Este no es un artículo de carácter técnico. Al contrario, es más bien didáctico. De ahí el título.
¿Por qué lo escribo? Porque cada vez soy más consciente de que la gran mayoría de la gente no se apercibe de la importancia de la producción en música, así como en cine no suele reconocerse el importantísimo papel del montador, por poner un ejemplo. Y también por un motivo personal: Bea, si me estás leyendo, que sepas que tu “Gracias por desatrancarme [sic] el oído a lo largo de este tiempo” es de las mayores satisfacciones que he tenido últimamente.
Si hiciéramos una encuesta por la calle preguntando el nombre de algún productor musical, mucha gente no contestaría; y en el caso de hacerlo la única respuesta sería probablemente Phil Spector, famoso por ser el productor del Let It Be de los Beatles pero más aún por sus escándalos.
Entonces… ¿qué es la Producción Musical? Buscando en internet es posible encontrar muchas definiciones más o menos completas, pero baste esta: Es el conjunto de todos los elementos y procesos que determinan la forma final de una pieza musical en el ámbito de la industria discográfica.
Y la función del Productor es precisamente tomar decisiones (inteligentes) sobre estos elementos y procesos, sin tener que ser él mismo, necesariamente, el que pone la pasta. De hecho, tanto en cine como en música, el que maneja el dinero toma el nombre de Productor Ejecutivo, para distinguirlo del primero.
Un productor bueno es capaz de convertir una basura en algo que suena bien; una simpleza en algo con gracia; una pieza complicada y barroca en accesible al gran público; etc, etc… Y lo contrario también es cierto: una mala producción puede convertir un proto-temazo en una caca infame.
Y esto es tan cierto que en ocasiones, cuando he encontrado un buen tema y me he puesto a examinar otros del mismo músico o banda, me he llevado un chasco. Para finalmente, buscando otros del mismo productor, acabar dando con temas de similar calidad.
De hecho, existen productores con un sonido tan característico que es posible hasta identificar su presencia incluso cuando trabajan con artistas cuyo sonido es de lo más dispar. A mí me ocurre con el increíble (reverencia) Trevor Horn, que alcanzó gran fama en los 80 con su sonido limpísimo y cuyo éxito más reconocido es Video Killed the Radio Star. Invito al lector/a con tiempo y ganas a que se escuche atentamente estos dos álbumes: Buggles – The Age of Plastic y Yes – Drama. En ambos reconocerá el sello personalísimo de este artistazo de las postrimerías de la era analógica.
Como dije al principio del artículo, no me voy a poner espeso describiendo tooodos los factores que forman parte de la producción musical, pues eso daría para varios blogs y sería pretencioso por mi parte, ya que aunque me he autoproducido algunos temas, pocas veces he tenido que lidiar con el factor más complicado de todos, que es el humano. Y no vea usted el tamaño que puede tener el ego de ciertos músicos. Más grande que el mío, incluso, que ya es decir.
Lo que sí puedo asegurar, y la mayoría de los productores profesionales estarán de acuerdo conmigo, es que de la idea inicial al producto final muchas veces no hay un abismo: hay dos abismos.
Así que simplemente voy a poner un ejemplo ilustrativo, que es el de la evolución de una misma canción a lo largo de los años, con el fin de expresar como la distinta manera de producirla ha determinado precisamente eso: la obtención de productos muy distintos, sin dejar de tratarse de la misma pieza. Hablo de Im Nin’alu, la pieza más famosa de la desaparecida y adorable Ofra Haza, cantante israelí mundialmente reconocida.
Este primer vídeo está sacado de la TV y es del año 1978. Se podría hablar de una versión primigenia de la canción, pero eso sería erróneo, ya que estamos hablando de un tema y una letra con raíces populares de siglos de antigüedad y que originalmente nisiquiera utilizaba afinación occidental. Así, el aire folkie y relativamente primitivo de esta interpretación ya corresponde a una evolución con respecto a la composición original. Dale al play:
Si antes de escucharlo no te dabas cuenta de qué canción se trataba, es muy probable que la hayas reconocido de inmediato, pues es realmente conocida. Aun así, habrás notado que le faltaba algo y te ha sonado como una canción más, no como algo especial. ¿Qué es ese algo? Dale al play en el siguiente video, correspondiente a la producción de 1984 contenida en el álbum Yemenite Songs:
El comienzo a cappella en esta versión refleja muy bien las raíces tradicionales de la canción, incluso en el uso de la escala natural. Luego vemos como la producción se hace más popera, con atisbos de electrónica limitados a la percusión (¿a cuento de qué?) y algún sampler ocasional. Pero lo que realmente le da personalidad es algo que no teníamos en la anterior versión: cuando llega el momento del estribillo, con ese La larguísimo (comienza en el minuto 1:16) que Ofra acaba adornando con trinos y gorgoritos, se aprecia una línea de bajo (Fa… Re#… Re… Do#… Do… y bajando) que es la que le da todo el carácter al tema.
Si el estribillo en el anterior tema carecía de toda gracia, de repente la adición de un mero puñado de notas convierte un tema del montón en algo mucho más especial, en algo que destaca. Desconozco completamente si esa línea de bajo fue idea del propio bajista o de otra persona, pero desde luego el productor estuvo de acuerdo en que ahí tenía oro. Este es un ejemplo de cómo algo aparentemente tan nimio puede acabar afectando a la esencia de una canción y convertirla en un éxito.
Posterioremente llegaría la versión que todo el mundo conoce, la original de 1988 de su primer disco con proyección internacional, Shaday. Play, please:
El sonido con vocación electroacústica de la anterior versión ha sido sustituido por uno mucho más electrónico, muy al gusto de la época. Aquí el productor decidió acogerse a la moda imperante en aquel año, y no duda en usar y abusar de los primitivos samplers del momento (fíjate en esa especie de ladridos electrónicos que acompañan a la voz de Ofra), pero no prescinde, y hace muy bien, de la línea de bajo que hace que el estribillo nos guste tanto a todos.
