1 Julio 2010

gordon michael scallion

Archivado en: Heterodoxia, Increíbleble, Naturaleza, Profecías — voet

Curioso personaje este Gordon Michael Scallion o GMS, como prefiere que le llamen.

No me inspira mucha confianza este hombre.

En 1979 trabajaba como técnico en electrónica cuando, hablando con un cliente en el trabajo, perdió el habla. Fue rápidamente ingresado en un hospital y allí, según dice, en un estado de consciencia alterado recibió la visión de una mujer angelical que le habló de hechos futuros y, como él mismo describe, comenzó a ver imágenes delante de sí como si tuviera centenares de televisores encendidos. En ellos pudo contemplar la Tierra desde el espacio; pero no la actual, sino la futura: La Tierra tal cual será después del Gran Terremoto que predicen multitud de profecías y que cambiará el mapa del mundo en este mismo siglo.

Aparte de esas supuestas visiones que recibió, GMS asegura que recibió otras capacidades, como la de ver auras y sanar con las manos. Y por supuesto, hoy en día sigue teniendo visiones a chorro, casi un vendaval de ellas.


Hasta aquí muy bien, si no fuera porque no sólo no se han producido la mayor parte de sus predicciones, sino también porque parece estar aprovechándose todo lo que puede de la situación para sacar su dinerito.

Se deduce que la principal fuente de ingresos es la venta de sus enormes y detallados mapas de la Tierra Futura (no es el único que se dedica a ello) a través de su Matrix Institute, una especie de fábrica de profecías.

Estos mapas, que supuestamente le han sido revelados en visiones y sueños, destacan, eso sí, porque son increíblemente precisos. He aquí unos ejemplos:


Quizás os frustre un poco que no se vean muy bien. Pero que el señor GMS parece ser muy celoso del copyright de sus mapas para poder seguir vendiéndolos: No os imagináis lo que me ha costado encontrar en internet parte de sus mapas en una resolución aceptable. Además, he cambiado el color y el contraste para que se aprecien mejor las tierras emergidas y sumergidas, ya que en los mapas originales los colores son más confusos.

GMS no se dedica exclusivamente a describir los mapas; también relata la secuencia de terremotos en el orden en el que tendrán lugar, los flujos de migraciones humanas que conllevarán… y hasta busca explicaciones geológicas coherentes para las nuevas distribuciones de tierra, que en muchos casos la tienen: como, por ejemplo, la gran lengua de agua que penetra del Mississippi a la península de Labrador en su mapa de los futuros USA. Ese área está repleto, efectivamente, de zonas inestables como el sistema de fallas de Nueva Madrid.

Eso sí, a veces estas explicaciones dejan bastante que desear, como que la corriente de El Niño está impulsada por una cadena de volcanes submarinos (!). También reconoce, lo que quizás sea una muestra de honradez, que no entiende porque determinadas zonas del mundo desaparecen en sus visiones, como Asia Menor.


Antes dije que GMS no me inspira mucha confianza y llega el momento de matizar: estoy seguro de que este hombre recibió inicialmente las visiones que dijo; pero no fueron tan detalladas como pretende hacernos creer y hasta cierto punto opino que exagera en sus supuestas capacidades, cuando no inventa directamente, para poder seguir viviendo de ello como una especie de sucesor de Edgar Cayce.

Porque una cosa es predecir que determinada parte del mundo se hundirá o no, y otra es asegurar que

[...] También habrá cambios electromagnéticos, que causarán fallas en las máquinas y artefactos eléctricos. Se establecerán 5 centros de ayuda para niños, con el fin de protegerlos de estos desastres. Cientos de miles de niños serán enviados a estos centros por sus padres. Estos estarán ubicados en Colorado, Massachussets, Idaho, Florida y Arizona. El 75% de los sobrevivientes a los cambios serán niños menores de 15 años.

Este tipo de afirmaciones son un tanto chiripitifláuticas y, ciertamente, no contribuyen a incrementar la reputación del que las dice. Tampoco el hecho de que esté constantemente prediciendo terremotos en tal sitio para cual fecha.

Entre sus fallos más sonoros está el ausente terremoto de intensidad 9.0 en San Francisco en algún momento entre 1995 y 1997, después de reconocer que California entera no se había sumergido en el Pacífico en 1993. Del mismo modo la costa no llegó hasta Denver en 1998 (véase mapa de abajo). Tampoco quedó la Tierra entera cubierta de cenizas volcánicas en 1997, etc… etc… Tenéis muchas más aquí, y más o menos las mismas, pero expuestas de mucho más breve, acá.

Este es el único mapa de GMS a esta escala que he encontrado en todo internet.

En definitiva, creo que no hay que hacerle demasiado caso a este hombre. Eso sí: como personaje bizarro no tiene precio y sus mapas molan mogollón.

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25 Junio 2010

nombres y apellidos

Archivado en: Análisis, Denuncia, Heterodoxia, Noticias — voet

Me estoy hartando de leer todos los días en la prensa noticias del tipo: “Los especuladores atacan a tal o cual país” o “Los especuladores ponen en peligro la recuperación económica de tal o cual nación”.

Hablan de los especuladores como si fueran una especie de colonia microbiana. Pero, si se piensa un poco, los movimientos de bolsa son orquestados por cuatro gatos, que son los que tienen la capacidad para afectar al mercado, y luego son seguidos por los pobrecitos wannabes que bailan a su compás.

Obviamente son pocas las instituciones o fortunas capaces de comprometer la situación económica de un pais. Con lo cual, es evidente que se sabe de sobra quienes son los responsables últimos de todo este pollo, con nombres y apellidos.

Quizás no estaría mal que la policía o el ejército, bajo órdenes del fiscal, entraran en sus casas (perdón, en sus mansiones o yates) de noche y les llevaran esposados ante un tribunal sumarísimo.

En él recibirían un juicio justo para ser condenados a un montón de años de cárcel por cargos como alteración del precio de las cosas, ataque a la seguridad nacional y/o todos esos delitos que seguro existen para estos casos. Una confiscación total de sus bienes, asimismo, ayudaría a equilibrar las arcas públicas.

