6 Julio 2010

manual para el manejo de princesas

Archivado en: Análisis, Princesas, Vida — voet

Hace mucho que no hago referencias a princesas en este superglob. También es verdad que huyo de ellas como de la peste; pero es que últimamente veo a un amigo, bastante cercano, muy desorientado respecto a este tipo de mujeres. Así que me veo en la obligación de ponerme didáctico.

¿Qué es una princesa?

Cuando se oye la palabra princesa en según que contexto, nos hacemos a la idea de una chica o mujer estirada y orgullosa a la que todo le parece mal o bien según de quién venga. No es una mala definición.

Hablando más en serio. Lo que se entiende por princesa es, en la mayor parte de los casos, una mujer afectada por el Trastorno Histriónico de Personalidad o HPD, por sus siglas en inglés. La wikipedia da una definición concisa y muy clarificadora:

El HPD es un trastorno de personalidad correspondiente a un patrón de excesiva emocionalidad y búsqueda de atención, incluyendo una necesidad excesiva de aprobación por parte del entorno y un comportamiento inapropiadamente seductor. Este trastorno se suele manifestar al principio de la edad adulta.

Las personas que lo padecen son entusiastas, vivaces y muy teatrales. Tienden a ser sexualmente provocativas, expresan sus emociones de modo extrovertido y son muy fácilmente influenciables. Estos rasgos suelen venir acompañados de egocentrismo, autoindulgencia, búsqueda permanente de cariño, elevada susceptibilidad y comportamiento manipulador orientado a la exclusiva satisfacción de sus propias necesidades.

Este trastorno afecta a ambos sexos: pero es muchísimo más frecuente en mujeres que en hombres. Y si se le considera trastorno y no patología es porque las personas afectadas pueden funcionar perfectamente en su vida diaria, hacerse cargo de sí mismas y hasta llevar una carrera profesional; aunque a nivel sentimental la cosa es, simplemente, espantosa.

Y lo sé de primera mano.

¿Cómo se reconoce a esta gente? Contaré la historia de una posible chica, casi una caricatura, con HPD. Sin olvidar que esto también le pasa a los hombres, aunque en mucha menor proporción.

Ella entra en el bar y, la verdad, llama mucho la atención. No sólo es muy guapa sino que su ropa es, digamos, audaz. Observa su propio reflejo de la que camina hacia la barra y se sienta en el punto más visible de todo el local.

Este es uno de los pocos trastornos psicológicos que muchas veces se pueden diagnosticar a primera vista. Aunque la Psicología es muy cauta con respecto a esta afirmación, las personas especialmente guapas suelen disfrutar de cierto favoritismo social gracias precisamente a esa belleza. Esto provoca que se puedan malacostumbrar rápidamente a obtener las cosas por la cara bonita y, por tanto, concentrar exclusivamente los esfuerzos de crecimiento personal e interacción social en esa ventaja.

En ocasiones es la realización de una actividad artística orientada al público la que se convierte en objeto de estos esfuerzos, ya que es un modo seguro de obtener atención y admiración: es el caso de muchos cantautores, cantantes de grupo de rock, bailarinas… Entre artistas el HPD es mucho más frecuente que en el resto de la población. Y, esto es conclusión de propia cosecha, creo que en el caso de la música el instrumento dice mucho: los HPD no quieren ser bajistas o tuba en una orquesta, ya que son instrumentos propios de segundo plano.

Otra observación que no he observado en la literatura, pero sí en mi experiencia, es que abundan muchísimo dentro del panorama de las ONG humanitarias: no tengo muy claro que papel desempeñan ni que obtienen a cambio en este entorno, y no me atrevo a emitir un juicio sobre su motivación. Pero casi la totalidad de personas con este síndrome que he conocido en persona pertenecen o han colaborado con alguna.

La chica no deja de mirar disimuladamente alrededor para ver si la contemplan, y no para de gesticular: se atusa el pelo, busca con los ojos, pone poses más o menos estudiadas o practica el exhibicionismo más descarado. Se acercan un par de hombres que no son precisamente interesantes; a uno no le hace ni caso. Al otro, lo corta en seco, pero antes se deja invitar.

Lo malo del atractivo es que funciona demasiado bien: permite conseguir las cosas demasiado fácilmente. Cuando alguien se acostumbra a esto, encuentra difícil concentrarse o esforzarse en algo y busca la satisfacción inmediata en todo. Le resulta casi casi imposible postergar la gratificación o renunciar a una ventaja instantánea.

