9 noviembre 2010

texturas del cap de creus

Decir que el Cap de Creus es un paraíso para un geólogo es quedarse corto. Es EL paraíso de un geólogo, del mismo modo que ha sido fuente de inspiración para artistas como Dalí.

Por mi parte me quedé con la boca abierta cuando lo vi por primera vez. Algunas de las texturas que allí afloran sencillamente no se pueden encontrar en ninguna parte del mundo. Pero lo mejor es pasar directamente a las fotos y no decir nada más.








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morella, un sitio para volver

Contando mi Epopeya Mediterránea en este glob me centré, al principio, sobretodo en lo malo. Y llega el turno de lo bueno. Y de entre lo bueno, Morella es de lo mejorcito.

morella tal cual se ve tras pasar el puerto del querol en dirección a aragón.

Morella es un pueblo muy singular de El Maestrazgo, una zona que geográfica e históricamente siempre ha tenido una identidad propia y que hoy en día se divide, administrativamente, entre Teruel y Castellón y cuya capital oficial es Sant Mateu.

Digo que Morella es singular y lo es por muchos motivos. En primer lugar porque es una fortaleza natural de primer orden utilizada desde la antigüedad. De hecho, la raíz indoeuropea Mor- suele denotar una montaña aislada en medio de una llanura y se supone que de ahí proviene el nombre del pueblo. En segundo, y resulta lógico tras conocer el dato anterior, en Morella ha habido innumerables hostialidades diversas entre sus ocupantes y el ejercito sitiador de turno, remontándose las últimas refriegas a las guerras carlistas, en el siglo XIX. Y en tercer lugar, como colofón a la información que acabo de aportar, la gente de Morella es muy especial y tiene un sentido de comunidad increíble.

Y es que ha tenido una historia de sangre y fuego de la que pocos lugares pueden presumir. Esto, se quisiera o no, quizás ha condicionado profundamente el compromiso de los habitantes con su comunidad y con el mundo exterior. Y lo ha hecho para bien.

Mientras otros pueblos de la zona, a principios del siglo XX, derribaban sus murallas, los morellanos las reforzaban, quizás debido a su aguda consciencia histórica. Aún hoy en día los habitantes pagan una tasa anual para la conservación de las fortificaciones, y no sólo por su valor turístico, sino también por su valor defensivo. Quien paga la tasa tiene derecho a refugiarse dentro de las murallas en caso de conflicto armado.

la fortaleza vista desde su base. la foto, por la falta de perspectiva, no hace justicia a lo imponente que es. en la foto superior se aprecia mucho mejor la prominencia.

Tras escuchar algo así uno se podría pensar que estamos hablando de gente cerrada. Para nada. Los morellanos viven sobretodo del turismo, y con el viajero que se acerca son realmente esplendidos, hasta el punto de no consentir que NADIE abuse del turista o lo time como ocurre en otros lugares del Mediterráneo. Tan fuerte es el sentido de la solidaridad y de respeto al visitante que, y esto lo observé de primera mano, los mismos souvenirs en tiendas distintas tienen exactamente el mismo precio, hasta el último céntimo, lo que denota un pacto serio entre comerciantes. Y en ningún caso los precios son abusivos o los servicios prestados mezquinos. La seriedad y responsabilidad de los morellanos con los viajeros es inconcebible en la mayoría de los sitios turísticos que he conocido en mi vida.

basílica de santa maría

¿Y qué es lo que hay que ver en Morella? Pues bastantes cosas. Aparte de su arquitectura predominantemente medieval, civil y eclesiástica, destaca sobretodo la fortaleza, realmente imponente, como ya habréis podido comprobar en la primera foto de este artículo, una panorámica general de Morella.

El punto más alto de esta se eleva a más de 1000 metros sobre el nivel del mar y sí, efectivamente los inviernos aquí se hacen muy duros, con temperaturas de hasta -20ºC. No hay que olvidar que estamos en lo alto de la Cordillera Ibérica. En verano, de todos modos, se hace un sitio muy agradable para estar, especialmente cuando la canícula reina en la costa mediterránea, a apenas 50km de distancia.

