15 abril 2011

breve historia del motor de caca

Hola a todos los presentes. [aplausos]

Soy Eustaquio García, máximo responsable en España de Calzoncillos Auriculares Ibéricos S.A., filial de Schubladen Kopfhörer GmbH, y me han encargado abrir este ciclo de conferencias conmemorativas del décimo aniversario del descubrimiento del motor de caca. [más aplausos]

Creo sinceramente que la manera más pertinente de iniciar estas lecturas es realizar un breve repaso a estos últimos 10 años de innovación, desmontando mitos y malas interpretaciones, para así tener una base de conocimiento adecuada que nos permita pronosticar la evolución de nuestro negocio.

Cómo todos ustedes ya sabrán, tal día como hoy, en 2011, John Goodroll, un ingeniero industrial venido a menos a consecuencia de la Gran Crisis y reconvertido en pequeño traficante de drogas, realizó un descubrimiento trascendental: calentando hachís en su microondas con la intención de facilitar el corte para su posterior venta al detall, el electrodoméstico estalló con una violencia inusitada. Imperturbable ante el destrozo ocurrido en su cocina, Goodroll tuvo la curiosidad y la inteligencia suficiente para comprobar, mediante pruebas organolépticas —textura, olor, sabor—, que el supuesto hachís se trataba en realidad de heces humanas compactadas.

Siendo consciente de que era muy probable que en más de cincuenta años de uso de magnetrones generadores de microondas, nadie hubiera probado sus efectos en tal sustancia de origen humano, comunicó sus pesquisas a un buen amigo de la infancia: Albert Kleinerweinberg, investigador y profesor titular de la Universidad de Karlsruhe. Y sus hallazgos, hoy en día reconocidos universalmente, llevaron al descubrimiento en unas pocas semanas de la enzima conocida como metanofusionasa, presente en la sustancia fecal de todos los seres humanos. [dentro diapositiva]

Esta diapositiva muestra el funcionamiento de dicha enzima. Su peculiar forma en tijera, como ya sabrán, es capaz de captar dos moléculas de metano —también presente en las propias heces— y fusionar dos átomos de hidrógeno, liberando a continuación etano, helio y una cantidad importante de energía. Para inducir la reacción, la presencia de microondas en la banda de 2,45GHz es fundamental, pues induce el movimiento alternante, por resonancia, de los dos polipéptidos que conforman la proteína, hasta que el choque de las moléculas de metano producen la fusión.

El descubrimiento fue de tal trascendencia que fue publicado a los pocos meses, tras cierta reticencia inicial, por la revista Nature; y tan sólo 5 años después Kleinerweinberg recibió el Premio Nobel de Física a consecuencia del hallazgo. [aplausos]

Pero vayamos a lo que interesa: las aplicaciones técnicas de esta enzima y sus implicaciones económicas. [murmullos de aprobación]

Al tratarse de un trabajo universitario no sujeto a copyright, las empresas quedaron libres para competir por el diseño de aplicaciones de esta nueva tecnología. La dificultad más evidente a la hora de trabajar con esta enzima fue el de la temperatura, ya que la enzima pierde efectividad por encima de los 85º celsius de temperatura. Aun así, la compañía estadounidense Enershit, iniciada por dos estudiantes universitarios, fue la primera que recuperó un viejo invento, inapreciado durante más de cien años, para explotar el bajo régimen de temperaturas que exigiría un motor de caca: el motor Stirling.

El primer prototipo de un motor de automoción basado en la metanofusionasa se fabricó en 2013 a un coste ridículo. No mayor que una lavadora, acoplado a una furgoneta permitió a esta realizar el trayecto de ida y vuelta entre Nueva York y los Ángeles consumiendo tan sólo 100 gramos de mierda humana. Enershit, que ahora es una fundación, liberó su patente [abucheos entre el público] con la intención de fomentar el uso de esta nueva forma de energía, digamos, limpia.

Mas la noticia, como es natural, fue acogida con recelo por las grandes empresas petroleras y eléctricas, que por el miedo al cese de su modelo de negocio ante la presencia de una fuente energética a tan bajo coste, inmediatamente constituyeron la SGPE [aplausos atronadores], Sociedad General de Productores de Energía. Los lobbies en Washington abordaron la cuestión con diligencia, y en tan solo unos meses la Human Faecal Substance Act fue aprobada en el Congreso por la totalidad de los republicanos y gran parte de los demócratas. [más aplausos]

Esta ley imponía un canon monetario al acto de cagar, y su aplicación fue muy efectiva, ya que la propia ley también obligaba a negocios y particulares a pagar, de su propio bolsillo, la adaptación de todas las tazas de váter del país. Que desde entonces cuentan con un sistema de monedas, parecido al de las máquinas tragaperras, que sólo permite la apertura de la tapa si se introduce una cantidad, variable de estado a estado, de entre 20 céntavos y un dólar. El dinero, almacenado en una caja precintada, es recaudado bimensualmente a domicilio por agentes de la SGPE [aplausos breves].

En paralelo, los ayuntamientos también tomaron medidas pertinentes para evitar un colapso de la industria energética, obligando a los ciudadanos a entregar, para su reciclaje, las heces fecales generadas por ellos. Un riguroso control, mediante entrevistas, revisiones sorpresa y control de los alimentos ingeridos, asegura que ninguna persona almacene mierda para consumo propio, bajo amenaza de multa. Presiones diplomáticas exportaron ambos modelos recaudatorios al resto del mundo en un par de años. [dos minutos de aplausos]

Sin embargo estas disposiciones gubernamentales no fueron del agrado de todo el mundo y surgió la picaresca. Muchos poseedores de vehículos con motor Enershit comían grandes cantidades de fabada a escondidas (de hecho, esta táctica provocó un aumentó considerable del precio de las alubias) y se dedicaban a cagar en una lata para evitar estos controles. ["criminales", grita alguien al fondo de la sala]

Estaba claro que las medidas adoptadas eran insuficientes. [murmullos de aprobación]

Por otra parte, un movimiento social emergente [abucheos] abogaba cada día con más fuerza por la ausencia de restricciones a lo que consideraban falsamente una democratización de la energía; [más abucheos] Como los presentes en la sala saben, no hay que confundir libertad con libertinaje, ni democratización con jauja. [risas, aplausos] El mercado debe sostenerse; y esto no estaba sucediendo en 2018. Afortunadamente, la ciencia y la tecnología acudieron con la solución, nuevamente de manera inesperada. [aplausos]

Un becario del Instituto Tecnológico de Miskatonic, cuyo nombre no ha trascendido, pero sí su fama de marrano debido a la costumbre que tenía de hurgarse los orificios, descubrió accidentalmente que la hez humana, al más leve roce con cantidades mínimas de cera de los oídos, perdía su poder catalítico de fusión. Ulteriores investigaciones mostraron la presencia en esta sustancia de otra enzima: la metanofusioinactivasa, que como su nombre indica inutilizaba la efectividad de la metanofusionasa. Esto era debido a que este nuevo catalizador era capaz de bloquear la bisagra molecular de la metanofusionasa que posibilita la oscilación que hace chocar los átomos de hidrógeno de las moléculas de metano ligado a ella.