De todos modos, si hubiera que juzgar esta producción, habría que considerarla excesiva, overproduced que dicen los anglosajones. Esto se refiere al hecho de que suena muy pero que muy artificial. La anterior versión de la canción, la electroacústica, se puede reproducir en directo, sobre un escenario, sin mayores complicaciones. Esta, no: ha habido demasiado tijera y pegamento, demasiada sofisticación, muchas horas en el estudio. De hecho, el disco original, Shaday, contiene temas de dos productores distintos. Y si lo escuchamos atentamente, es posible comprobar como cambia el sonido de unos temas a otros en función de las manos por las que ha pasado.
En el año 1997, tres años antes de su muerte, salió una nueva versión de Im Nin’alu. No es demasiado distinta a la anterior, aparentemente, pero si en aquella la parte electrónica era una exhibición de fuegos artificiales y del estado de la casi recién aparecida tecnología digital, en esta versión, aunque mucha más comedida, se aprecia inequívocamente como poco antes de fin de siglo la informática por una parte ya se ha adueñado completamente del proceso de mezcla y efectos, y por otra ya ha adquirido una cualidad mucho más orgánica que en sus comienzos. Play, play:
Para finalizar el artículo creo que viene de perlas este último video que encontré de casualidad y cuyo origen no tengo muy claro, pero que corresponde a la versión unplugged… ¿Te acuerdas de cuando todos los grupos sacaban versión unplugged? Es que en la producción musical también hay modas.
Pongo este video como ejemplo de equivocación garrafal. La línea de bajo que le daba carácter a la canción ha desaparecido, y en su lugar han puesto unas cuerdas con una armonía mucho más previsible y ramplona, quizás con la intención de distinguirla de otras versiones. El resultado es que la canción cambia com-ple-ta-men-te y pierde toda la gracia. Hala, play:
Espero que este pequeño artículo y el ejemplo que lo acompaña hayan servido para destacar la importancia y relevancia del concepto de producción musical.
Si hace un par de artículos hice una brevísima valoración de la evolución de las historias de Tintín, ahora toca hacerlo con otro personaje que, al contrario que aquel, se elevó a las más grandes alturas en sus primeros álbumes para luego precipitarse a un abismo del que no parece tener intención o posibilidades de salir.
Los orígenes de Superlópez, como de muchísimos otros personajes de cómic, fueron extremadamente humildes. Su creador, Jan, o sea, Juan López Fernández, oriundo de El Bierzo, en León, recibió en 1973 el encargo por parte de la editorial barcelonesa Euredit de hacer una parodia de Supermán, pasando poco después a ejercer en Bruguera.
Estas primeras historias estaban gravemente constreñidas por el formato impuesto: monocromo, sin diálogos, cuatro viñetas al principio que con el tiempo se convertirían en un par de páginas, y un humor blanquísimo muchas veces guionizado por Conti (que siempre se negó a firmarlo como tal) y otros clásicos de Bruguera. Esta delegación del trabajo del guión parece ser que fue debida a las continuas desavenencias de los responsables de Bruguera con las historias pergeñadas por el propio Jan.
De todos modos, los rasgos básicos del personaje estaban allí, a pesar de lo apolillado del dibujo: el bigote, la narizota, el trabajo de chupatintas en una oficina y las responsabilidades matrimoniales; pues de aquella Superlópez estaba casado. Por otra parte, de aquella sus poderes eran más fantasiosos que reales.
Esta etapa duró unos 5 años bastante frustrantes hasta que en 1978 la editorial confió en él para realizar una serie de aventuras más largas y a color que permitieron al personaje expandirse agusto. Las historias se encargaron a Francisco Pérez Navarro (Efepé) y del dibujo se hizo cargo Jan, por supuesto, pero esta vez en un estilo mucho más fresco, fluido y hasta obsceno.
Ciertamente el grafismo de Superlópez es inconfundible: no sólo por el sentido del dinamismo, el volumen y la presencia que destilan las imágenes, a pesar de parecer dibujadas con un pincel que en manos de otro dibujante parecería demasiado grande y grueso. Pero que en manos de Jan producen un trazo orgánico, blando y, hasta cierto punto, guarro dentro de su limpieza. En ese sentido, la única referencia que encuentro próxima a Jan es el grandísimo Robert Crumb.
El primer álbum largo, Aventuras de Superlópez (1979), contiene ocho historias cortas que básicamente son parodias de las de los superhéroes americanos clásicos. En ellas Efepé recurre al humor de bofetadas y a la torpeza o imprevisión del protagonista para producir la carcajada, mientras que Jan, con su estilo ya perfectamente definido, practica un humor visual costumbrista, cafre y hasta gamberro por momentos.
El éxito fue inmediato y allanó el camino para el siguiente álbum, que se fue un poco de las manos de sus creadores y fue publicado en dos partes, como curiosa excepción dentro de la criticada política de Bruguera con respecto a sus exigencias a los dibujantes. El Supergrupo (1979) y ¡Todos Contra Uno, Uno Contra Todos! (1979) siguieron con el espíritu paródico del anterior, pero esta vez en una historia larga, más rica en personajes y con una trama bastante sólida. Sin embargo no fue de la total satisfacción del dibujante.
A partir de ese momento Jan decidió tomar control total sobre el personaje prescindiendo de Efepé. Y no lo hizo mal, quizás porque en el fondo no se desvió demasiado de las aportaciones narrativas de este y de la personalidad, ya madura, que Efepé había creado para Superlópez. De hecho, un lector que no esté sobre aviso apenas nota el cambio de guionista de una historia para otra.
Los siguientes álbumes fueron abandonando progresivamente el elemento paródico en favor de una esencia propia para el protagonista y un mundo algo surrealista.
Así, Los Alienígenas (1980) no corresponde a una parodia de ninguna obra concreta de invasión extraterrestre, pero pocos son los tópicos sobre el tema que se libran del recochineo.
Es en El Señor de los Chupetes (1980) donde el elemento paródico, en este caso de El Señor de los Anillos, vuelve a ser central en la historia. Y también es el primer álbum donde vemos cierta intención moralizante, aunque en segundo plano: ya que el Señor de los Chupetes domina a los seres humanos a través de la explotación de sus vicios.
