Recuerdo la primera vez que vi esta imagen. No tanto la fecha o el lugar como la profunda impresión que me causó. Creo que fue en uno de los primeros números de la revista Muy Interesante, que empecé a coleccionar con apenas 8 años, y de la que fuí devoto hasta finales del bachillerato. Pero no quiero hablar de la revista.
La intención original del grabado no era mostrar lo que yo vi la primera vez que lo contemplé, y sigo viendo: la imagen sugerente de un hombre que abandona la esfera de lo cotidiano y mira más allá del Universo para encontrar, maravillado y asombrado, ciclos dentro de ciclos, ruedas dentro de ruedas, abstracciones puras, nubes de éter.
Para mí era y es una imagen sencillamente sublime. Mucha veces he pensado que, si algún día consigo vivir en una casa en la montaña, esta imagen va a presidir una de las paredes principales para poder verla todos los días.
Sin embargo la realidad es otra. Ni se trata de un grabado medieval ni habla de ningún tipo de trascendencia metafísica o alquímica.
A pesar del aspecto arcaico del trazado y de los motivos representados, se sabe a ciencia cierta por la técnica utilizada que es, como mínimo, de finales del siglo XVIII o del XIX.
Se le conoce como el Grabado Flammarion porque apareció en el libro L’atmosphère: météorologie populaire (La Atmósfera: Meteorología Popular) escrito y publicado en 1888 por el astrónomo francés Nicolas Camille Flammarion. Aunque el grabado es anónimo, existen grandes sospechas de que fue elaborado por él mismo o a partir de uno de sus propios dibujos.
El texto que le acompaña dice: Un misionero de la Edad Media aseguró que había encontrado el lugar donde la Tierra y el Cielo se tocan. Y poco más adelante, prosigue: Yo mismo he subido en globo más alto de lo que estaban los dioses en el Olimpo, sólo para comprobar que ese punto donde el Cielo y la Tierra se tocan se aleja en función de lo que me aproximo.
¿Y por qué ese aspecto medieval? Camille Flammarion era coleccionista de libros antiguos sobre astronomía, y se sabe que era propietario de libros originales de Kepler y Brahe. Y hay quien asegura que el Grabado Flammarion se inspiró probablemente en el primer grabado que aparece en la Cosmographia de Sebastian Münster, publicada en 1544 con un estilo renacentista germánico que se puede apreciar en el grafismo de Flammarion.
¿Y la intención? Pues parece ser que, nada más ni nada menos, ridiculizar la creencia medieval de que el Cielo era una bóveda. Pero me parece que al señor Camille le ha salido el tiro por la culata. Si la imagen que elaboró no tuviera tantas resonancias sobrenaturales y místicas, si no estuviera tan lleno de inspiración, probablemente habría pasado desapercibido.
Los indios Hopi, de los que apenas quedan 7000 individuos en una reserva al noreste de Arizona, pertenecen al grupo de nativos americanos conocidos como Shoshón, perteneciente a su vez al grupo de los indios Pueblo, llamados así porque, a diferencia de otras tribus amerindias, son sedentarios y viven en casas de adobe. A los indio Pueblo se les supone descendientes, o al menos emparentados culturalmente, con los aztecas.
Su organización es matrilineal* y su apego por la tradición es notable, sufriendo escasa occidentalización aparte de una relativamente exitosa implantación del cristianismo en parte de la población. Mayoritariamente pobres, viven de la minería y el turismo, aunque este está condicionado por el respeto obligado a la cultura Hopi, con lo que no es de masas: por ejemplo, la toma de fotos está regulada y la grabación en video, prohibida. Asimismo muchas ceremonias y rituales están vetados a los turistas.
* La propiedad de los bienes, de la casa y de las tierras es de la mujer, y la herencia se deja a las hijas. Cuando una mujer Hopi quiere divorciarse, pone los mocasines del marido fuera de la puerta de casa.
La etimología de Hopi deriva de la palabra Paz, ya que se definen a sí mismos como los pacíficos, aunque parece ser que hace siglos eran todo lo contrario, un pueblo completamente volcado en las artes de la guerra. Que sean amantes de la paz no impide que estén en conflicto legal permanente con los navajos por motivos territoriales, pues la reserva Hopi está completamente situada en el interior de la Navajo.