Una nueva era había nacido [aplausos]. Como abordarla todavía constituye motivo de cierta polémica, aunque esta, afortunadamente, está llegando a su fin.

En USA la estrategia adoptada fue la creación de un cuerpo administrativo de carácter parapolicial, la EWA (Earwax Administration) dotada con miles de millones de dólares en presupuestos y casi un millón de efectivos que obliga a todo ciudadano USA a chuparse la cera de los oídos en cada comida, ya que la metanofusioinactivasa resiste el tránsito intestinal, para así inutilizar la capacidad energética de la giñada estándar estadounidense.

Sin embargo, esta estrategia, apoyada por la SGPE pero criticada incluso desde algunos elementos del propio gobierno USA, está provocando graves conflictos sociales —entre otros motivos, por la obligación de comer sólo bajo supervisión de la EWA—, además de suponer su aplicación un gasto para los contribuyentes de casi el 2% del PIB del país. ["y para que está el estado", grita alguien del público]

En la vieja Europa, no obstante, hemos adoptado una medida mucho más racional [aplausos], aprobada por el Parlamento Europeo hace casi dos años, y que obligará a cada europeo, antes de 2025, a 1) instalar un tapón permanente en el ano [aplausos] y 2) rediseñar quirúrgicamente el sistema digestivo para poder giñar por las orejas. [aplausos atronadores] Esta estrategia de nulificación de la capacidad energética de la caca, infinitamente más efectiva, no requiere un posterior control o seguimiento del ciudadano —lo que abarata costes— y supone un trastorno, dígamos, mínimo para su vida diaria, además de reactivar la economía posibilitando la iniciativa privada mediante la creación de empresas rentables como Calzoncillos Auriculares Ibéricos S.A. [aplausos tímidos] y otras derivadas.

Para finalizar la apertura de este ciclo de conferencias, debo afirmar que, sin duda, creo que ha llegado el momento de felicitarnos por haber podido dominar una nueva forma de energía que, en su nacimiento, casí dibujó como inevitable el colapso de nuestro sistema económico, debido a la aparente falta de control que conllevaba su uso. [aplausos]

Me despido de todos ustedes lamentando no poder atender a una rueda de ruegos y preguntas; no oigo nada porque tengo los oídos taponados [risas] a causa de la digestión del estupendo desayuno continental con el que nos han deleitado hoy los responsables de la organización de este evento.

Hasta la próxima. [ovación]

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12 abril 2011

una gráfica para meditar

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16 marzo 2011

radiactividad y daño genético

Escribí este artículo sobre los efectos cancerígenos y mutágenos de la radiactividad en 1998, como trabajo para la facultad. De ahí que por momentos sea extremadamente técnico. Dados su vigencia y la realidad de los tristes hechos que están teniendo lugar en Japón a raíz del terremoto trascurrido hace unos días, ha llegado la hora de recuperarlo.

INTRODUCCIÓN

Desde el proyecto Manhattan, desarrollado en Estados Unidos durante la 2ª Guerra Mundial y que condujo a la construcción de la primera bomba atómica, la elaboración de armamento nuclear no ha cesado. Se estima que actualmente (1998) existen en todo el mundo unas 12000 cabezas nucleares de plutonio, la mayoría en manos de Estados Unidos y la ex URSS, aunque el club nuclear, como es conocido, incorpora desde hace décadas a otros países como Francia, Gran Bretaña y Alemania en Europa, así como a países islámicos y del tercer mundo.

Aunque oficialmente su uso es meramente estratégico, tanto la incapacidad para un control eficaz del tráfico de plutonio -especialmente desde la caida de la URSS- como la posibilidad de accidentes, no garantizan una seguridad total. Aparte de sus efectos directos, tenemos asociados a este tipo de armamento otros mucho más difusos, peligrosos e incontrolables; uno de ellos es la radiación ionizante (RI). Ésta (radiación X, α, β, γ, neutrones) puede provenir de la misma explosión y de los restos vaporizados de la bomba.

Todo esto es reconocido por los militares, y de hecho existen bombas nucleares con gran cantidad de material radiactivo no fisionable cuya intención es, precisamente, convertir el entorno del lugar de la explosión en un desierto que pueda permanecer inhabitable miles de años. Pero no debemos quedarnos en la idea de que el armamento radiactivo se reduce a las bombas atómicas o los misiles nucleares; existen multitud de armas que hacen uso de material radiactivo. En la Guerra del Golfo, los USA utilizaron obuses de uranio activo (disparados desde tanques) contra los irakíes. Las motivaciones para esto no son gratuitas. En esta barbarie interesa también incapacitar a la población y saturar los servicios sanitarios, para que así las consecuencias de un conflicto perduren durante décadas.

Para terminar esta introducción, una anécdota interesante. En Estados Unidos se está investigando (1998) la posibilidad de construir bombas atómicas capaces de penetrar varias decenas de metros en el suelo para explotar bajo la superficie. Objetivo: destruir arsenales de armas químicas con el calor generado en la explosión.

UNIDADES DE MEDIDA en la ACCIÓN BIOLÓGICA de la RI

No tiene sentido usar unidades clásicas como el roentgen (R, cantidad de radiación capaz de producir 1,61·1015 pares de iones por kg de aire, equivalente a 0,00869Jkg-1) puesto que lo que nos interesa es cuantificar la radiación absorbida; para ello se usan unidades como el rad (radiation absorbed dose = 0.01Jkg-1) últimamente desplazada por el gray (Gy), equivalente a una absorción de 1J por kg y por tanto, perteneciente al SI.