Volviendo al asunto: El acceso a la fortaleza, previo pago de una entrada muy razonable de 3€, se hace a través de un convento abandonado dotado de una iglesia sorprendentemente grande y, en una sala adyacente mucho más antigua, un gran fresco medieval, desgraciadamente no muy bien conservado, donde se puede distinguir una alegoría de la sociedad de la época y una partitura antigua.

el fresco en cuestión
ábside de la iglesia del convento

El ascenso al castillo es progresivo, superando varios niveles de defensa bastante impresionantes, sobretodo porque se pueden apreciar los distintos añadidos y modificaciones que hubo a lo largo de la historia. A destacar la mazmorra, una cueva muy poco acogedora, que nos puede dar idea de lo que suponía estar preso en aquella época.


dos vistas durante el ascenso a lo alto del castillo. como se ve, desde él se domina toda la comarca.
hay unos cuantos cañones alrededor del castillo y, la verdad, aún acojonan un poquito.

El castillo es la principal atracción del pueblo, pero no la única. Sus calles y callejuelas, en mayoría peatonales, están muy bien conservadas y cuidadas, y su distribución es principalmente circular y en espiral alrededor de la fortificación, como es lógico.

la plaza de colón con su reloj de sol gigante
también hay sitio para lo bizarro, como esta estampa conmemorativa

Muchas de las calles están dotadas con soportales en los que podemos encontrar restaurantes de categoría y tiendas de souvenirs muy variadas (algunas especializadas en miel, jabones, ropa de lana) con precios muy razonables, como ya dije, y objetos de buen gusto.

uno de los soportales típicos de morellaLas dos veces que he estado en Morella he tenido el placer de comer en el Restaurante Casa Pere.

En la primera ocasión, acompañado por el-hombre-cuya-identidad-debe-seguir-misteriosa, nos tomamos un menú degustación (el grande, 30€ cada uno) de carácter semipornográfico en el que disfrutamos de los productos típicos del Maestrazgo y de la localidad, como las croquetas morellanas, que son cualquier cosa menos croquetas pero están riquísimas, y recetas con trufas, una de las especialidades de la zona. En febrero, todos los años, suele haber una celebración gastronómica de la trufa a la que estoy seguro merece la pena ir. La cuestión es que tras acabar el menú los camareros amablemente nos llevaron rodando hasta el coche (es broma).

En la segunda ocasión, esta vez con cachopoguoman, tuvimos la suerte de que nos atendiera el dueño del local, con el que hicimos muy buenas migas: nada más pedirnos la carta y escucharnos hablar nos dice:

—Hum, sois de Asturias, ¿eh? Pues os voy a tener que dar bien de comer, que sé como os las gastáis por allí. De aquí con hambre no marcháis.

cachopoguoman al borde del coma estomacalY efectivamente. Durante la espera por el menú degustación (el pequeño) en la terraza del bar nos trajo varias bandejas con pan con tomate y otras delicias, todas cortesías de la casa. Cuando llegó el menú apenas podíamos hablar de la contractura que ya teníamos en el diafragma, pero no dejamos ni las migas. Y al final no nos cobró ni el vino, ni los chupitos ni el café. Y además, el tío más majo que la hostia, hablándonos con ilusión de sus futuros proyectos para el restaurante y preguntándonos un montón de cosas sobre la comida asturiana. Un auténtico lujazo de sitio.

Tras acudir la grúa municipal a levantarnos de la mesa (broma también), rodamos como pudimos, esféricos de la jartura, por la calles de Morella observando las tiendas. Y que esto sirva de lección para los comerciantes de otros sitios turísticos: porque el trato es tan amable y las propuestas tan razonables, que me dejé más pasta en Morella que en cualquier otro sitio de los que he estado durante todas las vueltas que di por el Mediterráneo. En ningún momento me sentí estafado por los precios u ofendido por cosas de mal gusto en los expositores y los escaparates.

Y esto se nota también en el tipo de visitantes que paran por allí. Hay mucho turismo familiar, mucho extranjero, mucha pareja (ciertamente el lugar es un tanto romántico) y en ningún caso vimos gente maleducada, gritona o impresentable. Con su actitud relativamente discreta los morellanos han sabido atraer al turista de calidad a cambio de una oferta también de calidad.

devolviendo el bou al redil con ayudaSi acudís a Morella la primera quincena de Agosto es probable, además, que os encontréis con una tradición típica de los pueblos de la zona, los bous al carrer; literalmente, toros en la calle.

Este espectáculo, al contrario de lo que se puede pensar, es incruento y los animales en general no sufren más que cierto grado de susto, que supongo que no será tanto ya que muchos de ellos repiten su actuación de pueblo en pueblo. Los que si corren peligro son los que se ponen delante del toro.