Seguro que mucha persona indignada que se me ha adelantado en este razonamiento ha pensado directamente en agarrar a estos especuladores y darles una paliza. Pero eso sería violento y estaría muy feo.

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23 Junio 2010

el fenómeno profético

Archivado en: Análisis, Heterodoxia, I Ching, Profecías — voet

Supongo que después de mis artículos sobre las profecías Hopi, mi amado público está perplejo por el hecho de que me ponga a hablar de profecías. Personalmente las encuentro muy interesantes, aun con reservas en la inmensa mayoría de los casos.

La literatura profética está omnipresente en todas las religiones, independientemente de su relevancia y su localización geográfica. En todo caso es necesario distinguir la mera predicción de la profecía: la primera siempre se apoya en supuestos lógicos y racionales, en extrapolaciones. La profecía siempre tiene en origen una revelación de carácter inexplicable que muchas veces se achaca a la intervención divina. Y hasta dentro de ella hay diversos grados de claridad.

Se puede ser escéptico respecto a este asunto y con razón, ya que nada aborrece tanto el raciocinio como al posible conocimiento del futuro.

Ciertamente la mayor parte de las profecías son tan oscuras y ambiguas que no merecen mucha consideración (ej: dos países entrarán en guerra y uno vencerá), sin hablar de oportunismos varios elaborados con afán de notoriedad, jocoso o recaudatorio, como ha ocurrido muchas veces a lo largo de la Historia y sigue ocurriendo dentro de muchos movimientos y sectas de tipo New Age.

Vivimos, como diría un chino, tiempos interesantes: y esto provoca que el asunto de las profecías salten a la palestra y esten de plena actualidad. Porque, no nos engañemos, el contenido de estas profecías siempre es traumático, para bien o para mal.

Ahora… ¿cómo se puede verificar la validez del fenómeno profético? es un asunto complejo, pero en principio bastaría

  1. comprobar la existencia de paralelismos, de coherencia, entre diversas corrientes proféticas muy separadas cultural, espacial y temporalmente, así como
  2. encontrar al menos una profecía que se haya cumplido y que sea lo suficientemente detallada, e improbable a priori, como para descartar un acierto por mera casualidad.

El cumplimiento de la primera condición no supone una verificación especialmente rotunda; pero si la literatura profética realmente habla de acontecimientos reales futuros, debería producirse. Si no fuera así, estaríamos hablando de puros delirios.

Pero sí existen suficientes paralelismos. Como ya señalé parcialmente en los artículos sobre las profecías Hopi, estas, la escatología cristiana, la musulmana y las profecías de Li Chun-Feng son coherentes con respecto a la aparición de una figura mesiánica que unificará a la Humanidad y traerá un tiempo de paz duradero.

La cuestión del Fin del Mundo es más universal aún: en prácticamente todas las profecías de todas las culturas se habla de una estrella que caerá sobre la Tierra (quizás un asteroide, ¿este?) y un terremoto global que cambiará la forma de los continentes, probablemente debido al impacto del citado meteorito.

Pero estas consideraciones no me preocupan realmente. Y un estudio profundo de los paralelismos (y divergencias) entre las diversas profecías supone un esfuerzo monumental que no estoy dispuesto a realizar aquí.


Con respecto a la segunda condición, la que se refiere al cumplimiento de una profecía detallada y, hasta cierto punto, improbable a priori, he encontrado un ejemplo fascinante. No sólo por sus precisiones, sino también por sus imprecisiones. De hecho, estas son casi más interesantes que las primeras pues revelan muchísimo sobre el proceso mental que lleva a la elaboración de una profecía.

Lo mejor de todo es que proviene de un lugar y un tiempo inesperado: Argentina, siglo XX. Su autor: Benjamin Solari Parravicini.

Este hombre, pintor afamado en vida en su país y profundo católico, se dió cuenta a finales de los años 30 que muchos dibujos y textos que realizaba de modo inconsciente, dejándose llevar, correspondían a eventos que acababan cumpliéndose. Llevado por sus creencias católicas, llegó incluso a destruir algunos de los primeros dibujos por miedo a estar cometiendo algún tipo de herejía. Pero finalmente acabó aceptando la naturaleza profética de sus dibujos y textos, y se dedicó con ahinco a ellos.

Bien es verdad que muchísimas de sus predicciones no se han cumplido, y que hasta se le va la pinza bastante con los contactos extraterrestres y otras milongas que me parecen poco serias; aunque es verdad que a veces hace uso del condicional: por ejemplo, predijo, antes de Franco, la llegada de un dictador a España que destruiría y reconstruiría el país para ser finalmente sucedido por un Borbón… y que si la salud se lo permitía, ese dictador acabaría sus días en Argentina. Esta ramificación en posibles futuros es también observada por los Hopi y da mucho de sí a la hora de especular.

Pero, aún así, Parravicini tiene predicciones notables que parecen haberse cumplido. Entre ellas, la que voy a usar de ejemplo.

Aquí a la izquierda tenemos uno de los dibujos de Parravicini, realizado en 1939.

El texto dice “La libertad de norte américa perderá su luz – su antorcha no alumbrará como ayer y el gran monumento será atacado dos veces“. No es una afirmación especialmente reveladora, en principio.

Pero cuando examinamos el dibujo de cerca… se ponen los pelos de punta. Su contenido sólo puede calificarse como asombroso; y a la vez muy clarificador respecto al proceso que tuvo lugar en la mente del autor.

Está clarísimo que Parravicini vió, más bien entrevió, el atentado del WTC del 11 de septiembre de 2001. Ahí están, claramente, los edificios del WTC: dos rectángulos prácticamente idénticos de familiares proporciones, sendas explosiones en su parte superior y, manda narices, hasta la antena de uno de los edificios. Alrededor, otros edificios se derrumban en medio de lo que parece una polvareda.

Sin embargo las Torres Gemelas no estaban ni siquiera planificadas cuando este dibujo fue realizado. De algún modo, Parravicini sabía que el evento transcurría en Nueva York, y que afectaba a su símbolo más importante. Efectivamente, el WTC se convirtió en el símbolo por excelencia de la ciudad tras su construcción; pero en el año 1939 el símbolo representativo de Nueva York era la Estatua de la Libertad.