Y es entonces cuando llegamos a La Semana Más Larga (1981), la que para mí no es sólo la mejor aventura de Superlópez, sino una joya de la Literatura con mayúsculas. Tiene un guión endiablado, bien enhebrado, divertidísimo, satírico; un sentido inmejorable del ritmo y del chiste recurrente; variedad de tonos, desde el costumbrista hasta el onírico pasando por el autorreferencial (“¡Esto lo resuelvo yo en quince viñetas!“); personajes coherentes y bien ubicados; un dibujo excepcionalmente fluido, etc…, etc… Sin duda esta obra no tiene el reconocimiento que se merece.
El altísimo estándar de calidad se mantendría durante las siguientes historias, sin duda muy divertidas, pero en las que ya se aprecia cierto agotamiento de ideas y un aumento gradual de la moralina: Los Cabecicubos (1982), sátira del totalitarismo; La Caja de Pandora (1983), donde de modo un tanto sorprendente los dioses mitológicos entran a formar parte del universo de Superlópez; La Gran Superproducción (1984), parodia del mundo cinematográfico.
A muchos lectores que conocen estas obras les puede sorprender que asegure que ya se observa cierto agotamiento, pero tengo mis razones: En La Semana Más Larga el universo de Superlópez alcanza la máxima definición, por no decir realismo, y coherencia interna; pero en las siguientes obras este mundo pierde solidez y se sale por la tangente en aras de la historia: no había ninguna necesidad de que la oficina en la que trabaja López se convirtiera en un partido político o en una productora de cine, ni tampoco hacían falta dioses mitológicos para contar lo que se puede contar con este personaje.
Y en cierto modo esto ocurre porque Superlópez se va haciendo esclavo de sus secundarios a la vez que, cada vez más y más, adapta los personajes a la temática de cada álbum, en vez de hacerlo alrevés. Algo parecido a lo que ocurre en los Simpson: si en los primeros años de esta serie de TV los personajes secundarios, que ya eran conocidos por todos los seguidores de estos dibujos, sólo aparecían cuando era estrictamente necesarios, a partir de cierta temporada parece que es imprescindible que en cada episodio salgan todos los secundarios diciendo su frase. Y así no se puede desarrollar una narración en condiciones.
Esto se hace muy evidente en la historia que marcó el principio de la decadencia: Al Centro de la Tierra (1987). No sólo han pasado cuatro años desde la anterior aventura. Bruguera ha quebrado en 1985, Ediciones B ha tomado el testigo poco después y Superlópez no sólo sigue en la brecha, sino que, aparentemente, todas las restricciones amargas que su creador experimentó en la época anterior han sido sustituidas por un reconocimiento rayano en la carta blanca, incluyendo la creación de una revista propia.
En Al Centro de la Tierra, a pesar de su cuidada edición (especialmente por el color) tenemos un guión previsible (ya que es una adaptación casi fiel de la novela de Verne), repetitivo, aburrido y absurdo: Y en parte por la esclavitud de los secundarios que mencioné, ya que en la expedición acompañan a Superlópez Jaime y Luisa, sus compañeros de oficina, introducidos a calzador en un periplo que no les corresponde.
Esta tendencia se verá reforzada en los siguientes álbumes por tres factores que Jan se emperra en incorporar en cada álbum y que, en principio, serían positivos si estuvieran bien utilizados.
El primero consiste en un verismo y un esfuerzo documental creciente que se traducen exclusivamente en un dibujo cada vez más realista, detallado y trabajado, con cierta obsesión en los elementos arquitectónicos. Pero este verismo no llega al guión, cada vez más previsible, ramplón y constreñido a los citados secundarios omnipresentes. En alguna parte he leido al respecto que Al Trapone, el mafioso, se convierte en un personaje recurrente a lo largo de un sinfín de números.
El segundo factor, a priori positivo, pero que se acaba torciendo, es el tono cada vez más didáctico. Si en las primeras aventuras cierta moralina o la aparición de ciertos mensajes (“No Fumes: Lee“) se limitaban a permanecer entre líneas o a figurar como detalles de fondo, ahora se convierten en mera arenga al lector, llegando incluso a romper la cuarta pared con declaraciones un tanto casposas y sin matices. Hay hasta álbumes enteros que estarían muy bien si fueran panfletos pagados por la FAD, pero que como tebeos de evasión dejan mucho que desear.
El tercer factor es el que acaba de destruir al personaje; y es la absoluta obsesión con los temas de actualidad. El propio Jan reconoce que se inspira de modo consciente y primordial en las noticias de los medios, y las polémicas propiciadas por estos, a la hora de crear sus historias.
De este modo, los últimos álbumes de Superlópez consisten exclusivamente en la revisión de hechos más o menos relevantes como internet, la catástrofe del Prestige, la especulación inmobiliaria o la obsesión con la gripe A. Sin duda muchas de estas historias ya han envejecido en el momento de su publicación, ya que la fábula, en vez de universal, es demasiado concreta y referida al momento. Un niño que las lea en el futuro probablemente sea incapaz de pillar el mensaje.
Hay quien disculpa al autor (yo no) por ciertas historietas que destacan dentro de este panorama desolador, como la de los Petisos Carambanales (1987). Quizás me cogió siendo menos niño (yo tenía 14 años cuando se publicó, y ya sólo compraba underground de aquella… cuando tenía pasta para ello) y me pareció un tanto infantil, aunque refrescante sin duda.
Mi rotura definitiva con Superlópez se produjo con el número dedicado a la actualidad de aquel entonces: Tyrannosaurus Sect (1994) que hablaba, como no, de dinosaurios y sectas, recientes como estaban Parque Jurásico y el asalto a los davidianos en Waco.
Cayó en mi mano de casualidad, pues el hermano de un amigo al que visitaba con frecuencia compraba los tebeos de Superlópez. Lo leí un tanto deprisa y corriendo, comprobando que aquello no sólo no llevaba a ninguna parte sino que además carecía de todo lógica… hasta unas páginas antes del final donde nos encontramos ESTO:
La historia acaba con una especie de número de vodevil, se supone que a petición del lector. Desconozco la motivación de Jan para tratarle de este modo, que supongo que tendrá mucho que ver con cierto quemazo asociado a ganarse las lentejas y a las presiones editoriales. Pero tras este insulto final, jamás volví a abrir otro Superlópez que no correspondiera a uno de los primeros nueve números.