El gray no acaba de ser útil puesto que cada tipo de radiación tiene su propio “peso específico biológico” que se compara con el de los rayos X. La unidad que lo tiene en cuenta es el sievert (Sv).

(Dosis equivalente) Sv = Gy · W (weighting factor)

La radiación β es prácticamente equivalente a la X, con lo que su W=1. Las partículas α, con mucho mayor poder ionizante, tienen W=20. Estos valores están en continua evolución y su valor cambia a medida que se conocen mejor los efectos de la RI.

EFECTOS de la RI sobre el DNA

La hipótesis más comúnmente aceptada sobre la genotoxicidad de la RI asume la formación de ROS (reactive oxygen species) en las células como consecuencia de reacciones radioquímicas. Serán daños de tipo oxidativo. Los procesos debidos a ROS más importantes en condiciones aeróbicas son los producidos por los radicales hidroxilo; ‘roban’ un átomo de hidrógeno para dar un nuevo radical que captura O2. Estimaciones de eficiencia determinan que cada 1keV absorbido equivale a 27 OH·, de los cuales 6 reaccionan con las pentosas y el resto con las bases del DNA. Solamente de la timina se han obtenido 24 productos diferentes por irradiación en condiciones aeróbicas in vitro; en condiciones sin oxígeno podemos obtener muchas más especies, pero no deja de ser especulación frente a lo que ocurre en el interior de una célula.

Es perfectamente posible hacer ensayos in vivo sobre organismos de todo tipo, y los más interesantes serán los realizados sobre mamíferos. Bombardeando ratones con radiación γ y analizando posteriormente la cromatina de origen hepático, se encuentran las siguientes especies [Mori et al, 1993]:

  • 5-hidroxi-5-metilhidantoína
  • 5-hidroxicitosina
  • 5-(hidroximetil)uracilo
  • 4,6-diamino-5-formamidopirimidina
  • 7,8-dihidro-8-oxoadenina
  • 2-hidroxiadenina
  • 2,6-diamino-4-hidroxi-5-formamidopirimidina
  • timinaglicol
  • 5,6-dihidroxiuracilo
  • 7,8-dihidro-8-oxoguanina

La última especie nombrada, además de ser la producida en mayor cantidad, también es la más relevante en su mutagenicidad a través de transversiones GT [Loft y Poulsen, 1996].

MUTAGENICIDAD / CARCINOGENICIDAD de la RI

Ya a los pocos meses del descubrimiento de los rayos X por Roentgen, fueron descritos efectos adversos derivados de su uso. Los operarios de los primeros fluoroscopios mostraban incidencia elevada de cáncer de piel. Más tarde se comprobó también una alta incidencia de casos de leucemia, así como el nacimiento de niños con severo retraso mental en mujeres que había recibido radioterapia pélvica durante el embarazo. Tanto la radioterapia como la fluoroscopía fueron habituales en el tratamiento de diversas patologías benignas hasta que en 1956 se prohibió el uso de estas técnicas en Estados Unidos y en Gran Bretaña.

Células expuestas a dosis crecientes de RI muestran consecuente inestabilidad genética, especialmente por mutaciones puntuales (principalmente cambios de base, frameshifts y delecciones minúsculas), deleciones (en relación variable respecto a las mutaciones puntuales y según el gen implicado [Hutchinson,1993]) y reordenamientos cromosómicos, siendo estos últimos los más relevantes [Ward, 1995; Murnane, 1996; otros autores]. Modelos matemáticos de rotura de DNA fueron aplicados en estos casos, comprobando que el mecanismo de los reordenamientos no correspondían a una cinética puramente química; probablemente estén envueltos programas epigenéticos [Hutchinson, 1995].

Multitud de experimentos apoyan la hipótesis de que los casos de cáncer tras exposición a radiación son debidos a mutación somática. Sin embargo, a la hora de realizar los estudios nos encontramos frente a serias limitaciones y problemas.

La polémica sobre la carcinogenicidad de la RI empezó cuando comenzaron los estudios de los efectos de las bombas atómicas arrojadas el 6 y 9 de Agosto de 1945 sobre Hiroshima y Nagasaki. Los primeros artículos reflejaron la alta incidencia de cataratas (1949) y leucemia (1952). En 1956 se realizó el primer -y somero- análisis de células germinales de supervivientes, sin encontrar resultados anómalos. Tampoco se encontrarían más tarde en estudios relativos al sistema inmune (1968) y en otros estudios citogenéticos y/o bioquímicos durante los 80 [Miller, 1995].

Todos los experimentos llevados a cabo hasta 1986 sobre humanos sólo pudieron medir consecuencias a largo plazo. En ese año sucedió la catástrofe de Chernobyl. Hasta entonces la comunidad científica se tuvo que conformar con el análisis de los supervivientes del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki y con la extrapolación de los datos referentes a animales de experimentación.

Gran parte de los estudios son de tipo epidemiológico: casos de mortalidad neonatal, defectos congénitos y supuestas enfermedades de origen hereditario pudieran haber sido causados por la RI. La puesta a punto de técnicas bioquímicas -que acabarán desbancando a las anteriores a medio plazo- precisa de un mejor conocimiento de la acción molecular de la RI [Schull, 1996]. Por otra parte, los diversos ensayos citogenéticos o bioquímicos no son fiables en su mayoría; asumen sin contraste experimental linearidad efecto/dosis. Otros no distinguen entre exposiciónes intensas/cortas y débiles/prolongadas. En multitud de casos los resultados de distintos ensayos para una misma población divergen completamente [Nussbaum y Kohnlein, 1994].

Una vez expuestas las dificultades que conlleva el estudio en humanos de los efectos de la RI, veremos los casos de Japón y Chernobyl. Pero antes de abordarlos, una cuestión interesante.

¿EXISTE UN ANTÍDOTO CONTRA LA RADIACIÓN IONIZANTE?

En un curioso experimento [Emerit et al, 1995] realizado en Armenia, se dió extractos de Gingko biloba (conteniendo flavonoides y terpenoides, antioxidantes) a 30 trabajadores expuestos a radiación. Parece ser que la exposición continua a RI fomenta la aparición en el plasma de factores clastogénicos que pueden permanecer en la sangre durante mucho tiempo (incluso décadas).