Los Hopi son conocidos en Occidente gracias a la película experimental Koyaanisqatsi (literalmente forma de vivir que se destruye a sí misma y que clama por vivir de otra manera en lengua Hopi) , dirigida por Godfrey Reggio, producida por Francis Ford Coppola y musicalizada por Philip Glass. La película es una interpretación del rico corpus de profecías de los Hopi.
Precisamente si algo hace interesante a esta cultura son sus profecías y su cosmovisión asociada. En este artículo abordaré esta última, asumiendo con el mínimo de reservas la Hipótesis Sapir-Whorf, que postula que la forma de un lenguaje afecta directamente a los procesos cognitivos y a la percepción del mundo.
Y es que el lenguaje Hopi, englobado dentro de la familia lingüística yuto-azteca, es realmente curioso.
LA PERCEPCIÓN DEL TIEMPO
Dentro de la lengua Hopi no existe el concepto de tiempo. ¿Cómo es esto posible?
Pues para empezar, no es verdad en sentido estricto. Inicialmente Whorf postuló la afirmación anterior. Análisis posteriores realizados por él mismo y sus herederos comprueban que en realidad, embebida dentro de su lenguaje, sí existe una idea de temporalidad que casi siempre se expresa en forma de metáfora espacial. En ese sentido los lingüistas whorfianos distinguen entre fenotipos y criptotipos, o sea, conceptos explícitos e implícitos. Por tanto, el Tiempo en el lenguaje Hopi no es un concepto independiente y siempre se expresa entre líneas, por así decirlo.
En efecto, para un indio Hopi, el Tiempo se asimila al Espacio. Cuando algo está por ocurrir, lo expresa como que algo se acerca. Cuando algo ya ha pasado, es algo que se aleja.
Tampoco la distancia se expresa en términos absolutos, sino en función del esfuerzo y la complejidad que supone el ir de un punto a otro. Esto se puede resumir diciendo que el pensamiento Hopi es ante todo operacional. ¿a qué se refiere exactamente esto? En que las cosas se piensan en función de lo que es necesario para llevarlas a cabo. Para un Hopi, el movimiento de algo no está descrito tanto por su trayectoria como por la fuerzas que se emplean para realizarlo.
Más aún, ni siquiera existe una concepción de Tiempo único independiente de la localización geográfica o la experiencia personal. Si un suceso ocurre a cierta distancia, no adquiere entidad hasta que llega la información de ese suceso. Literalmente, para un Hopi las cosas ocurren cuando se entera de ellas. Pero independientemente de esto, si están lo suficientemente lejos en el espacio, también lo están del presente.
Reconozco que esto es muy lioso. Dejemos que lo explique el propio Whorf:
Lo que ocurre en un pueblo distante si es actual (objetivo) y no es una conjetura (subjetivo) sólo puede conocerse «aquí» más tarde. Si no ocurre «en este lugar», no ocurre tampoco «en este tiempo»; ocurre en «aquel» lugar y en «aquel» tiempo. Tanto el acontecimiento de «aquí», como el de «allí» se encuentran en el reino objetivo, que en general corresponde a nuestro pasado, pero el acontecimiento de «allí» es el más lejano de lo objetivo, queriendo significar esto, desde nuestro punto de vista, que está mucho más lejos en el pasado, como también lo está en el espacio que el acontecimiento de «aquí».
Aunque muchas veces se ha tratado (y se sigue tratando) de demostrar que los Hopi son precursores de Einstein, esto no es cierto. Si es verdad que existen paralelismos entre el concepto de suceso relativista y la mentalidad Hopi; pero eso no significa que hayan formulado el relativismo de Einstein antes que él.
Por supuesto, no existen unidades de subdivisión del Tiempo. A lo más que llega la lengua Hopi es a distinguir entre Día, Luna y Estación, y no tanto como un transcurrir temporal como por los cambios que producen en el entorno estos ciclos naturales. Dentro de su mitología, el Sol es un hombre joven que todas las mañanas se levanta en el este, da un paseo por el mundo y por la noche se baña en el mar antes de volver a casa por otro camino.
Curiosamente no existe el concepto astronómico de año en el lenguaje Hopi original y como se puede deducir, no existe ninguna unidad de medida superior. Es curioso en cuanto tienen calendarios tallados en la roca que utilizan la luz del Sol, pero sólo son utilizados para celebrar los cambios de estación. Sólo tras el contacto con los misioneros cristianos llegaron a entender conceptos como hora o semana.
