9 noviembre 2010

texturas del cap de creus

Decir que el Cap de Creus es un paraíso para un geólogo es quedarse corto. Es EL paraíso de un geólogo, del mismo modo que ha sido fuente de inspiración para artistas como Dalí.

Por mi parte me quedé con la boca abierta cuando lo vi por primera vez. Algunas de las texturas que allí afloran sencillamente no se pueden encontrar en ninguna parte del mundo. Pero lo mejor es pasar directamente a las fotos y no decir nada más.








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morella, un sitio para volver

morella tal cual se ve tras pasar el puerto del querol en dirección a aragón.

Morella es un pueblo muy singular de El Maestrazgo, una zona que geográfica e históricamente siempre ha tenido una identidad propia y que hoy en día se divide, administrativamente, entre Teruel y Castellón y cuya capital oficial es Sant Mateu.

Digo que Morella es singular y lo es por muchos motivos. En primer lugar porque es una fortaleza natural de primer orden utilizada desde la antigüedad. De hecho, la raíz indoeuropea Mor- suele denotar una montaña aislada en medio de una llanura y se supone que de ahí proviene el nombre del pueblo. En segundo, y resulta lógico tras conocer el dato anterior, en Morella ha habido innumerables hostialidades diversas entre sus ocupantes y el ejercito sitiador de turno, remontándose las últimas refriegas a las guerras carlistas, en el siglo XIX. Y en tercer lugar, como colofón a la información que acabo de aportar, la gente de Morella es muy especial y tiene un sentido de comunidad increíble.

Y es que ha tenido una historia de sangre y fuego de la que pocos lugares pueden presumir. Esto, se quisiera o no, quizás ha condicionado profundamente el compromiso de los habitantes con su comunidad y con el mundo exterior. Y lo ha hecho para bien.

Mientras otros pueblos de la zona, a principios del siglo XX, derribaban sus murallas, los morellanos las reforzaban, quizás debido a su aguda consciencia histórica. Aún hoy en día los habitantes pagan una tasa anual para la conservación de las fortificaciones, y no sólo por su valor turístico, sino también por su valor defensivo. Quien paga la tasa tiene derecho a refugiarse dentro de las murallas en caso de conflicto armado.

la fortaleza vista desde su base. la foto, por la falta de perspectiva, no hace justicia a lo imponente que es. en la foto superior se aprecia mucho mejor la prominencia.

Tras escuchar algo así uno se podría pensar que estamos hablando de gente cerrada. Para nada. Los morellanos viven sobretodo del turismo, y con el viajero que se acerca son realmente esplendidos, hasta el punto de no consentir que NADIE abuse del turista o lo time como ocurre en otros lugares del Mediterráneo. Tan fuerte es el sentido de la solidaridad y de respeto al visitante que, y esto lo observé de primera mano, los mismos souvenirs en tiendas distintas tienen exactamente el mismo precio, hasta el último céntimo, lo que denota un pacto serio entre comerciantes. Y en ningún caso los precios son abusivos o los servicios prestados mezquinos. La seriedad y responsabilidad de los morellanos con los viajeros es inconcebible en la mayoría de los sitios turísticos que he conocido en mi vida.

basílica de santa maría

¿Y qué es lo que hay que ver en Morella? Pues bastantes cosas. Aparte de su arquitectura predominantemente medieval, civil y eclesiástica, destaca sobretodo la fortaleza, realmente imponente, como ya habréis podido comprobar en la primera foto de este artículo, una panorámica general de Morella.

El punto más alto de esta se eleva a más de 1000 metros sobre el nivel del mar y sí, efectivamente los inviernos aquí se hacen muy duros, con temperaturas de hasta -20ºC. No hay que olvidar que estamos en lo alto de la Cordillera Ibérica. En verano, de todos modos, se hace un sitio muy agradable para estar, especialmente cuando la canícula reina en la costa mediterránea, a apenas 50km de distancia.

Volviendo al asunto: El acceso a la fortaleza, previo pago de una entrada muy razonable de 3€, se hace a través de un convento abandonado dotado de una iglesia sorprendentemente grande y, en una sala adyacente mucho más antigua, un gran fresco medieval, desgraciadamente no muy bien conservado, donde se puede distinguir una alegoría de la sociedad de la época y una partitura antigua.

el fresco en cuestión
ábside de la iglesia del convento

El ascenso al castillo es progresivo, superando varios niveles de defensa bastante impresionantes, sobretodo porque se pueden apreciar los distintos añadidos y modificaciones que hubo a lo largo de la historia. A destacar la mazmorra, una cueva muy poco acogedora, que nos puede dar idea de lo que suponía estar preso en aquella época.


dos vistas durante el ascenso a lo alto del castillo. como se ve, desde él se domina toda la comarca.
hay unos cuantos cañones alrededor del castillo y, la verdad, aún acojonan un poquito.