Los factores clastogénicos son de naturaleza poco clara y se detectan en el plasma de personas irradiadas o con exceso de producción de superóxidos por parte de su sistema inmunitario. Son detectables porque células cultivadas en presencia de estos factores muestran una tasa anormal de rotura de cromosomas y anomalías similares. Esta tasa está relacionada cuantitativamente con la cantidad de factores clastogénicos en la sangre [Michelson, 1982].

El tratamiento con Gingko biloba reduce a valores basales la presencia de esos elementos en el plasma. Es probable que los factores clastogénicos tengan relación con los efectos a largo plazo de la RI.

HIROSHIMA Y NAGASAKI

Todo el mundo ha oído hablar de estas ciudades y conoce más o menos la historia de su bombardeo; así que me limitaré a hablar de las consecuencias genéticas.

En 1947 se fundó la ABCC (Atomic Bomb Casualty Commission) que precedió a la RERF (Radiation Effects Research Foundation). Este organismo ha llevado a cabo durante medio siglo la mayor parte de experimentos relacionados con RI y cáncer. Sus estudios han involucrado a 120000 personas relacionadas con las explosiones de 1945. Sus conclusiones actuales [Kodama et al, 1996], expuestas brevemente, son:

  • Leucemia y cáncer tienen incidencias mayores en la población expuesta a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki que en el resto de la población.
  • Entre los supervivientes abundan especialmente las cataratas debidas a la radiación, el hiperparatiroidismo, las anomalías en el crecimiento y desarrollo así como aberraciones cromosómicas.
  • No hay efectos visibles ni daños genéticos en la descendencia de los supervivientes [Satoh, 1996].

¿Cómo se llegó a estas conclusiones? Los primeros resultados positivos respecto a la presencia de una tasa anormal de mutaciones se observó, casi 20 años después del bombardeo, en células somáticas de los supervivientes: linfocitos B y T, así como otras células del sistema inmune (excepto las NK) mostraban anomalías funcionales y cuantitativas. Estos estudios se llevaron a cabo tras observar una incidencia elevada, en las personas mencionadas, de enfermedades autoinmunes (período 1958-87), infecciones bacterianas sistémicas (1954-67) y actividad anormal de granulocitos (1947-79). No se observó, sin embargo, relación con la dosis recibida [Akiyama, 1995].

¿Cómo se establece la relación dosis-efectos? A los supervivientes se les tenía asignado (según su posición el día de la explosión, etc…) la cantidad de dosis recibida, incluyendo también factores laborales y de otros tipos ajenos a la propia explosión. El problema de la relación dosis-efectos hacia necesario desarrollar nuevas técnicas para medir las anomalías en esta población. Por una parte, estas técnicas habrían de ser suficientemente sensibles, y por otra, establecer unos parámetros que pudieran medirse 30 y hasta 40 años después de la exposición. Reseñaremos algunos experimentos para ver algunas de las metodologías usadas:

* * *

La observación de linfocitos T sin receptor α o β en 203 supervivientes de Hiroshima determinó que esta mutación era más frecuente en hombres que en mujeres (y superior a la de la población no irradiada), pero en ningún caso hubo relación con la dosis recibida. Sin embargo se comprueba que este ensayo es ideal para exposiciones recientes [Kyoizumi, 1992].

* * *

El estudio -llevado a cabo de 1985 a 1987- de aneuplodías en linfocitos de 264 supervivientes que se encontraban en el útero en el momento de la explosión, condujo a unas observaciones muy interesantes [Otahki et al,1994]:

  • La frecuencia de aneuploidía era significativamente mayor en esta población que en personas no expuestas.
  • La aneuploidía relativa a autosomas dependía de su longitud, siendo más frecuente en cromosomas cortos.
  • El cromosoma 21 y los sexuales mostraron mayor frecuencia de anomalías que el resto. Las mujeres mostraron mayor incidencia en el X que los hombres
  • La pérdida cromosómica fue 5 veces más frecuente que la ganancia.
  • No hubo correlación con la dosis, posiblemente por el factor tiempo.

Los cromosomas fueron observados por una técnica llamada bandeo G. Estudios similares [Hakoda et al, 1988; Hirai et al, 1995] establecieron que la tasa de mutación del gen HPRT era estable en el tiempo y correlacionaba mejor con el número de aberraciones cromosómicas que con la dosis recibida. Según los autores, la relación entre dosis recibida y mutación en HPRT no es lo suficientemente buena como para establecer una biodosimetría de largo plazo.

* * *

El examen de la glucoporina A (GPA) en eritrocitos parece dar buenos resultados. 1226 supervivientes analizados mostrarón una pequeña elevación en la tasa de mutación con la edad en el momento de la medición y con el número de cigarrillos fumados. Una vez eliminados estos factores, se comprobó que la tasa de mutación era ligeramente mayor en hombres que en mujeres y en Hiroshima respecto a Nagasaki, lo que venía confirmado por datos epidemiológicos sobre tumores. La correlación con la dosis era buena e independiente de sexo, edad o ciudad, y parece establecer la doubling dose para este locus GPA en 1.20Sv con un límite de detección en 0.24Sv [Akiyama et al, 1996].

Por otra parte, en este mismo experimento se observó que la correlación era mejor en personas que tenían historial de cáncer (previo o posterior al estudio) lo que parece apoyar la teoría de la mutación somática como origen del cáncer tras exposición a RI.

* * *

Otro posible buen método de medición biológica de la exposición a grandes dosis de radiación a largo plazo parece ser el ratio S (proporción entre translocaciones cromosómicas completas e incompletas, resultado de la actividad clastogénica). La validez del ratio S es debida a que estas anomalías son muy estables en el tiempo independientemente de la dosis recibida. Este método sería el ideal una vez acabada de comprobar su validez [Lucas 1998].

* * *

El análisis de los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki nos ha servido para estudiar los efectos genotóxicos del armamento atómico, aún con las limitaciones impuestas por el tiempo. El accidente Chernobyl nos da ahora la oportunidad de completar este estudio y resolver definitivamente la cuestión de la heredabilidad de las mutaciones provocadas por la radiación ionizante.