De algún modo tuvo que casar su visión de lo futuro con lo conocido en el presente, y he aquí que finalmente hizo una síntesis, notoriamente forzada, de ambas. Así, convirtió las explosiones en la corona de pinchos de la estatua, la antena en antorcha y hasta se vió obligado a dotar a la figura humana con un cuerpo casi geométrico.

Se puede alegar que es un dibujo posterior al atentado y por tanto una falsificación. Pero no lo es: los dibujos de Parravicini se publicaron varias veces a lo largo de su vida, antes de que muriera en los 70. También se puede alegar que se trata de mera casualidad; pero creo que no puede serlo. Sería demasiada casualidad. Demasiada. Demasiada.

Tras contemplar el dibujo, el contenido del texto se hace evidente: efectivamente, el monumento fue atacado dos veces, y el retroceso en libertades civiles en los USA desde entonces es notorio.

[ Respecto al mismo atentado, el contenido del capítulo 18 del Apocalipsis también es bastante sorprendente. Pero eso es materia para un artículo futuro. ]

El Mundo llegará a ser desnaturalizado por el poder de la pantalla doméstica. Toda mala influencia será desparramada groseramente sobre todo hogar y será impuesta por el comercio avisador que busca la masa. La masa embrutecerá dominada por las órdenes disfrazadas de paraísos fáciles y superiores, contemplará la estupidez y la inmoralidad con ficción. Llegará el día en que el grueso popular será manejado como aprisco.

Parravicini, 1938

 


Llegado a este punto se puede dar cierto crédito al fenómeno profético, que no a la totalidad de su literatura.

Es el momento de buscarle una explicación racional; y creo que una explicación de carácter metafísico o filosófico es suficiente, sin necesidad alguna de recurrir a argumentos religiosos basados en una fé crédula e irracional que todo lo explica con la palabra divino.

Porque, realmente, la cuestión no es tanto sobre profecía-sí/profecía-no como sobre la existencia de un determinismo inexorable, en primer lugar, y sobre las posibilidades de la consciencia humana, en segundo.

La cuestión del libre albedrío y el determinismo es una de las más antiguas en Filosofía, e incluso dentro de la propia Ciencia. No se ha resuelto aún, si es que tiene solución, y la lucha se ha derivado hacia otro campo de batalla, que es el de si son posibles a la vez o son incompatibles. Curiosamente, la principal preocupación al respecto entre los, digamos, filósofos profesionales es la relativa a los aspectos morales.

Hay infinidad de argumentos a favor y en contra recopilados en los enlaces que he puesto en el párrafo anterior: me limitaré a exponer lo que yo creo al respecto. Y esta opinión está basada en mi profunda creencia de que la naturaleza profunda de la Realidad es de orden psíquico; y que el mundo material es un artefacto de la consciencia.

Así que, amigo/a lector/a, agárrese a la silla, que hay curvas.

Opino que, de algún modo, la Realidad solo está definida de manera precisa cuando es observada, es decir, en el aquí y el ahora. Más allá del momento y el lugar actual, sólo existe como esbozo. Debido a ello, y muy en sintonía con la cosmovisión Hopi, el grado de concrección de lo observado se diluye a medida que nos alejamos del presente y de lo inmediato.

Esto, que puede parecer en contra de todo lo que afirma el positivismo y la imperante visión materialista/mecanicista del mundo, no es ignorado por la propia Física. El Gato de Schrödinger es un buen ejemplo de esta falta de concrección de los eventos que están más allá del fenómeno de observación; y del mismo modo, NO es posible diseñar un experimento que demuestre que un reloj funciona mientras no está siendo observado.

Se puede argumentar, y es de sentido común, que un reloj abandonado en un cajón dará la misma hora que otro que tenemos en la muñeca pasada un tiempo. Pero NO es posible demostrar si ha seguido andando todo este tiempo o las agujas se han colocado como debían justo en el instante antes de echarle el primer vistazo. El sentido común afirma lo primero. Pero no deja de ser una extrapolación realizada por nuestra mente, del mismo modo que somos capaces de visualizar los muebles de la habitación de al lado sin estar allí, aunque, en realidad, más allá de la pared, a la pura luz de nuestros sentidos inmaculados, simplemente hay un abismo.

Estoy segurísimo de que a la mayor parte de los lectores/as le están rechinando los dientes ahora mismo tras semejante afirmación. Pero lo preocupante del caso es que realmente no hay manera de demostrar lo contrario. Precisamente es ahí a donde quiero llegar, a esa Indefinición Intrínseca de la Realidad.

Esta visión del mundo no es ajena a muchas filosofías: en el zen encontramos el famoso koan que pregunta: Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para oirlo… ¿hace ruido ese árbol?. La respuesta es mucho más sencilla de lo que parece: el ruido no es algo que pertenece al árbol en sí, sino algo que sucede en el observador, o más estrictamente, dentro del acto de la observación. Sin observación, no hay ruido.

¿Es posible que el Universo aproveche esa indefinición para reajustarse a sí mismo? ¿Cambian los tramoyistas el escenario cada vez que el actor se dirige al público? Hawking lo resume con la frase: Dios no sólo juega a los dados, sino que los tira donde nadie los ve. Borges va más lejos, y en su poema (qué lejos puede llegar la poesía) Para una versión del I Ching afirma:

El porvenir es tan irrevocable
Como el rígido ayer. No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa.
De la eterna escritura idescifrable
Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
Es la senda futura y recorrida
El rigor ha tejido la madeja
No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura
El camino es fatal como la flecha
Pero en las grietas esta Dios, que acecha.

Quizás el Universo está sin más esbozado en una especie de bloque que abarca todo el espaciotiempo (qué, según Kant y los idealistas kantianos, sólo existe en nuestra mente). Pero sólo esbozado.

A pequeño detalle, a detalle humano, sólo adquiere cierta nitidez cuando se contempla a sí mismo utilizando, en nuestro caso, pequeñas masas de color gris que llamamos cerebro; Si el Universo que podemos conocer, que es todo el que hay, está entre las orejas, orejas y cerebro incluidos… ¿qué hay detrás? Probablemente nada. Lo Real es Sueño, y sólo se distingue de este por su continuidad y coherencia. Por más que intentemos demostrar lo contrario, es imposible. Me temo que no se puede refutar si vivimos en una gigantesca alucinación colectiva.

