29 septiembre 2011

ed alleyne-johnson

archivado en: Heterodoxia Música Nostalgia

En mi último artículo sobre música hablé de Thomas Diethelm y su técnica de pedaleras con delay para tocar sobre sí mismo creando capas y capas cada vez más complejas de su propia interpretación, de tal manera que al final parece que no hay un solo instrumentista, sino varios de ellos a la vez.

Pues bueno, Diethelm no es el único que se caracteriza por utilizar esta técnica como sello personal, y por eso me ha parecido oportuno hablar de Ed Alleyne-Johnson, un violinista de Liverpool bastante curioso. Aunque es necesario aclarar antes de proseguir que, a diferencia de Diethelm, no es ni mucho menos un músico excepcional o especialmente creativo. Más aún, diría que es bastante mediocre, y no en el sentido despectivo, sino en el literal: qué hay muchísimos músicos igual o mejores que él. Pero original y freaky es un rato. Y además, en cierto sentido frívolo, forma parte de mi vida.

Mi primer contacto con Ed ocurrió en el edificio de Galerías Preciados de Oviedo a mediados de los 90, cuando el negocio ya estaba cerca de las últimas. Allí, en la horrible sección de música que había en la planta baja, entre éxitos pop y folklóricas, encontré este disco de aquí a la derecha, publicado en 1992. Costaba la friolera, de aquella, de 3000 pesetas, el equivalente a unos 70€ actuales. No exagero: recuerdo que en esos años un quinto de cerveza costaba 100 pesetas en la mayoría de sitios de marcha.

Recuerdo como me quedé fascinado con la portada de Purple Electric Violin Concerto. Por las pintas jipiosas-psicodélicas-lennon del tío, el violín rarísimo —de cinco cuerdas y construído por el propio músico, cosa que yo no sabía en ese momento— y el Conjunto de Mandelbrot como motivo recurrente en la decoración. De aquella éste no era un icono popular y sólo era conocido por friquis como yo, que en esos años me dedicaba a programar en C representaciones de fractales con mi PC Amstrad.

Lamentablemente la política de escucha de CDs de Galerías era un poco idiobécil —que no dejaban, vamos— y no sólo no tenía ni idea de a qué sonaba aquello, sino que no podía, en principio, ¡ni quitarle el plástico a la caja! Con lo que allí estaba yo contemplando lo que prometía ser la música del futuro, sin poder oírla, y con un Mandelbrot que sonreía y susurraba …cooómprame

Pero hablo de la época en la que 3000 pelas eran una pequeña fortuna y yo no tenía un duro; de la época anterior a internet, de una miseria y una escasez musical patética, la era en la que las discográficas se forraban a nuestra costa descaradamente y en la que comprar o no un disco era una decisión trascendental, al menos para la cartera.

Así que ni corto ni perezoso escondí el disco en la clasificación más aberrante para él, para minimizar las probabilidades de que alguien se lo llevara. Creo que lo metí entre las folklóricas. Y durante más de un año, cada vez que pasaba por galerías, me aseguraba de que siguiera en su sitio.

Por fin llegó el día en el que a Galerías Preciados le tocó liquidar sus existencias de casi todo, más o menos por el año 1995. Me acerqué y comprobé horrorizado que MI disco había desaparecido… pero claro, porque miré en mi escondite entre las folklóricas. Cuando recapacité y examiné la sección de New Age, allí estaba esperando por mí. Alguien de la tienda, tras bajarle el precio a 1000 pesetas, seguramente extrañado por la ubicación lo había cambiado de sitio. Y por esa pasta me lo llevé a casa. Si es que no hay como saber esperar.

Y bueno, el disco estaba bien, pero ni mucho menos tan bien como yo esperaba. Era repetitivo y algo pesado; pero es que no se le puede pedir más a un señor en solitario con mil delays que no toca precisamente a la velocidad del rayo. Escuchen:

El resto de los temas del disco son por el estilo, hasta el punto de que el álbum no es tan adecuado para una escucha atenta como para utilizarlo de música de fondo durante una cena romántica o similar. Es posible que algún instrumento más o el uso de percusión lo hubiera dinamizado lo suficiente como para hacerlo más interesante. Aun así, decidí no perderle la vista a este señor. Y llegada la era de la abundancia musical de mano de internet, el señor Alleyne-Johnson fue una de mis primeras búsquedas en el famoso programa Napster, que tantas alegrías nos dió a los primeros internautas.