CHERNOBYL

El 26 de Abril de 1986 el cuarto reactor de la central nuclear de Chernobyl (Ukrania) comenzó a arder para ser finalmente extinguido por los 200000 likvidators (término ruso con el que se designa a las personas que intervinieron directamente en la catástrofe) catorce días después, recibiendo así una dosis media de 100mSv. Los que estuvieron expuestos a varios miles de mSv tardaron solamente unos días en morir y tuvieron que ser enterrados en ataúdes de plomo. Destino parecido sufrió el reactor, cuyo sarcófago de hormigón fue completado en Noviembre de ese año. Otras 800000 personas participaron en la limpieza – dentro de lo posible- de la zona afectada. Ukrania reconoce actualmente unos 100000 muertos dentro de su territorio a causa del accidente.

778 poblaciones han sido desalojadas hasta la fecha, contabilizando casi 200000 personas desplazadas sin posibilidad de retorno. La zona prohibida abarca 4300km2 y según los testimonios, ofrece un espectáculo dantesco, sobretodo por el alto nivel de anomalías genotípicas y fenotípicas en plantas [Sosrochyns'kyi et al,1996] y en los escasos animales supervivientes [Baker et al, 1996], aunque parece ser que el medioambiente se recupera rápidamente. La composición de los radioisótopos liberados es compleja, predominando iodo-131 y cesio-134 y 137. El primero no tiene una vida media larga (8 días), pero fue el el responsable de los efectos más intensos, tanto por cantidad como por su acumulación en el tiroides. Los isótopos del cesio, sin embargo, pueden permanecer activos durante siglos.

Los efectos derivados de la propagación de la radiactividad por el viento, cadena alimentaria, etc… son dificilísimos de calcular, pero parece claro que se extienden a buena parte del planeta… y lo peor todavía no ha llegado, puesto que aún no se han manifestado todas las posibles consecuencias del accidente: tumores malignos de pulmón, pecho, etc… estos cánceres pueden tardar hasta veinte años en aparecer, como se observó en Hiroshima.

DIFERENCIAS entre JAPÓN y CHERNOBYL

La cantidad de radiación liberada en Chernobyl supera en 200 veces la arrojada en Japón en 1945. Por otra parte, la comparación de los efectos en el organismo humano parecen arrojar tanto similitudes como diferencias en un caso y en otro. Entre otras razones, por las grandes diferencias en el tipo de radiación y el modo de exposición.

La única tasa de cáncer que parece haber aumentado de manera segura es la referente al cáncer de tiroides [Quastel, 1997; otros autores] en niños sobretodo, aunque se han detectado aumentos significativos (desde 1992) de leucemias y cáncer de Wilms, en niños también, y tumores de riñón e hígado en adultos. Por otra parte, la frecuencia de malformaciones en neonatos y embriones ha aumentado considerablemente en algunas áreas extremadamente contaminadas (Lazjuk et al, 1993 y 1994).

ANÁLISIS CITOGENÉTICOS

Hay experimentos realizados sobre likvidators que muestran gran aumento en la tasa de aberraciones cromosómicas -concretamente dicéntricos y anillos- en linfocitos de sangre periférica aunque no encuentran variación en el test de micronúcleos [Slozina et al, 1997; Schevchenko et al, 1996]. Otro estudio sobre Chernobyl muestra que la capacidad de reparación del ADN en células de la sangre es afectada por la exposición prolongada a radiación; el autor propone un método de monitorización basándose en este resultado [Plappert et al, 1997].

En general, los resultados de los experimentos citogenéticos de Chernobyl no difieren excesivamente de otros estudios realizados con RI. Sin duda la conclusión más importante para nuestros fines que podemos extraer de este accidente (y la que justifica por sí sola este apartado) es que la radiación ionizante es un mutágeno de línea germinal en humanos [Dubrova et al, 1996].

¿Cómo se dedujo? Analizando la tasa de mutación en el DNA minisatélite de familias residentes en áreas polucionadas por el accidente, con descendencia nacida en 1994. El grupo de control estaba compuesto por familias residentes en Gran Bretaña.

La ventaja de analizar este DNA es que está sujeto a una frecuencia de mutación espontánea como mínimo 1000 veces mayor que los genes que codifican para proteína (por eso se le conoce como loci hipervariable). De esta manera no se hace necesaria una gran cantidad de muestra y se obtiene mayor sensibilidad. El estudio comprobó que los hijos de los individuos irradiados mostraban una frecuencia de mutación doble a la del grupo control. Desafortunadamente no se pudo establecer la curva dosis-mutación, puesto que, entre otros factores esenciales (como el desconocimiento de las dosis exactas recibidas), la mecánica de actuación de la RI sobre el DNA minisatélite apenas es conocida.

Por otra parte, no es seguro qué tipo de radiación ha actuado preferentemente en este caso; si la aguda del I-131 o la crónica del Cs-137. Probablemente esta última, puesto que un estudio similar a este en supervivientes de Hiroshima mostró resultados negativos (Kodaira et al, 1995).

BIBLIOGRAFÍA

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26 febrero 2011

coprobox plus

Antes de ayer estrené mi flamante, brand-new COPROBOX, caja-invento para guardar periféricos (en este caso discos duros externos) sobre la que escribí hace un par de días.

Como mi temperamento es perfeccionista, en vez de fumarme un puro tras las breves pruebas de temperatura (en las que pude comprobar que a pleno rendimiento, apenas se elevaba la temperatura interior 2º cada 10 minutos) continué investigando el comportamiento térmico de la caja con pruebas más exhaustivas.

La primera bofetada la recibí midiendo la temperatura del aire del interior de la caja con los discos encendidos sin actividad. Véase la siguiente gráfica, que refleja la diferencia con respecto a la temperatura ambiente:

Como podéis ver, durante la primera media hora la temperatura ascendió al ritmo esperado, y tras pasar 30 minutos pegó un salto considerable, que al principio achaqué a un mal uso, por mi parte, del termómetro de precisión que estaba utilizando. Tras pasarme 5 minutos comprobando y recomprobando las medidas, por precaución apaqué toda la electrónica del interior de la caja para observar, horrorizado, que ni así la temperatura bajaba. A los 75 minutos del experimento abrí parcialmente la caja y sólo entonces la temperatura descendió.


Los/las que hayáis leído el artículo anterior diréis: pero animal, cómo haces la caja de madera, por mucho tratamiento ignífugo que tenga. Debo decir que razón no falta, pero una caja metálica tampoco es una solución ideal. Hay que tener en cuenta que en cualquiera de los casos el calor difunde por radiación, principalmente, y que este tipo de difusión es lenta. Aprovecho para enarbolar un principio a considerar siempre que hablemos de refrigeración de PCs y similares.