Como asturiano poco acostumbrado a las tradiciones taurinas encuentro los bous al carrer bastante fascinantes y divertidos, y no me extraña que tengan el éxito que tienen; aunque también es verdad que de un pueblo a otro la calidad del espectáculo es muy variable, y puedo asegurarlo porque he tenido ocasión de ver los bous en tres sitios distintos. En cualquier caso, esperemos que desde el desconocimiento no se acaben prohibiendo. Sacar al toro de un sitio tirando por el rabo es lo más agresivo. No sé si eso es cruel, pero probablemente lleven peor el viaje en el camión.

En definitiva estoy hablando de un sitio muy recomendable al que intentaré retornar siempre que pueda, aunque me tenga que desviar 100km de mi ruta, sólo para volver a disfrutar de sus monumentos, de su gastronomía y de su gente.

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18 octubre 2010

mis plantitas se preparan para el invierno

archivado en: Personal Plantitas

Estos días, un tanto harto de ordenador, he aprovechado momentos libres para desescombrar la casa y, lo que es más urgente, preparar mis plantitas para el invierno tras un verano en el que las dejé solitas, a las pobres, casi un mes. Mis vecinos me dijeron que las pilluelas aprovecharon mi ausencia para montar parranda casi todos los días, poner música ultrasónica a todo volumen (Cloro y sus Plastos, Malato, Pedúncula), pegarse lingotazos de fertilizante y fumar porros de potasio.

Lamentablemente algunas se murieron durante ese mes. Una de ellas no me sorprendió, pues andaba muy pachucha. Pero las otras se las comieron los hongos por dentro. Y otra que estaba preciosa apareció hecha un cristo sin motivo alguno, como si le hubieran dado una paliza. No lo entiendo. Quizás se pasó con los porros.

De todos modos otras se pusieron esplendorosas, hasta el punto de no imaginar que les pudiera sentar tan bien el verano de Asturias. Es el caso de la portulacaria de la foto superior (la que parece un arbolito) o de los conjuntos en primer plano. Eso sí, la cola de gato, la que está en el medio al fondo, ha sufrido un poco.

Estas otras también están estupendas tras el verano, especialmente el peruvianus monstruoso (atrás a la derecha) y la haworthia retusa (la de la derecha del todo), aunque la fenestraria, que está delante del todo en la maceta cuadrada, cada vez va a peor. Realmente es una planta difícil de cuidar y muy delicada.

Las plantas del alféizar, a las que tengo un gran cariño, se han portado de maravilla. Los cactus peludos de la izquierda, han crecido mogollón, como se puede ver por la parte blanca. El resto es contaminación. La haworthia, espectacular. La gasteria de la derecha, que esquejé salvajemente el año pasado, también se ha portado muy bien y han resistido todos los plantones.

Peor suerte ha tenido mi conjunto-de-cactus-sofisticados, a los que les ha entrado la puta cochinilla quitinosa (cómo odio ese bicho, que se puede distinguir como puntitos color crema en el cactus más gordo), sin contar con uno de ellos, cuyo hueco es notorio abajo a la izquierda, que fue devorado por los hongos. Ay, qué pena. A ver si consigo salvar al resto.

Las plantitas que dejé en la barandilla de la terraza para que chuparan lluvia, por ser más necesitadas de agua, son quizás las que mejor lo han pasado. Como veis, con unas rejillas de tienda de golosinas y unas bridas de nylon se pueden hacer maravillas de espacio.

Abajo a la derecha se pueden ver dos macetas aisladas. La primera es un trozo de tierra que cogí en el monte, al lado de un río, y que me traje para casa, empapándolo regularmente. Me ha salido un ombligo de venus precioso. La otra es una opuntia subulata que me encontré completamente cubierta por cochinilla y a la que tras darle un baño de alcohol de 96º (el remedio más efectivo que he encontrado para este bichejo) he trasplantado con tierra limpia para que se cure.

A ver si es verdad.


Más info sobre mis plantitas y las plantas crasas en general en http://suculentas.cranf.net

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archivado en: Personal Plantitas

14 septiembre 2010

las drogas más alucinógenas

Hoy toca hablar de dos de las drogas más alucinógenas que existen: la primera es una peculiar mezcla de oxígeno y nitrógeno, y la segunda es el óxido de hidrógeno. Ambas son conocidas en la jerga de los consumidores como aire y agua, respectivamente.

