a un puesto de herramientas y vi que tenían un montón de cables USB y de otros tipos. En un chispazo, le enseñé el móvil al hombre y contestó “cable especial, especial” y me puso en la mano un CA101 auténtico… que me vendió por 5€. Que conste que no soy un friqui de la tecnología que se gasta el sueldo en comprarse las últimas novedades en electrónica (vamos, para nada) pero me llevé tal alegrón por el chollo en sí que estuve eufórico un buen rato, pensando en toda la gestión de direcciones que le iba a hacer al móvil en cuando volviera a casa.
3 horas más tarde me robaron el móvil.
cuidado en el tranvía

Si subís a cualquier tranvía en Lisboa, moderno o antiguo, veréis un cartel que pone “beware pickpockets”, que en cristiano quiere decir “cuidado con los carteristas”. Yo soy fan total de usar bolso por lo práctico que resulta, y nunca me preocupé por el hecho de llevar el móvil en el bolsillo de fuera, el que tiene una mera solapilla. Bien: no se os ocurra llevar el móvil ahí en los tranvías de Lisboa.
Aunque la seguridad ciudadana es excepcional en la mayor parte de la ciudad, los carteristas, y especialmente de los tranvías, son una plaga. Digamos que en Lisboa, tan acogedora ella, hasta te roban sin violencia. Pero te roban.
Obviamente no se cae el mundo encima, pero puede ser una putada muy grande que te roben en el extranjero, y más si no sabes que uso le están dando a tu cacharro en ese momento y funcionas con contrato, como fue mi caso. La cosa quedó en nada, pero pensándolo a posteriori (y me da igual que sea verdad o no), creo que la lección kármica es evidente: seguramente ese cable era robado, con lo que al final el robado fui yo.
clica aquí para enviar ondas mentales de dolor de muelas al hijo de puta que me robó el móvil
lisboa chungo
Realmente no tengo claro que partes de Lisboa son indeseables o no. Como viajero suelo evitar meterme en líos o andar por malas zonas. Pero sí me sorprendió cómo simplemente en un par de calles, como de hecho me pasó paseando, puedes acceder a una zona más o menos chunga. Así fue paseando hacia el oeste del Bairro Alto (que hablaré luego de él), llegamos a un cruce de calles en el que se había acumulado una cantidad de gandalla notable, incluyendo el traspaso de papelinas de coca (o similar) a eso de las 11 de la mañana sin ningún disimulo: y por supuesto muy malas caras. Normalmente no me preocupan esas situaciones pues soy un animal con ropa y es probable que si empiezo a repartir hostias me quede solo rápido. Pero bueno, dimos media vuelta y no pasó nada. Pero Lisboa no es todo fado y buen rollo.
el tranvía chorras
Y ya que estoy hablando de cosas más o menos malas, finalizo el capítulo de hoy hablando del famoso tranvía inclinado en el que todo el mundo quiere subir:

Es un tranvía que sale de la Praça dos Restauradores por la Calçada da Glória hasta el Bairro Alto, situado en la colina situada al oeste del centro. Vi a todo el mundo loco por subirse en él, pero el trayecto es realmente mínimo y es una pendiente relativamente asequible. Sinceramente no sé cuánto cuesta pero me da lo mismo: no me molesté ni en preguntar.
Mi teoría al respecto es que como el Bairro Alto era el barrio de los pijos, pues se calcaron ese tranvía no sea que tuvieran que sudar un poquito para volver a casa después de andar haciendo el mal por ahí. Porque si llega a ser un barrio pobre, te digo que no ponen un tranvía para subir esa cuestilla. Pero bueno, ustedes verán.
…continuará…
|
|