El transporte de materia, para disipar calor, siempre es más efectivo que el de energía.

Los metales suelen ser excelentes conductores del calor, y es por un motivo muy sencillo: porque la materia, cierto tipo de materia, se mueve libremente en su interior: en este caso, los electrones. Sustancias como el plástico o la madera tienen sus electrones bien fijados y siempre son peores conductores del calor. Asimismo, un gas también suele ser buen conductor térmico por el hecho de que sus partículas —de nuevo materia— se mueven con total libertad, aunque con ciertos matices que no se deben ignorar; o si no los cristales dobles para aislar térmicamente no tendrían sentido.

Es por eso que los mejores disipadores para CPU no se suelen limitar, como antiguamente, a un abanico o apilamiento de superficies de cobre o aluminio, sino que en su interior contienen un líquido a temperatura ambiente que, al elevarse unos grados, se convierte en gas. De ese modo el transporte de calor se convierte en transporte de materia que recircula de un extremo a otro del disipador.

un disipador pasivo (o sea, sin ventilador) sonic tower, basado en el principio que acabo de describir, montado en mi anterior CPU. circa 2008.

Pero esto no significa que una caja de metal sea un excelente medio para la disipación de un PC: y es por el hecho de que tiene que haber una buena transferencia de energía entre el gas caliente del interior de la caja y las propias paredes de esta. Ese es el motivo de que la publicidad de las cajas PC de aluminio por la excusa de la refrigeración sea bastante engañosa. No sólo no disipa mucho mejor que el acero, sino que suelen ser bastante menos robustas y, en algunos casos, vibrar excesivamente por el traqueteo mecánico en el interior del ordenador, lo que se conoce como aluminium hum.

Respecto a la transferencia de gas, basta con hacerse una pregunta: Si el gas transporta muy bien el calor porque la materia se mueve libremente, ¿por qué las ventanas las hacen dobles con aire en medio?

La respuesta es doble: 1) los gases son muy poco densos, con lo que el transporte de materia-energía neto requiere que se haga a gran velocidad mediante el uso de un ventilador o de diferencias de presión relativamente intensas. Y 2) la geometría del sistema debe ser tal que el aire pueda circular con facilidad.

Los cristales dobles efectivos tienen todos una particularidad: la distancia entre cristales es de sólo unos milímetros. De este modo, es casi imposible que se formen corrientes de convección. Vecinos que ingenuamente ponen ventanas dobles, una en cada borde del alféizar, consiguen cierto aislamiento acústico, pero no térmico, ya que en el palmo de espacio entre las ventanas se forman corrientes que transportan el calor.

foto de hace unos años de cuando estaba obsesionado con la temperatura y el silencio. sí, es mi casa. mola, ¿eh? circa 2006.

¿Y qué fue lo que ocurrió en mi magnífica COPROBOX? Pues que al principio se formó una pequeña diferencia de temperatura entre la parte inferior y superior que favorecía la lenta salida de aire caliente por los agujeros de la parte superior. Esto era lo esperado. El problema es que llegado cierto punto en el que todo el aire alcanzó una temperatura similar, se formaron turbulencias, de tal modo que el flujo de aire pasó de ser más o menos dirigido a ser caótico. De ahí el principio número dos:

Evita las turbulencias.

El lector/a ingenuo pensará: joer, pon un ventilador y ya está.

Pero es que no basta con poner un ventilador, ya que este se debe colocar de modo adecuado. Poner un ventilador de hecho puede disminuir o aumentar la turbulencia; y eso sin contar con el propio calor que genera el motor del ventilador. Así que el anterior principio se debe formular así:

Evita las turbulencias extrayendo el aire de la caja, no introduciéndolo.

Cuando soplamos por una pajita dentro de un vaso, se forman un montón de burbujas muy divertidas. En realidad, lo que estamos viendo es la formación de turbulencias violentas en el líquido. Si por el contrario chupamos de la pajita no sólo no salen burbujas, sino que favorecemos lo que se denomina un flujo laminar, por el cual las partículas del líquido tienden a moverse siguiendo trayectorias uniformes.

Mucha gente que monta ordenadores e intenta refrigerarlos bien tiene la costumbre de poner un montón de ventiladores, unos extrayendo aire caliente y otros introduciendo aire frío. Esto es un ERROR, ya que es más efectivo SIEMPRE extraer el aire.

En todo caso, esta estrategia sólo tiene sentido cuando queremos que el aire se mueva con más intensidad en ciertos componentes, y esa es la razón de que el propio chip de la CPU tenga un potente chorro de aire encima. Pero eso no tiene que ver en realidad con sacar o meter el aire de la caja, sino con favorecer el intercambio de calor en ese componente concreto.

Aun así, siempre que haya más ventiladores sacando que metiendo no estaremos metiendo mucho la pata. Y si el chorro de aire frío va directo, canalizado, a la CPU u otros componentes generadores de mucho calor, entonces sí lo estamos haciendo bien. Pero un ventilador que mete aire hacia dentro porquesí, sin estar orientado a un componente concreto, de poco sirve.

En definitiva, nos interesa siempre crear presión negativa, dentro de la caja, de tal modo que el aire caliente salga como un gran chorro dirigido y el aire frío entre a través de ranuras y agujeros estrategicamente colocados.


Toda esta parrafadísima es para justificar por qué acabé añadiendo un pequeño ventilador a la parte trasera de mi espléndida COPROBOX y así convertirla en la COPROBOX PLUS. Por supuesto, extrayendo el aire, no introduciéndolo.

si leer el artículo anterior os dió pereza, aquí repito la foto que puse en él del insigne cacharro de mi invención.

No tuve necesidad de gasta un euro para hacerlo, aparte del esfuerzo de hacer el agujero (y malograr ligeramente la estética de mi preciosa caja, aunque tal como está colocada no se ve) ya que utilicé un ventilador de CPU de 8cm que saqué de un ordenador viejo y un viejo cargador de NOKIA como fuente de alimentación. La manera de conectarlo, empalmando cables y vigilando la polaridad, es tan elemental que no me voy a molestar ni en esquematizarlo.