Ojalá Jan hubiera hecho como Robert Crumb con el Gato Fritz: matarlo con un picahielos cuando llegó a lo más alto de la fama y ante la amenaza de perversión inminente de su espíritu por culpa de un marketing irrespetuoso. Crumb amaba demasiado a su personaje como para hacerlo envejecer alienado.
Superlópez, en cambio, es un zombi con más de cincuenta álbumes que se debería haber retirado hace cuarenta. Pena.
Los que nacimos en las décadas de los 60 y los 70 tenemos referencias literarias y comiqueras comunes; más que nada por la escasez de opciones que existían en el mercado.
Así, recuerdo que hasta que descubrí el underground a los 8 años (es una divertida historia que algún día contaré) los cómics que conocía eran básicamente Mortadelo y Filemón, acompañados por el resto de personajes de la editorial Bruguera (Zipi y Zape, Benito Boniato, Anacleto…) y, ya en otra liga, los de tapa dura, más prestigiosos: básicamente, Astérix y Obélix y Tintín. Algunos amiguitos tenían Don Mickeys, pero a mí nunca me llegaron a implicar demasiado.
Con ojos de niño las cosas se ven diferente que con ojos de adulto, claro está. Recuerdo que de renacuajo yo pensaba que el número de cuentos —así los llamaba— de Mortadelo y Filemón era inmenso, infinito, de tantos que parecía haber.
Sin embargo con los de tapa dura no me pasaba, ya que solían tener en la parte de atrás la lista de títulos publicados, con lo que me quedaba claro que se trataban de colecciones finitas. Pero eso no quiere decir que fuera consciente de que se trataba de personajes e historias que evolucionaban como sus autores; o tan siquiera que muchos álbumes ya tenían décadas de antigüedad cuando yo los leía, ya que para mí eran siempre de ahora mismo.
Empecé a plantearme que había una evolución de los tebeos cuando cayó en mis manos, todavía bastante niño, el primer álbum de Asterix, con su dibujo un tanto feo y desaliñado. Asimismo asistí fascinado al nacimiento de Tintín la vez que leí, con unos 12 años, una edición facsímil de Tintín en el País de los Soviets. Ya de aquella, y con mi formación política nula —normal a esos años— deduje que algo no andaba bien en esa historia.
Y es hoy que con ojos de adulto vuelvo a leer estas historias y me doy cuenta de muchas cosas: de la mala baba y de los innuendos de Goscinny en Astérix, de como Uderzo hacía caricaturas de personajes que eran de actualidad en el momento de su publicación, de las traducciones de juegos de palabras de Jaume Perich y otros datos que se me habían pasado totalmente desapercibidos durante la infancia.
Pero es Tintín el que se me hace mucho más fascinante ahora que cuando era niño.
Se ha dicho y opinado mucho sobre Hergé y Tintín, y su evolución como dibujante está muy documentada; así que no pienso esmerarme mucho en repetir lo que se ha dicho en otros sitios.
Basta con que quede claro que Tintín nació como burda propaganda antibolchevique por encargo, creció en los siguientes tres álbumes, muy ingenuos a todos los niveles, y alcanzó su adultez en El Loto Azul, cuando el autor decidió que era esencial documentarse lo más posible sobre los lugares, personas y costumbres que Tintín conocería en sus distintos viajes, para así alcanzar cotas de verismo únicas en la literatura juvenil de su momento.
Sin embargo, de lo que nunca he oído hablar es de la, según mis conclusiones, progresiva deriva del autor y su personaje hacia el nihilismo. Y por eso escribo este artículo.
Para Hergé Tintín en el Tíbet (1960), su vigésimo álbum, supuso algo así como una catarsis; lo realizó en un momento en el que su delicado estado nervioso y vital le atormentaba con pesadillas que transcurrían en un vacío (¡nihil significa nada, vacío!) de color blanco que le horrorizaba. Tras acabar de dibujar esta aventura, repleta de paisajes desolados nevados, las pesadillas desaparecieron. Y por algún motivo este álbum se convirtió en el favorito de su autor.
Si nos fijamos en esta historia es muy distinta a las anteriores: el número de personajes es mínimo, no hay malvados y apenas se mete en cuestiones morales como había hecho en ocasiones anteriores.
Y creo que algo ocurrió en la cabeza de Hergé que le condujo a llevar a Tintín, poco a poco, a una especie de vacío narrativo, vital, existencial. Y esto se refleja en sus tres siguientes álbumes.
Quiso crear una aventura de Tintín que no tuviera nada de aventura. De hecho, una vez leído, te das cuenta de que realmente no ha pasado absolutamente nada trascendente, aparte de un montón de situaciones domésticas protagonizadas por personajes pintorescos. Y Tintín o Haddock ni siquiera han salido de su casa. Para más coña, el título sólo hace referencia a un McGuffin y la relevancia de las dichosas joyas dentro de la trama es mínima.
Pero eso no le impidió crear el que para mí es el mejor y más delicioso álbum de todos, uno que no me canso de leer. Quizás lo concibió como un experimento narrativo, pero opino que, debido a su sofisticación, es la obra de madurez definitiva del autor y su personaje.
En su siguiente historia, Vuelo 714 para Sidney (1968), Hergé parece retomar el formato clásico de aventura tintinesca. Pero, de nuevo, no ocurre absolutamente nada relevante. Aunque en verdad, sí ocurre; y el evento es hasta grandioso, sublime, quizás lo más grande que les ha ocurrido jamás a los personajes.
Pero estos finalmente olvidan —más bien son obligados a olvidar— completamente lo que han visto (que es muy rollito Lost). Y si juntamos la primera y última viñeta del álbum, está claro que existe una total continuidad entre ellas: así la historia contada, desde el recuerdo final de los personajes, apenas se reduce a una escala durante un vuelo a Australia. Todo lo demás es como si nunca hubiera ocurrido.
