20 febrero 2012

el kiste (con k de kafka)

AVISO LEGAL

Este documento está basado en hechos reales y tiene la intención de demostrar que si Kafka hubiera vivido en España, habría sido considerado un escritor costumbrista. Algunos datos y personajes han sidos modificados para evitar posibles conflictos, pero todo lo relatado aquí es cierto. Completamente cierto. Todo.

INTRODUCCIÓN

Tengo una relación especial con mi peluquero. Casi espiritual, se podría decir. Al contrario que otros clientes que se encargan de discutir con su estilista decisiones trascendentales que han de tomar (como quién ha de ganar las elecciones o qué equipo la liga de fútbol), mi peluquero y yo compartimos un ritual que respetamos escrupulosamente:

Tras un saludo formal, me siento y poso mis gafas al lado del lavabo. Él me coloca una funda sobre la ropa y una cinta adhesiva alrededor del cuello con infinita delicadeza. Aunque la ajusta a la perfección, él siempre pregunta:
—¿Aprieta? —a lo que yo respondo:
—No.
A partir de este punto, los dos en perfecto y respetuoso silencio, meditamos: él sobre cada mechón y pelo que sobresale, yo sobre cada pequeña sensación. Él sabe cómo ha de cortar y yo siempre salgo satisfecho de su labor… hasta ese día.

DÍA 0

—Tienes una calvita aquí —me dice sorprendido, al poco de empezar a cortar.
—¿Dónde? —pregunto sorprendido.
—Aquí.
Me señala a través del espejo y, en efecto, justo en el medio de la cabeza, a unos tres centímetros sobre la línea del flequillo, tengo una calvita del tamaño de un duro con un pequeño y perfecto bultito hemisférico del tamaño de una lenteja grande.
—Es una calva habriaguladumbálica —me explica… bueno, usa un término técnico, pero yo entiendo algo así.
—Debe ser un quiste.
—Sí, seguramente una raíz infectada.
Y sigue cortando pelo. Una vez más, me lo deja perfecto, a excepción de la pequeña calvita que reluce como una joya sobre mi frente.

Tras salir de la peluquería voy a mi casa y me miro el bultito, ahora perfectamente visible, en el espejo del ascensor. Me sorprende la perfecta simetría de la imperfección, tanto por su forma como por su posición, y no me desagrada del todo. Pienso por un momento que debe ser una reacción debida a algún pequeño chakra de la cabeza que no anda muy fino. Al llegar a casa llamo al ambulatorio y pido hora con el médico que me asignó la SS, con el que estoy muy satisfecho.

DÍA 1

Tras un retraso de sólo cuarenta minutos entro en la consulta. En vez de mi médico hay una chica joven, bastante guapa.
—¿Dónde esta X? —pregunto.
—Está enfermo, yo le estoy sustituyendo. ¿Qué querías?
Le enseño el bultito y ella lo examina, observándolo y palpándolo cuidadosamente. Está bastante duro.
—Es un quiste —contesta al cabo de un rato.
—Ya.
—Te voy a recetar una pomada estupenda que se llama Bitrobán —no es su verdadero nombre—. Aplícala antes de dormir para que haga efecto durante la noche.
—De acuerdo.
Solucionado. La guapa doctora me extiende la receta y marcho de allí con una sonrisa de oreja a oreja.

DÍA 2

Nada más despertar compruebo con el dedo el estado del quiste tras aplicar el susodicho medicamento. Noto una especie de tumefacción blandorra. El bultito duro de ayer se ha convertido en una especie de pellejo maleable. Supongo que será normal.

DÍA 3

La noche anterior volví a aplicar la sustancia. Al levantarme me examino el quiste enfrente del espejo, y al apretar ligeramente un chorrito de pus golpea el espejo. Estupendo. Pero sigo notando una especie de bolita bajo la piel. Aprieto ligeramente pero no se mueve. Es recalcitrante, el jodío.

DÍA 4

Otra vez en el ambulatorio. Noto un hilillo de líquido que me baja por la frente. Entre ayer y hoy ya llevo gastados un par de paquetes de pañuelos: los restos oscilan entre el amarillo cremoso y el rojo coagulado.

Tras una hora de espera entro en la consulta. Otra chica distinta.
—Hola buenas, estuve aquí hace tres días y bla, bla, me recetó bla, bla, me reventó, blá, blá.
—Sí, claro —me explica amablemente—. Con el Bitrobán se ablandan los tejidos y así el quiste se puede expulsar con facilidad. Sigue usándolo.
—Bueno, esperemos que funcione —digo sin mucha confianza.

DÍA 6

—¡Esto no vale para nada!
Le enseño el espectáculo horroroso en el que se ha convertido la calvita: una especie de llaga blandorra y supurante con un bultito en medio que no se mueve ni para la de tres. Estoy de visible mala uva.
—Mire, le voy a dar un volante para la sección de dermatología del ambulatorio central y que se lo miren allí —la chica se lava las manos simbólicamente usando un bolígrafo y un complejo formulario.

DÍA 28

Tenía hora para las nueve de la mañana y ya son las diez y media. La sangre coagulada me tiñe las raíces de los pelos de la zona del quiste. Ya está de nuevo un poquito más duro, pero su forma perfecta ha pasado a la historia. Ahora es un poquito amorfo y tiene algo de cicatriz. El bultito sigue ahí y se sonríe cual gato de Cheshire. Me entretengo contando baldosas y compruebo que el suelo está combado del uso o por la mala construcción. Más bien por lo segundo. Se oye mi nombre por el altavoz:
—FFlanno dei Ttll, dctorr Mnganno.

Entro a una amplia sala y allí hay un médico de unos cincuenta años, pelo blanco, cara de médico, que se está riendo con otros dos hablando de sabe Dios qué. No tiene ninguna prisa, desde luego. Me siento.

