6 septiembre 2010

miedo y asco en el camping ampurdanés

Todo el mundo sabe que los hoteles se clasifican con estrellas, y los campings con categorías. Si, siguiendo la broma, se valorara a estos últimos con objetos astronómicos, el Camping Ampurdanés de Roses, Girona, merecería el calificativo de Agujero Negro.

Si en el último artículo que escribí sobre mi Epopeya Mediterránea hablé de algunos de los peores sitios en los que he estado durante mis estancias en la costa española del mare nostrum, prepárese, oh amigo/a lector/a para sumergirse conmigo, desde la comodidad de su ordenador, en una experiencia realmente terrorífica, no superada por el Castillo del Terror o el Tren de la Bruja; sólo por algunos episodios de En Los Límites de la Realidad.


Una tarde infame de Agosto de 2010 llegamos El-Hombre-Que-No-Debe-Ser-Nombrado y yo a este camping, situado en el extremo oriental de Roses, con intención de pernoctar. El brillo del sol en lo alto y el alborozo de los turistas ocultaban una oscura realidad. De todos modos la psique cósmica no tardaría en darnos señales de lo que íbamos a experimentar.

Mientras yo custodiaba nuestro vehículo y mi compañero negociaba la disponibilidad de plazas, este no tardo en volver, asintiendo, indicando que efectivamente no tendríamos problema alguno en dormir allí.

—¿Cuanto salió al final? —pregunté—.
—36€. Por adelantado.
—¡Hostia, para ser un camping de tercera categoría no está nada mal! Por poco más podríamos dormir en un hostal y ahorrarnos el coñazo de preparar la tienda e hinchar y deshinchar el colchón —comenté—.
—Ya, la verdad es que es caro por dos personas, una tienda y un vehículo, pero ya hemos dado bastantes vueltas.
—Sí, la verdad que sí.

Al entrar para descargar nuestras cosas la responsable del camping nos dijo que cogiéramos la parcela que nos diera la gana de las que estaban en cierta zona de las instalaciones. La verdad es que la señora en cuestión sonreía y se esforzaba por agradar, pero detrás de la sonrisa, cierto rictus crispado y una mirada dura no inspiraban buenas vibraciones.

La zona en en cuestión disponía de un montón de parcelas (algunas con unas piedras bastante considerables y ninguna de las libres con tendal) pero ni una sóla de ellas estaba horizontal, ya que todas tenían cierta suave pendiente. He aquí la primera objeción que surgió al lugar, después del precio, ya que obviamente había habido trabajo de excavadora, pero no el suficiente.

Montamos la tienda en la parcela que parecía menos pedregosa, y, tras despejar unos cuantos pedruscos, sudamos un buen rato intentando clavar los vientos, ya que el suelo, madredediós, estaba duro como el cemento. Tras doblar un par de hierros a martillazos renunciamos a poner más y dejamos la tienda un tanto floja.

Entonces fui a los baños/duchas/váteres.

El horror, el horror, que diría el coronel Kurtz.

Las instalaciones globalmente daban bastante grima, y me recordaban por su deterioro y (ausencia de) acabados un pelín a Auschwitz. Sólo los fluorescentes, que resultarían anacrónicos, y el hecho de ver en color y no en B/N, mitigaban la sensación. Pena de no tener foto del interior; sólo esta de la entrada tomada desde lejos.

Por supuesto, nada de papel, jabón, ganchos de colgar las toallas, tapa en los váteres, pestillos fáciles de manejar o de las más elementales comodidades que uno espera de cualquier tipo de aseo que no sea de gulag. El interior de las duchas, dotadas de cómodos y sofisticados (sí, es ironía) grifos bi-mando, sugerían ominosamente la salida inminente de zyklon-B o neurotóxicos diversos en vez de agua.

Afortunadamente, como Vds. podrán deducir, lo que salía era agua; o si no, no podrían estar leyendo esto.

Tras una giñada que puso en jaque la coordinación y resistencia de varios grupos musculares, y numerosos intentos infructuosos de acceder al WiFi del camping, dimos un pequeño paseo por el exterior para ver que nos ofrecía el entorno.