El último álbum publicado en vida de Hergé no sólo es nihilista; también cínico. Tintín y los Pícaros (1976) viene a ser algo así como la antítesis de la primera historia de Tintín; si en aquella el periodista se infiltraba en la Rusia Roja para combatir el comunismo, en esta apoya a una guerrilla revolucionaria de corte marxista. Y de nuevo la acción de Tintín no tiene consecuencia duradera alguna, no implica ningún cambio real. Compárense las viñetas de la llegada y partida de nuestro héroe a la república bananera —imaginaria— de San Theodoros:
Queda por comentar la última historia de Tintín, Tintín y el Arte Alfa (1983), que Hergé apenas esbozó. Pero dió órdenes precisas de que no fuera acabada tras su muerte; decisión que respetó su heredera. Fue publicado en 1986, inacabado, y se han realizado diversos acabados pirata desde entonces.
Es realmente extraño. Inicialmente Hergé quiso que toda la historia ocurriera en la zona internacional de un aeropuerto, que es algo muy parecido a un no-lugar. Pero posteriormente centró el argumento en el mundo del Arte Moderno (!).
Sin embargo, no está clara la historia ni los personajes, ya que multitud de páginas originales (más de 150) fueron encontradas con argumentos y escenas aparentemente contradictorias. Aquí Tintín y Haddock ni siquiera parecen ser los personajes a los que estamos acostumbrados, y la confusión es norma. Por momentos hasta parece una autoparodia. En cualquier caso, supongo que si Hergé hubiera tenido tiempo para completar la historia, probablemente habría acabado siendo absolutamente posmoderna y dotada de una interpretación abierta, sin un sentido claro. Puede que hasta psicótica.
Sólo me queda la curiosidad de hasta adonde hubiera podido llegar este hombre en su deriva artística si hubiera muerto unos años más tarde.
Hace mucho que no hago referencias a princesas en este superglob. También es verdad que huyo de ellas como de la peste; pero es que últimamente veo a un amigo, bastante cercano, muy desorientado respecto a este tipo de mujeres. Así que me veo en la obligación de ponerme didáctico.
¿Qué es una princesa?
Cuando se oye la palabra princesa en según que contexto, nos hacemos a la idea de una chica o mujer estirada y orgullosa a la que todo le parece mal o bien según de quién venga. No es una mala definición.
Hablando más en serio. Lo que se entiende por princesa es, en la mayor parte de los casos, una mujer afectada por el Trastorno Histriónico de Personalidad o HPD, por sus siglas en inglés. La wikipedia da una definición concisa y muy clarificadora:
El HPD es un trastorno de personalidad correspondiente a un patrón de excesiva emocionalidad y búsqueda de atención, incluyendo una necesidad excesiva de aprobación por parte del entorno y un comportamiento inapropiadamente seductor. Este trastorno se suele manifestar al principio de la edad adulta.
Las personas que lo padecen son entusiastas, vivaces y muy teatrales. Tienden a ser sexualmente provocativas, expresan sus emociones de modo extrovertido y son muy fácilmente influenciables. Estos rasgos suelen venir acompañados de egocentrismo, autoindulgencia, búsqueda permanente de cariño, elevada susceptibilidad y comportamiento manipulador orientado a la exclusiva satisfacción de sus propias necesidades.
Este trastorno afecta a ambos sexos: pero es muchísimo más frecuente en mujeres que en hombres. Y si se le considera trastorno y no patología es porque las personas afectadas pueden funcionar perfectamente en su vida diaria, hacerse cargo de sí mismas y hasta llevar una carrera profesional; aunque a nivel sentimental la cosa es, simplemente, espantosa.
Y lo sé de primera mano.
¿Cómo se reconoce a esta gente? Contaré la historia de una posible chica, casi una caricatura, con HPD. Sin olvidar que esto también le pasa a los hombres, aunque en mucha menor proporción.
Ella entra en el bar y, la verdad, llama mucho la atención. No sólo es muy guapa sino que su ropa es, digamos, audaz. Observa su propio reflejo de la que camina hacia la barra y se sienta en el punto más visible de todo el local.
Este es uno de los pocos trastornos psicológicos que muchas veces se pueden diagnosticar a primera vista. Aunque la Psicología es muy cauta con respecto a esta afirmación, las personas especialmente guapas suelen disfrutar de cierto favoritismo social gracias precisamente a esa belleza. Esto provoca que se puedan malacostumbrar rápidamente a obtener las cosas por la cara bonita y, por tanto, concentrar exclusivamente los esfuerzos de crecimiento personal e interacción social en esa ventaja.
En ocasiones es la realización de una actividad artística orientada al público la que se convierte en objeto de estos esfuerzos, ya que es un modo seguro de obtener atención y admiración: es el caso de muchos cantautores, cantantes de grupo de rock, bailarinas… Entre artistas el HPD es mucho más frecuente que en el resto de la población. Y, esto es conclusión de propia cosecha, creo que en el caso de la música el instrumento dice mucho: los HPD no quieren ser bajistas o tuba en una orquesta, ya que son instrumentos propios de segundo plano.
Otra observación que no he observado en la literatura, pero sí en mi experiencia, es que abundan muchísimo dentro del panorama de las ONG humanitarias: no tengo muy claro que papel desempeñan ni que obtienen a cambio en este entorno, y no me atrevo a emitir un juicio sobre su motivación. Pero casi la totalidad de personas con este síndrome que he conocido en persona pertenecen o han colaborado con alguna.
La chica no deja de mirar disimuladamente alrededor para ver si la contemplan, y no para de gesticular: se atusa el pelo, busca con los ojos, pone poses más o menos estudiadas o practica el exhibicionismo más descarado. Se acercan un par de hombres que no son precisamente interesantes; a uno no le hace ni caso. Al otro, lo corta en seco, pero antes se deja invitar.
Lo malo del atractivo es que funciona demasiado bien: permite conseguir las cosas demasiado fácilmente. Cuando alguien se acostumbra a esto, encuentra difícil concentrarse o esforzarse en algo y busca la satisfacción inmediata en todo. Le resulta casi casi imposible postergar la gratificación o renunciar a una ventaja instantánea.
Por fin ha entrado alguien “interesante”. La chica se vuelve todo sonrisa y entusiasmo. El individuo interesante le hace caso, se entabla una conversación. La chica es todo un encanto.
¿Qué significa interesante? Significa utilizable, explotable: por belleza, músculos, prestigio, posición económica, etc.