En ningún caso el Tiempo se considera una sustancia, algo cuantificable que se pueda expresar mediante un sustantivo. Para decir “mañana”, la expresión literal es “mientras la fase matinal ocurra”. De todos modos, tienen claro el concepto de secuencia, del orden en el que las cosas suceden.
A estas alturas sería correcto preguntarse si tienen verbos, dado que toda acción transcurre en el tiempo. Sí los tienen y de hecho la estructura típica de una oración es Sujeto-Objeto-Verbo; pero su conjugación es mucho más simple que en las lenguas que conocemos, y harto curiosa.
Por cierto que se ha negado (incluso el propio Whorf lo hizo al principio) la existencia de cualquier tipo de modulación en los verbos Hopi, pero los lingüistas modernos han concluido que no es así. Aun así, el mito persiste en muchas publicaciones y afirmaciones que se realizan sobre esta cultura.
Lo más parecido a una referencia temporal que existe en sus verbos es la referencia a la duración de algo: pueden matizar si algo es muy breve, si no lo es tanto o si es permanente. Curiosamente, los sustantivos que en occidente utilizamos para designar eventos fugaces como relámpago, ola, meteoro, en Hopi sólo tienen sentido expresados como verbos: no duran lo suficiente como para ser “algo”. Incluso el concepto “luz” no existe como sustantivo, sino como verbo.
Respecto a los modos, existen dos análogos a nuestro indicativo-subjuntivo: uno para aquello que se está manifestando ahora mismo y otro para lo que está empezando o dejando de manifestarse. Esto quedará más claro cuando hable de su metafísica. Por otra parte, existen multitud de partículas que expresan si una acción es cíclica, puntual, continua, etc… admitiendo un montón de matices a la hora de describir sus cualidades, con lo que no estamos hablando de una lengua especialmente limitada.
METAFÍSICA
Si en Occidente distinguimos entre Espacio y Tiempo, los Hopi parecen distinguir entre mundo Objetivo o Subjetivo, aunque esta diferenciación no es como la nuestra, que meramente asocia lo Objetivo al mundo externo y lo Subjetivo a la experiencia interna de cada cual.
Antes de proseguir hay que darse cuenta de que la manera correcta de explicar la metafísica Hopi es usando la lengua Hopi. Hablar de Objetivo y Subjetivo no deja de ser una licencia y una aproximación. Expresar la metafísica Hopi con todos sus matices utilizando una lengua europea es difícil, con lo que me limitaré a un esbozo.
Para un Hopi, lo Objetivo es aquello que es percibible por los sentidos y se manifiesta en este preciso momento. Dentro de lo Subjetivo está todo lo demás; desde el mundo interior de cada persona, el reino de la mente, hasta aquello que nosotros situamos en el pasado y el futuro.
Este mundo Subjetivo, importante aclaración, es único y compartido por todos los seres, lo que condiciona profundamente su relación con las demás entidades vivientes e inanimadas, ante las que manifiesta un respeto reverencial, a diferencia de Occidente donde se supone que la Subjetividad es exclusiva de cada sujeto. Por ello, un indio Hopi no experimenta un Yo o un Ego del mismo modo que nosotros, ya que sus pensamientos, temores, emociones y esperanzas no pertenecen tanto a él mismo como a la Totalidad. Si le preguntamos donde reside su consciencia, probablemente se señale el corazón antes que la cabeza (lo que parece ser una constante en la propiocepción de los indios americanos) y reconozca la existencia de un corazón presente y compartido en todos los seres.
Aclarada esta dualidad esencial de la realidad, el transcurrir de los acontecimientos se describe sin más como un tráfico entre el mundo Objetivo, que es definido y concreto, y el Subjetivo, nebuloso e intangible.