Por fin ha entrado alguien “interesante”. La chica se vuelve todo sonrisa y entusiasmo. El individuo interesante le hace caso, se entabla una conversación. La chica es todo un encanto.

¿Qué significa interesante? Significa utilizable, explotable: por belleza, músculos, prestigio, posición económica, etc.

La chica se ha pasado al modo actriz y, ahora mismo, es una especie de mujer perfecta. Por detrás, sin embargo, está evaluando que tiene que hacer para seducir a su objetivo y, sobretodo, qué precio hay que pagar por él.

La conversación de una persona con HPD es peculiar, y difícil de describir. Cuando habla suele ser extravagante en la forma y los contenidos. Algunas veces es grandilocuente sobre cosas sin sentido aparente, muy banales o auténticas paridas. Utiliza las frases hechas como si fueran propias y las recalca mucho. O juega a los dobles sentidos y se muestra repentinamente sugerente, invitadora, pero sin concretar nada. Algunas personas son directamente autorreferenciales y hablan de cosas que ellas conocen como si tú también las supieras: completamente desde su punto de vista.

Pero el motivo de la conversación es doble: por una parte, está obteniendo atención, admiración, aprecio. Esto es porque en realidad, una persona con HPD es básicamente una persona narcisista con baja autoestima. Convertirse en el centro de atención supone un boost para su autovaloración. Por otra parte, ese mismo interés hacia ella se va a convertir en la moneda de cambio y único fundamento de la relación que está comenzando.

Para la persona afectada con HPD, actuar como la persona perfecta le sale caro, especialmente cuando la actuación se debe prolongar en el tiempo: por eso debe tantear hasta dónde le merece la pena comprometerse, si es que esta palabra tiene sentido para alguien así. Pero todavía no ha llegado el momento de meterse en harina.

En ese momento un borracho pasa cerca de la pareja, que está conociéndose mediante una conversación muy animada, y le dice a la chica, en plena euforia, algo como “¡vaya orejas más raras que tienes!”. Los lagrimones no tardan en aflorar y nuestra mujer monta un número, abandonando el bar con su adquisición tras haber gozado, a última hora, con la atención y la simpatía de (casi) todo el mundo por la ofensa sufrida.

Esta demostración de hipersensibilidad caso tiene dos factores: uno es la baja autoestima que ya mencioné. El otro es un problema de empatía: como las personas con HPD están acostumbradas a utilizar a la gente a su antojo con mucha facilidad, apenas tienen necesidad o ganas de ponerse en la piel de otras personas y entender sus motivaciones. Así, una veces se toman comentarios intrascendentes a pecho y otras veces hacen todo lo contrario.

Por otra parte la emotividad no deja de ser una herramienta más para manipular a la gente, más que la expresión de un sentimiento genuino. Por eso son tan frecuentes en estas personas los cambios de humor abrupto. El detalle que el ligue de nuestra chica no advirtió es que entre que ella oyó el comentario de las orejas, lo que sin duda le sentó mal, hasta que brotaron las lágrimas hubo un esfuerzo consciente para llorar, porque ella juzgó inmediatamente que era la mejor jugada que podía permitirse. De hecho, muchos HPD son excelentes actores y actrices… y viceversa.

El hombre acompaña a la chica a su casa. Pero ella no le deja subir; eso sí, quedan para otro momento.

Ahora, con el aparentemente maravilloso comienzo de una nueva relación, empieza el tira y afloja de verdad. El objetivo inicial del HPD se ha cumplido: mediante su atractivo y su actuación ha conseguido el amor y la admiración de una persona. Ahora toca explotarla; y sobretodo, haciendo el mínimo de inversión. A partir de este momento intentará tomar lo más que pueda de la otra persona dando a cambio lo imprescindible para que no se aleje. Estamos hablando de un regateo emocional y sentimental.

“¿Cómo que te acostarás conmigo cuando te compre un apartamento?”

Muchas veces el sexo se convierte en la mercancía principal. Pero en el fondo, a un HPD el sexo le aterra: es demasiada intimidad. Y por otra parte viene a ser la mayor moneda de cambio disponible. Hasta que llegue ese momento, si puede arreglarse con besitos, lo hará. Retrasará el momento del sexo todo lo posible. Cuando este llegue lo vivirá internamente con frialdad; pero muy probablemente convierta el acto, externamente, en una acrobacia circense a la manera del porno.

¿Qué ocurre mientras tanto? aparte de este tira y afloja subyacente, exigencias y numeritos varios; pruebas de sumisión de todo tipo; cambios constantes de humor; incapacidad para convertir el flirteo inicial en una relación duradera, ya que… ¿dónde está la emoción en algo tan aburrido como una relación de pareja estable?