La chica se ha pasado al modo actriz y, ahora mismo, es una especie de mujer perfecta. Por detrás, sin embargo, está evaluando que tiene que hacer para seducir a su objetivo y, sobretodo, qué precio hay que pagar por él.
La conversación de una persona con HPD es peculiar, y difícil de describir. Cuando habla suele ser extravagante en la forma y los contenidos. Algunas veces es grandilocuente sobre cosas sin sentido aparente, muy banales o auténticas paridas. Utiliza las frases hechas como si fueran propias y las recalca mucho. O juega a los dobles sentidos y se muestra repentinamente sugerente, invitadora, pero sin concretar nada. Algunas personas son directamente autorreferenciales y hablan de cosas que ellas conocen como si tú también las supieras: completamente desde su punto de vista.
Pero el motivo de la conversación es doble: por una parte, está obteniendo atención, admiración, aprecio. Esto es porque en realidad, una persona con HPD es básicamente una persona narcisista con baja autoestima. Convertirse en el centro de atención supone un boost para su autovaloración. Por otra parte, ese mismo interés hacia ella se va a convertir en la moneda de cambio y único fundamento de la relación que está comenzando.
Para la persona afectada con HPD, actuar como la persona perfecta le sale caro, especialmente cuando la actuación se debe prolongar en el tiempo: por eso debe tantear hasta dónde le merece la pena comprometerse, si es que esta palabra tiene sentido para alguien así. Pero todavía no ha llegado el momento de meterse en harina.
En ese momento un borracho pasa cerca de la pareja, que está conociéndose mediante una conversación muy animada, y le dice a la chica, en plena euforia, algo como “¡vaya orejas más raras que tienes!”. Los lagrimones no tardan en aflorar y nuestra mujer monta un número, abandonando el bar con su adquisición tras haber gozado, a última hora, con la atención y la simpatía de (casi) todo el mundo por la ofensa sufrida.
Esta demostración de hipersensibilidad caso tiene dos factores: uno es la baja autoestima que ya mencioné. El otro es un problema de empatía: como las personas con HPD están acostumbradas a utilizar a la gente a su antojo con mucha facilidad, apenas tienen necesidad o ganas de ponerse en la piel de otras personas y entender sus motivaciones. Así, una veces se toman comentarios intrascendentes a pecho y otras veces hacen todo lo contrario.
Por otra parte la emotividad no deja de ser una herramienta más para manipular a la gente, más que la expresión de un sentimiento genuino. Por eso son tan frecuentes en estas personas los cambios de humor abrupto. El detalle que el ligue de nuestra chica no advirtió es que entre que ella oyó el comentario de las orejas, lo que sin duda le sentó mal, hasta que brotaron las lágrimas hubo un esfuerzo consciente para llorar, porque ella juzgó inmediatamente que era la mejor jugada que podía permitirse. De hecho, muchos HPD son excelentes actores y actrices… y viceversa.
El hombre acompaña a la chica a su casa. Pero ella no le deja subir; eso sí, quedan para otro momento.
Ahora, con el aparentemente maravilloso comienzo de una nueva relación, empieza el tira y afloja de verdad. El objetivo inicial del HPD se ha cumplido: mediante su atractivo y su actuación ha conseguido el amor y la admiración de una persona. Ahora toca explotarla; y sobretodo, haciendo el mínimo de inversión. A partir de este momento intentará tomar lo más que pueda de la otra persona dando a cambio lo imprescindible para que no se aleje. Estamos hablando de un regateo emocional y sentimental.
“¿Cómo que te acostarás conmigo cuando te compre un apartamento?”
Muchas veces el sexo se convierte en la mercancía principal. Pero en el fondo, a un HPD el sexo le aterra: es demasiada intimidad. Y por otra parte viene a ser la mayor moneda de cambio disponible. Hasta que llegue ese momento, si puede arreglarse con besitos, lo hará. Retrasará el momento del sexo todo lo posible. Cuando este llegue lo vivirá internamente con frialdad; pero muy probablemente convierta el acto, externamente, en una acrobacia circense a la manera del porno.
¿Qué ocurre mientras tanto? aparte de este tira y afloja subyacente, exigencias y numeritos varios; pruebas de sumisión de todo tipo; cambios constantes de humor; incapacidad para convertir el flirteo inicial en una relación duradera, ya que… ¿dónde está la emoción en algo tan aburrido como una relación de pareja estable?
La incapacidad de sentir emociones profundas, dada la facilidad que tienen estas personas para allegarse a la gente sin un auténtico compromiso, hace que se sustituya esta carencia por la búsqueda de la vivencia de una novedad continua: las personas con HPD necesitan viajar constantemente, cambiar de trabajo, de bares… y hasta de pareja. Es que es todo tan aburrido…
Transcurrido cierto tiempo desde el inicio de la relación el teatro inicial no se puede mantener más. La ansiedad que de modo inevitable siente la persona con HPD por el miedo a ser descubierta en su trama de manipulación, unida a la falta de empatía, la conduce a comportarse de manera progresivamente descontrolada y desconsiderada: los númeritos se hacen cada vez más dramáticos, las mentiras, engaños y traiciones se convierten en norma, etc.., etc…
…hasta que al final se queda sola.
En este momento a nuestra chica se le ha acabado el mundo: su fuente de atenciones ha desaparecido. La vida es una mierda y no vale nada; ella tampoco. Es entonces cuando cae en la depresión. Esta, afortunadamente, no dura mucho; y además, durante su transcurso, tampoco cambian demasiado los patrones de comportamiento afectivo.
Es habitual que hasta intente un conato de suicidio: pero no pegándose un tiro o arrojándose por un acantilado. Lo más probable es que nuestra chica se tome un par de valium de más y llame por teléfono a alguien para que vaya a buscarla y así, de nuevo, experimentar la satisfacción de recibir la atención de alguien.
Y así la prota de esta historia comenzará de nuevo con su ciclo destructivo. Porque el mundo es muy grande y siempre hay un lugar donde nadie te conoce, un lugar donde empezar de cero y encontrar aquello que siempre está buscando; que no es más que a Sí Misma. Pero no lo sabe o no quiere saberlo.