Así, cuando algo se “acerca”, lo que ocurre es que lo Subjetivo se va concretando hasta hacerse Objetivo. Y cuando se “aleja”, lo Objetivo se disuelve en lo Subjetivo. Este proceso es gradual, y a medida que un suceso se hunde en el pasado, va perdiendo objetividad hasta hacer totalmente subjetivo y, en cierto modo, borroso. Pero no por ello menos real. En palabras de Whorf:
Conforme el reino objetivo despliega su atributo característico de extenderse, alejándose del observador hacia esa impenetrable zona remota, que se encuentra muy lejos en el espacio y muy atrás en el tiempo, se llega a un punto en el que cesa de ser concebible la extensión en detalle, perdiéndose ésta en la vasta distancia; en este punto, lo subjetivo se desliza por detrás de las escenas y se funde con lo objetivo, de forma que a esta inconcebible distancia del observador —de todos los observadores— existe un fin y un comienzo de las cosas, que lo rodea todo y donde se puede decir que la existencia misma oscila entre lo objetivo y lo subjetivo. Es el abismo de la antigüedad, el tiempo y el lugar del que se habla en los mitos, que sólo es conocido subjetiva o mentalmente, el hopi se da cuenta, e incluso expresa en su gramática, que las cosas dichas en mitos o historias no tienen la misma clase de realidad o validez que las cosas del momento presente, las cosas de la preocupación práctica.
Todo esto implica que, para un Hopi, tanto el pasado como el futuro ya existen en cierta forma nebulosa, lo que se refleja en sus creencias mitológicas.
MITOLOGÍA
Los Hopi tienen una mitología notable, y hasta algo que podríamos llamar Historia; lo que resulta chocante después de todas estas reflexiones sobre su percepción del Tiempo. Pero esto se comprende mejor cuando comprobamos que a sus diferentes ciclos históricos los llaman “Mundos“. Y que abarcan tanto el pasado como el futuro.
Como expliqué antes, los eventos ubicados en el pasado o futuro lejanos tienen naturaleza de mito, y este se convierte en la expresión difuminada de algo real que está muy lejos de aquí. Y aun siendo una cultura sin escritura, conservan la información del pasado (y del futuro, hablaré de sus profecías en otro artículo) tallada en forma de dibujos en piedra, petroglifos. Estos existen como grabados en paredes de roca y también en antiquísimas tablas de mármol cuya existencia ha sido confirmada por algunos investigadores, pero que por lo general son fuertemente custodiadas por los diversos clanes.
Estas hablan de su propia cultura y también de la totalidad de la Humanidad. Así describen nuestro mundo como el Cuarto Mundo, ya que antes hubo otros tres, separados entre sí por catástrofes. El Primer Mundo acabó por el fuego, el Segundo por el hielo y el Tercero por el agua (lo que coincide con el mito universal del Diluvio).
Los Hopis sobrevivieron a la última destrucción gracias a que la Madre Araña (una figura central en su mitología y otras emparentadas) escogió a los más justos y les metió en unos juncos para que flotaran en el agua. Una vez pasado el diluvio, los supervivientes migraron por lo que, según su descripción, era la totalidad del continente americano. Durante esta migración, la población aumentó y las disensiones entre clanes provocó que hubiera una serie de escisiones que, según ellos, dió lugar finalmente a la totalidad de civilizaciones presentes en América.
Nuestro Mundo actual, el Cuarto, ha de dejar paso al Quinto de forma inminente, y esto sucederá cuando el Gran Hermano Blanco del Este, conocido como Pahana, retorne (!). La Humanidad deberá recorrer en total 7 Mundos.
En otro artículohablaré hablo sobre las profecías Hopi, interesantísimas.
Hace ya unos cuantos años que un amigo abrió un bar en Oviedo: el Laboratorio, dedicado a la música electrónica y hoy desaparecido. Al entrar en él te recibía el retrato de un hombre en pipa. Debajo de él estaba escrito “I want to believe”.
Ahora… ¿Quién es este hombre y porque ocupaba tal puesto de honor en ese bar? Pues uno de los pocos investigadores serios del fenómeno OVNI.
Antes de continuar quiero aclarar que soy muy escéptico respecto al tema.
Quizás a los jóvenes les suene el asunto de pasada; pero cuando yo era niño, en la década de los 70, los OVNI eran un tema común de conversación y raro era el medio que no ponía, de cuando en cuando, alguna noticia o reportaje sobre avistamientos. Del mismo modo, había un montón de libros sobre el tema en cualquier librería y autores casi obsesionados con el asunto, como J. J. Benítez, el Iker Jiménez de la época. Pero el interés por el tema decayó durante los 80, al menos en España, y hoy en día sigue siendo raro que surja como tema de conversación.