Las dos son increíblemente adictivas y producen alucinaciones; tan intensas, que son inconcebibles para la mayoría de nosotros, los que no hemos probado estas poderosas drogas.

La primera sustancia, aire, es la más adictiva de las dos: basta una sola dosis para crear una dependencia permanente que obliga a repetir la administración de manera continua durante tiempo indefinido.

La segunda, agua, no exige al consumidor tanta entrega como el aire, pero eso no significa que sea mucho menos adictiva. Se sabe que los adictos al agua sólo pueden estar unos días sin consumirla; por otra parte, su consumo suele ser mucho más gratificante que el del aire, y los enganchados a esta sustancia describen la experiencia de su ingestión como “alivio de la sed”, “sensación de frescor en la garganta” y otras percepciones inusuales.

Quizás se pregunten Vds. a qué se refieren estas bizarras declaraciones sobre supuestas sedes y gargantas. Efectivamente, se trata de delirios. Pero es que no hemos hablado aún de los poderosos efectos alucinógenos de esta sustancias, especialmente cuando están combinadas.

Los consumidores aseguran disponer durante su experiencia de, siempre según su jerga, manos que pueden utilizar (!?), así como otros órganos llamados ojos, orejas, etc… con los que hacen lo que ellos llaman ver colores, oir sonidos y otras sensaciones que globalmente definen como realidad, dentro de la ocupan un cuerpo.

Esta sensación de realidad es tan fuerte, aseguran los adictos, que te olvidas de todo lo anterior y te sumerges completamente en ella. “Al final se acaba viviendo la situación con tanta normalidad que olvidas que se trata todo de una especie de milagro, te olvidas de que es todo absolutamente increíble”, nos asegura un adicto de años que no ha tenido reparos en realizar una entrevista con este medio a cambio de proteger su identidad.

Lo más curioso es que, dentro de la alucinación, que adquiere carácter permanente y estable, gran parte de los esfuerzos de los adictos no se concentran precisamente en la obtención de más aire y agua, sino en otras actividades incomprensibles para los no consumidores, como trabajar y dormir. “Dormir es la leche… es como experimentar una realidad dentro de la realidad, un viaje dentro de un viaje”, según afirma nuestro entrevistado.

Del mismo modo nos ha aclarado que lo que coloca realmente es el aire: “Sí, el aire es fundamental para flipar; de hecho, si dejas de tomarlo aunque sea poco tiempo, adiós colocón. El agua simplemente sirve para que la experiencia dure lo más posible”.

Los que no conocemos los efectos de esta sustancia encontramos estas afirmaciones alocadas. Así parece confirmarlo el adicto entrevistado que, preguntado como describiría su experiencia de realidad declaró: “es el tripi más salvaje que puedes experimentar”.

Respecto a como se vive interiormente la dependencia a las sustancias, el mismo nos contesta: “Mientras estas allí sólo quieres que dure para siempre. De todos modos llega un momento en el que sencillamente no puedes seguir tomando más y entonces hablamos de morir. Pero bueno, se sobrelleva perfectamente. Quizás la primera vez no; pero luego te acostumbras”.

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6 septiembre 2010

miedo y asco en el camping ampurdanés

Todo el mundo sabe que los hoteles se clasifican con estrellas, y los campings con categorías. Si, siguiendo la broma, se valorara a estos últimos con objetos astronómicos, el Camping Ampurdanés de Roses, Girona, merecería el calificativo de Agujero Negro.

Si en el último artículo que escribí sobre mi Epopeya Mediterránea hablé de algunos de los peores sitios en los que he estado durante mis estancias en la costa española del mare nostrum, prepárese, oh amigo/a lector/a para sumergirse conmigo, desde la comodidad de su ordenador, en una experiencia realmente terrorífica, no superada por el Castillo del Terror o el Tren de la Bruja; sólo por algunos episodios de En Los Límites de la Realidad.


Una tarde infame de Agosto de 2010 llegamos El-Hombre-Que-No-Debe-Ser-Nombrado y yo a este camping, situado en el extremo oriental de Roses, con intención de pernoctar. El brillo del sol en lo alto y el alborozo de los turistas ocultaban una oscura realidad. De todos modos la psique cósmica no tardaría en darnos señales de lo que íbamos a experimentar.

Mientras yo custodiaba nuestro vehículo y mi compañero negociaba la disponibilidad de plazas, este no tardo en volver, asintiendo, indicando que efectivamente no tendríamos problema alguno en dormir allí.