Dentro de este universo esbozado, el libre albedrío tiene cabida: pero sólo, por así decirlo, para las pequeñas cosas, de modo limitado. Quizás el libre albedrío de Napoleón acabó decidiendo el destino de Europa. Quizás el destino de Europa estaba predefinido y fue necesario un Napoleón. Son cuestiones peliagudas, resbaladizas, indecidibles.

Queda el asunto de la consciencia, o más bien del tipo de consciencia, que permite trascender el tiempo y el espacio.

Aquí hay que ser especialmente cuidadoso de no caer en la trampa de que no hay más modo de consciencia que el que hemos aprendido en occidente, o incluso, a un nivel biológico, el que pertenece a los seres humanos por su diseño darwiniano como especie depredadora que es.

En el artículo de la cosmovisión Hopi señalé como es posible que un lenguaje puramente operacional soslaye el concepto de tiempo, y como la hipótesis de Sapir-Whorf postula que el lenguaje condiciona la percepción última del mundo.

Los profetas, asumiendo este punto de vista, son personas que han desarrollado (quizás con ayudita) y/o han sido dotadas de modo innato con la capacidad de adoptar estados de consciencia no ordinarios, transtemporales. En cualquier caso no tienen más remedio que encajar sus visiones dentro de lo que conocen; y de ahí la vaguedad, el uso de metáforas y la imprecisión de sus descripciones.

Un ejemplo estupendo de esta adecuación es el anterior que puse de Parravicini. Respecto al mismo suceso, Apocalipsis 18 comienza con la siguiente frase: Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la Tierra fue alumbrada con su gloria. ¿No es la imagen de un ángel una buena alegoría de un avión de color blanco? ¿Existe algo mejor que la TV para alumbrar la Tierra?

Soy el primero en reconocer que no tengo una explicación definitiva para el fenómeno profético y que mi intento es vago y confuso (y mi formación filosófica no alcanza a utilizar la terminología necesaria para expresarme con rigor; pero esto es un glob generalista, no una publicación académica especializada), aunque sí creo que hay evidencias suficientes como para reconocerlo como algo real.

La explicación que propongo necesariamente adopta un punto de vista acientífico, porque no encuentro la manera de explicarlo científicamente… ¡qué más me gustaría a mí! de hecho, lo hago cada vez que puedo. Pero me niego a rechazar la realidad de determinados fenómenos sólo porque la Ciencia no pueda con ellas. Y el historial de desengaños que ésta me ha dado ya es bastante larga. No digamos la fe ciega.

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16 Junio 2010

la cosmovisión hopi

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Los indios Hopi, de los que apenas quedan 7000 individuos en una reserva al noreste de Arizona, pertenecen al grupo de nativos americanos conocidos como Shoshón, perteneciente a su vez al grupo de los indios Pueblo, llamados así porque, a diferencia de otras tribus amerindias, son sedentarios y viven en casas de adobe. A los indio Pueblo se les supone descendientes, o al menos emparentados culturalmente, con los aztecas.

Su organización es matrilineal* y su apego por la tradición es notable, sufriendo escasa occidentalización aparte de una relativamente exitosa implantación del cristianismo en parte de la población. Mayoritariamente pobres, viven de la minería y el turismo, aunque este está condicionado por el respeto obligado a la cultura Hopi, con lo que no es de masas: por ejemplo, la toma de fotos está regulada y la grabación en video, prohibida. Asimismo muchas ceremonias y rituales están vetados a los turistas.

* La propiedad de los bienes, de la casa y de las tierras es de la mujer, y la herencia se deja a las hijas. Cuando una mujer Hopi quiere divorciarse, pone los mocasines del marido fuera de la puerta de casa.

La etimología de Hopi deriva de la palabra Paz, ya que se definen a sí mismos como los pacíficos, aunque parece ser que hace siglos eran todo lo contrario, un pueblo completamente volcado en las artes de la guerra. Que sean amantes de la paz no impide que estén en conflicto legal permanente con los navajos por motivos territoriales, pues la reserva Hopi está completamente situada en el interior de la Navajo.

Los Hopi son conocidos en Occidente gracias a la película experimental Koyaanisqatsi (literalmente forma de vivir que se destruye a sí misma y que clama por vivir de otra manera en lengua Hopi) , dirigida por Godfrey Reggio, producida por Francis Ford Coppola y musicalizada por Philip Glass. La película es una interpretación del rico corpus de profecías de los Hopi.

Precisamente si algo hace interesante a esta cultura son sus profecías y su cosmovisión asociada. En este artículo abordaré esta última, asumiendo con el mínimo de reservas la Hipótesis Sapir-Whorf, que postula que la forma de un lenguaje afecta directamente a los procesos cognitivos y a la percepción del mundo.

Y es que el lenguaje Hopi, englobado dentro de la familia lingüística yuto-azteca, es realmente curioso.

LA PERCEPCIÓN DEL TIEMPO

Dentro de la lengua Hopi no existe el concepto de tiempo. ¿Cómo es esto posible?

Pues para empezar, no es verdad en sentido estricto. Inicialmente Whorf postuló la afirmación anterior. Análisis posteriores realizados por él mismo y sus herederos comprueban que en realidad, embebida dentro de su lenguaje, sí existe una idea de temporalidad que casi siempre se expresa en forma de metáfora espacial. En ese sentido los lingüistas whorfianos distinguen entre fenotipos y criptotipos, o sea, conceptos explícitos e implícitos. Por tanto, el Tiempo en el lenguaje Hopi no es un concepto independiente y siempre se expresa entre líneas, por así decirlo.

En efecto, para un indio Hopi, el Tiempo se asimila al Espacio. Cuando algo está por ocurrir, lo expresa como que algo se acerca. Cuando algo ya ha pasado, es algo que se aleja.