Tras unas últimas risas el hombre parece percatarse de mi presencia, enciende un cigarrillo y se acerca a mí.
—Vamos a ver ¿Qué le trae por aquí?
—Bla bla quiste bla bla Bitrobán bla bla dos viajes bla bla mierda.
Con el cigarrillo en la mano y los dedos amarillos de nicotina inspecciona la zona afectada. Aprieta como un animal.
—¡Ay! ¡Ay! ¡Coño!
Insiste apretando. Unas veces en dirección norte-sur, otras este-oeste.
—¡Ay! ¡Qué me haces daño!
—Nada, no hay manera. Mire, lo mejor es que se acerque a área de dermatología del Hospital Central y que le sajen.
—¿Y no lo puede hacer usted? —pregunto mientras aún me resbala un lagrimón por la mejilla.
—Es que aquí más bien… —y me suelta un rollo sobre funciones y presupuestos y no sé qué más. Me da instrucciones para que baje a la oficina y haga reserva en el sitio de las narices.
—Y por cierto… —me dice frunciendo las cejas.
—¿¡Qué!? ¿¡Qué!?
—No le va a volver a crecer el pelo en esa zona, porque se ve que ha estado infectada y eso a matado los bulbos pilosos de alrededor.
La calvita, entre el tiempo y los habilidosos tratamientos ya es como una moneda de cinco duros, así que la noticia me alegra mucho, como ustedes se pueden imaginar. Me despido y bajo a pedir la reserva. Casi cuarenta minutos de cola después me dan hora para dentro de mes y medio. Estupendo.

DÍA 29

En medio del sueño corro entre campos de algodón. Levanto la mirada al cielo teñido de rojos y violetas y alguien me clava una chincheta en la cabeza.
—¡Ouch!
No es ninguna chincheta. Es que me he golpeado sin querer contra el frontal de la cama, justo en medio de la zona catastrófica en la que se ha convertido el puto quiste. Lo tengo inflamado y duele. Para encima son las siete de la mañana y no tengo que levantarme hasta una hora después. Pierdo el sueño. Joder, cómo duele.

DÍAS 30—58

—¡Ouch!

DÍA 59

Mi ex-calvita está llena de pelos de un centímetro de largo. En efecto, señor doctor: tenía usted razón.

DÍAS 60—81

—¡Ouch!

DÍA 82

Área de dermatología del Hospital Central. No sé ni cómo he llegado hasta aquí. He tenido que preguntar a casi diez personas en este laberinto. Media hora esperando en una sala vacía. De repente aparece un médico de gafas con cara de agobio preguntando por mí. Allí mismo echa un vistazo al desastre.
—Huy huy, esto está muy feo. No puedo hacer nada.
—¿Cómo que no?
—No, está muy mal… se ve que el nódulo del quiste está roto. Ha apretado usted muy fuerte.
—Verá bla bla Bitrobán bla bla ambulatorio bla bla y tenía un cigarrillo bla bla el tío apretó bla bla qué le voy a hacer.
—Mire, le voy a dar un volante para Cirugía Plástica y allí le atenderán.
Después de un rato de papeleo me da cita para dentro de otro mes.

DÍA 91

Esto va de mal en peor. Ahora está visiblemente infectado y no sólo duele, sino que además supura pus y mierda en los lugares más inoportunos. Mi amiga Renata, con la que estoy tomando el café, trata de convencerme mientras gasto otro pañuelo de papel.
—Usa arcilla, que absorbe los agentes inflamatorios y ayuda a que cicatrice.
—No sé, no sé… —no me acaba de convencer—. Estoy esperando a que me operen de una puta vez.
Tras más conversación me dice:
—A mí lo que más me fastidia es que encima de que el Insalud funciona fatal, no puedas elegir terapia —sigue razonando—. Si yo quiero ir a un acupuntor o a un homeópata tengo que pagarlo. ¿Por qué no lo paga la Seguridad Social?
—Quizás porque hace cien años no se lavaban las manos y ahora están endiosados.
Nos reímos.

DÍA 95

—¡Toma!
Renata me da un envase del tamaño de un paquete de maizena.
—¿Qué es esto?
—Arcilla.

DÍA 98

Pues sí que funciona la maldita arcilla. Me ha bajado la hinchazón y no duele tanto. Eso sí, mi almohada está hecha un asquito.

DÍA 116

Me acerco hasta el área de Cirugía Plástica tras dar muchas vueltas por el laberinto. Me encuentro a una enfermera y le enseño el volante.
—No, no tienes que venir aquí. Tienes que ir a otro edificio a pedir reserva.
—Perdone un momento… —no sé qué mirada pongo que la enfermera se echa un poco para atrás—. ¿Me está diciendo que me han dado hora para… darme hora?
—Humm… Sí —y se encoge de hombros.

Bajo hasta el edificio en cuestión. Pregunto a un guardia de seguridad y me dice que tengo que subir a la tercera planta. Está toooodo lleno de gente, desde familias enteras de gitanos a señoras empioladas pasando por jubilados y algunos niños que revuelven. Subo a duras penas por una escalera abarrotada y me encuentro una cola que recorre toooodo el pasillo.
—¿Es usted la última? —pregunto a una señora con pinta de maja.
—No, ¡qué va! —me señala la escalera—. La cola sigue por ahí.
Voy siguiendo en sentido inverso la ruta que hice hasta bajar a la primera planta, donde acaba la cola. Me pongo en ella.

Pasa una hora. Pasa una hora.

Por fín llego a una mesa que está al final de un pasillo donde una mujer con cara de pocos amigos aporrea un ordenador de sílex. Vamos, que es algo antiguo. Tras enseñarle el volante me da cita para dentro de dos meses.

DÍA 170

La notita que tengo al lado de la puerta me informa alegremente de que hoy es el día señalado en el que por fín se va a acabar mi pesadilla. Me van a quitar el puto quiste y voy a ser el hombre más feliz sobre la Tierra.

Subo dando saltitos hasta Cirugía Plástica y allí pregunto de nuevo. Me dicen que espere frente a la puerta de un despacho. Pasan diez minutos, quince minutos y finalmente salen una madre y su hija. Entro. Dos doctoras están dentro, una sentada y otra mirando unos archivos.
—Hola, vengo a que me quiten este horror que tengo en la cabeza.
—Si yo te conozco —me contesta la mujer que está sentada—. Tú eres Fulano de Tal. Te conozco porque cuando eras pequeño bla bla anécdota retorcidísima bla bla y además mi marido bla bla y nunca olvido una cara.
—Pues sí, soy yo —la cara de panoli que se me queda ante la prodigiosa capacidad fisionomista/mnemónica de la mujer es imposible de disimular.
—Y quieres que te quitemos ese quiste ¿eh?… Vamos a ver. Normalmente hay unos seis meses de lista de espera.
Se me cae el morro al suelo.
—…Pero me parece que hay una ausencia aproximadamente dentro de —teclea algo en el ordenador— unos veinte días, tal fecha.
Están a punto de caerme las lágrimas de la emoción. La jefa del área (pues esa era la señora) me conoce y he obtenido, sin comerlo ni beberlo, un enchufe tamaño estándar americano, de estos que necesitan adaptador para acoplarlo a la clavija del calefactor. En mi imaginación veo como le brotan un par de alas a mi ángel salvador y un rayo de sol penetra por la ventana impregnándolo de un aura salvífica. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Me apetece darle un beso.
—¡Gracias! ¡Gracias!
Me indica la fecha y parto feliz hacia la espera.