Entonces me enteré de que había al menos otro disco publicado en 1994, dos años después de Purple Electric Violin Concerto: Ultraviolet, el que cada corte estaba dedicado a un color.

En el fondo, más de lo mismo. Eso fue lo que pensé tras escuchar este disco.

Estaba claro que Ed como compositor no es brillante, aunque como intérprete sea correcto, y que insistía en llevar todo el peso de la música él solo. Y que la técnica de pedaleras con delays que le permite tocar sobre capas de sí mismo, aunque en muchos aspectos un regalo, por otra también le limita enormemente, pues sólo le deja, a la hora de la verdad, tocar composiciones tipo canon contrapunteando sobre sí mismo.

Mi intuición sobre el talento compositivo de Ed fue correcta, y me lo confirmó el hecho de que los siguientes discos que podemos considerar exitosos, Echoes (2004) y Reflections (2006), son exclusivamente versiones de éxitos pop-rock y fueron publicados tras un aparente hiato de 10 años en el que Ed sacó tres discos más de composiciones propias que no tuvieron absolutamente ninguna repercusión.

La verdad es que este video me produce cierta indignación. Parece que hasta ahora, por lo que he dicho, no valoro mucho a este músico, pero no es cierto. Es verdad que NO es un gran músico, pero creo que merece alcanzar cierto status de culto aunque sea por la fidelidad que ha mostrado a su propio (aunque limitado) estilo personal. En otras palabras, debería estar sobre un escenario tocando para sus 100 incondicionales en todo el mundo y no pidiendo en la calle, tocando para el camión de la basura que casi le pasa por encima.

De todos modos se ve que es un hombre que le gusta estar al pie del cañón y no desiste en su empeño de hacer música. Así, en 2008 volvió a sacar un disco de composiciones propias, Symphony (que incluye una sinfonía, como su título indica) y este mismo año 2011, otro con mitad de temas originales, mitad versiones: Arpeggio.

En cualquier caso, estoy seguro que Ed Alleyne-Johnson está orgulloso y contento de lo que hace, que es consciente de sus limitaciones, y que algún día obtendrá el reconocimiento pleno de una pequeña pero fiel base de admiradores. Probablemente con eso le baste.

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21 septiembre 2011

diethelm/famulari

Ayer realicé uno de los descubrimientos musicales más interesantes de este año, gracias al amigo Da Robotz que está puestísimo en este tipo de rarezas. Se trata de un dúo de los 80 formado por los, relativamente desconocidos, músicos suizos Thomas Diethelm y Santino Famulari. No pongo enlaces porque, tristemente, no hay información relevante sobre ellos nisiquiera en la wikipedia.

El primero, Diethelm, posee un sonido muy peculiar debido a su uso de guitarras acústicas con cuerdas de nylon embellecidas con infinidad de efectos, pero sobre todo con el uso de larguísimos delays sobre los que superpone multitud de capas de su propia interpretación. Sin duda es una técnica muy resultona que todos los guitarristas con gusto por los electrones hemos probado alguna vez, y que disimula muy bien las carencias del intérprete. Pero no nos engañemos, porque Diethelm tiene una técnica soberbia, estratosférica —no sin razón es uno de los mejores guitarristas suizos—, y en sus manos esta técnica no es resultona, sino deslumbrante.

no estoy del todo seguro si este hombre es thomas diethelm, aunque por el estilo, la edad y los recursos utilizados, y el hecho de que por alguna parte leí que su último proyecto se llamaba efectivamente guitero, diría al 90% que sí. en cualquier caso, espectacular.

Famulari es un teclista/pianista de jazz bastante conocido dentro de los circuitos de músicos de su país, pero muy poco fuera; de hecho es muy difícil encontrar información sobre él en internet. Pero desde luego, simplemente escuchándole se aprecia que también tiene una técnica muy depurada y un buen gusto considerable, así como un sincero amor por los sintetizadores.

El dúo Diethelm/Famulari se formó en 1982 y sacó su último disco en 1984, con lo que lamentablemente sólo estuvo en activo dos años. Existe, eso sí, cierta incoherencia sobre el número de discos publicados, ya que algunas fuentes hablan de los siguientes tres:

Sin embargo he sido incapaz de encontrar el primero, que me temo se trate de algún tipo de single promocional. La página DiscoGS, que para mí, a todos los efectos, es la referencia absoluta para este tipo de cuestiones, confirma que sólo parecen existir los dos últimos álbumes.