Tampoco la distancia se expresa en términos absolutos, sino en función del esfuerzo y la complejidad que supone el ir de un punto a otro. Esto se puede resumir diciendo que el pensamiento Hopi es ante todo operacional. ¿a qué se refiere exactamente esto? En que las cosas se piensan en función de lo que es necesario para llevarlas a cabo. Para un Hopi, el movimiento de algo no está descrito tanto por su trayectoria como por la fuerzas que se emplean para realizarlo.

Más aún, ni siquiera existe una concepción de Tiempo único independiente de la localización geográfica o la experiencia personal. Si un suceso ocurre a cierta distancia, no adquiere entidad hasta que llega la información de ese suceso. Literalmente, para un Hopi las cosas ocurren cuando se entera de ellas. Pero independientemente de esto, si están lo suficientemente lejos en el espacio, también lo están del presente.

Reconozco que esto es muy lioso. Dejemos que lo explique el propio Whorf:

Lo que ocurre en un pueblo distante si es actual (objetivo) y no es una conjetura (subjetivo) sólo puede conocerse «aquí» más tarde. Si no ocurre «en este lugar», no ocurre tampoco «en este tiempo»; ocurre en «aquel» lugar y en «aquel» tiempo. Tanto el acontecimiento de «aquí», como el de «allí» se encuentran en el reino objetivo, que en general corresponde a nuestro pasado, pero el acontecimiento de «allí» es el más lejano de lo objetivo, queriendo significar esto, desde nuestro punto de vista, que está mucho más lejos en el pasado, como también lo está en el espacio que el acontecimiento de «aquí».

Aunque muchas veces se ha tratado (y se sigue tratando) de demostrar que los Hopi son precursores de Einstein, esto no es cierto. Si es verdad que existen paralelismos entre el concepto de suceso relativista y la mentalidad Hopi; pero eso no significa que hayan formulado el relativismo de Einstein antes que él.

Por supuesto, no existen unidades de subdivisión del Tiempo. A lo más que llega la lengua Hopi es a distinguir entre Día, Luna y Estación, y no tanto como un transcurrir temporal como por los cambios que producen en el entorno estos ciclos naturales. Dentro de su mitología, el Sol es un hombre joven que todas las mañanas se levanta en el este, da un paseo por el mundo y por la noche se baña en el mar antes de volver a casa por otro camino.

Curiosamente no existe el concepto astronómico de año en el lenguaje Hopi original y como se puede deducir, no existe ninguna unidad de medida superior. Es curioso en cuanto tienen calendarios tallados en la roca que utilizan la luz del Sol, pero sólo son utilizados para celebrar los cambios de estación. Sólo tras el contacto con los misioneros cristianos llegaron a entender conceptos como hora o semana.

En ningún caso el Tiempo se considera una sustancia, algo cuantificable que se pueda expresar mediante un sustantivo. Para decir “mañana”, la expresión literal es “mientras la fase matinal ocurra”. De todos modos, tienen claro el concepto de secuencia, del orden en el que las cosas suceden.

A estas alturas sería correcto preguntarse si tienen verbos, dado que toda acción transcurre en el tiempo. Sí los tienen y de hecho la estructura típica de una oración es Sujeto-Objeto-Verbo; pero su conjugación es mucho más simple que en las lenguas que conocemos, y harto curiosa.

Por cierto que se ha negado (incluso el propio Whorf lo hizo al principio) la existencia de cualquier tipo de modulación en los verbos Hopi, pero los lingüistas modernos han concluido que no es así. Aun así, el mito persiste en muchas publicaciones y afirmaciones que se realizan sobre esta cultura.

Lo más parecido a una referencia temporal que existe en sus verbos es la referencia a la duración de algo: pueden matizar si algo es muy breve, si no lo es tanto o si es permanente. Curiosamente, los sustantivos que en occidente utilizamos para designar eventos fugaces como relámpago, ola, meteoro, en Hopi sólo tienen sentido expresados como verbos: no duran lo suficiente como para ser “algo”. Incluso el concepto “luz” no existe como sustantivo, sino como verbo.

Respecto a los modos, existen dos análogos a nuestro indicativo-subjuntivo: uno para aquello que se está manifestando ahora mismo y otro para lo que está empezando o dejando de manifestarse. Esto quedará más claro cuando hable de su metafísica. Por otra parte, existen multitud de partículas que expresan si una acción es cíclica, puntual, continua, etc… admitiendo un montón de matices a la hora de describir sus cualidades, con lo que no estamos hablando de una lengua especialmente limitada.

METAFÍSICA

Si en Occidente distinguimos entre Espacio y Tiempo, los Hopi parecen distinguir entre mundo Objetivo o Subjetivo, aunque esta diferenciación no es como la nuestra, que meramente asocia lo Objetivo al mundo externo y lo Subjetivo a la experiencia interna de cada cual.

Antes de proseguir hay que darse cuenta de que la manera correcta de explicar la metafísica Hopi es usando la lengua Hopi. Hablar de Objetivo y Subjetivo no deja de ser una licencia y una aproximación. Expresar la metafísica Hopi con todos sus matices utilizando una lengua europea es difícil, con lo que me limitaré a un esbozo.

Para un Hopi, lo Objetivo es aquello que es percibible por los sentidos y se manifiesta en este preciso momento. Dentro de lo Subjetivo está todo lo demás; desde el mundo interior de cada persona, el reino de la mente, hasta aquello que nosotros situamos en el pasado y el futuro.

Este mundo Subjetivo, importante aclaración, es único y compartido por todos los seres, lo que condiciona profundamente su relación con las demás entidades vivientes e inanimadas, ante las que manifiesta un respeto reverencial, a diferencia de Occidente donde se supone que la Subjetividad es exclusiva de cada sujeto. Por ello, un indio Hopi no experimenta un Yo o un Ego del mismo modo que nosotros, ya que sus pensamientos, temores, emociones y esperanzas no pertenecen tanto a él mismo como a la Totalidad. Si le preguntamos donde reside su consciencia, probablemente se señale el corazón antes que la cabeza (lo que parece ser una constante en la propiocepción de los indios americanos) y reconozca la existencia de un corazón presente y compartido en todos los seres.

Aclarada esta dualidad esencial de la realidad, el transcurrir de los acontecimientos se describe sin más como un tráfico entre el mundo Objetivo, que es definido y concreto, y el Subjetivo, nebuloso e intangible.