DÍA 191

Bien: la operación es hacia las nueve de la mañana. Obviamente, tendré que esperar un par de horas mínimo hasta que den el aviso. En la planta baja del hospital me pillo un buen sitio, luminoso y discreto, y adquiero un conocido periódico nacional así como un chocolate de máquina para entretener la espera. Me acomodo, abro el periódico y acerco el vaso a los labios.
—Ffuleanno de Ttaall, pplaenntta quiintta, quierófffano unno —anuncia la megafonía.
Subo las escaleras tomándome el chocolate a sorbos rápidos con el periódico bajo el brazo. Llego a la puerta del quirófano y llamo. Me abre una señora mayor vestida como con una especie de papel verde.
—¿Es usted Fulano de Tal?
—Sí —respondo.
—Desnúdese y póngase esto y esto —entregándome unos calzos de plástico para los pies y un batín del mismo verde horrible.
Detrás de otra puerta se distingue la sala de operaciones. Poso el periódico y el vaso vacío en un mesa minúscula. Me desvisto hasta quedarme en calzoncillos y me pongo los adminículos en cuestión. Tengo una aspecto de lo más ridículo, que rima con adminículo.

Nada más atravesar la puerta aparece un coro de chicas extremadamente voluntariosas con la cara cubierta con esa cosa que se ponen los cirujanos para no echar microbios por la boca y que no sé cómo se llama. Tienen un tufo a estudiantes que tira para atrás, literalmente. Trago saliva. En esto una de ellas se me acerca y me encasqueta una boina de plástico verde con elástico.
—¡Listo! —se dicen entre sí.
Yo estoy oscilando entre la perplejidad y la ira absoluta. En esto entra la cirujana, vestida de la misma guisa que las chicas. Tiene unos ojos pre-cio-sos.
—Túmbate.
Me tumbo.
—¿Dónde tienes el quiste?
Señalo el lugar, posando el dedo directamente sobre el plástico y mirando con una expresión de “Podíais haber preguntado antes de ponerme ESTO”.
Me quitan el gorro y colocan una luz potentísima enfrente de mí. El mundo se compone de blanco cegador y de dos ojos pre-cio-sos que me inspeccionan.
—Esto no se puede operar.

Me cago en ****.

—Y —en un susurro le digo— me puede explicar por-fa-vor porque no se puede operar cuando bla bla ambulatorio bla bla el tío del cigarrillo bla bla dermatología bla bla esto es cirugía plástica que reconstruyen gente cojones bla bla que problema tiene esto.
—Es que está como muy aplanado y cicatrizado y no es nada fácil de operar. Tienes que esperar —la tía me habla de tú— a que se hinche y entonces vuelves y, sin esperas ni nada, te lo quitamos.
—Bueno, anda. Resignación. Qué le vamos a hacer.

Me levanté, me vestí y me fuí. Como Julio César. Parecido. Él no se olvidó el periódico.

DÍA 243

—¡Ouch!
Huy cómo me duele esta mañana. Parece que está infectado otra vez. Durante todo este tiempo no ha dejado de supurar una especie de grasilla asquerosa que se extiende como si fuera sicote (Sicote, s.m, cochambre del cuerpo humano, especialmente de los pies, mezclado con el sudor, Real Diccionario de la Academia de la Lengua). Claramente esto va a ir a más. Teniendo en cuenta que esta gente va a tardar un par de días como mínimo en operarme, decido acercarme al hospital.

El hospital. De nuevo me encuentro al ángel salvador. Quizás la única persona que me ha ayudado genuinamente en toda esta pesadilla.
—¡Hola! —sonrisa de oreja a oreja—. Vengo a que me operen.
—¿Pero no te habían operado ya?.
—No. Es que resulta que la cirujana me dijo que tenía que esperar a que se hinchara para poder quitarlo bien, y que me haríais la intervención inmediatamente con sólo pedirlo.
En esto entran dos médicos con pinta de reputación. Mi ángel les comenta el caso. Me inspeccionan por encima y uno de ellos dice:
—¡Pero cómo te van a operar esto! ¡Si está infectado!

Cierro los ojos. Contengo la respiración.

—¡Miren! ¿Saben que les digo? ¡Qué voy a dejar que la Madre Naturaleza me cure porque bla bla ambulatorio bla bla dermatología bla bla mierda ya bla bla hasta los cojones! —y no les suelto lo de lavarse las manos porque aún tengo un resquicio de control.
—¡Qué no. hombre! —de repente hacen frente común.— ¡No, hombre! ¡Tranquilo! —gritan todos a la vez—.
—¡Que no, coño, que estoy harto, que me voy!
—Cálmese. Mire, espere a que le pase la infección y vuelva por aquí que le operamos sin excusas. ¿De acuerdo?
—De acuerdo, *suspiro*, vale.
—Le voy a dar una receta de una pomada muy buena para que se le cure la infección.
Miro la receta al salir del despacho: Bitrobán. La tiro en una papelera de vuelta a casa. No sé si reir o llorar.

DÍA 261

Parece que me duele menos y que remite la infección. Me acerco al hospital. De nuevo entro en el despacho y allí se encuentra mi ángel. No parece tan contenta de verme esta vez, después del follón que monté en la última visita. Pero aún así es tan amable como siempre.
—Buenas, vengo a lo del famoso quiste.
—Vale, espera que mire un momento en el ordenador.
Pone cara de sorpresa.
—Fulano.
—¿Qué? —me temo lo peor.
—Aquí figuras como ya operado.