Y mantener una postura escéptica es lógico a poco que se investigue en la literatura dedicada. No por los hechos en sí, que pueden ser más o menos corroborables. No. El escepticismo florece al examinar las chiripitifláuticas teorías que intentaban explicar que eran los OVNIs, especialmente aquellas relativas a su origen extraterrestre y su misión, más o menos divina, en la Tierra. Porque un misterio que sólo parece poder sostenerse con teorías chorras y motivaciones totalmente paradójicas no merece tal calificación.
Y es este punto en el que podemos introducir a Hynek como se debe.
Nacido en 1910 y muerto en 1986 (coincidiendo con las últimas apariciones del cometa Halley), obtuvo su licenciatura en Astrofísica a los 21 años; este fue el punto de partida de una carrera académica brillante y variada, centrada sobretodo en el estudio de la evolución estelar y en el diseño de los primeros satélites artificiales, aparte de otros proyectos notables de carácter militar durante la 2GM. Resumiendo: no estamos hablando de ningún mindundi.
Sin embargo, apenas se le conoce por estos méritos que acabo de mencionar.
En 1948 fue contratado por el ejército USA para el Proyecto Sign, dedicado al estudio del fenómeno OVNI, que en 1947 ya acaparaba las portadas de los periódicos dado que ese mismo año se informó de innumerables avistamientos. No era un asunto baladí: recién acabada la 2GM y con la Guerra Fría en curso, la probabilidad de una invasión extraterrestre por parte de pequeños hombres verdes (¿filocomunistas?) era una preocupación seria para los jerifaltes usamericanos.
La función de Hynek, como buen escéptico, era demoler todas aquellas conclusiones, teorías y supuestos avistamientos que desbordaban a los medios de comunicación. Como buen astrónomo que era, reconocía los fenómenos naturales que transcurren en el Cielo y en la atmósfera y sabía distinguir una nave espacial de un fuego de San Telmo.
Por otra parte, y esto no es oficial, es posible que parte de sus cometidos fuera buscar explicaciones plausibles a fenómenos inexplicables de tal modo que fuera más fácil ocultarlos a la opinión pública, lo que era consecuente con la política del gobierno en aquella época, temerosa de que el tema OVNI causara el pánico y el desorden entre la población. El ejército sospechaba incluso que era todo cosa de los rusos; no en el sentido de que ellos fueran los fabricantes de estos objetos voladores, sino en el de propagar el miedo y la incertidumbre entre la población de los USA.
Hynek cumplió su misión muy bien durante unos años. Pero a partir de cierto momento, tras el estudio de unos casos concretos, él mismo empezó a dudar. Esto no significa ni mucho menos que se convirtiera en un “creyente”. Simplemente pasó de considerar el fenómeno OVNI desde el escepticismo a plantearse que era una disciplina susceptible de estudio científico como cualquier otra, y que la Ciencia disponía de las herramientas necesarias para hacerlo.
Uno de sus primeras reflexiones provino de algo que nadie había probado hasta entonces: ¿Qué tal si preguntamos a los astrónomos profesionales su opinión? Siendo el asunto un tema objeto de ridículo en el stablishment científico y por tanto tabú, Hynek aprovechó su reputación para hablar seriamente sobre el tema con astrónomos y otros científicos del Cielo. Descubrió, para su asombro, que el porcentaje de astrónomos que habían observado en algún momento fenómenos celestes inexplicables era de un 9%, porcentaje muy superior al del público en general.
Hynek no ignoró que los astrónomos son quizás las personas más cualificadas para distinguir un fenómeno celeste conocido de uno desconocido, con lo que su opinión pesaba. También se dió cuenta de que muchos de ellos no se atrevían a hablar abiertamente de sus experiencias con colegas por miedo al ridículo y la exclusión.
Todo esto ocurría a la vez que el Proyecto Sign se convertía en el Proyecto Grudge y este a su vez en el Proyecto Blue Book, tomando progresivamente un carácter más ambicioso. Y a lo largo de este tiempo la relación con sus superiores empeoró progresivamente: Hynek comprobó por sí mismo que el gobierno estaba más interesado en echar arena a los ojos de la opinión pública que en tomarse los OVNIs como objeto de investigación seria.