La incapacidad de sentir emociones profundas, dada la facilidad que tienen estas personas para allegarse a la gente sin un auténtico compromiso, hace que se sustituya esta carencia por la búsqueda de la vivencia de una novedad continua: las personas con HPD necesitan viajar constantemente, cambiar de trabajo, de bares… y hasta de pareja. Es que es todo tan aburrido…

Transcurrido cierto tiempo desde el inicio de la relación el teatro inicial no se puede mantener más. La ansiedad que de modo inevitable siente la persona con HPD por el miedo a ser descubierta en su trama de manipulación, unida a la falta de empatía, la conduce a comportarse de manera progresivamente descontrolada y desconsiderada: los númeritos se hacen cada vez más dramáticos, las mentiras, engaños y traiciones se convierten en norma, etc.., etc…

…hasta que al final se queda sola.

En este momento a nuestra chica se le ha acabado el mundo: su fuente de atenciones ha desaparecido. La vida es una mierda y no vale nada; ella tampoco. Es entonces cuando cae en la depresión. Esta, afortunadamente, no dura mucho; y además, durante su transcurso, tampoco cambian demasiado los patrones de comportamiento afectivo.

Es habitual que hasta intente un conato de suicidio: pero no pegándose un tiro o arrojándose por un acantilado. Lo más probable es que nuestra chica se tome un par de valium de más y llame por teléfono a alguien para que vaya a buscarla y así, de nuevo, experimentar la satisfacción de recibir la atención de alguien.

Y así la prota de esta historia comenzará de nuevo con su ciclo destructivo. Porque el mundo es muy grande y siempre hay un lugar donde nadie te conoce, un lugar donde empezar de cero y encontrar aquello que siempre está buscando; que no es más que a Sí Misma. Pero no lo sabe o no quiere saberlo.

Afortunadamente estas personas son capaces, muchas veces, de salir por sí solas de esta espiral.

En ocasiones porque son lo suficientemente inteligentes como para aprender de sus errores. Pero en otras no es sino la edad quien pone a esta persona en su sitio: porque con veinte añitos es fácil ser joven y guapa; pero con cuarenta, y tras haber perdido toda posibilidad de un crecimiento constructivo y constante, es más difícil disimular las arrugas y/o la barriga. En este caso todo lo que queda es una persona muy desgraciada sin oficio ni beneficio que, con un poco de suerte, a lo mejor acaba conociendo el amor.


Yo he titulado este artículo Manual para el Manejo de Princesas, pero hasta el momento no he dado ninguna indicación.

Pues ha llegado el momento: evítense las princesas a toda costa, ya que no traen más que problemas, por el procedimiento de no hacerles ni caso. Si es que ya lo dije al principio del artículo: huyo de ellas como de la peste por la cuenta que me trae. Y de los princesos también.

En caso de que no sea posible deshacerse de una persona negativa de este tipo en el caso de que insista en acercarse, desenmascárese lo antes posible. Para esto no es necesario ningún tipo de crueldad, ya que basta con dejar claro que es en qué dinámica no quieres caer y por qué, incluyendo el reseñar que la guapura y la simpatía no abren necesariamente todas las puertas.

Puede resultar duro, pero las medias tintas, la comprensión o las buenas intenciones no sirven de nada con esta gente, porque es justo lo que buscan.

De hecho, la sinceridad brutal puede hasta ser beneficiosa para la persona afectada en el raro caso de que, al ser descubierta, no se aleje por sí misma, poniendo tierra de por medio o adoptando una actitud altiva. Y no hace falta que diga por qué.

  • RSS
  • Facebook
  • Meneame
  • Twitter
  • MySpace
  • Digg
  • del.icio.us
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Slashdot
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • Wikio
  • Google Bookmarks
Archivado en: Análisis, Princesas, Vida

5 Mayo 2010

totus tuus

Archivado en: Ficción, Increíbleble, Ironía, Princesas — voet

Hay historias de éxito empresarial sorprendentes. Una de ellas es la de Totus Tuus, un moderadamente próspero negocio familiar dedicado a la fabricación de piensos para animales de granja y prácticamente desconocido hasta hace unos años.

Durante un evento familiar, hace casi seis lustros, uno de los invitados, que era sobrino del cuñado del primo del yerno del abuelo y además había bebido más de la cuenta, confundió el oso disecado que presidía el recibidor con una de las asistentas, que era especialmente fea y peluda. modelo conmemorativo TT2012 elaborado con plata y rubíesSu continua cantilena etílica ¿dónde tienes las tetas?, además de avergonzar a los presentes, inspiró al vástago más joven de la familia, que a la sazón tenía 9 años y ya mostraba signos de perturbación mental, produciéndole una extraña obsesión relacionada con la ausencia de tetas en los osos. Esta fijación duró unos días; luego, aparentemente, se le pasó.