El ventilador funciona a 12V, y el cargador (esto puede variar) de 5V. Con esto me aseguro un flujo de aire constante sin forzar el ventilador, de modo que no haga demasiado ruido. Esto es porque un ventilador de estos, cuando recibe 12V, suele girar a unas 2500rpm. Con 5V, se reduce a menos de 1500rpm. Y así mete menos bulla que el propio ordenador, con lo que ni se oye.

Monitorizando la temperatura de los discos duros externos mediante software, obtuve esta gráfica de temperatura absoluta en relación al tiempo ANTES de montar el ventilador, y con los discos inactivos:

Como se puede ver, el ascenso de temperatura es bastante considerable; pero lo peor es que tras apagarlos a los 30 minutos de conectarlos, una hora después todavía estaban relativamente calientes. La diferencia entre ambos discos es debida a que son de casas distintas y a que uno está debajo del otro. Aunque existe hueco entre ellos, esto hace que el inferior se caliente más.

Una vez instalado el ventilador, repetí las medidas, obteniendo esta gráfica (en clarito, la gráfica anterior para que se compare mejor):

Se puede ver que la temperatura tope es ahora unos grados menor. Pero lo importante es la bajada de temperatura, mucho más rápida, tras apagar los discos duros dejando el ventilador de la caja encendido, que funciona siempre que la regleta esté conectada.

Y no veáis lo que mola poner la mano sobre la caja y notarla fresquita.


La moraleja es:

Vigila la temperatura de tus discos duros.

La vida útil de un disco duro depende enormemente de la temperatura a la que suelen trabajar, y NUNCA deberíais dejar que superara los 40º de manera permanente.

Aun tengo por hacer una comparativa exhaustiva de software de monitorización de temperatura de discos duros, así que voy a dejar la recomendación para un futuro artículo. Espero que toda esta información os haya sido útil.

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25 septiembre 2010

remasterizando grabaciones orquestales

archivado en: Análisis Audio Música

Por favor, escucha con atención el siguiente audio: es un fragmento de la grabación que vamos a remasterizar.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Acabas de disfrutar del principio del Concerto Grosso para Cuarteto de Cuerda y Orquesta, compuesto en 1958 por el compositor avilesino Julián Orbón, en la versión realizada por el Cuarteto Latinoamericano y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela dirigida por Eduardo Mata.

No sólo estamos hablando, por tanto, de una interpretación de primer orden, sino también de una grabación de excepcional calidad realizada en 1993 por la que quizás es una de las mejores compañías especializadas en la mal llamada música clásica: Dorian Recordings.

El propósito de este artículo es doble: por una parte, comentar algunas tendencias en grabación de sonido, con sus virtudes y defectos. Por otra, explicar como en algunos casos concretos de grabaciones orquestales podemos adaptar estas a un propósito muy distinto del original.


Existen dos tendencias opuestas a la hora de grabar música, cada una de ellas asociadas a dos estilos muy distintos como puedan ser el pop y la música orquestal.

Desde los años 80, a pesar de los crecientes y cada vez más baratos medios técnicos, la grabación de música pop se caracteriza por las llamadas loudness wars, que no son más que una absurda tendencia a hacer que la música suene cada vez más alta a costa de perder su dinámica; hasta el punto de que hoy en día cualquier canción de la radio suena con el mismo volumen —ensordecedor— de principio a fin.

Dentro de la música orquestal la tendencia es justo la contraria: respetar en lo posible la experiencia original de escucha. Esto sin duda es bueno, pues de este modo se garantiza que la experiencia sea lo más fiel posible, lo más parecido a estar en una sala de conciertos. Sin embargo esta filosofía tiene su lado negativo, ya que condiciona el uso de aparatos reproductores de alta fidelidad a un volumen adecuado y en un ambiente completamente silencioso.

¿Por qué es así? porque precisamente la fidelidad a la dinámica, el respeto a las secciones musicales que suenan a volúmenes muy diversos, provoca que este tipo de grabaciones no se puedan escuchar en ambientes como pueda ser el interior de un coche, lugar que como un gran ingenierio de sonido definió, es el peor lugar donde se puede escuchar música. Más aún, existe un adagio que asegura que si una grabación suena bien en un coche, probablemente suena bien en cualquier otra parte.

La compañía Dorian Recordings, responsable de esta producción del Concerto Grosso, sigue una curiosa política a la hora de grabar sus discos: hace uso exclusivo de dos micrófonos digitales de altísima calidad (que cuestan lo que usted y yo ganamos en varios meses) cuya señal no es posteriormente procesada de ningún modo… y que además están situados en el centro de la sala de conciertos donde se ejecuta la interpretación. Esto, como ya he explicado, es en aras a simular, dentro de lo posible, la experiencia de un oyente que se encontrara en la misma sala durante la grabación.

No obstante, ésta sólo se puede apreciar correctamente en un ambiente perfectamente controlado como el ya descrito. No se puede escuchar bien en un coche, como mencioné antes, o con unos auriculares mientras caminamos por la calle.

Así que voy a proceder a explicar como, mediante el uso de herramientas informáticas relativamente sencillas u otras equivalentes, podremos modificar cualquier grabación original, exquisita, delicada, para convertirla en una especie de grabación todoterreno susceptible de ser escuchada en cualquier ambiente. Y como no, pondré de ejemplo la pieza que hemos tenido ocasión de escuchar al principio del artículo.

Por otra parte, y esto es preferencia personal, voy a explicar también como mover esa grabación de su pretendida ubicación original, que es el patio de butacas, para ubicarla, virtualmente, en el puesto del director de orquesta, el personaje que, en teoría, es el que mejor la escucha.


Este primer gráfico, realizado con un magnífico programa llamado Har-Bal, refleja el espectro acumulado de la grabación original. En él la línea amarilla representa la magnitud de los picos presentes a cada frecuencia, y la línea verde la potencia RMS (root mean square), que no es más que la raíz de la media del cuadrado de la onda en cada frecuencia. Esta línea verde es muy importante pues es análoga a la intensidad real percibida por el oído.

Debería llamarnos la atención la horizontalidad de ambas lineas en el rango de 150 a 2000Hz: ahí se recoge la mayor parte de la información musical, y en ese sentido la grabación es absolutamente impecable.