En este momento se adueña de mi mente la personalidad número B. Me veo a mi mismo sonriente y desnudo, la cabeza rapada, una ametralladora M60 enganchada con una cadenita al glande del pene y, detrás de mí, el hospital envuelto en una tormenta de fuego. Una vocecita sale de mí interior, desde los talones y dice a través de mis labios, en un susurro incandescente:
—¿Cómo es que no se os muere más gente?
—No te creas: se nos muere mucha.

DÍA 280

Finalmente mi ángel me consiguió cita para hoy. Lo que era un quiste hace casi un año ahora es un mapa lunar.

Oscuros pensamientos se apoderan de mí. Está claro que hoy TAMPOCO va a poder ser, por la posición de los planetas o la humedad ambiental. Mi aura se pone negra y la temperatura baja quince grados a mi alrededor a medida que avanzo por el pasillo del hospital. Las enfermeras echan a correr cuando pasan a mi lado. Llego al quirófano. Espero. Mientras tanto, emito por los ojos rayos azules que descascarillan poco a poco la pintura de la puerta.

Por fín se abre. La señora mayor de la otra vez examina la puerta, alza las cejas y me invita a pasar y desnudarme. Lo hago leeentamente. Entro a la sala de operaciones donde de nuevo un coro de chicas (estudiantes: ¿las mismas? ¿otras?) corretea entusiasmado. Una de ellas me intenta poner el gorrito de los cojones en la cabeza. Obviamente son OTRAS estudiantes. Lo desintegro en llamas con un gesto de la mano. Silencio atronador. Me tumbo en la mesa.

Aparece la chica de los ojos pre-cio-sos y dice:
—¡Allá vamos!
En este momento mis defensas caen. Ilusión momentánea de un Cosmos en armonía. Una estudiante me afeita, otra me pone la anestesia y la cirujana, bisturí eléctrico en mano, se inclina sobre mí.
—Si quieres cualquier cosa sólo tienes que pedirlo, ¿vale? —me dice.
—Una vez pidieron un cruasán —comenta una de las estudiantes.
—¡Ja, ja! —reímos todos.
—Pues sí, podías hacerme un favor —contesto.
—Dime
—Podías decirme lo que haces a medida que operas.
—Oye guapo —suelta la cirujana—. Esto exige concentración y no puedo andar radiando la operación.

Vete a la mierda, hija de puta.

—¿Qué?
—No, nada.
Priss, priss. Olor a cerdo quemado. Priss, priss. La verdad es que con anestesia y todo chincha bastante. Priss, priss. Me ponen los puntos.
—Je je, tenías toda una familia de quistitos ahí dentro.
—Je je, no me sorprende —contesto—, después de tantos tratamientos…
—Je je —tampoco se ríe con demasiadas ganas—. Pues nada, dentro de quince días acércate al ambulatorio para que te quiten los puntos.
Eso te crees tú.

DÍA 281

—¡Ay!
Cada vez que me peino me engancho los puntos y me da una risa, oye…

DÍAS 282—296

—¡Ay!

DÍA 297

—Acércate, querido hermano. Toma, coge las tijeras.
—¿Para qué? —me responde mi ídem.
—Para que me quites los puntos.
—¿Pero eso no te lo harán mejor en el ambulatorio?
—No pienso volver ni atado.
—¡Pero es que yo no sé!
—Tú corta.
Dos minutos después los hilillos negros emprenden un viaje iniciático a través del inodoro. Examino el resultado de la operación y más o menos es el siguiente: Cicatriz amorfa rodeada de un halo de piel blanca y con un agujerito de unos dos milímetros de diametro, más o menos, abajo y a la derecha. Habrá de supurar mierdilla durante muuucho tiempo.

EPÍLOGO

—Coge las maracas —dice mi maestro.
Estoy desnudo hasta la cintura y me acabo de colocar la serpiente por los hombros. Agarro firmemente las maracas de calabaza que me entregan.
—¡Ahora invoca a Xlo!
Comienzo a bailar alrededor del círculo que rodea a mi paciente, tumbado en el suelo. Agito las maracas a la vez que con el pie izquierdo doy pequeños saltitos mientras golpeo con el derecho, levantando polvo. La serpiente me transmite su energía ctónica, que se expresa a través de mi garganta:
—¡Xlo ak-ham! ¡Xlo mik-ham! ¡Xlo ak-ham! ¡Xlo mik-ham!…
La cicatriz de mi cabeza empieza a brillar con un resplandor púrpura. Es su manera de recordarme que gracias a ella he encontrado mi verdadera vocación.

Me siento realizado… ¡Gracias Kiste! ¡Con K de Kafka!

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20 mayo 2011

stalker, versión de los hermanos wachowski

Cual sería mi sorpresa esta mañana cuando me encontré en el buzón una carta -con destino equivocado, claro- de los hermanos Wachowski a unos conocidos estudios. Está claro que un traspapeleo en Servicios Centrales (algún maldito formulario 27B/6) hizo que por casualidad me llegara este documento a casa.

Como siempre, aquí compartiré mi descubrimiento. Resulta que los hermanos Wachowski, tras Matrix y sus secuelas están interesadísimos en realizar un remake de Stalker, la película de Andrei Tarkovsky basada en el famoso relato de los hermanos Strugatsky. Adjuntaban una especie de story board bastante completo del que no he podido hacer escaneo aún (lo siento) pero del que voy a desgranar, a grandes rasgos, su peculiar versión de este clásico.

ESCENA 1

Stalker (keanu reeves) está en su casa discutiendo con su mujer: quiere volver a hacer de stalker después de estar en suspensión criogénica por ello durante años. La mujer intenta pegarle con el rodillo de amasar: giro de cámara 360º. Keanu le mete un galletón y la tira por la ventana: giro de 270º. La mujer solloza y Stalker se va.

ESCENA 2

Keanu se levanta en una tarima y empieza a explicar a unas 6000 personas que es la zona:

STALKER: Hace 12 años, 7 meses y 3 días unos extraterrestres del planeta Panceta (señala una transparencia) usaron colimadores de fase anisotrópicos con intención de provocar una ruptura espaciotemporal Dirac-Hawking con efectos secundarios alótropo-computacionales difíciles de prever. Afortunadamente yo tengo mi sublimador espacio-cero de Plank (Alza el aparato, parecido a una tuerca atravesada por una tela en versión cyber todo lleno de lucecitas, rayos eléctricos y fulgores extraños y con la marca bien visible) que permitirá enfrentarnos a La Zona. Yo os guiaré. Si llegáis, se concederán vuestros deseos.

