Hola a todos: lo prometido es deuda, así que voy a contar por aquí algunas cosillas sobre mis vacaciones que, aparte del rollito automasturbatorio mira-que-bien-me-lo-pasé (que me la refanfinfla lo que pienses, por otra parte), creo que podrán ser útiles a quien se plantee ir por los mismos sitios por los que he estado…
…a pesar de que en este caso hable de un destino tan habitual y cercano para un español como pueda ser Lisboa. Seguro que muchos habréis estado ya, pero para aquellos que no, contaré unas cuantas cosas interesantes.
en el camino
Me encanta viajar en coche. Creo que es la mejor manera de hacerlo por la libertad total que uno puede disfrutar viajando de esa manera, y sobretodo por la ausencia de agobios respecto a horarios. No digamos la cantidad de equipaje que se puede llevar encima, y hasta de recuerdos a la vuelta.
Todo el mundo habla de lo mal que conducen los portugueses: pues mira tú, no sé si sería verdad hace años, pero la verdad es que no encontré nada especialmente raro ni agresivo… De hecho, dirían que son hasta educados con respecto a los españoles (y no digo respecto a los asturianos): pero bueno, tampoco es que vayan como la seda.
La verdad es que ya desde Salamanca (pues por allí entré), muchos coches que se dirigían hacia Portugal iban realmente follaos, a 170km/h. De hecho, conduciendo hasta allí inventé mentalmente los carriles-chusma, que algún día expondré en este glob y solucionaran la escasez de órganos para trasplante, aparte de eliminar darwinianamente a los conductores indeseables. Volviendo al tema de la velocidad, daba la sensación de viajar en el tiempo en España, de vuelta a los tiempos anteriores al carnet por puntos.
Otra particularidad del conductor portugués es el uso creativo que le da al arcén. En una ocasión incluso me invitaron a adelantar por el procedimiento de meterse completamente en él. Por otra parte, las autopistas están bastante bien, no son especialmente caras cuando son de peaje y en ese sentido la modernización de Portugal es patente.
En definitiva, si tenéis miedo a conducir en Portugal, no lo tengáis porque no son tan cafres como nos lo pintan. Son bastante peores los madrileños y no digo ya los valencianos.
Eso sí: hay que llenar el depósito en España pues el combustible es aproximadamente un 10% más caro que aquí. Y no espereis a la última gasolinera antes de la frontera que tiene unas colas del carajo.
el alojamiento
Ciertamente me quedé encantado con el apartahotel que me recomendó un amigo. Se llama Vip Eden y está en el centro de Lisboa, en la Praça dos Restauradores.
Es muy reconocible por su forma semicircular y, aunque no es tan bonito por dentro como por fuera, es tranquilo (al menos no oí ruidos ninguna noche), con habitaciones realmente amplias y un servicio realmente invisible, lo que siempre se agradece. La única pega que le pongo es cierto olor a mierda por las noches, a veces en la habitación, pero otras ya en la acera, al entrar, con lo que debe ser un problema de la calle y no del edificio.
Además, tampoco es caro tratándose de un teórico 4 estrellas. Digo teórico porque nunca me he fiado de las puñeteras estrellas. Al grano: para dos personas, cuatro días en pleno agosto, la cosa salió por 300€, lo que son exactamente 37,5 eurodólares por persona y noche.
Quizás lo mejor del hotel, si es que acaba uno harto de patear, sea la piscina que tiene en la azotea, en la que se puede incluso nadar cómodamente pues cubre bastante, y desde la que se tiene una vista impresionante, como se puede ver en la foto.

El tío de la izquierda, por cierto, es La Abeforma, también conocida como Abelardo, y sempiterno compañero de aventuras de vuestro querido Voet.
inciso: aparcar en lisboa
La madre que parió a los lisboetas: Si estás acostumbrado a la señalización española a la hora de buscar aparcamiento, probablemente lo pases muy mal para encontrar un sitio donde dejar el coche.
En primer lugar, el concepto de zona azul existe como en todos los sitios: pero no marcan la zona azul con ese color, sino en blanco. Si ves líneas de demarcación de aparcamiento, hay un 99% de probabilidades de que sea un aparcamiento de pago. Pero tampoco se matan mucho a la hora de señalizarlo, aparte de la existencia de un parquímetro cerca, ya que utilizan señales verticales al principio de las zonas azules.
¿Y las zonas de libre aparcamiento? pues sencillamente no están pintadas. Si la calle es bastante ancha y hay otros coches aparcados, significa que podrás aparcar libremente. Pero deberás asegurarte bien.
Obviamente en el centro de Lisboa es muy complicado encontrar aparcamiento, con lo que al llegar nos dirigimos al barrio de Alfama, situado al este del hotel, subiendo unas cuestas endemoniadas. Al final dimos con un sitio en una calle llamada Paço da Rainha (traducido, Palacio de la Reina) tras un par de falsos intentos en zonas prohibidas y de pago.
¡curioso!
Precisamente muy cerca de la citada calle, en el Campo dos Martires da Patria, encontramos de casualidad algo que nos sorprendió mucho: un lugar de culto a un santo laico.

José Tomás de Sousa Martins fue un médico excepcional de finales del XIX que trabajó en un hospital muy cercano al lugar donde se erige la escultura de la foto y que se volcó mucho en los pobres, consiguiendo además curas supuestamente milagrosas. La coña viene de que al morir el pueblo solicitó que se le canonizara cuando antes: pero la iglesia se negó pues el doctor era abiertamente ateo. A la gente le dió igual.
En la foto de arriba, lo que se ve en la base del monumento (aparte de la Abeforma) son cientos de placas de mármol donde la gente da gracias a este hombre por curaciones en las que supuestamente intercede, ya que la gente le va a rezar por sus familiares enfermos. El mueble negro que tiene delante es una hornacina en cuyo interior siempre hay velas ardiendo… y todo esto nos lo explicó una señora mayor muy simpática que se acercó a nosotros al vernos con el interrogante encima.
la hospitalidad
Porque si algo hay que reconocer es que los portugueses son increíblemente amables con los españoles. No sé si con los extranjeros en general o sólo con los españoles, pero son MUY amables. Y eso que tuve ocasión de ver a muchos españoles acercarse de manera prepotente, hablando directamente en español sin ninguna consideración.
Es cierto que muchos portugueses saben español, o por lo menos nos entienden. De hecho, están bastante empapados de la cultura española. Como muestra, un botón: tirados encima de la cama en el hotel, después de una pateada especialmente salvaje, hicimos zapping para comprobar si la TV portuguesa era tan execrable como la nuestra. En esto dimos con un programa-concurso de preguntas y respuestas, en plan cultura general, y comprobamos, divertidos y asombrados, que una de cada cuatro preguntas eran sobre España… ¡y todos los concursantes las acertaban! Una era: si en España te dicen “guapo” ¿qué quieren decir?. la respuesta es bonito, claro.
En definitiva, y volviendo al tema de la educación, no está de más preguntar siempre por adelantado Perdone, ¿sabe usted español? y después proseguir la conversación. Y por supuesto, obrigado siempre, aunque es bastante mosqueante ya que tiene género. Las mujeres dicen obrigada y al principio despista.



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Esta playa asturiana no está siquiera señalizada en la carretera y es relativamente poco conocida. Se llega a ella desde el pueblo de 