El castillo es la principal atracción del pueblo, pero no la única. Sus calles y callejuelas, en mayoría peatonales, están muy bien conservadas y cuidadas, y su distribución es principalmente circular y en espiral alrededor de la fortificación, como es lógico.

la plaza de colón con su reloj de sol gigante
también hay sitio para lo bizarro, como esta estampa conmemorativa

Muchas de las calles están dotadas con soportales en los que podemos encontrar restaurantes de categoría y tiendas de souvenirs muy variadas (algunas especializadas en miel, jabones, ropa de lana) con precios muy razonables, como ya dije, y objetos de buen gusto.

uno de los soportales típicos de morellaLas dos veces que he estado en Morella he tenido el placer de comer en el Restaurante Casa Pere.

En la primera ocasión, acompañado por el-hombre-cuya-identidad-debe-seguir-misteriosa, nos tomamos un menú degustación (el grande, 30€ cada uno) de carácter semipornográfico en el que disfrutamos de los productos típicos del Maestrazgo y de la localidad, como las croquetas morellanas, que son cualquier cosa menos croquetas pero están riquísimas, y recetas con trufas, una de las especialidades de la zona. En febrero, todos los años, suele haber una celebración gastronómica de la trufa a la que estoy seguro merece la pena ir. La cuestión es que tras acabar el menú los camareros amablemente nos llevaron rodando hasta el coche (es broma).

En la segunda ocasión, esta vez con cachopoguoman, tuvimos la suerte de que nos atendiera el dueño del local, con el que hicimos muy buenas migas: nada más pedirnos la carta y escucharnos hablar nos dice:

—Hum, sois de Asturias, ¿eh? Pues os voy a tener que dar bien de comer, que sé como os las gastáis por allí. De aquí con hambre no marcháis.

cachopoguoman al borde del coma estomacalY efectivamente. Durante la espera por el menú degustación (el pequeño) en la terraza del bar nos trajo varias bandejas con pan con tomate y otras delicias, todas cortesías de la casa. Cuando llegó el menú apenas podíamos hablar de la contractura que ya teníamos en el diafragma, pero no dejamos ni las migas. Y al final no nos cobró ni el vino, ni los chupitos ni el café. Y además, el tío más majo que la hostia, hablándonos con ilusión de sus futuros proyectos para el restaurante y preguntándonos un montón de cosas sobre la comida asturiana. Un auténtico lujazo de sitio.

Tras acudir la grúa municipal a levantarnos de la mesa (broma también), rodamos como pudimos, esféricos de la jartura, por la calles de Morella observando las tiendas. Y que esto sirva de lección para los comerciantes de otros sitios turísticos: porque el trato es tan amable y las propuestas tan razonables, que me dejé más pasta en Morella que en cualquier otro sitio de los que he estado durante todas las vueltas que di por el Mediterráneo. En ningún momento me sentí estafado por los precios u ofendido por cosas de mal gusto en los expositores y los escaparates.

Y esto se nota también en el tipo de visitantes que paran por allí. Hay mucho turismo familiar, mucho extranjero, mucha pareja (ciertamente el lugar es un tanto romántico) y en ningún caso vimos gente maleducada, gritona o impresentable. Con su actitud relativamente discreta los morellanos han sabido atraer al turista de calidad a cambio de una oferta también de calidad.

devolviendo el bou al redil con ayudaSi acudís a Morella la primera quincena de Agosto es probable, además, que os encontréis con una tradición típica de los pueblos de la zona, los bous al carrer; literalmente, toros en la calle.

Este espectáculo, al contrario de lo que se puede pensar, es incruento y los animales en general no sufren más que cierto grado de susto, que supongo que no será tanto ya que muchos de ellos repiten su actuación de pueblo en pueblo. Los que si corren peligro son los que se ponen delante del toro.

Como asturiano poco acostumbrado a las tradiciones taurinas encuentro los bous al carrer bastante fascinantes y divertidos, y no me extraña que tengan el éxito que tienen; aunque también es verdad que de un pueblo a otro la calidad del espectáculo es muy variable, y puedo asegurarlo porque he tenido ocasión de ver los bous en tres sitios distintos. En cualquier caso, esperemos que desde el desconocimiento no se acaben prohibiendo. Sacar al toro de un sitio tirando por el rabo es lo más agresivo. No sé si eso es cruel, pero probablemente lleven peor el viaje en el camión.

En definitiva estoy hablando de un sitio muy recomendable al que intentaré retornar siempre que pueda, aunque me tenga que desviar 100km de mi ruta, sólo para volver a disfrutar de sus monumentos, de su gastronomía y de su gente.

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31 agosto 2010

best of voet’s bichifoto summer 2010










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