Todos rugen y comienzan a bailar en plan rave. Giro de cámara de 720º.

ESCENA 3

La marabunta humana, liderada por Stalker, se dirige a La Zona, protegida por el ejército. Escena de combate protagonizada por la jauría, 60 helicópteros, 40 organillos de misiles, ninjas robot, giros de cámara… Los humanos, sólo armados con pistolas y machetes, reparten patadas voladoras a diestro y siniestro.

ESCENA 4

Stalker y uno de sus acompañantes hablan mientras se dirigen los 4000 supervivientes de la escena 3 al núcleo de la zona montados en una especie de discoteca volante:

STALKER: Dos dólares.
ACOMPAÑANTE: Hay fluctuaciones cuánticas.
STALKER: ¿Por arriba o por abajo?
ACOMPAÑANTE: Yo creo que sí.
STALKER: Ellos estamos preocupado.
ACOMPAÑANTE: Esta frase no verbo.
STALKER: ¿Es la esencia de lo humano lo que nos sugiere lo divino?
ACOMPAÑANTE: La vida está pintada en la superficie de la realidad.
STALKER: Hemos llegado.

Giro de cámara 400º.

ESCENA 5

La Zona está cruzada por rayos láser, humos, extraterrestres de todas las formas y colores, hologramas y la hostia de espectacular todo. Giro de cámara 820º.

STALKER (enarbolando el sublimador espacio-cero de plank y contemplando las lecturas): ¡Por aquí!
DISENSIÓN EN EL GRUPO (a coro): No, por aquí.

El grupo disidente, unas 1000 personas, revientan. Saltan tripas por todas partes, llamaradas. Primer plano de un tío con los ojos cocidos como huevos duros. Giro de cámara 900º.

Neo, digo, Stalker está hecho polvo. Las 3000 personas restantes también. Travelling circular para subrayar la elipsis. (?)

STALKER: Tenemos que seguir. No os separéis de mí.

ESCENAS 6 A 90

A medida que van andando por La Zona hasta llegar al sitio mueren unas 40 personas por minuto de las maneras más variadas posibles. Muchos giros de cámara.

ESCENA 91

Stalker y los dos únicos supervivientes están al lado de la cámara de los deseos largamente buscada. Ellos están salpicados de sangre por todas partes. De la habitación salen resplandores azules, auras psicotrónicas y muchas cosas bonitas.

De repente, uno de los supervivientes comienza a hablar:

SUP1: Soy del Gobierno y vengo a cargarme esta abominación de sitio. (se saca una bomba atómica de la nariz del tamaño de una pelotilla nasal)
STALKER: No, no, porfi.
SUP1: Que Sí.
SUP2: Las flores son bonitas.
STALKER: Piensa en las ecuaciones no balanceadas.

Giro de cámara 270º.

Stalker y el superviviente se ponen a luchar. Stalker pega un salto hasta la Luna, apoya un pie en ella y se impulsa al cuello del superviviente. Este desvía la lava de un volcán cercano y stalker se quema un dedo. Agarra al sup y le lanza contra la pared de la presa Hoover, a unos 600km de allí. Estan así un buen rato rompiendo todo y dejándolo hecho un asco hasta que la Zona interviene y los anillos de Saturno se deshacen mientras una voz en Off explica:

VOZ EN OFF: Los Anillos de Saturno fueron creado por los Pancetos hace 100 trillones de siglos, en la época de los dinosaurios para así compensar en el futuro la congregación anisotrópica de incrementos de variables ocultas en la especie humana, oriunda de Mercurio. Los gallegos vienen de Júpiter y por eso se vende hielo en las gasolineras.

Los anillos de saturno, que ahora son una línea, se dirigen a la Tierra a 100 veces la velocidad de la luz, golpeando al contricante de Stalker. La explosión es ensordecedora y lo deja todo lleno de escombros y suciedad. Voces a lo lejos gritan: “¡Tetsuo!”, “¡Kaneda!”.

ESCENA 92

Stalker está de nuevo en casa, hecho polvo.

STALKER: Jobá, la gente no entiende que yo hacía esto por gusto. Ay, como son.
ESPOSA: Enciende la tele anda.

Giro de cámara de 720º.

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matrix, versión de andrei tarkovsky

Rebuscando entre los números viejos de la extinta revista cinéfila 35/24 me he encontrado con este documento increíble: una traducción de las notas originales de Tarkovsky para una película que nunca llegaría a producir al serle encargada Solaris.

La película planteaba unas innovaciones temáticas revolucionarias para la época: era un conglomerado de metafísica, violencia y ciencia ficción en torno a una figura mesiánica. Entre los títulos que el genial director barajó se encontraban Senso Mekano y Flores Artificiales, aunque más tarde se decantó por Matrix, en referencia a una supuesta máquina material-dialéctica, que no divina, entre cuyos transistores transcurren la vida de los personajes.

A continuación, y en exclusiva de su superglob favorito, las notas de dirección de Andreki Tarkovski para Matrix inicialmente publicadas en 35/24, número 192 del 28 de Abril de 1978.

ESCENA 1

Un hombre trabaja sobre una máquina de escribir en un local desvencijado de Omsk. Su ritmo es frenético. Plano general, 5 minutos. Alguien llama a la puerta. Abre. Es la portera. Le avisa de que un hombre quiere verle. El hombre pasa. Es fornido y lleva una gabardina elegante y gafas ahumadas. El recién llegado se sienta y plantea preguntas aparentemente sin sentido al ¿escritor? quien se muestra visiblemente incómodo. Éste finalmente pregunta al visitante si es del KGB. Este asegura que no. Se levanta y se va, pero antes saca de su bolsillo una tuerca y la deja en la mesa, al lado de la máquina de escribir.

ESCENA 2

El protagonista está preparándose un café. Primer plano de la cafetera durante 3 minutos, desde que es colocada en el fuego hasta que hierve. Nuestro hombre derrama el contenido al agarrarla. Pronuncia unos juramentos y se va al baño a limpiarse.

ESCENA 3

Primer plano del tapón del lavabo y del grifo llenándolo. Mientras se frota el pantalón con un paño húmedo, el hombre se percata de que hay una tuerca idéntica a la que el hombre dejó sobre la mesa encima del lavabo. Se olvida del pantalón y coge la tuerca fascinado, mientras se pregunta como llegó hasta allí. Quita el tapón del lavabo. Primer plano de los ojos contemplando la tuerca hasta que el desagüe hace “oghhbnnrgofrooomwwm”. Fundido en negro.