—¿Cuanto salió al final? —pregunté—.
—36€. Por adelantado.
—¡Hostia, para ser un camping de tercera categoría no está nada mal! Por poco más podríamos dormir en un hostal y ahorrarnos el coñazo de preparar la tienda e hinchar y deshinchar el colchón —comenté—.
—Ya, la verdad es que es caro por dos personas, una tienda y un vehículo, pero ya hemos dado bastantes vueltas.
—Sí, la verdad que sí.

Al entrar para descargar nuestras cosas la responsable del camping nos dijo que cogiéramos la parcela que nos diera la gana de las que estaban en cierta zona de las instalaciones. La verdad es que la señora en cuestión sonreía y se esforzaba por agradar, pero detrás de la sonrisa, cierto rictus crispado y una mirada dura no inspiraban buenas vibraciones.

La zona en en cuestión disponía de un montón de parcelas (algunas con unas piedras bastante considerables y ninguna de las libres con tendal) pero ni una sóla de ellas estaba horizontal, ya que todas tenían cierta suave pendiente. He aquí la primera objeción que surgió al lugar, después del precio, ya que obviamente había habido trabajo de excavadora, pero no el suficiente.

Montamos la tienda en la parcela que parecía menos pedregosa, y, tras despejar unos cuantos pedruscos, sudamos un buen rato intentando clavar los vientos, ya que el suelo, madredediós, estaba duro como el cemento. Tras doblar un par de hierros a martillazos renunciamos a poner más y dejamos la tienda un tanto floja.

Entonces fui a los baños/duchas/váteres.

El horror, el horror, que diría el coronel Kurtz.

Las instalaciones globalmente daban bastante grima, y me recordaban por su deterioro y (ausencia de) acabados un pelín a Auschwitz. Sólo los fluorescentes, que resultarían anacrónicos, y el hecho de ver en color y no en B/N, mitigaban la sensación. Pena de no tener foto del interior; sólo esta de la entrada tomada desde lejos.

Por supuesto, nada de papel, jabón, ganchos de colgar las toallas, tapa en los váteres, pestillos fáciles de manejar o de las más elementales comodidades que uno espera de cualquier tipo de aseo que no sea de gulag. El interior de las duchas, dotadas de cómodos y sofisticados (sí, es ironía) grifos bi-mando, sugerían ominosamente la salida inminente de zyklon-B o neurotóxicos diversos en vez de agua.

Afortunadamente, como Vds. podrán deducir, lo que salía era agua; o si no, no podrían estar leyendo esto.

Tras una giñada que puso en jaque la coordinación y resistencia de varios grupos musculares, y numerosos intentos infructuosos de acceder al WiFi del camping, dimos un pequeño paseo por el exterior para ver que nos ofrecía el entorno.

Esto… una playa pequeñita y un tanto masificada. Nada más. Bueno, sí: un par de restaurantes de postín aislados y, en muchos cientos de metros a la redonda, casas residenciales; Y se acabó, a excepción de un supermercado (cerrado). Nada que ver con el resto de Roses, que abunda en locales de hostelería.

Entretanto nos dió la noche, y nos entraron ganas de cenar. Así que nos acercamos a la cafetería del camping, que en contraposición a los baños era bastante más acogedora.

Nos atendieron unos camareros que parecían inmigrantes del este, dada la dificultad, parquedad y acento con los que se expresaban. Por algún motivo estaban visiblemente nerviosos (?!) y con expresión de liebres deslumbradas por un coche en medio de la noche. Un tanto extrañados por su actitud, pedimos unas jarras de cerveza que tardaron bastante en servirnos.

Mientras, volvimos a intentar entrar en internet con el portátil. Pero, aún cuando detectábamos una señal bastante potente de la red del camping, aquello no navegaba ni patrás. Preguntamos a la señora y de nuevo con su sonrisa un tanto forzada, nos mandó finamente a freir gárgaras desentendiéndose del tema.

No tardó en aparecer otro incauto con el portátil en la mano, que al vernos con uno se acercó a preguntarnos. Le dijimos que no se matara, que era imposible navegar y que mucho menos se molestara en hablar con la responsable, que le iba a dar largas. No nos hizo ni caso, y tras ver como iba a hablar con ella, pocos minutos después le vimos salir de recepción con cara de mala leche. Ni que decir tiene que no pudimos acceder a internet en toda la estancia.