Sin embargo quedó un profundo poso en su inconsciente. Reflejó esta obsesión escondida durante toda su adolescencia y vida adulta a través de una rutina que para mucha gente pasaba desapercibida: cada vez que caía un lápiz y un bloc cerca suyo, dibujaba extraños y alienígenas osos con tetas, casi geométricos. Al lado del teléfono del salón de su casa, innumerables ilustraciones de este tipo acabaron formando una pequeña montaña.

Poco después de su boda con la famosa diseñadora de joyas Torcuata Stroheim, a ella se le ocurrió aprovechar el dibujo de su marido como inspiración para realizar una pieza de edición limitada que representara un canto a la maternidad y complaciera las, por otra parte nulas, capacidades artísticas de su marido. Así nació la famosa Osa Con Tetas de Totus Tuus.

La profunda simbología y las resonancias telúricas asociadas con tal curioso diseño, desapercibidas para todo el mundo hasta que la genial señora Stroheim las detectó, se encargaron del resto. La Osa Con Tetas de Totus Tuus tuvo tanto éxito que rápidamente se agotó la primera tirada. La demanda se hizo tan apremiantemente grande que el matrimonio no desaprovechó la oportunidad; no sólo realizaron una nueva tirada mayor, sino que además procedieron a crear toda una línea de artículos basados en el diseño original.

Y así es el día de hoy que es imposible encontrar una mujer distinguida y de buen gusto que no lleve una Osa Con Tetas de Totus Tuus como complemento: sea este un botón, una medalla (las hay hasta de 12kg), un broche o una diadema para el pelo. Y del mismo modo resulta difícil distinguir cual es Totus Tuus auténtico o una de las innumerables falsificaciones y tristes imitaciones que inundan el mercado.

De todos modos hay quien opina que es una joya de dudoso gusto, pobremente diseñada, que sólo sirve para ostentar el alto nivel económico de la mujer que lo porta (ciertamente es un producto caro) cuando no para denotar escasa personalidad; pues no deja de tratarse de una moda, expandida por imitación, que ha sido explotada hasta la náusea.

  • RSS
  • Facebook
  • Meneame
  • Twitter
  • MySpace
  • Digg
  • del.icio.us
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Slashdot
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • Wikio
  • Google Bookmarks

12 Agosto 2009

moraleja

Archivado en: Ficción, Princesas — voet

Érase una vez una princesa… bueno, no era en realidad una princesa. Era una bruja más o menos buena que preparaba y vendía pócimas de todo tipo para ganarse la vida: filtros de amor, crema para los sabañones, algún crecepelo que otro (daba igual, nunca funcionaba) y hasta aspirinas.

Pero aunque no era una princesa, insisto, era bastante mona, andaba como una princesa, vestía como tal, se comportaba como una y, además, cuando algo no le gustaba, apartaba la nariz haciendo un mohín como de asco. Y esto último era lo que mejor le salía. De vez en cuando hasta usaba un kit para entrenar.

Y como buena princesa wannabe, estaba a la caza de algún príncipe azul.

No es que en la vida le faltara de nada. De hecho, tenía motivos de sobra para ser feliz. Pero sentía que algo le faltaba, que tenía un gran hueco que llenar. Digámoslo así.

La cuestión es que de vez en cuando, en sus ratos libres, subía a un peñasco cerca de su puesto en el mercado y con su telescopio, óptica zeiss, oteaba las calles para ver si veía algún galán a lomos de un caballo blanco. Lo malo es que muchas veces en vez de príncipes azules se topaba en la lente al señor Praxis, un auténtico marrano que estaba todo el día sucio, sudado, currando pico en mano y que ocasionalmente se comía un moco. Eso cuando, aunque no se oyera por la distancia, veía como levantaba una pierna y se tiraba un pedo con abundante celebración. Obviamente desde tan lejos no olía, pero nuestra aspiro-a-princesa aprovechaba para practicar el mohín y proseguía incansable su búsqueda.

Y no le fue mal, no. Primero topó con el Principe Isdín. Fue bien durante algún tiempo, pero el príncipe se aburría: pues a él lo que le iba, en el fondo, era matar dragones. Y un día se puso la armadura, se cargó el RPG7 al hombro y se marchó al amanecer sin apenas musitar un “adiós”.