Ambos discos están repletos de temas enormemente dinámicos, muy enérgicos y frescos. Intentar seguirlos con la guitarra muestran rápidamente —por los acordes y digitación empleados— que la mayoría, si no todos, están compuestos efectivamente por el guitarrista, Diethelm, y que Famulari tiene un papel más secundario, pero sin duda imprescindible, a la hora de adornar los delirios melódico-instrumentales del primero.

Algo que llama la atención, a la hora de comparar ambos discos, es lo similares que son en su producción, a pesar de contar con ingenieros distintos: La mezcla es ambos casos es considerablemente limpia, a pesar de lo apabullante que puedan resultar las distintas capas de guitarra, como corresponde al espíritu de la época, los primeros 80. La reverberación de la mezcla también es muy de esos años, y quien haya escuchado Crises, de Mike Oldfield —especialmente el corte Taurus 3— reconocerá ese peculiar matiz sonoro.

De hecho, la escucha de este dúo, especialmente en los momentos más tranquilos, ocasionalmente recuerda bastante a los discos de Oldfield de los primeros 80. Pero también se aprecian reminiscencias de Yes, e indudablemente de otros superguitarristas como Pat Metheny o Al Di Meola. Hola.

Y es que este disco se suele ubicar en el Jazz, en el New Age y en otras etiquetas que no le acaban de cuadrar del todo. Personalmente, lo ubicaría a medio camino entre el Jazz-Rock, al estilo de los que acabo de mencionar, el Flamenco-Rock —la instrumentación ayuda— y el Art-Rock de dúos como Godley & Creme, otro par de marcianos muy interesante, aunque considerablemente más chiflado; y es que por momentos remite a los espectáculos de vodevil.

Queda por añadir que cada disco tiene un percusionista de lujo como acompañante: En The Flyer el responsable es la mala bestia conocida como Trilok Gurtu, y en el segundo, Valleys in My Head, el menos conocido, pero no menos animal, Fritz Hauser.

Quizás lo único que empaña estos discos sea la ocasional voz en falsete, bastante forzada, que aparece en algunos temas. Me recuerda a la (ausencia de) voz de Wim Mertens, que parece que se va a derretir en cualquier momento. Como dice la máxima: Qué gran cantante sería, si no fuera por la voz. Aun así, afortundamente no es la única voz que aparece.

Y bueno, llega el momento de dejaros con la música de estos dos genios. Espero vuestras opiniones en los comentarios.

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25 septiembre 2010

remasterizando grabaciones orquestales

archivado en: Análisis Audio Música

Por favor, escucha con atención el siguiente audio: es un fragmento de la grabación que vamos a remasterizar.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Acabas de disfrutar del principio del Concerto Grosso para Cuarteto de Cuerda y Orquesta, compuesto en 1958 por el compositor avilesino Julián Orbón, en la versión realizada por el Cuarteto Latinoamericano y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela dirigida por Eduardo Mata.

No sólo estamos hablando, por tanto, de una interpretación de primer orden, sino también de una grabación de excepcional calidad realizada en 1993 por la que quizás es una de las mejores compañías especializadas en la mal llamada música clásica: Dorian Recordings.

El propósito de este artículo es doble: por una parte, comentar algunas tendencias en grabación de sonido, con sus virtudes y defectos. Por otra, explicar como en algunos casos concretos de grabaciones orquestales podemos adaptar estas a un propósito muy distinto del original.


Existen dos tendencias opuestas a la hora de grabar música, cada una de ellas asociadas a dos estilos muy distintos como puedan ser el pop y la música orquestal.

Desde los años 80, a pesar de los crecientes y cada vez más baratos medios técnicos, la grabación de música pop se caracteriza por las llamadas loudness wars, que no son más que una absurda tendencia a hacer que la música suene cada vez más alta a costa de perder su dinámica; hasta el punto de que hoy en día cualquier canción de la radio suena con el mismo volumen —ensordecedor— de principio a fin.

Dentro de la música orquestal la tendencia es justo la contraria: respetar en lo posible la experiencia original de escucha. Esto sin duda es bueno, pues de este modo se garantiza que la experiencia sea lo más fiel posible, lo más parecido a estar en una sala de conciertos. Sin embargo esta filosofía tiene su lado negativo, ya que condiciona el uso de aparatos reproductores de alta fidelidad a un volumen adecuado y en un ambiente completamente silencioso.