ESCENA 4

Habitación del principio. Neoski (así se llama nuestro protagonista) espera sentado frente a la máquina de escribir, pero juega con la tuerca entre sus dedos. Espera la visita del extraño hombre. La ESPERA. Para que se note, primer plano del perfil a contraluz durante 10 minutos.

Llaman a la puerta. De nuevo el visitante. Se entabla el diálogo.

NEOSKI: Así que era esto a lo que se refería.
VISITANTE: Sí.
NEOSKI: ¿Lo ha hecho usted?
VISITANTE: No.
NEOSKI: ¿Por qué?
VISITANTE: Es una pregunta sin contestación. Sólo ofrezco liberación.
NEOSKI: Liberarme de qué.

Pausa dramática de 4 minutos. Suena el teléfono. Nadie lo coge. Otros 10 minutos. De repente, se oyen ruidos de tumulto. Tumban la puerta. 3 soldados entran en la habitación. El visitante le hace la zancadilla al primero, da un puñetazo al segundo mientras exclama “por júpiter”. El tercero sale corriendo.

NEOSKI: ¿Eran ellos?
VISITANTE: Sí.
NEOSKI: ¿Son del gobierno?
VISITANTE: No.
NEOSKI: Podemos vencerles.
VISITANTE: Es una pregunta sin contestación. Sólo puede decir que depende de tí.
NEOSKI: Depende de mí.

Ambos se quedan mirando a la tuerca. Primer plano de la tuerca durante 15 minutos. Está enfocada de tal modo que parece que puede desaparecer en cualquier momento.

ESCENA 5

Neoski y el Visitante están sentados en un banco en un parque. Es verano. Las palomas picotean arroz en el suelo. Plano general de las palomas durante 6 minutos.

NEOSKI: Parece increíble.
VISITANTE: Sí.
NEOSKI: ¿Ellas..?
VISITANTE: No.
NEOSKI: ¿Qué hay detrás?
VISITANTE: Es una pregunta sin contestación. Hay máquinas… pero ¿Qué hay detrás de las máquinas?

Pausa. 18 minutos.

De repente Neoski se levanta y atrapa una paloma. La agarra por las patas y golpea su cabeza repetidamente contra un muro, hasta matarla. La muerde hasta abrir su interior, del que extrae una tuerca.

ESCENA 6

Neoski está tumbado en una estancia industrial, rodeado de equipo mecánico. Esta prácticamente desnudo y con los ojos cerrados. En medio del pecho tiene un enchufe conectado a algo parecido a un aspirador. Se oye un zumbido. Plano general de 10 minutos.

ESCENA 7

Neoski prepara café. Su semblante es inexpresivo, pero parece abrumado. Primer plano durante 3 minutos, hasta que se oye el gorgoteo del café. Al verterlo en la taza esta se rompe. Neoski se asusta. Una tuerca en el interior de la cafetera ha roto la taza.

Primer plano de los ojos de Neoski durante 44 minutos.

Neoski sonríe. Sabe que ha vencido.

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15 abril 2011

breve historia del motor de caca

Hola a todos los presentes. [aplausos]

Soy Eustaquio García, máximo responsable en España de Calzoncillos Auriculares Ibéricos S.A., filial de Schubladen Kopfhörer GmbH, y me han encargado abrir este ciclo de conferencias conmemorativas del décimo aniversario del descubrimiento del motor de caca. [más aplausos]

Creo sinceramente que la manera más pertinente de iniciar estas lecturas es realizar un breve repaso a estos últimos 10 años de innovación, desmontando mitos y malas interpretaciones, para así tener una base de conocimiento adecuada que nos permita pronosticar la evolución de nuestro negocio.

Cómo todos ustedes ya sabrán, tal día como hoy, en 2011, John Goodroll, un ingeniero industrial venido a menos a consecuencia de la Gran Crisis y reconvertido en pequeño traficante de drogas, realizó un descubrimiento trascendental: calentando hachís en su microondas con la intención de facilitar el corte para su posterior venta al detall, el electrodoméstico estalló con una violencia inusitada. Imperturbable ante el destrozo ocurrido en su cocina, Goodroll tuvo la curiosidad y la inteligencia suficiente para comprobar, mediante pruebas organolépticas —textura, olor, sabor—, que el supuesto hachís se trataba en realidad de heces humanas compactadas.

Siendo consciente de que era muy probable que en más de cincuenta años de uso de magnetrones generadores de microondas, nadie hubiera probado sus efectos en tal sustancia de origen humano, comunicó sus pesquisas a un buen amigo de la infancia: Albert Kleinerweinberg, investigador y profesor titular de la Universidad de Karlsruhe. Y sus hallazgos, hoy en día reconocidos universalmente, llevaron al descubrimiento en unas pocas semanas de la enzima conocida como metanofusionasa, presente en la sustancia fecal de todos los seres humanos. [dentro diapositiva]

Esta diapositiva muestra el funcionamiento de dicha enzima. Su peculiar forma en tijera, como ya sabrán, es capaz de captar dos moléculas de metano —también presente en las propias heces— y fusionar dos átomos de hidrógeno, liberando a continuación etano, helio y una cantidad importante de energía. Para inducir la reacción, la presencia de microondas en la banda de 2,45GHz es fundamental, pues induce el movimiento alternante, por resonancia, de los dos polipéptidos que conforman la proteína, hasta que el choque de las moléculas de metano producen la fusión.

El descubrimiento fue de tal trascendencia que fue publicado a los pocos meses, tras cierta reticencia inicial, por la revista Nature; y tan sólo 5 años después Kleinerweinberg recibió el Premio Nobel de Física a consecuencia del hallazgo. [aplausos]

Pero vayamos a lo que interesa: las aplicaciones técnicas de esta enzima y sus implicaciones económicas. [murmullos de aprobación]

Al tratarse de un trabajo universitario no sujeto a copyright, las empresas quedaron libres para competir por el diseño de aplicaciones de esta nueva tecnología. La dificultad más evidente a la hora de trabajar con esta enzima fue el de la temperatura, ya que la enzima pierde efectividad por encima de los 85º celsius de temperatura. Aun así, la compañía estadounidense Enershit, iniciada por dos estudiantes universitarios, fue la primera que recuperó un viejo invento, inapreciado durante más de cien años, para explotar el bajo régimen de temperaturas que exigiría un motor de caca: el motor Stirling.