Después, de modo inesperado, apareció el Principe Kern. Era guapísimo, musculoso y bien vestido, y olía… hummm… acabaron disfrutando noches locas de lujuria y gozo. Pero un día nuestra protoprincesa descubrió, demasiado tarde, que no era un príncipe de verdad, sino un bandido que se hacía pasar por tal y saltaba de flor en flor dejando un reguero de llantos. Fue devorado poco después por unos perros, sufriendo una muerte miserable, pero de eso la casi-princesa nunca se enteró.

Todavía se estaba lamentando por este episodio cuando topó con el príncipe Pfizer. Era perfecto, ario pero nada nazi, de alta cuna mas trato humano. Digamos que tenía todas las virtudes y ningún defecto. Con él tuvo ocasión de tratar unas cuantas veces, y hasta se le insinuó descaradamente. Pero este príncipe era tan honesto y noble que no sólo no se aprovechó de ella, sino que le confesó que su ambición era muy alta y que sólo se casaría con la más bella e inteligente, y por tanto bondadosa, de las princesas del más alto pedigrí. Y partió para no volver.

Y así fueron pasando un montón de príncipes, a cual más decepcionante. El Príncipe de Mylan, el Príncipe Normon (que era bastante normal), el príncipe Davur, etc.. etc… Hubo hasta uno, ni se acuerda ya de cómo se llama, del que pudo comprobar, tras quitarse éste la ropa, que sólo tenía abdominales de un lado. A partir de ese momento, todo fue cuesta abajo.

Seguían llegando príncipes en abundante número, pero cada vez los encontraba más decoloridos y vulgares. De vez en cuando se dejaba arrebatar por uno, pero cada vez le duraban menos.

Y un día se fijó que, donde estaba el señor Praxis, sólo había un inmenso agujero. Temiendo que le hubiera caído un meteorito encima (no sería la primera vez en aquel pueblo) y atraída por el morbo se acercó. Una vez allí, descubrió que el agujero era bastante cuadrado y además tenía mucha profundidad, casi quince metros. Abajo seguía el señor Praxis picando como un condenado. Sorprendida por la transformación del sitio, le preguntó (intentando no hacer el mohín, pues ya lo tenía automatizado): ¿Qué estás haciendo?

Y el gañán del Señor Praxis miró para arriba y le dijo: Estoy construyendo los cimientos de la casa donde vivirá la mujer que ame, que será aquella que tenga una cabeza bien amueblada, buenos muslos, que no le importe oler a veces a comida, con la que me pueda tirar pedos en confianza y que me quiera de verdad.

A lo que ella contestó: No tienes ni puta idea de lo que es el amor.

  • RSS
  • Facebook
  • Meneame
  • Twitter
  • MySpace
  • Digg
  • del.icio.us
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Slashdot
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • Wikio
  • Google Bookmarks
Archivado en: Ficción, Princesas

10 Julio 2009

kit para princesas

Archivado en: Inventos, Princesas — voet

kit para princesas de cranf industries
¿Harta de sentirte incomprendida? ¿Nadie percibe tu dignidad? ¿Todavía no ha llegado el príncipe azul que te hará feliz? ¿O ha llegado y ha pasado de largo?

¿No eres el centro de atención siempre? ¿Los hombres no están dispuestos a beberse un charco de vómitos por una sola mirada tuya? ¿Sólo te soporta ese inofensivo amigo gay? ¿Lloras sobre la almohada todas las noches?

Tranquila, muchacha: para que te sientas princesa del todo, Cranf Industries presenta su Kit para Princesas, consistente en lo siguiente:

  • Un melón de 12 kg.
  • 20 esterillas.

Su empleo es absolutamente sencillo, como es siempre el caso en todos los inventos realmente geniales:

  1. Pon el melón debajo de las esterillas e intenta dormir encima.
  2. Al día siguiente te levantarás hecha un asco y podrás así reivindicar tu elevada dignidad con todo el derecho del mundo.

Ni que decir tiene que también te ayudará a andar de morros el resto del día.

¡Haz ahora mismo tu pedido en este mismo glob! Precio negociable.

si realizas tu pedido hoy mismo te enviaremos GRATUITAMENTE los manuales best-seller “Cómo Caminar con la Frente Muy Alta” y “Cómo Caminar con la Nariz más Alta que la Frente”.

  • RSS
  • Facebook
  • Meneame
  • Twitter
  • MySpace
  • Digg
  • del.icio.us
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Slashdot
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • Wikio
  • Google Bookmarks
Archivado en: Inventos, Princesas
índice   cranf.net   wordnadapress
1