¿Por qué es así? porque precisamente la fidelidad a la dinámica, el respeto a las secciones musicales que suenan a volúmenes muy diversos, provoca que este tipo de grabaciones no se puedan escuchar en ambientes como pueda ser el interior de un coche, lugar que como un gran ingenierio de sonido definió, es el peor lugar donde se puede escuchar música. Más aún, existe un adagio que asegura que si una grabación suena bien en un coche, probablemente suena bien en cualquier otra parte.

La compañía Dorian Recordings, responsable de esta producción del Concerto Grosso, sigue una curiosa política a la hora de grabar sus discos: hace uso exclusivo de dos micrófonos digitales de altísima calidad (que cuestan lo que usted y yo ganamos en varios meses) cuya señal no es posteriormente procesada de ningún modo… y que además están situados en el centro de la sala de conciertos donde se ejecuta la interpretación. Esto, como ya he explicado, es en aras a simular, dentro de lo posible, la experiencia de un oyente que se encontrara en la misma sala durante la grabación.

No obstante, ésta sólo se puede apreciar correctamente en un ambiente perfectamente controlado como el ya descrito. No se puede escuchar bien en un coche, como mencioné antes, o con unos auriculares mientras caminamos por la calle.

Así que voy a proceder a explicar como, mediante el uso de herramientas informáticas relativamente sencillas u otras equivalentes, podremos modificar cualquier grabación original, exquisita, delicada, para convertirla en una especie de grabación todoterreno susceptible de ser escuchada en cualquier ambiente. Y como no, pondré de ejemplo la pieza que hemos tenido ocasión de escuchar al principio del artículo.

Por otra parte, y esto es preferencia personal, voy a explicar también como mover esa grabación de su pretendida ubicación original, que es el patio de butacas, para ubicarla, virtualmente, en el puesto del director de orquesta, el personaje que, en teoría, es el que mejor la escucha.


Este primer gráfico, realizado con un magnífico programa llamado Har-Bal, refleja el espectro acumulado de la grabación original. En él la línea amarilla representa la magnitud de los picos presentes a cada frecuencia, y la línea verde la potencia RMS (root mean square), que no es más que la raíz de la media del cuadrado de la onda en cada frecuencia. Esta línea verde es muy importante pues es análoga a la intensidad real percibida por el oído.

Debería llamarnos la atención la horizontalidad de ambas lineas en el rango de 150 a 2000Hz: ahí se recoge la mayor parte de la información musical, y en ese sentido la grabación es absolutamente impecable.

Sin embargo, vemos que la caída de ambas líneas a partir de 2000Hz es exagerada. Es decir, falta tanto el brillo de algunos instrumentos, como los violines y los vientos-metal, como la sensación de estar ahí, de directo, que se expresa siempre por encima de los 10000Hz. Esto es por el hecho de que el aire suele absorber esas frecuencias en el momento que estamos a cierta distancia de la fuente de sonido, lo que es lógico si asumimos que los micrófonos se encontraban en el medio de la sala, a muchos metros de la orquesta.

Por otra parte, en la zona de los bajos vemos una caída también espectacular y una gran distancia, con respecto al resto de la gráfica, entre ambas líneas, lo que es especialmente notorio en el pico que se encuentra justo debajo de los 50Hz y que corresponde al timbal de la percusión, muy presente a lo largo de toda la obra. Este aumento de la distancia entre el valor pico y el valor RMS lo encontraremos siempre en instrumentos pinzados y percutidos, precisamente por la altura del “golpe” inicial.

Debo decir en este momento que, personalmente, considero el Concerto Grosso de Orbón absolutamente espectacular, brillante, vibrante; incluso, permitiéndome ser poético, con sabor a jungla. Y por eso la he elegido. Porque es una pena que esa información sonora, el brillo, el aire, se pierda. Así que procederemos a, entre comillas, “arreglarla”.


El primer paso será subir los agudos para así, virtualmente, acercarnos a la orquesta y situarnos en el puesto del director. Eliminaremos, por así decirlo, el aire intermedio.

El siguiente será nivelar la línea verde de tal modo que quede como en la gráfica siguiente: perfectamente nivelada, en el primer tramo, a -40dB, para luego efectuar una caída suave a partir de la zona de 1000 hasta los 10000Hz, donde rozará los -50dB. Esto es para que a la hora de comprimir, que será nuestro siguiente paso, situemos el umbral de compresión precisamente a partir de esa línea y así acercar/aplastar la línea amarilla de picos hasta dejarla más o menos paralela a la verde.