Esto… una playa pequeñita y un tanto masificada. Nada más. Bueno, sí: un par de restaurantes de postín aislados y, en muchos cientos de metros a la redonda, casas residenciales; Y se acabó, a excepción de un supermercado (cerrado). Nada que ver con el resto de Roses, que abunda en locales de hostelería.

Entretanto nos dió la noche, y nos entraron ganas de cenar. Así que nos acercamos a la cafetería del camping, que en contraposición a los baños era bastante más acogedora.

Nos atendieron unos camareros que parecían inmigrantes del este, dada la dificultad, parquedad y acento con los que se expresaban. Por algún motivo estaban visiblemente nerviosos (?!) y con expresión de liebres deslumbradas por un coche en medio de la noche. Un tanto extrañados por su actitud, pedimos unas jarras de cerveza que tardaron bastante en servirnos.

Mientras, volvimos a intentar entrar en internet con el portátil. Pero, aún cuando detectábamos una señal bastante potente de la red del camping, aquello no navegaba ni patrás. Preguntamos a la señora y de nuevo con su sonrisa un tanto forzada, nos mandó finamente a freir gárgaras desentendiéndose del tema.

No tardó en aparecer otro incauto con el portátil en la mano, que al vernos con uno se acercó a preguntarnos. Le dijimos que no se matara, que era imposible navegar y que mucho menos se molestara en hablar con la responsable, que le iba a dar largas. No nos hizo ni caso, y tras ver como iba a hablar con ella, pocos minutos después le vimos salir de recepción con cara de mala leche. Ni que decir tiene que no pudimos acceder a internet en toda la estancia.

Llegada la hora de pedir algo, y ante la ausencia de alternativas baratas en la cercanía (si lo llegamos a saber…) echamos un vistazo a las fotos de los platos que había sobre la barra. Lo primero que me llamó la atención fue que las fotos de las ensaladas, que prácticamente eran la única opción disponible, mostraban platos realmente rácanos con precios disparatados. De lo único que no había fotos era de las pizzas. Y a sabiendas de que ni seis ensaladas de aquellas podrían quitarnos el hambre que teníamos, nos arriesgamos a pedir una pizza cada uno.

Craso error.

PIZZA CUATRO ESTACIONES TRES QUINCENAS [VARIEDAD CAMPING AMPURDANÉS]

INGREDIENTES:
· Oblea de pan finísima, de unos 20cm de diámetro.
· CUATRO champiñones troceados para que parezcan más.
· UNA loncha de jamón york troceada para que parezca que son más.
· UNA aceituna pequeña.
· UNA rociada de spray de tomate.
· UNA rociada de spray de queso.

PRECIO:
· 8,50€

Tras disfrutar el raro y fascinante placer de comer la infrapizza más miserable de la historia a precio de marisco, y mientras mi compañero sugería darle a la cocinera 50 céntimos más para que los pusiera en ingredientes, tuve el detalle, como persona educada que soy, de dejar el hueso de la aceituna en medio del plato para su posterior recauchutado y reciclaje.

Espero que lo agradecieran.

Pagamos finalmente la cantidad que se expone en el escaneo de al lado, correspondiente a la factura que nos fue entregada (en el que suponemos es el último formato diseñado por Hacienda para presentar el IVA y que por tanto conservé para su posterior estudio y análisis) a cambio de cuatro jarras (normales) de cerveza rubia, que no de ambrosía, a pesar del precio, y dos subpizzas.

Tras esta opípara (que sí, que este artículo está archivado bajo ironía) cena, nos dispusimos a dormir.

El primer problema que nos encontramos a la hora de realizar tan sencillo acto fue que cierta gente de una de las tiendas vecinas tenía más gana de cachondeo que de dormir, con lo cual se dedicó a dar por culo, hasta altas horas de la madrugada, juzgando la responsable del camping que lo mejor era no intervenir. Pero, como siempre llevo tapones para los oídos en mis viajes, este problema tuvo fácil solución.

El segundo problema, aún peor, es que ciertas jardineras adyacentes a nuestra parcela, y que erróneamente suponíamos no habían sido regadas en su vida dada su semimarchitez, sí eran regadas con regularidad: concretamente, con un sistema de goteo irregular que comenzó a la 1 de la mañana y que tardó entre media hora y una hora en efectuarse. Un plic-ploc continuo, arrítmico, atonal, envolvente, psicótico, desquiciante que era imposible no oir, a pesar de los tapones.