Afortunadamente estas personas son capaces, muchas veces, de salir por sí solas de esta espiral.
En ocasiones porque son lo suficientemente inteligentes como para aprender de sus errores. Pero en otras no es sino la edad quien pone a esta persona en su sitio: porque con veinte añitos es fácil ser joven y guapa; pero con cuarenta, y tras haber perdido toda posibilidad de un crecimiento constructivo y constante, es más difícil disimular las arrugas y/o la barriga. En este caso todo lo que queda es una persona muy desgraciada sin oficio ni beneficio que, con un poco de suerte, a lo mejor acaba conociendo el amor.
Yo he titulado este artículo Manual para el Manejo de Princesas, pero hasta el momento no he dado ninguna indicación.
Pues ha llegado el momento: evítense las princesas a toda costa, ya que no traen más que problemas, por el procedimiento de no hacerles ni caso. Si es que ya lo dije al principio del artículo: huyo de ellas como de la peste por la cuenta que me trae. Y de los princesos también.
En caso de que no sea posible deshacerse de una persona negativa de este tipo en el caso de que insista en acercarse, desenmascárese lo antes posible. Para esto no es necesario ningún tipo de crueldad, ya que basta con dejar claro que es en qué dinámica no quieres caer y por qué, incluyendo el reseñar que la guapura y la simpatía no abren necesariamente todas las puertas.
Puede resultar duro, pero las medias tintas, la comprensión o las buenas intenciones no sirven de nada con esta gente, porque es justo lo que buscan.
De hecho, la sinceridad brutal puede hasta ser beneficiosa para la persona afectada en el raro caso de que, al ser descubierta, no se aleje por sí misma, poniendo tierra de por medio o adoptando una actitud altiva. Y no hace falta que diga por qué.
En el artículo que escribí sobre el fenómeno profético puse como ejemplo la visión del argentino Parravicini respecto a las Torres Gemelas y mencioné, como de pasada, que existe una descripción bastante coherente con el sucesos relatada en el que se conoce como libro del Apocalipsis, el último de la Biblia; aunque su nombre auténtico es el de Revelación.
Este libro es bastante desordenado, plagado de lo que parecen ser descripciones redundantes de los mismos hechos, lleno de simbolismos extraños y realmente muy difícil de interpretar. Sin embargo, a la luz de los hechos, el capítulo 18 parece ser bastante evidente.
Procedo a hacer un análisis del texto estableciendo analogías con el 11S. Se puede ser más escéptico o menos con respecto a esto; pero en el caso de asumir su veracidad, la principal conclusión que se debe extraer es que el Apocalipsis YA ha comenzado. La segunda, que según la Biblia (como Stockhausen) el atentado contra las Torres Gemelas estuvo pero que muy bien (!). Más abajo comento esto último.
Al grano.
1 Después de esto vi a otro ángel descender del cielo, que tenía gran poder, y la Tierra fue iluminada con su gloria.
Como ya comenté en el otro artículo, la descripción de un avión de color blanco como “ángel” es de lo más apropiada. La palabra Iluminada debe ser entendido en este contexto como informada, ilustrada. Y efectivamente, el impacto de los aviones fue retransmitido a todo el planeta por TV, quien siguió en directo los acontecimientos.
2 Y clamó con potente voz, diciendo: “¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se ha convertido en habitación de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo y en guarida de toda ave inmunda y aborrecible.”
Una constante a lo largo de este capítulo es la mención de pares: en este caso, Cayó, cayó se refiere a dos veces. Queda descartada la intención enfática de esta repetición sencillamente porque este recurso concreto no aparece en otros capítulos del mismo libro.
Respecto a la descripción de la gente que estaba en los edificios (esperemos que no se refiera al conjunto de la ciudad) no es precisamente halagüeña. Ciertamente entre los ejecutivos y banqueros que allí trabajaban debía haber mucho psicópata sin escrúpulos. La lista de víctimas está repleta de altos ejecutivos que, suponemos, no debían ser precisamente hermanitas de la caridad.
3 Porque todas las naciones han bebido del vino de la pasión de su inmoralidad, y los reyes de la tierra han cometido actos inmorales con ella, y los mercaderes de la Tierra se han enriquecido con la riqueza de su sensualidad.
He aquí la primera mención al comercio, que luego se repetirá abundantemente a lo largo del capítulo. La función del lugar que acaba de ser destruido era el de ser Centro de los Mercaderes de la Tierra. En definitiva, era el Word Trade Center.
La palabra inmoralidad en otras traducciones aparece como fornicación: Se debe entender fornicación no en un estricto sentido sexual. En otros puntos del libro de la Revelación deja claro que fornicación es, ante todo, abuso destinado al placer sensual o material; y hasta existe un capítulo donde hace una referencia concreta al hecho de arruinar la tierra.
4 Y oí otra voz del cielo que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no participéis de sus pecados y para que no recibáis de sus plagas;
5 porque sus pecados se han amontonado hasta el Cielo, y Dios se ha acordado de sus iniquidades.
¡Los pecados se han acumulado hasta el Cielo! ¿Es una alusión a un rascacielos?
6 Pagadle tal como ella ha pagado, y devolvedle doble según sus obras; en la copa que ella ha preparado, preparad el doble para ella.
7 Cuanto ella se glorificó a sí misma y vivió sensualmente, así dadle tormento y duelo, porque dice en su corazón: “Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda y nunca veré duelo.”
De nuevo las múltiples alusiones al número dos. Respecto a la frase final han sido múltiples las interpretaciones que se han querido dar: por ejemplo, unos autores dicen que no soy viuda se refiere a que eran dos las torres; otros dicen que alude a que New York es una ciudad par a la York original, etc…, etc…
Personalmente creo que la esencia de la frase es que, hasta ese momento, nadie se había planteado jamás que tanto los mismos edificios como el sistema económico global pudieran recibir un golpe tan contundente; era algo sencillamente inconcebible. Ciertamente, el atentado del WTC trajo un mensaje muy claro, y es que el sistema no es tan seguro ni está tan afianzado como parece: sus pies son de barro.
