[Este post está dedicado a una persona que aprecio mucho y es fiel a este mi/su/vuestro superglob]
“Sub specie aeternitatis” es una expresión que significa “contemplado desde la eternidad” y que, creo, acuñó el filósofo Baruch Spinoza.
En mi querido I Ching hay una referencia a este punto de vista, hexagrama 20, 6ª línea (cito la edición de Wilhelm:
Contemplación de su vida
El noble está libre de tacha
Mientras que en la línea anterior se describe a un hombre que se contempla a sí mismo, en este punto, en la posición más alta, queda excluido todo lo personal, todo lo que se refiere al propio yo. Se presenta aquí a un sabio liberado del yo y más allá del trajín mundanal que contempla las leyes de la vida descubriendo así, como cosa suprema, la posibilidad de quedar libre de fallas.
Las referencias son diversas e innumerables, y los enfoques también. Jardiel Poncela, nihilista: La Vida no es más que un relámpago entre dos noches infinitas. En el Eclesiastés, uno de mis libros bíblicos favoritos, el capítulo 2 muestra cierto resentimiento: Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.
Por mi propia naturaleza, y esto ya es terreno personal, cuando tomo decisiones (incluso alguna aparentemente nimia) no puedo evitar, por una parte, considerar todos los condicionamientos que me han marcado desde mi nacimiento y que contribuyeron a que yo sea el que soy ahora y que esté en la situación que estoy. Y por otra, que voy a morir más tarde o más temprano. Nada me inquieta más, quizás, que perder el tiempo en ese sentido. Pero a cambio, nada contribuye más a dejar de lado la timidez y el miedo. Pues voy a morir, y lo recuerdo todos los días de mi vida.
Creo que el autor, de los que he leído, que mejor ha expresado este punto de vista es, sin duda, Viktor Frankl.
Es el inventor de la Logoterapia, o terapia del sentido. Viktor lo pasó muy mal; baste decir que es superviviente de un campo de concentración nazi. Su preocupación tras superar la experiencia fue la de encontrar un sentido a la propia vida, y de ayudar a otros a encontrarlo para sí mismos.
De ese modo llegó a una filosofía plenamente sub specie aeternitatis que quiero compartir. Es sublime, pues reune tanto una elevada belleza como implicaciones escalofriantes.
Frankl asegura que al morir, uno trasciende. Entiende por trascender que uno pasa de ser un individuo que se mueve por el espacio-tiempo a convertirse en el conjunto de la propia vida, eliminando la dimensión tiempo.
Usando un símil matemático, yo puedo describir la ecuación de una recta en el plano utilizando dos ecuaciones en el que las posiciones x e y dependen de t, es decir x=x(t) / y=y(t). Esto somos nosotros ahora mismo: para poder expresarnos, debemos dar valores consecutivos a t e ir pintando puntos que forman una recta.
Sin embargo, si elminamos la t entre las ecuaciones, podemos reducir la recta a una única ecuación con dos parámetros en el que, como antes, tenemos un grado de libertad. Pero no obstante, ahora estamos representando la recta de golpe, pues hemos eliminado la dimensión tiempo. Hemos trascendido la recta.
De manera análoga, al morir pasamos de ser individuos a transformarnos en nuestra vida, convertirnos en ella… por toda la eternidad, pues la eternidad no es tiempo infinito. La eternidad, sencillamente, no dura. No hay tiempo en la eternidad.
Estamos condenados a trascender. He ahí lo aterrador.
¿Dónde está nuestro margen de maniobra? Ciertamente lo pasado no se puede cambiar. Pero el futuro está por escribir. He ahí donde Frankl nos habla de la gran responsabilidad de nuestro presente. Somos instrumentos libres de congelar, es decir, de introducir en el pasado inamovible, las opciones que el futuro nos plantea. Y eso se hace en un eterno ahora.
Por eso ¿es finalmente todo vanidad? ¿o es todo finalmente materia gravísima? Son las dos cosas a la vez, como no puede ser de otra manera.
Algún día Brahma dejará de soñar este Universo, y todo se disolverá. Pero aún así, todo seguirá estando ahí, pues lo que somos existe fuera del tiempo. Otra cosa es si realmente somos algo.
Sub specie aeternitatis. Así debemos vivir.