Llegado a este punto es evidente que el gobierno USA no tenía contacto alguno con extraterrestres, como se insiste desde las teorías conspiranoicas fagocitadas y regurgitadas por espectáculos como Expediente X. Si así fuera, el propio Hynek hubiera sido seguramente una de las primeras personas en estar al tanto de ello. Su denuncia consistía precisamente en el hecho de que el gobierno, en el fondo, no estaba interesado en investigar, sólo en tapar.
Sencillamente el tema era muy incómodo pues USA estaba en plena Guerra Fría, y todo lo que tuviera que ver con luces en el cielo que escapaban a cualquier explicación, sólo servía para temer por la Seguridad Nacional y poner muy nerviosa a muchas personas, fueran ciudadanos de a pie o cargos en las altas esferas. Estos últimos, quizás más que los primeros.
Así que intentó llevar la Ufología más allá de los organismos gubernamentales USA, a los que empezó a criticar abiertamente a finales de los 60, y luchó por la creación de una agencia de la ONU dedicada a estudiar el fenómeno desde un punto de vista científico. A tal efecto dió una conferencia en 1978 en la Asamblea General de Naciones Unidas.
Por otra parte también hizo sus propias investigaciones, que incluían tanto la recopilación de hechos anómalos de carácter incontestable como la elaboración de estadísticas sobre supuestos avistamientos… y sus informantes. Comprobó, entre otras cosas, que muchas declaraciones de testigos de OVNIs correspondían a determinados perfiles psicológicos un tanto patológicos, que la mayoría de testimonios aparentemente auténticos solían contener elementos comunes, y que, por supuesto, había mucho/a mentiroso/a oportunista con afán de notoriedad.
Del mismo modo que Elizabeth Hawley sabe quién, y quién no, ha hecho cima de verdad en el Monte Everest simplemente entrevistándose con el escalador de turno, llegó un momento en el que Hynek, tras oir un testimonio, era capaz de determinar que aspectos de la declaración eran inventados o auténticos.
Eso no quiere decir, insisto, que Hynek, llegado a este punto, se hubiera convertido en un “creyente”. El escepticismo dominó su pensamiento hasta el final. De hecho, al final de su vida opinaba que la mejor explicación posible para el fenómeno OVNI no tenía nada que ver con extraterrestres, sino con seres (¿del futuro?) que compartían la Tierra con nosotros dotados con una tecnología tan avanzada que podían manipular el espaciotiempo y realizar hazañas como moverse entre dimensiones. Por eso mismo, a partir de cierto momento evitó hablar de “extraterrestres” utilizando en cambio la expresión “seres animados”.
I have come to support less and less the idea that UFOs are ‘nuts and bolts’ spacecrafts from other worlds. There are just too many things going against this theory. To me, it seems ridiculous that super intelligences would travel great distances to do relatively stupid things like stop cars, collect soil samples, and frighten people. I think we must begin to re-examine the evidence. We must begin to look closer to home.
Apoyaba esta hipótesis por el hecho de que muchísimas declaraciones fiables hablaban de vehículos que cambiaban de forma y tamaño, de aceleraciones inmensas, de apariciones y desapariciones súbitas (tanto a la vista como en pantallas de radar) y de otros fenómenos que se podían explicar, desde un punto de vista geométrico, mediante entradas y salidas de nuestra realidad tridimensional, como las que se describen, haciendo la analogía en 2D, en el famosísimo libro Flatland.
Hynek creía además, con todo su corazón, que llegaría un momento en que los fenómenos físicos y psíquicos podrían llegar a estudiarse desde un paradigma común posibilitando finalmente el desarrollo de una tecnología de carácter trascendental con posibilidades inmensas. Que conste que lo de los seres extradimensionales me chirría bastante; pero comparto la creencia de la unicidad entre el mundo material y mental.
Como se puede decucir, la influencia de este investigador fue crucial entre los estudiosos serios del fenómeno. Quizás el homenaje más sentido que se le hizo a Hynek en vida fue el que le realizó Spielberg.
Este director contó con él como asesor durante la escritura y el rodaje de Encuentros en la Tercera Fase. No es de extrañar, pues la clasificación de los encuentros con OVNIs en fases es una creación original del propio investigador. ¿Y el homenaje? Pues que cuando los humanos reciben a los ET al final de la peli, podemos ver entre los presentes al propio Hynek con sus características pipa y barba.