De hecho, las posibles consecuencias podrían haber resultado completamente catastróficas para la Economía Mundial, hasta el punto de colapsarla. Yo recuerdo ver, en un canal concreto de TV, las imágenes de las torres ardiendo a la vez que las bolsas mundiales se desplomaban. Y si el Sistema se tambalea porque alguien estrella un avión en un rascacielos… ¿qué pasará cuando ocurra una catástrofe global seria? A ver que nos depara el cambio climático.
8 Por eso, en un solo día, vendrán sus plagas: muerte, duelo y hambre, y será quemada con fuego; porque el Señor Dios que la juzga es poderoso.
Como comentaré más adelante, este capítulo no parece referirse exclusivamente al atentado del WTC; también a la futura destrucción de la ciudad. Este versículo es un tanto elusivo al respecto. Y desde luego, el hambre no formó parte del atentado de las torres; pero sí tiene sentido en una destrucción total.
9 Y los reyes de la tierra que cometieron actos de inmoralidad y vivieron sensualmente con ella, llorarán y se lamentarán por ella cuando vean el humo de su incendio,
10 mirando de pie desde lejos por causa del temor de su tormento, y diciendo: “¡Ay, ay, la gran ciudad, Babilonia, la ciudad fuerte!, porque en una hora ha llegado tu juicio.”
11 Y los mercaderes de la tierra lloran y se lamentan por ella, porque ya nadie compra sus mercaderías:
¿Recuerda alguien una demostración de solidaridad a nivel mundial como recibió USA tras el atentado? Más adelante el capítulo vuelve a insistir en ello. Pero lo más reseñable de este fragmente es precisamente el tiempo en el que tarda en llegar el juicio: una hora, más o menos el tiempo entre los choques y los derrumbes.
12 cargamentos de oro, plata, piedras preciosas, perlas, lino fino, púrpura, seda y escarlata; toda clase de maderas olorosas y todo objeto de marfil y todo objeto hecho de maderas preciosas, bronce, hierro y mármol;
13 y canela, especias aromáticas, incienso, perfume, mirra, vino, aceite de oliva; y flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos, carros, esclavos y vidas humanas.
14 Y el fruto que tanto has anhelado se ha apartado de ti, y todas las cosas que eran lujosas y espléndidas se han alejado de ti, y nunca más las hallarán.
Resumiendo: Que allí se comerciaba con todo.
15 Los mercaderes de estas cosas que se enriquecieron a costa de ella, se pararán lejos a causa del temor de su tormento, llorando y lamentándose,
16 diciendo: “¡Ay, ay, la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, púrpura y escarlata, y adornada de oro, piedras preciosas y perlas!,
17 porque en una hora ha sido arrasada tanta riqueza.” Y todos los capitanes, pasajeros y marineros, y todos los que viven del mar, se pararon a lo lejos,
18 y al ver el humo de su incendio gritaban, diciendo: “¿Qué ciudad es semejante a la gran ciudad?”
19 Y echaron polvo sobre sus cabezas, y gritaban, llorando y lamentándose, diciendo: “¡Ay, ay, la gran ciudad en la cual todos los que tenían naves en el mar se enriquecieron a costa de sus riquezas!, porque en una hora ha sido asolada.”
La lamentación por el suceso no parece tener fin. También encontramos de nuevo la referencia a que los sucesos tuvieron lugar en una hora y la descripción de un gran incendio y de cabezas llenas de polvo: todos hemos visto imágenes de las personas, que estaban cerca de las torres, completamente cubiertas de él.
20 Regocíjate sobre ella, cielo, y también vosotros, santos, apóstoles y profetas, porque Dios ha pronunciado juicio por vosotros contra ella.
¿Bin Laden un santo? Se me hace muy difícil de tragar, teniendo en cuenta que parece ser una persona de psicología extremadamente narcisista. Personalmente creo que Bin Laden y su calaña son gente movida por el odio y ansiosa de poder, así como dispuesta a todo por conseguirlo. Cualquier cosa menos bondadosa.
Pero, cuando se lee el libro de la Revelación en su totalidad, en conjunto se aprecia una motivación para que ocurran todos estos sucesos; y es la destrucción de la Tierra por los avariciosos. Estamos destruyendo el planeta, es verdad, movidos por un sistema económico que sólo piensa en el máximo beneficio al plazo más corto posible, aun a costa de cargarnos el medioambiente, de provocar guerras y sufrimiento, de transformarnos en meros consumidores, de ir en contra de todo lo que realmente necesitamos.
Y en ese sentido el WTC viene a ser una representación del sistema económico responsable de todos estos males; Bin Laden no sería más que un mero instrumento en este escenario.
Si hubiera escrito esto cuando ocurrió, el lector/a medio de este glob habría sin duda concluido que el atentado del WTC era un acto de maldad sin paliativos. Pero ahora, casi 10 años después, en medio de una recesión desbocada causada por gente e instituciones sin escrúpulos como la que operaba desde el WTC, estoy seguro de que ahora mismo muchos lectores/as, en retrospectiva, consideran el atentado de las Torres Gemelas desde una óptica más cínica.
21 Entonces un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó al mar, diciendo: Así será derribada con violencia Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada.
22 Y el sonido de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; artífice de oficio alguno no se hallará más en ti; ruido de molino no se oirá más en ti;
23 luz de lámpara no alumbrará más en ti; y la voz del novio y de la novia no se oirá más en ti; porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra, pues todas las naciones fueron engañadas por tus hechicerías.
24 Y en ella fue hallada la sangre de los profetas, de los santos y de todos los que habían sido muertos sobre la tierra.
En la parte final del capítulo parece dar a entender que todo lo anterior no es más que una advertencia; que finalmente la ciudad será destruida completamente, que será arrasada hasta los cimientos. Esto no ha ocurrido… todavía. Pero describe el agente de la destrucción como una gran piedra de molino.
Di muchas vueltas a esta imagen de un objeto redondo, de color claro, con un agujero en medio… hasta que me di cuenta de que puede referirse al anillo de condensación de una bomba de hidrógeno.
Esto es coherente con la profecía Hopi que habla de la destrucción de los USA por calabazas de ceniza que caen del cielo.
En un futuro artículo hablaré del capítulo 17 que, creo, hace referencia a la futura destrucción del Vaticano… a mano de los propios católicos.