Llegada la hora de pedir algo, y ante la ausencia de alternativas baratas en la cercanía (si lo llegamos a saber…) echamos un vistazo a las fotos de los platos que había sobre la barra. Lo primero que me llamó la atención fue que las fotos de las ensaladas, que prácticamente eran la única opción disponible, mostraban platos realmente rácanos con precios disparatados. De lo único que no había fotos era de las pizzas. Y a sabiendas de que ni seis ensaladas de aquellas podrían quitarnos el hambre que teníamos, nos arriesgamos a pedir una pizza cada uno.

Craso error.

PIZZA CUATRO ESTACIONES TRES QUINCENAS [VARIEDAD CAMPING AMPURDANÉS]

INGREDIENTES:
· Oblea de pan finísima, de unos 20cm de diámetro.
· CUATRO champiñones troceados para que parezcan más.
· UNA loncha de jamón york troceada para que parezca que son más.
· UNA aceituna pequeña.
· UNA rociada de spray de tomate.
· UNA rociada de spray de queso.

PRECIO:
· 8,50€

Tras disfrutar el raro y fascinante placer de comer la infrapizza más miserable de la historia a precio de marisco, y mientras mi compañero sugería darle a la cocinera 50 céntimos más para que los pusiera en ingredientes, tuve el detalle, como persona educada que soy, de dejar el hueso de la aceituna en medio del plato para su posterior recauchutado y reciclaje.

Espero que lo agradecieran.

Pagamos finalmente la cantidad que se expone en el escaneo de al lado, correspondiente a la factura que nos fue entregada (en el que suponemos es el último formato diseñado por Hacienda para presentar el IVA y que por tanto conservé para su posterior estudio y análisis) a cambio de cuatro jarras (normales) de cerveza rubia, que no de ambrosía, a pesar del precio, y dos subpizzas.

Tras esta opípara (que sí, que este artículo está archivado bajo ironía) cena, nos dispusimos a dormir.

El primer problema que nos encontramos a la hora de realizar tan sencillo acto fue que cierta gente de una de las tiendas vecinas tenía más gana de cachondeo que de dormir, con lo cual se dedicó a dar por culo, hasta altas horas de la madrugada, juzgando la responsable del camping que lo mejor era no intervenir. Pero, como siempre llevo tapones para los oídos en mis viajes, este problema tuvo fácil solución.

El segundo problema, aún peor, es que ciertas jardineras adyacentes a nuestra parcela, y que erróneamente suponíamos no habían sido regadas en su vida dada su semimarchitez, sí eran regadas con regularidad: concretamente, con un sistema de goteo irregular que comenzó a la 1 de la mañana y que tardó entre media hora y una hora en efectuarse. Un plic-ploc continuo, arrítmico, atonal, envolvente, psicótico, desquiciante que era imposible no oir, a pesar de los tapones.

Al despertar, y tras saludarnos mutuamente mi compañero y yo con una mirada de varios gigabits que expresaba a la perfección lo que pensábamos del lugar, nos enfrentamos al insulto final.

¡¡¡SÍ, EL INSULTO FINAL!!! A PESAR DE QUE EN EL CAMPING AMPURDANÉS LA AUSENCIA DE SERVICIOS O MANTENIMIENTO PARECE SER TOTAL, DADO EL TOTAL ABANDONO QUE MOSTRABAN LOS BAÑOS O LOS ABUNDANTES PEDRUSCOS PRESENTES EN LAS PARCELAS, SÍ SE MOLESTAN EN UNA COSA: EN PONER UNA PEGATINA PUBLICITARIA DEL CAMPING SIN PERMISO EN LA PARTE DE ATRÁS DE TU VEHÍCULO.

Pegatina cutre, torcida, mal puesta, que en su elaborado (que sí, que es ironía) grafismo pretende denotar el clásico símbolo de una tienda de campaña, pero que a primera vista más bien parece una cruz cristiana inclinada; con lo que el resultado a lo lejos, para más INRI (hey, qué adecuado lo de INRI) es que llevas en el coche una pegatina de la asociación del rosario de la parroquia de un suburbio de extrarradio.

A la salida del infralugar, bien temprano, la responsable nos despidió con un tímido ¿Pudísteis conectar el WiFi?

No contestamos.

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31 agosto 2010

best of voet’s bichifoto summer 2010










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10 julio 2010

semana negra

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