El cameo se ve hacia 05:50 en este fragmento de la película
Es probable que a estas alturas estéis flipando con el hecho de que el Sr. Voet se dedique a estos temas. La cuestión es que tras estudiar la vida y milagros del señor Hynek, he repasado, wikipedia mediante, algunos de los casos más notables estudiados por este hombre. Y he encontrado algunos tan misteriosos y corroborados que no tengo más remedio que citarlos.
En 1952 y durante varios días, controladores aéreos de tres aeropuertos de la zona de Washington D.C. observaron simultánea, visualmente y por radar hasta 7 objetos voladores con forma de disco luminoso que eran capaces de permanecer quietos para posteriormente realizar maniobras bruscas. En todos los casos los objetos acabaron desvaneciéndose súbitamente de la vista y de las pantallas de radar. La explicación oficial, que hablaba de “inversiones térmicas atmosféricas”, aunque plausible, no era acorde con las condiciones climatológicas de la zona durante ese verano y provocó la ira de Hynek y de los testigos.
Lonnie Zamora, oficial de policía de Nuevo México, tuvo en 1964 un encuentro cercano espectacular corroborado por otros testigos a mayor distancia y, ojo, por las huellas sobre el terreno que dejó el supuesto OVNI, examinadas inmediatamente por personal de la Fuerza Aérea. Parece ser que hasta el máximo responsable del Proyecto Blue Book admitió en un memorando interno estar abrumado por los hechos. La hipótesis de que se tratara del ensayo secreto de un vehículo experimental por parte de alguna agencia fue desechada por Hynek por múltiples motivos, detallados en el enlace anterior.
Más espectacular aún fue la persecución policial de Portage County en 1966: Varios coches patrulla persiguieron durante media hora un disco que volaba a relativamente baja altura. Otros testigos, incluyendo una cuadrilla de basureros, apoyaron a los policías implicados. La explicación oficial, que aseguró que lo avistado era un satélite de comunicaciones en un primer momento, para concluir al final que se trataba de Venus, ofendió tanto a los implicados como al propio Hynek. La escena de persecución por carretera que se ve en la película de Spielberg está basada en este avistamiento.
Obviamente hay muchos más, como el de las Islas Canarias en 1976 cuya explicación más plausible hoy en día es que se trataba de un ICBM usamericano lanzado desde un submarino durante una operación secreta ahora desclasificada.
Pero si he elegido estos tres es porque son los únicos de todos los que vienen en la lista de avistamientos de la wikipedia que realmente me parecen inexplicables. Son pocos, lo sé: pero su naturaleza basta para confirmar que Hynek fue un visionario cuya búsqueda de la verdad merece respeto.
EDITO: He encontrado en internet, intentando ampliar el tema, dos grabados antiguos que ya había visto hace bastantes años y que me parecen un complemento perfecto a los casos que ya he mencionado.
En esta imagen de la izquierda se puede ver la representación, bastante sorprendente, de una supuesta batalla aérea que ocurrió el 7 de Agosto de 1566 sobre Basilea, Suiza.
Según una crónica de la época escrita por un tal Samuel Coccius, hacia la puesta de Sol el cielo se llenó de esferas negras que empezaron a luchar entre sí moviéndose a gran velocidad por el cielo. Muchas de ellas, aparentemente dañadas, se volvieron incandescentes y se desvanecieron en humo. La batalla duró varias horas y fue contemplada por la población de la ciudad, aterrorizada ante los acontecimientos.
Más impresionante aún fue esta otra “batalla” que ocurrió sobre Nuremberg el 14 de Abril de 1561. Según las crónicas, al amanecer, y durante una hora larga, el cielo se llenó de grandes cilindros de los que surgieron esferas de colores, cruces y discos que lucharon entre sí. Al final de la batalla apareció una especie de gran lanza y los objetos que quedaban se elevaron hacia el Sol. Esto fue visto por un gran número de habitantes temerosos, que lo interpretaron como una señal divina.
Lo que más me impresiona personalmente de estos casos es, por una parte, su similitud en el hecho de que ambos describen una especie de batalla aérea, y por otra, que los artefactos descritos poco tienen que ver con objetos comunes o simbologías religiosas de la época. Esto es especialmente notable en el hecho de que la apariencia de las cruces del segundo grabado poco o nada tienen que ver con la de la cruz cristiana, tentación en la que podría haber caído un dibujante al que sin más le hubieran relatado los hechos.