Esa caída suave en las frecuencias agudas, una vieja regla en masterización, impide que la música sea tan brillante que resulte desagradable a lo largo de un tiempo. Todas las buenas producciones la tienen, aunque en función de la mezcla la pendiente puede ser mayor o menor: en ese sentido no existe una regla fija.


Las siguientes capturas muestran los valores que he asignado al compresor multibanda Izotope Ozone, con el que la música será comprimida para aplastar esos picos. A mucha gente no le parece bien la compresión de la música orquestal. Yo creo, no obstante, que una compresión bien hecha siempre hace que la música suene mejor y se distingan mejor muchos detalles.




Como se puede ver, he puesto una gran pendiente, de factor 2:1, a partir del umbral de compresión, que en el caso de cada banda se aproxima al de la posición de la línea verde, la intensidad RMS, del espectro anterior. He tenido especial cuidado en los parámetros de ataque y liberación de los compresores, que son de unos 5ms y 100ms respectivamente, para evitar que la música “bombée” y también para añadir cierto punch, suavísimo, al ataque de los instrumentos.

Por otra parte hay que tener mucho cuidado en la señal de salida, que he bajado unos 12dB respecto a la de entrada, de tal manera que no se produzcan cortes de los picos. Y diréis ¿y por qué subio 18dB cada banda para luego bajar 12dB a la salida? ¿No sería mejor tocar nada y limitarse a normalizar la salida? Ya, pero es que de este modo hacia -60db puedo ver la puerta de ruido adicional que añado con una pendiente también 2:1 (en realidad, inversa a la de la compresión) para minimizar el ruido en las partes más débiles.

Adicionalmente he separado progresivamente los canales izquierdo y derecho de las frecuencias altas, como se refleja en el gráfico anterior: esto es porque el director percibe los instrumentos más separados que el oyente. Y también he juntado los canales en las bajas frecuencias para que suenen en mono. La información estéreo en este rango no suele aportar nada y de este modo los altavoces, que siempre pasan dificultades con los graves, trabajan al unísono apoyándose mútuamente.


Llegados a este punto, tras la compresión, apetece tirarse a maximizar la mezcla. Pero no lo voy a hacer sin antes comprobar como ha afectado la compresión a la ecualización. Esto hay que hacerlo siempre, aún a pesar del argumento de que demasiado proceso se acaba cargando el resultado. Véase lo que ha pasado:

En primer lugar, la suave pendiente de los agudos se ha aplanado un poco. Esto no suele ser bueno porque la que ya expliqué del cansancio de los oídos. Así que habrá que corregirlo.

Por otra parte, a la izquierda tenemos todavía parte importante del pico del bombo. A la hora de la verdad, a no ser que tengamos un subwoofer estupendo y nos guste la sensación de aire en el estómago, podemos desdeñar todo lo que esté por debajo de 50Hz porque pocos parlantes pueden reproducirlos y todo lo que esté en esta zona no hace más que añadir volumen a la mezcla… volumen que no oiremos y que además se restará a las bandas audibles. Por eso me lo cargo.

Tras ecualizar convenientemente eliminando los subbajos y bajando ligeramente los agudos obtendremos esta pequeña maravilla de espectro, muy parecido a los que conseguía Alan Parsons a base de puro oído:


Ya sólo queda el proceso de maximización. La onda final sólo tiene dos picos puntuales demasiado intensos y una zona central bastante prominente. De todos modos no se debe respetar mucho esa zona porque en el caso de esta pieza concreta es bastante estridente de por sí (consiste en la orquesta entera “llamando a la puerta” de manera obstinada) y el corte de esos picos apenas se notará.

Así que ajustando el maximizador (suelo usar el L2 Ultramaximizer de la increíble casa Waves) con los parámetros siguientes…

…obtenemos esto:

Comparando la onda de la grabación original con el resultado final se ve claramente el profundo efecto que ha tenido la compresión sobre las zonas de menor volumen; pero también como la dinámica de la grabación a grandes rasgos se conserva.

La grabación ahora no sólo es mucho más brillante y envolvente, en parte por la intención de desplazarnos virtualmente de la posición de oyente a la de director de orquesta: la intensidad total de la pieza se ha elevado de -28RMS de potencia media hasta -20RMS. Estos 8dB de diferencia implican casi el doble de volumen percibido. ¡Ya podemos escucharla en cualquier parte!