Así, cuando algo se “acerca”, lo que ocurre es que lo Subjetivo se va concretando hasta hacerse Objetivo. Y cuando se “aleja”, lo Objetivo se disuelve en lo Subjetivo. Este proceso es gradual, y a medida que un suceso se hunde en el pasado, va perdiendo objetividad hasta hacer totalmente subjetivo y, en cierto modo, borroso. Pero no por ello menos real. En palabras de Whorf:

Conforme el reino objetivo despliega su atributo característico de extenderse, alejándose del observador hacia esa impenetrable zona remota, que se encuentra muy lejos en el espacio y muy atrás en el tiempo, se llega a un punto en el que cesa de ser concebible la extensión en detalle, perdiéndose ésta en la vasta distancia; en este punto, lo subjetivo se desliza por detrás de las escenas y se funde con lo objetivo, de forma que a esta inconcebible distancia del observador —de todos los observadores— existe un fin y un comienzo de las cosas, que lo rodea todo y donde se puede decir que la existencia misma oscila entre lo objetivo y lo subjetivo. Es el abismo de la antigüedad, el tiempo y el lugar del que se habla en los mitos, que sólo es conocido subjetiva o mentalmente, el hopi se da cuenta, e incluso expresa en su gramática, que las cosas dichas en mitos o historias no tienen la misma clase de realidad o validez que las cosas del momento presente, las cosas de la preocupación práctica.

Todo esto implica que, para un Hopi, tanto el pasado como el futuro ya existen en cierta forma nebulosa, lo que se refleja en sus creencias mitológicas.

MITOLOGÍA

Los Hopi tienen una mitología notable, y hasta algo que podríamos llamar Historia; lo que resulta chocante después de todas estas reflexiones sobre su percepción del Tiempo. Pero esto se comprende mejor cuando comprobamos que a sus diferentes ciclos históricos los llaman “Mundos“. Y que abarcan tanto el pasado como el futuro.

Como expliqué antes, los eventos ubicados en el pasado o futuro lejanos tienen naturaleza de mito, y este se convierte en la expresión difuminada de algo real que está muy lejos de aquí. Y aun siendo una cultura sin escritura, conservan la información del pasado (y del futuro, hablaré de sus profecías en otro artículo) tallada en forma de dibujos en piedra, petroglifos. Estos existen como grabados en paredes de roca y también en antiquísimas tablas de mármol cuya existencia ha sido confirmada por algunos investigadores, pero que por lo general son fuertemente custodiadas por los diversos clanes.

Estas hablan de su propia cultura y también de la totalidad de la Humanidad. Así describen nuestro mundo como el Cuarto Mundo, ya que antes hubo otros tres, separados entre sí por catástrofes. El Primer Mundo acabó por el fuego, el Segundo por el hielo y el Tercero por el agua (lo que coincide con el mito universal del Diluvio).

Los Hopis sobrevivieron a la última destrucción gracias a que la Madre Araña (una figura central en su mitología y otras emparentadas) escogió a los más justos y les metió en unos juncos para que flotaran en el agua. Una vez pasado el diluvio, los supervivientes migraron por lo que, según su descripción, era la totalidad del continente americano. Durante esta migración, la población aumentó y las disensiones entre clanes provocó que hubiera una serie de escisiones que, según ellos, dió lugar finalmente a la totalidad de civilizaciones presentes en América.

Nuestro Mundo actual, el Cuarto, ha de dejar paso al Quinto de forma inminente, y esto sucederá cuando el Gran Hermano Blanco del Este, conocido como Pahana, retorne (!). La Humanidad deberá recorrer en total 7 Mundos.


En otro artículo hablaré hablo sobre las profecías Hopi, interesantísimas.

Info detallada sobre la lengua Hopi en google books: Hopi time: a linguistic analysis of the temporal concepts in the Hopi language

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14 Junio 2010

ciencia vs. superchería, o no

Archivado en: Análisis, Ciencia, Heterodoxia, Salud — voet

Visito desde hace unas semanas el que me parece uno de los mejores blogs en español: La Pizarra de Yuri. Su autor escribe estupendos artículos sobre ciencia y tecnología, tan extensos como documentados, y además manifiesta debilidad por la ciencia y tecnología soviéticas, igual que yo.

Sin embargo me he encontrado en él, como es normal en estos ámbitos, la tendencia a negar todos aquellos fenómenos que no admiten, en principio, una explicación científica; precisamente por eso, porque no parecen tenerla.

Esto es especialmente notable en dos artículos que Yuri ha escrito titulados “La Guerra Secreta de los Magufos” (partes 1 y 2). En ellos se discuten multitud de fenómenos inexplicables por la ciencia y el intento por desentrañarlos. Obviamente, en la mayoría de los casos se trata de auténticos fraudes malintencionados. En otros, sencillamente, la respuesta no está tan clara o, por decirlo de otra manera, el problema es de mero enfoque. Sin embargo, tanto el autor como los visitantes del blog tienden a hacer tabula rasa y situar al mismo nivel la medicina alternativa y las caras de Bélmez, como ejemplo extremo.

Antes de proseguir quiero dejar clara mi postura: Aprecio el método científico como el que más. Precisamente por eso creo que la Ciencia en ningún caso debe partir de criterios apriorísticos e invalidar ciertos fenómenos sólo porque en su estado actual no sea capaz de explicarlos. Obligación del científico serio debe ser intentar hayar el método y la óptica adecuados que permitan explicar el fenómeno en cuestión y, más aún, establecer un modelo coherente que permita predecir el comportamiento (y explotarlo con provecho) del sistema a estudiar. Pues esa es la misión final de la Ciencia.

Lo que no admito bajo ningún concepto es considerar la Ciencia como la panacea que explica la totalidad de la experiencia humana. Y menos aún, la capacidad que se arrogan algunos científicos de negar taxativamente la realidad de todo lo que cae fuera de la esfera del conocimiento científico, que es mucho.

En este caso he centrado la discusión en la Acupuntura. ¿Por qué?