Al despertar, y tras saludarnos mutuamente mi compañero y yo con una mirada de varios gigabits que expresaba a la perfección lo que pensábamos del lugar, nos enfrentamos al insulto final.

¡¡¡SÍ, EL INSULTO FINAL!!! A PESAR DE QUE EN EL CAMPING AMPURDANÉS LA AUSENCIA DE SERVICIOS O MANTENIMIENTO PARECE SER TOTAL, DADO EL TOTAL ABANDONO QUE MOSTRABAN LOS BAÑOS O LOS ABUNDANTES PEDRUSCOS PRESENTES EN LAS PARCELAS, SÍ SE MOLESTAN EN UNA COSA: EN PONER UNA PEGATINA PUBLICITARIA DEL CAMPING SIN PERMISO EN LA PARTE DE ATRÁS DE TU VEHÍCULO.

Pegatina cutre, torcida, mal puesta, que en su elaborado (que sí, que es ironía) grafismo pretende denotar el clásico símbolo de una tienda de campaña, pero que a primera vista más bien parece una cruz cristiana inclinada; con lo que el resultado a lo lejos, para más INRI (hey, qué adecuado lo de INRI) es que llevas en el coche una pegatina de la asociación del rosario de la parroquia de un suburbio de extrarradio.

A la salida del infralugar, bien temprano, la responsable nos despidió con un tímido ¿Pudísteis conectar el WiFi?

No contestamos.

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31 agosto 2010

best of voet’s bichifoto summer 2010










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5 julio 2010

flora y fauna de buiza

Buiza es un pequeño paraíso perdido en los montes de León.











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29 junio 2010

flores de tapia

He aquí algunas fotos, tomadas hace pocas semanas, de flores de Tapia de Casariego.





ejem, bueno, esto no es una flor, pero sí una preciosidad.

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21 junio 2010

flores de ponga

Ponga es un pequeño paraíso situado en el occidente de Asturias. Estas son algunas de las fotos que saqué este fin de semana pasado durante mi estancia en Sobrefoz.








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31 mayo 2010

rite of spring 4: vídeo

[Este es el cuarto post de la serie. El anterior está aquí.]

En el primer vídeo, correspondiente al inicio del concierto ofrecido por The Pink Panther Show, se puede comprobar que somos gente de lo más tranquila, nada entregada al despiporre o el paroxismo.

Disculpad, eso sí, la calidad de sonido: es tan mala por culpa de la cámara, no de los músicos. De hecho, los que estuvieron allí me podrán confirmar que sonaban de-la-hostia.

En el siguiente podemos apreciar la ejecución —casi completa— de un tema. Sólo falta el principio. El sonido se oye un pelín mejor y se puede seguir comprobando que somos gente sosegada que sabe disfrutar en contemplación, sin palabras. Om.

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rite of spring 3: concierto

[Tercer post con fotos de la Fiesta de Primavera: el segundo, aquí.]

Comienza la música en riguroso directo. Antes de proseguir con las fotos, debo aclarar que el juego de luces era absolutamente fantástico, pero sólo en alguna foto se aprecia con claridad. En todas las demás el flash de la cámara, necesario dadas las condiciones de luz, estropea un pelín el ambiente original. Pero qué le vamos a hacer.

Los que no hayais estado en la fiesta debéis saber que en ningún caso se contrató a un grupo. Todos, o casi, los músicos son aficionados y formaban parte de los invitados al evento.



Arranca la música con clásicos del rock’n'roll. Dándolo todo, como no.


El ambiente comienza a caldearse.


Pena del encuadre y de la sombra del flash, pero ¡toma energía!


SuperJuan prepara su superguitarra, con la que combate el mal.


Catwoman prepara los teclados bajo la atenta mirada de Calinerón.


Bocaseca Man al bajo, Supergen a los micros y Superglú a la batería. Qué más quieres.


El público dándolo todo.


Esta es una de las pocas fotos (que no salieron demasiado movidas) en la que se aprecia el espectáculo de luces.


Sir Tim O’theo haciendo karaoke. Ahora ya lo has visto todo.

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