El primer prototipo de un motor de automoción basado en la metanofusionasa se fabricó en 2013 a un coste ridículo. No mayor que una lavadora, acoplado a una furgoneta permitió a esta realizar el trayecto de ida y vuelta entre Nueva York y los Ángeles consumiendo tan sólo 100 gramos de mierda humana. Enershit, que ahora es una fundación, liberó su patente [abucheos entre el público] con la intención de fomentar el uso de esta nueva forma de energía, digamos, limpia.

Mas la noticia, como es natural, fue acogida con recelo por las grandes empresas petroleras y eléctricas, que por el miedo al cese de su modelo de negocio ante la presencia de una fuente energética a tan bajo coste, inmediatamente constituyeron la SGPE [aplausos atronadores], Sociedad General de Productores de Energía. Los lobbies en Washington abordaron la cuestión con diligencia, y en tan solo unos meses la Human Faecal Substance Act fue aprobada en el Congreso por la totalidad de los republicanos y gran parte de los demócratas. [más aplausos]

Esta ley imponía un canon monetario al acto de cagar, y su aplicación fue muy efectiva, ya que la propia ley también obligaba a negocios y particulares a pagar, de su propio bolsillo, la adaptación de todas las tazas de váter del país. Que desde entonces cuentan con un sistema de monedas, parecido al de las máquinas tragaperras, que sólo permite la apertura de la tapa si se introduce una cantidad, variable de estado a estado, de entre 20 céntavos y un dólar. El dinero, almacenado en una caja precintada, es recaudado bimensualmente a domicilio por agentes de la SGPE [aplausos breves].

En paralelo, los ayuntamientos también tomaron medidas pertinentes para evitar un colapso de la industria energética, obligando a los ciudadanos a entregar, para su reciclaje, las heces fecales generadas por ellos. Un riguroso control, mediante entrevistas, revisiones sorpresa y control de los alimentos ingeridos, asegura que ninguna persona almacene mierda para consumo propio, bajo amenaza de multa. Presiones diplomáticas exportaron ambos modelos recaudatorios al resto del mundo en un par de años. [dos minutos de aplausos]

Sin embargo estas disposiciones gubernamentales no fueron del agrado de todo el mundo y surgió la picaresca. Muchos poseedores de vehículos con motor Enershit comían grandes cantidades de fabada a escondidas (de hecho, esta táctica provocó un aumentó considerable del precio de las alubias) y se dedicaban a cagar en una lata para evitar estos controles. ["criminales", grita alguien al fondo de la sala]

Estaba claro que las medidas adoptadas eran insuficientes. [murmullos de aprobación]

Por otra parte, un movimiento social emergente [abucheos] abogaba cada día con más fuerza por la ausencia de restricciones a lo que consideraban falsamente una democratización de la energía; [más abucheos] Como los presentes en la sala saben, no hay que confundir libertad con libertinaje, ni democratización con jauja. [risas, aplausos] El mercado debe sostenerse; y esto no estaba sucediendo en 2018. Afortunadamente, la ciencia y la tecnología acudieron con la solución, nuevamente de manera inesperada. [aplausos]

Un becario del Instituto Tecnológico de Miskatonic, cuyo nombre no ha trascendido, pero sí su fama de marrano debido a la costumbre que tenía de hurgarse los orificios, descubrió accidentalmente que la hez humana, al más leve roce con cantidades mínimas de cera de los oídos, perdía su poder catalítico de fusión. Ulteriores investigaciones mostraron la presencia en esta sustancia de otra enzima: la metanofusioinactivasa, que como su nombre indica inutilizaba la efectividad de la metanofusionasa. Esto era debido a que este nuevo catalizador era capaz de bloquear la bisagra molecular de la metanofusionasa que posibilita la oscilación que hace chocar los átomos de hidrógeno de las moléculas de metano ligado a ella.

Una nueva era había nacido [aplausos]. Como abordarla todavía constituye motivo de cierta polémica, aunque esta, afortunadamente, está llegando a su fin.

En USA la estrategia adoptada fue la creación de un cuerpo administrativo de carácter parapolicial, la EWA (Earwax Administration) dotada con miles de millones de dólares en presupuestos y casi un millón de efectivos que obliga a todo ciudadano USA a chuparse la cera de los oídos en cada comida, ya que la metanofusioinactivasa resiste el tránsito intestinal, para así inutilizar la capacidad energética de la giñada estándar estadounidense.

Sin embargo, esta estrategia, apoyada por la SGPE pero criticada incluso desde algunos elementos del propio gobierno USA, está provocando graves conflictos sociales —entre otros motivos, por la obligación de comer sólo bajo supervisión de la EWA—, además de suponer su aplicación un gasto para los contribuyentes de casi el 2% del PIB del país. ["y para que está el estado", grita alguien del público]

En la vieja Europa, no obstante, hemos adoptado una medida mucho más racional [aplausos], aprobada por el Parlamento Europeo hace casi dos años, y que obligará a cada europeo, antes de 2025, a 1) instalar un tapón permanente en el ano [aplausos] y 2) rediseñar quirúrgicamente el sistema digestivo para poder giñar por las orejas. [aplausos atronadores] Esta estrategia de nulificación de la capacidad energética de la caca, infinitamente más efectiva, no requiere un posterior control o seguimiento del ciudadano —lo que abarata costes— y supone un trastorno, dígamos, mínimo para su vida diaria, además de reactivar la economía posibilitando la iniciativa privada mediante la creación de empresas rentables como Calzoncillos Auriculares Ibéricos S.A. [aplausos tímidos] y otras derivadas.

Para finalizar la apertura de este ciclo de conferencias, debo afirmar que, sin duda, creo que ha llegado el momento de felicitarnos por haber podido dominar una nueva forma de energía que, en su nacimiento, casí dibujó como inevitable el colapso de nuestro sistema económico, debido a la aparente falta de control que conllevaba su uso. [aplausos]

Me despido de todos ustedes lamentando no poder atender a una rueda de ruegos y preguntas; no oigo nada porque tengo los oídos taponados [risas] a causa de la digestión del estupendo desayuno continental con el que nos han deleitado hoy los responsables de la organización de este evento.