Porque es un ejemplo perfecto de disciplina que, por una parte ha demostrado una eficacia aceptada por gran parte del stablishment científico (aunque no por todo) y por otra aún se muestra resbaladiza a la hora de ser analizada desde un punto de vista científico. Es decir, está en las fronteras de la Ciencia: tiene un pie dentro y otro fuera.

Al mencionar el asunto en los comentarios del blog he recibido básicamente dos respuestas: la primera que su eficacia es debida al efecto placebo, y la segunda, que el chi no existe. En ambos casos, respuestas precipitadas.

Para quien no esté al tanto, debo explicar que el chi es una especie de fluido inmaterial que, según la medicina china, recorre el cuerpo por canales determinados y cuya correcta distribución por el organismo supone la posesión de un estado saludable, y viceversa. La acupuntura trabaja sobre el enfermo estimulando, mediante agujas u otros métodos como la moxibustión, puntos concretos de esos canales, llamados meridianos, para obligar al chi a seguir determinadas rutas, reestableciendo así el estado de salud.

Sobre la primera afirmación de que la acupuntura se basa en el efecto placebo no me voy a detener. Invito al lector a que busque en internet sobre el asunto para que compruebe por sí mismo que la acupuntura SÍ funciona. Para quien no quiera buscar: aquí se puede ver un extensísimo listado de experimentos sobre acupuntura amparados por la OMS. La mayoría de resultados demuestran su eficacia real. Más aun, respecto a los efectos medibles del chi tenemos este otro review del MEDLINE donde unos expertos practicantes de chi kung (o qi gong, una especie de gimnasia dirigida al control del chi) fueron capaces de generar campos de 1,5 teslas, suficientes para reventar un marcapasos a varios metros.

Yo era el primer sorprendido del dato, pero tal como me revelo Javi en la misma discusión, el abstract citado contenía errores de bulto en la conversión de unidades. Tras examinarlo a fondo creo que he dado con la clave: sólo las medidas en gauss son coherentes entre sí y aparentemente correctas, fallando la conversión a teslas. De ahí, estamos hablando de miligauss y microteslas. En cualquier caso, este abstract y otros relacionados hablan de incrementos de tres órdenes de magnitud en el campo magnético natural del cuerpo, pasando de micro a miligauss. Gracias, Javi.

Sobre la segunda cuestión, que es la ausencia de una explicación científica: Debemos revisar el concepto de paradigma científico.

Al mencionar la palabra “Paradigma” en la discusión que tenemos en La Pizarra de Yuri, alguien recurrió a su definición dentro del ámbito gramatical. Sin embargo, dentro del ámbito de la Filosofía de la Ciencia, un paradigma es mucho más que eso. La wikipedia española tiene un artículo muy bueno al respecto y allí remito.

Resumiendo, un paradigma consiste en la base de pensamiento de la que parte una disciplina cualquiera. A veces se le da tan asumido que se le toma como verdad axiomática y ni siquiera se cuestiona su pertinencia o implicaciones profundas.

Dentro del ámbito científico se toma como parte esencial de su paradigma el hecho de que existe una Realidad Objetiva Consensuable, que consta de magnitudes medibles y sobre la que se puede operar. Cuando una determinada afirmación se puede comprobar experimentalmente, es reproducible y no aparecen contraejemplos, podemos hablar entonces de verdad científica.

Lo anterior admite infinidad de matices. Incluso desde lo que podríamos llamar el subparadigma de la Mecánica Cuántica, el concepto de Realidad Objetiva se hace escurridizo. Pero ello no impide que la Mecánica Cuántica sea la ciencia que es capaz de deducir a nivel teórico y con la mayor precisión los resultados de sus experimentos, aun cuando su metodología actual (puro análisis numérico mediante supercomputación de la función de onda aplicada a cada caso) tiene mínima conexión, por no decir ninguna, con la experiencia cotidiana.

Ahora: si el paradigma científico parte de la existencia de una Realidad Objetiva Consensuable ¿lo que queda al otro extremo es la Fantasía Subjetiva Incomprobable?

No, a pesar de que muchos científicos parecen felices de oir semejante afirmación. Lo que queda al otro lado de la Realidad Objetiva Consensuable es, sencillamente, el terreno donde la Ciencia debe tener cuidado al pisar. Caminar por este territorio nos obliga a utilizar un paradigma NO científico que explique la experiencia subjetiva: ¡pero ello no implica que esa experiencia no sea real!

Ejemplo: Cuando hablamos de la sensación de ser “YO”, todos sabemos de lo que hablamos, de esa inexplicable sensación de ser cierta persona y no otra, de ser una especie de Centro de la Experiencia del Mundo. Todos sabemos lo que es la “Yoez”, por decirlo de algún modo. Pero escapa a todo posible análisis puramente científico. No es posible hacer experimentos objetivos con la “Yoez”.

Volviendo a la Acupuntura… ¿qué paradigma aplicamos?

Para ello es necesario ir muy atrás en el tiempo y entender las diferencias profundas existentes entre las Filosofías Oriental y Occidental.

Ambas partieron, en sus orígenes, del mismo problema: la naturaleza de la Realidad, o lo que es lo mismo, de la naturaleza del Ser: ¿De qué está hecho el Mundo? Esta cuestión corresponde a la rama de la Filosofía llamada Ontología.

En Occidente estas cuestiones, que se sepa, comenzaron por los filósofos presocráticos: unos afirmaron que el Ser era el agua, otros el fuego, etc… en cualquier caso, y a excepción de Heráclito, que fue el que más cerca estuvo de acertar, se intentaba identificar el Ser con una sustancia material, tangible, percibible; aunque diferente para cada pensador. Es decir, desde un principio se intentó establecer el Ser como una forma de materia primordial subyacente en todo.

Parménides, al que se acusa injustamente de sofista, se pudo divertir mucho encontrando toda clase de contradicciones en este punto de vista: ¿Si todo es Ser, qué hay en el vacío? ¿Si tú antes de nacer no estabas y dentro de un tiempo estarás muerto, eres o no eres?

Sin embargo la cuestión ontológica siguió por la misma vía durante siglos, especialmente después de que Platón y Aristóteles partieran el Mundo en dos esferas (la celeste y la terrenal) y multiplicaran los tipos del Ser para evitar esta contradicción inherente.