Sin embargo, vemos que la caída de ambas líneas a partir de 2000Hz es exagerada. Es decir, falta tanto el brillo de algunos instrumentos, como los violines y los vientos-metal, como la sensación de estar ahí, de directo, que se expresa siempre por encima de los 10000Hz. Esto es por el hecho de que el aire suele absorber esas frecuencias en el momento que estamos a cierta distancia de la fuente de sonido, lo que es lógico si asumimos que los micrófonos se encontraban en el medio de la sala, a muchos metros de la orquesta.

Por otra parte, en la zona de los bajos vemos una caída también espectacular y una gran distancia, con respecto al resto de la gráfica, entre ambas líneas, lo que es especialmente notorio en el pico que se encuentra justo debajo de los 50Hz y que corresponde al timbal de la percusión, muy presente a lo largo de toda la obra. Este aumento de la distancia entre el valor pico y el valor RMS lo encontraremos siempre en instrumentos pinzados y percutidos, precisamente por la altura del “golpe” inicial.

Debo decir en este momento que, personalmente, considero el Concerto Grosso de Orbón absolutamente espectacular, brillante, vibrante; incluso, permitiéndome ser poético, con sabor a jungla. Y por eso la he elegido. Porque es una pena que esa información sonora, el brillo, el aire, se pierda. Así que procederemos a, entre comillas, “arreglarla”.


El primer paso será subir los agudos para así, virtualmente, acercarnos a la orquesta y situarnos en el puesto del director. Eliminaremos, por así decirlo, el aire intermedio.

El siguiente será nivelar la línea verde de tal modo que quede como en la gráfica siguiente: perfectamente nivelada, en el primer tramo, a -40dB, para luego efectuar una caída suave a partir de la zona de 1000 hasta los 10000Hz, donde rozará los -50dB. Esto es para que a la hora de comprimir, que será nuestro siguiente paso, situemos el umbral de compresión precisamente a partir de esa línea y así acercar/aplastar la línea amarilla de picos hasta dejarla más o menos paralela a la verde.

Esa caída suave en las frecuencias agudas, una vieja regla en masterización, impide que la música sea tan brillante que resulte desagradable a lo largo de un tiempo. Todas las buenas producciones la tienen, aunque en función de la mezcla la pendiente puede ser mayor o menor: en ese sentido no existe una regla fija.


Las siguientes capturas muestran los valores que he asignado al compresor multibanda Izotope Ozone, con el que la música será comprimida para aplastar esos picos. A mucha gente no le parece bien la compresión de la música orquestal. Yo creo, no obstante, que una compresión bien hecha siempre hace que la música suene mejor y se distingan mejor muchos detalles.




Como se puede ver, he puesto una gran pendiente, de factor 2:1, a partir del umbral de compresión, que en el caso de cada banda se aproxima al de la posición de la línea verde, la intensidad RMS, del espectro anterior. He tenido especial cuidado en los parámetros de ataque y liberación de los compresores, que son de unos 5ms y 100ms respectivamente, para evitar que la música “bombée” y también para añadir cierto punch, suavísimo, al ataque de los instrumentos.

Por otra parte hay que tener mucho cuidado en la señal de salida, que he bajado unos 12dB respecto a la de entrada, de tal manera que no se produzcan cortes de los picos. Y diréis ¿y por qué subio 18dB cada banda para luego bajar 12dB a la salida? ¿No sería mejor tocar nada y limitarse a normalizar la salida? Ya, pero es que de este modo hacia -60db puedo ver la puerta de ruido adicional que añado con una pendiente también 2:1 (en realidad, inversa a la de la compresión) para minimizar el ruido en las partes más débiles.

Adicionalmente he separado progresivamente los canales izquierdo y derecho de las frecuencias altas, como se refleja en el gráfico anterior: esto es porque el director percibe los instrumentos más separados que el oyente. Y también he juntado los canales en las bajas frecuencias para que suenen en mono. La información estéreo en este rango no suele aportar nada y de este modo los altavoces, que siempre pasan dificultades con los graves, trabajan al unísono apoyándose mútuamente.


Llegados a este punto, tras la compresión, apetece tirarse a maximizar la mezcla. Pero no lo voy a hacer sin antes comprobar como ha afectado la compresión a la ecualización. Esto hay que hacerlo siempre, aún a pesar del argumento de que demasiado proceso se acaba cargando el resultado. Véase lo que ha pasado:

En primer lugar, la suave pendiente de los agudos se ha aplanado un poco. Esto no suele ser bueno porque la que ya expliqué del cansancio de los oídos. Así que habrá que corregirlo.

Por otra parte, a la izquierda tenemos todavía parte importante del pico del bombo. A la hora de la verdad, a no ser que tengamos un subwoofer estupendo y nos guste la sensación de aire en el estómago, podemos desdeñar todo lo que esté por debajo de 50Hz porque pocos parlantes pueden reproducirlos y todo lo que esté en esta zona no hace más que añadir volumen a la mezcla… volumen que no oiremos y que además se restará a las bandas audibles. Por eso me lo cargo.

Tras ecualizar convenientemente eliminando los subbajos y bajando ligeramente los agudos obtendremos esta pequeña maravilla de espectro, muy parecido a los que conseguía Alan Parsons a base de puro oído:


Ya sólo queda el proceso de maximización. La onda final sólo tiene dos picos puntuales demasiado intensos y una zona central bastante prominente. De todos modos no se debe respetar mucho esa zona porque en el caso de esta pieza concreta es bastante estridente de por sí (consiste en la orquesta entera “llamando a la puerta” de manera obstinada) y el corte de esos picos apenas se notará.

Así que ajustando el maximizador (suelo usar el L2 Ultramaximizer de la increíble casa Waves) con los parámetros siguientes…

…obtenemos esto:

Comparando la onda de la grabación original con el resultado final se ve claramente el profundo efecto que ha tenido la compresión sobre las zonas de menor volumen; pero también como la dinámica de la grabación a grandes rasgos se conserva.

La grabación ahora no sólo es mucho más brillante y envolvente, en parte por la intención de desplazarnos virtualmente de la posición de oyente a la de director de orquesta: la intensidad total de la pieza se ha elevado de -28RMS de potencia media hasta -20RMS. Estos 8dB de diferencia implican casi el doble de volumen percibido. ¡Ya podemos escucharla en cualquier parte!

Por supuesto, no voy a acabar el artículo sin poner un audio que muestre, alternando, las diferencias entre la pieza original y el remaster realizado:

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