Hasta la próxima. [ovación]

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12 abril 2011

una gráfica para meditar

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15 febrero 2011

los androides

archivado en: Ficción Kafka Pensamiento

Llegaron hace 11.000 años. De Orión.

Parecían humanos, pero no lo eran, de ahí su nombre. Obviamente su forma original era otra, que nadie conoció ni conoce, pero, por algún motivo, decidieron adoptar forma humana, aunque no con total éxito. Su mirada era algo perdida, su tez como de cera, las sonrisas muecas.

Poseían conocimientos superiores, y no tardaron en ser adorados por los humanos. Enseñaron a estos multitud de cosas que ignoraban, y otras muy misteriosas que los nativos no acababan de entender plenamente. Entre estas últimas, estaba la afirmación.

Los humanos de esa época no sabían afirmar, sólo sabían preguntar. Eran incapaces de pensar Esto es pan. Se decían ¿Es esto pan? y a continuación . Afirmar implicaba un cambio en la mente tan profundo, que sólo unos pocos humanos llegaron a comprender este arte.

Algunos Androides acabaron haciéndose muy poderosos; y como no tenían sentimientos, cayeron en el abuso y la prepotencia sobre los humanos, a los que acabaron esclavizando.

Un día, un grupo de estos se rebelaron y se dirigieron contra los androides armados con palos y piedras. Ellos no usaron la violencia, sino que los introdujeron, mediante engaños, en una cámara subterránea y, tras unos días, los rebeldes salieron a la superficie con la mirada perdida, la piel cérea, las sonrisas crispadas.

Cuando volvieron a sus casas, sus parientes y amigos apenas los reconocían. ¿Eres tú?, preguntaban las mujeres a sus maridos transformados, y en vez de contestar ¿Soy yo? Sí, decían Soy yo. Eran, pero no eran.

La indignación ante este acto de alienación provocó inmediatamente otra sublevación, pero los que se adherieron a ella acabaron igual que los que habían protagonizado la primera.

El resto de humanos cogió miedo, y como reacción, los más capaces adoptaron la expresión vacía, los movimientos rígidos, a fin de pasar desapercibidos. También adoptaron sus costumbres. Los más hábiles era incluso de hablar en afirmativo.

Con el tiempo, se hizo muy difícil distinguir a los humanos de los androides; y los que no conseguían imitarlos acabaron siendo perseguidos por los propios impostores, completamente embebidos en su papel, y asesinados a golpes.

Una noche los androides se fueron. Pero para entonces nadie se dió cuenta, ya que todos los humanos se comportaban como ellos y era imposible distinguirlos.

¿Todo esto ocurrió de verdad?

Todo esto ocurrió de verdad.

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archivado en: Ficción Kafka Pensamiento

17 enero 2011

el mercado de futuros del futuro

Una vez superada la Gran Crisis (esa en la que aquellos que tenían acciones de algo finalmente se acabaron quedando con TODO y de paso nos implantaron el chip RFID666 para controlarnos como ganado) surgió un problema enorme: y es que absolutamente TODO lo que había en la Tierra, encima y debajo del suelo, dentro y fuera de la mente, ya estaba repartido.

El que se convertiría en el economista más reputado de la década de 2020, Sir John Badmilk, dió rápidamente con la solución en su libro Cosmonomics: ¿Para qué limitarnos a un planeta, cuando, a falta de evidencias sobre otros mundos habitados, el Universo entero nos pertenece?

Bien es cierto que diversos tratados internacionales habían limitado hasta entonces la explotación económica del espacio exterior; pero, ojo, eso lo habían firmado los antiguos gobiernos. Las nuevas SoCor, o Corporaciones Soberanas, no dudaron en considerar aquellos papeles una “trasnochada anomalía progre”, como literalmente afirmó Esperanza Aguirre, Primera Dama y CEO de Espetrol, una de las quince SoCor dotadas con armamento nuclear que acabaron constituyendo el cártel BuenrolloXXII.

Repartirse la Luna fue más o menos fácil, en función del volumen de acciones de cada compañía. Sólo hubo un incidente reseñable, y es que una pequeña SoCor hindú se opuso, debido a circunstancias financieras momentáneas que le perjudicaban enormemente en el reparto: pero una discreta detonación de 7 megatones sobre su sede central en Madrás —nadie reconoció oficialmente quién la había lanzado— acabó con sus pretensiones. Sus acciones fueron repartidas equitativamente entre el resto de compañías soberanas, en una muestra inigualable de solidaridad.

Los problemas empezaron de verdad a la hora de quedarse con los derechos de explotación de otros cuerpos del Sistema Solar. Mars SoCor, fabricante de software geoestratégico, aludió que Marte era suyo por razones nominales, lo que provocó cierta indignación en sus colegas. Del mismo modo otras corporaciones soberanas aludieron motivos aún más peregrinos para quedarse con Venus, Mercurio y otros cuerpos menores. De ahí las pequeñas guerrillas que comenzaron a asolar el mundo de los negocios, con multitud de bajas entre empleados-súbditos de unas y otras SoCor, la mayoría debidas al envenenamiento de pozos, el uso de bombas sucias, ántrax y otras tácticas habituales entre grandes empresas.

La solución a este problema la dió otro gran economista, James Motherfucker: crear un mercado de futuros con respecto a la exploración del Cosmos. Así, se venderían los derechos de explotación de los cuerpos celestes en vistas a su futura colonización.

Hubo grandes luchas por Sirio, Alpha Centauri, la estrella de Barnard y otras luminarias cercanas con potencial de negocio. Sorprendentemente, y por primera vez en la Historia, la Astronomía comenzó a recibir fondos de verdad, y las SoCor realmente ambiciosas construyeron gigantescos telescopios orbitales de panal con treinta y hasta cincuenta metros de diámetro. Cada cuerpo nuevo que estos descubrían pasaba a formar parte de los activos de la compañía que había construido el instrumento y el objeto recién hallado se hacía así susceptible de entrar en el floreciente mercado de futuros estelar. La Economía Mundial penetró así en una fase de crecimiento sin precedentes.

Afortunadamente un asteroide de 14 kilómetros de diámetro, que cayó sobre el Océano Índico, acabó con toda esta gilipollez.

Era propiedad de un banco de inversión.

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