Esta contradicción de base impregnó todo el Pensamiento de Occidente, culminando en Hegel y Marx, quienes definieron la Filosofía como un perpetuo conflicto y establecieron una visión historicista-dialéctica. A partir de ellos el problema ontológico quedó, como quien dice, relegado a segundo plano.

El emperrarse en identificar Ser y Sustancia provocó que Occidente tuviera finalmente una Historia del Pensamiento. Nuestro paradigma contiene la semilla de la contradicción y, esto es lo importante, nos ha conducido a una visión del mundo finalmente materialista/mecanicista:

La Naturaleza se compone de botones y palancas que, convenientemente apretados, nos permiten operar sobre el mundo. Ello es posible aislando los fenómenos y objetos en sus partes elementales mediante el análisis, y determinando posteriormente las reglas que los hacen funcionar.

Esto no es ni cierto ni falso, ni bueno ni malo: es la consecuencia de adoptar un paradigma concreto que, aunque problemático en su desarrollo, nos permite finalmente trasplantar corazones o alcanzar la Luna en cohete. De hecho, Occidente posee la hegemonía científica y tecnológica por algo. Negar esto es absurdo, y la potencia del método científico es indiscutible.

Vayámonos a Oriente.

Allí el problema ontológico se zanjó de un plumazo desde un primer momento. Sencillamente, la naturaleza del Ser NO es material: el Ser es, ante todo, un proceso que sigue unas reglas fijas, determinadas y eternas de evolución; el mundo de los objetos y fenómenos no deja de ser una expresión (temporal, fungible) de ese proceso.

Estas reglas no admiten una sola formulación. Hay, por ejemplo, una lógica elemental basada en el principio de Yin y Yang. Otra más compleja se refleja en los hexagramas del I Ching. También se usa un modelo que explica los procesos en función de los modos de interacción entre cinco elementos.

En definitiva, en Oriente NO existe una Historia del Pensamiento como en Occidente, ni tampoco una Ciencia como la occidental, sencillamente por el hecho de que, desde el inicio de su cultura, TODO fenómeno encajaba dentro de la explicación básica dada por su punto de vista energético/integrador, en cuyo fundamento no existe contradicción.

A partir de esta paradigma que determina que todos los sistemas están sometidos a las mismas reglas eternas, el trabajo consiste en ampliar/aplicar esas reglas a ámbitos específicos. Por eso, la visión del mundo oriental se parece más a:

La Naturaleza consiste en la interacción y transformación perpetua de pluralidad de objetos y fenómenos. Las reglas de esa transformación e interacción son conocidas y de aplicación universal, con lo que basta un conocimiento puramente empírico de los fenómenos y objetos concretos para poder operar sobre ellos aplicando esas reglas.

En la discusión de la página de Yuri puse un ejemplo de esto que fue malinterpretado por mi culpa, por no expresarme bien.

Un riñón, para la medicina occidental, es una estructura concreta del cuerpo que efectúa principalmente una función de filtrado de la sangre. Pero para establecer el concepto de riñón, mentalmente se ha de aislar del resto del organismo, hay que darle unos “tijeretazos” metafóricos. El riñón aislado no sirve para nada, ya que sólo tiene sentido dentro del organismo en su totalidad.

Para la medicina oriental, el riñón es una función concreta, la de eliminación de tóxicos del organismo. El riñón en este caso no es un órgano aislado, sino la suma de todos los procesos de eliminación: sudoración, etc… que no están limitados a una única estructura u glándula. Esta función y las demás del organismo están intrincadamente entrelazadas.

La medicina china, profundamente empírica, comprueba que cuando una persona tiene determinados problemas de salud, estos se reflejan como dolor y contracciones en diversos puntos del organismo, que parecen tener una lógica inherente en su distribución. Esta lógica se superpone a la de las reglas universales ya mencionadas, establecidas en torno a conceptos como el yin-yang y los elementos fuego-tierra-agua-madera-metal. Y de ahí se deduce finalmente un modelo que explica la salud y la enfermedad en función de un fluido llamado chi y su circulación.

¿Es esto ciencia al uso? No, desde luego. ¿Existe el chi? Buena pregunta. Para la Ciencia Occidental no tiene sentido. Para la Medicina Oriental, supone la explicación de todo. Y un médico chino comprueba y ratifica la existencia del chi cada vez que cura a alguien clavándole agujas. ¿No es en cierto modo también una especie de ciencia?

En la misma discusión de la página de Yuri comparo el chi con los neutrinos, por ser también elusivos. Estos escurridizos pequeñuelos fueron deducidos teóricamente como residuo problemático que surgía a la hora de describir matemáticamente ciertos procesos de la Mecánica Cuántica.

¿Existen los neutrinos? Por allí me dicen que sí. Yo no lo pongo en duda. De todos modos, para ver los efectos de un neutrino hay que hacer unos experimentos muy raros y muy complicados cuyas implicaciones cosmológicas son inabarcables, ciertamente. Pero, desde luego, no existe ninguna evidencia directa de la existencia del neutrino. Como no la hay del chi.

Ahora… ¿los neutrinos y el chi son “reales”?

La pregunta tiene menos sentido del que parece. En cualquier caso, tanto el chi como los neutrinos son objetos que pertenecen a modelos distintos del mundo. Uno es el científico, otro es el de la medicina oriental. A la hora de la verdad, la validez del modelo no corresponde a su tangibilidad per se, sino a su utilidad final. En ambos casos, neutrinos y chi existen porque somos capaces de comprobar sus efectos y porque son coherentes con el resto del modelo al que pertenece cada uno. Porque son útiles.

A donde quiero llegar con todo esto es que la Ciencia no tiene ningún derecho a invalidar todo aquello que no encaja dentro de su modelo. En todo caso, debe mantener la objetividad de la que presume y no pronunciarse definitivamente sobre aquello que no abarca.

Personalmente estoy convencido de que la acupuntura admite una explicación puramente científica, pero que esta todavía no está lo suficientemente madura o acabada como para que ello sea posible.

Y mientras tanto, no se puede despreciar con prepotencia seis mil años de tradición. De las caras de Bélmez se puede uno reir todo lo que quiera. Pero de la medicina oriental, no, por favor.

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