Por supuesto, no voy a acabar el artículo sin poner un audio que muestre, alternando, las diferencias entre la pieza original y el remaster realizado:

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archivado en: Análisis Audio Música

30 julio 2010

the bird and the bee

archivado en: Admirable Música

Hacía tiempo que no encontraba un grupo electrónico altersynthpopero tan fresco, original y de calidad como The Bird and The Bee.

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31 mayo 2010

rite of spring 4: vídeo

[Este es el cuarto post de la serie. El anterior está aquí.]

En el primer vídeo, correspondiente al inicio del concierto ofrecido por The Pink Panther Show, se puede comprobar que somos gente de lo más tranquila, nada entregada al despiporre o el paroxismo.

Disculpad, eso sí, la calidad de sonido: es tan mala por culpa de la cámara, no de los músicos. De hecho, los que estuvieron allí me podrán confirmar que sonaban de-la-hostia.

En el siguiente podemos apreciar la ejecución —casi completa— de un tema. Sólo falta el principio. El sonido se oye un pelín mejor y se puede seguir comprobando que somos gente sosegada que sabe disfrutar en contemplación, sin palabras. Om.

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rite of spring 3: concierto

[Tercer post con fotos de la Fiesta de Primavera: el segundo, aquí.]

Comienza la música en riguroso directo. Antes de proseguir con las fotos, debo aclarar que el juego de luces era absolutamente fantástico, pero sólo en alguna foto se aprecia con claridad. En todas las demás el flash de la cámara, necesario dadas las condiciones de luz, estropea un pelín el ambiente original. Pero qué le vamos a hacer.

Los que no hayais estado en la fiesta debéis saber que en ningún caso se contrató a un grupo. Todos, o casi, los músicos son aficionados y formaban parte de los invitados al evento.



Arranca la música con clásicos del rock’n'roll. Dándolo todo, como no.


El ambiente comienza a caldearse.


Pena del encuadre y de la sombra del flash, pero ¡toma energía!


SuperJuan prepara su superguitarra, con la que combate el mal.


Catwoman prepara los teclados bajo la atenta mirada de Calinerón.


Bocaseca Man al bajo, Supergen a los micros y Superglú a la batería. Qué más quieres.


El público dándolo todo.


Esta es una de las pocas fotos (que no salieron demasiado movidas) en la que se aprecia el espectáculo de luces.


Sir Tim O’theo haciendo karaoke. Ahora ya lo has visto todo.

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27 abril 2009

allison goldfrapp

archivado en: Música

allisongoldfrappNo se crean Vds. que se me han acabado las chicas-guapas-y-raras-que-hacen-música-de-estética-retrofuturista-que-además-están-jamonas-y-con-las-que-yo-me-casaría. Que sería de esta lista sin Allison Goldfrapp.

Ella es la cantante del dúo llamado, sorprendentemente, Goldfrapp, que ha alcanzado el éxito y el reconocimiento que merece.

Y aunque la chica canta realmente bien, la verdad es que la parte del dúo que más interesante encuentro es Will Gregory, compositor y saxofonista que colaboró con un montón de músicos y grupos como Portishead (que por momentos tiene un sonido bastante similar) antes de formar Goldfrapp en 1999. Y no sólo le encuentro más interesante a él (musicalmente) sino que además, ella cada vez va más en plan soy-supersexy-como-madonna y *gn* no es un rollito con el que servidor de vds. comulgue mucho estética ni personalmente. Pero cómo canta la chica.

La música del dúo es indudablemente electrónica: pero tiene una cualidad orgánica indiscutible y una enorme y original riqueza tímbrica. Por ejemplo, en el tema “Lovely Head” (que pongo más abajo como vídeo) la guitarra/silbido que suena no es tal: es la chica pegando chillidos más o menos afinados y pasados por un filtro de válvulas, además de otros efectos un Korg MS-20 (gracias Xel por la info).

Por otra parte no es la típica formación que hace siempre las mismas canciones hasta que al llegar al quinto disco se acaban las ideas (no, no me refería a Dover pero bueno, si te empeñas…). Goldfrapp evoluciona musicalmente de disco en disco y cada uno que sacan realmente aporta algo o tiene un espíritu distinto con respecto al anterior. Otra cosa es que a mí me gusten más los primeros discos…

… y del primer disco es el vídeo que pongo a continuación. Aquí podemos ver a la señorita Allison luciendo cacha/nalga y haciendo monerías/mohínes varios mientras rompe sillas de plástico. Obviamente no debían tener un duro cuando hicieron el vídeo… pero no os quedéis con la imagen… escuchad, escuchad…


Me sigue gustando más Elaine.

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