REEDITO: No dejo de pensar en X-Wings y Dreadnought Star Destroyers cada vez que miro este grabado. ¿Una proyección cinematográfica retroactiva de Star Wars? Poco probable.
REQUETEDITO: a este último caso le he dedicado un artículo.
Hay pocos motivos para dudar de la autenticidad de los casos descritos por estos grabados. Otra cosa es lo que vieron de verdad los testigos de los acontecimientos y las posibles libertades artísticas que se hubieran podido tomar los grabadores, ya desde el momento en el que el Sol aparece, en ambos casos, representado de manera antropomorfa.
Desde luego, como ejemplos de avistamientos de carácter inexplicable no tienen precio.
No soy un especial fan de las series de TV. Cierto es que parece que vivimos en una especie de Edad de Oro de las Series, especialmente americanas, y que los estándares de producción y de calidad se han incrementado enormemente en esta década pasada.
Su planteamiento es, en principio, muy sencillo: Un químico de gran talento, cuyas circunstancias vitales le han relegado a un humilde puesto de profesor de secundaria, es diagnosticado con cáncer de pulmón. Ante esta situación terminal, decide fabricar clandestinamente metanfetamina para poder dejar un fondo monetario a su familia para cuando él ya no esté.
El problema es que Walter White, que así se llama el químico, es cualquier cosa menos una mente criminal… por lo menos al principio de la serie. Tímido, apocado, casi ausente y parco en palabras y afectos, su ascenso en el mundo del narcotráfico cambia su carácter a medida que su antiguo mundo se derrumba, el nuevo se afianza y su familia se desestructura… a la vez que nos deleita con ramalazos de inteligencia brillantísima combinada con unos cojones y una determinación fuera de lo común.
El planteamiento de la serie, como se ve, es novelesco, en el sentido de que el desarrollo de los acontecimientos está supeditado a la psicología y evolución de los personajes. Este factor, de por sí, bastaría para hacer destacar esta serie entre otras muchas que se basan en personajes más o menos estereotipados apoyados en una fórmula repetitiva. Pero es que hay mucho más en Breaking Bad.
En primer lugar, no existe una fórmula que se repite de episodio en episodio, como pueda ocurrir con los casos médicos de House o en la mayoría de las series que se emiten. Los arcos argumentales de Breaking Bad son amplísimos y raros episodios soportan un visionado aislado.
En segundo lugar, el sentido del ritmo es peculiar. No esperes acción trepidante en esta serie, al menos no de modo constante. El ambiente árido y fronterizo del sur de los USA, donde se sitúa la acción, favorece una calma asfixiante, una tensión palpable, subrayada en muchas ocasiones por los prolongados silencios de los personajes, de los que sólo una minoría parecen hablar por hablar.
En todo caso, la acción se toma su tiempo. Tal es así, que a veces tengo la sensación de estar ante una película clásica japonesa, sensación que sólo me ha producido otra serie de TV en todo este tiempo: la magnífica y sorprendente Samurai Jack.
Y aunque es cierto que, convenientemente editada, Breaking Bad podría tener episodios de la mitad, o incluso menos, de duración, no sería lo mismo: se perdería gran parte del suspense que impregna a la trama.
En tercer lugar, el guión es magnífico. No sólamente busca el realismo hasta en la descripción de los procesos químicos; incluso las situaciones más aparentemente insalvables son solventadas elegantemente, como en las innumerables veces en las que el protagonista ha estado a punto de ser atrapado por la DEA o sus enemigos.
Por otra parte, el desarrollo de la trama revela que la improvisación en el guión es mínima o inexistente. Parece que el creador, Vince Gilligan, se ha preocupado de escribir la serie completa antes siquiera de haber empezado a rodar. Por ello dudo que le pase a esta serie lo que a muchas otras: que víctima de su éxito, acabe perdiendo el norte una vez superada la premisa inicial.
Y en cuarto lugar, que estamos ante unas actuaciones excelentes por parte de todos los actores y actrices implicados.
Hasta ahora se han producido tres temporadas, estando a punto de acabar la emisión de la tercera para junio de 2010. Aunque la wikipedia no dice nada al respecto, viendo el estado actual de desarrollo de la trama asumo que nos espera una cuarta.