10 diciembre 2011

nueva revista “astropuerto”

archivado en: General

Hola a todos/as:

Estoy en pleno proceso de reorganización de este mi/tu/vuestro superglob. Creo que ha llegado el momento de depurar los contenidos y separar la parte estrictamente personal (opinión, dibujos, música, etc…) de la parte impersonal (ensayos, artículos técnicos).

Es por lo que he creado la revista Astropuerto.

En ella contaré con colaboraciones de autores afines al tono y las temáticas que… bueno, mis lectores/as ya saben cuales son, o se las imaginan. En cualquier caso, estáis invitados/as a participar.

Así que, desde ya, el ritmo de publicación de glob.cranf.net descenderá considerablemente, y además sólo publicaré a partir de este momento cosas de carácter personal, como fotos de mi gato vestido de supermán. Aunque, la verdad, no tengo gato; y si lo tuviera, le trataría con respeto.

Nos vemos en Astropuerto.

  • RSS
  • Facebook
  • Meneame
  • Twitter
  • MySpace
  • Digg
  • del.icio.us
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Slashdot
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • Wikio
  • Google Bookmarks
archivado en: General

3 noviembre 2011

better living without facebook

Como buen informático que soy —más bien era—, nunca suelo leerme las instrucciones cuando compro algo. Del mismo modo, me dió por cometer suicidio-facebook o “feiscidio” —perdón por el palabro— sin buscar antes en google “adicción al facebook”. Pero lo hice ayer.

La verdad es que me he llevado cierta decepción con los resultados, pues la mayoría de artículos no suelen tomárse el asunto muy en serio o en todo caso lo engloban dentro de una adicción más genérica a internet. Aun así, muchos de estos escritos suelen exponer estos 7 puntos como síntomas de adicción a la maldita paginucha:

  1. Inicias sesión en Facebook antes de revisar tu correo electrónico regular.
  2. Revisas Facebook a diario, varias veces al día, o todo el día.
  3. Tu cerebro filtra todo a través de Facebook ahora. Siempre piensas en como puedes compartir, promocionar, marketear, o propagar esto en Facebook.
  4. Chequeas tu libreta de direcciones para ver quien no se ha registrado todavía o no has invitado aún (creo que eso era al principio porque ahora CASI todos están en Facebook).
  5. Actualizas tu estado con frecuencia y etiquetas a tus amigos en tus fotos para recibir comentarios.
  6. Pasan las horas antes que te des cuenta que no has hecho nada, excepto navegar en Facebook.
  7. Tus horas de dormir se han reducido en dos horas o más.

[copiado de carloscabrera.net]

En mi caso debo reconocer que me identificaba plenamente con los puntos 1, 2, 3 y 6. De ellos, el 3 me merece especial atención.


En el artículo anterior expuse mis razones para dejar Facebook, pero no aclaré mucho sobre como llegué a ellas ni sobre lo que me motivó en última instancia a comprender que debía cortar por lo sano. No fue un ramalazo sin más, sino la ejecución de una acción meditada durante semanas y meses, que encima era recordada periódicamente por un amigo concreto de facebook que invitaba cada poco a suicidios colectivos… que finalmente él mismo nunca llevaba a cabo. De hecho, allí seguía él cuando yo me fuí.

Lo que yo sopesaba durante todo este tiempo era el balance entre la comodidad/gratuidad para relacionarse, sobre todo con gente lejana, y la pérdida/dispersión de tiempo que suponía. Sin embargo, lo que me llevó a la clave fue precisamente lo enunciado en el punto 3: Tu cerebro filtra todo a través de Facebook. A día, de hoy, tras unos días transcurridos desde el sucidio, leo cualquier cosa interesante en un libro o o en internet y la vocecita en la cabeza, para mi horror/sorpresa, todavía piensa en compartirlo inmediatamente, sea con todos mis contactos o con uno en concreto. Esto es quizás lo más aterrador de todo: como la página en cuestión se convierte, internamente, dentro de ti, en un intermediario entre tú y tus relaciones.

Pero no estoy de acuerdo con la explicación simple, que es la búsqueda de aprobación. Es por ello que no me identifico en absoluto con algunos de los síntomas descritos —el 4 y el 5—, muy relacionados con esta necesidad de reconocimiento por parte de los demás. Yo no escribía realmente pensando en el posible feedback que pudiera recibir. Si fuera así, no estaría escribiendo en este blog que apenas tiene 150 visitas diarias de media y en el que sólo un porcentaje ridículo de lectores se molesta siquiera en votar, por ejemplo.

Creo que es algo más sutil, y tiene que ver más con nuestros procesos cerebrales. En un artículo de este glob, relacionado con la vivencia del ego, esa vocecita —en realidad más de una— que todos tenemos en la cabeza, dije:

Dentro de ese coro de voces hay varios injertos. Voces que no son propias. Están ahí por diversos motivos: el señor cura, tu abuelo, tu madre. Estas en concreto pueden ser buenas o malas para tí. Unas veces hay que escucharlas, otras ignorarlas.

Y aquí es donde creo que está la clave: Facebook es capaz de acercar tanto las palabras de la gente —que no a la gente en sí—, y hacerlas tan fácilmente accesibles las 24 horas que, a la larga, acaba llenándonos la cabeza de gente. Dicho de otra manera: la compulsión por escribir, etiquetar, compartir cosas en Facebook es sólo posible no porque tengamos a Facebook, como abstracción, dentro de nuestra cabeza; sino a nuestros contactos de Facebook.

Esa es, creo yo, la clave del éxito de la paginucha, y también su maldición: mete a las personas en la cabeza de otras personas.


Tener la cabeza llena de gente tiene un precio fácil de estimar, especialmente cuando nos damos cuenta de la analogía entre un ordenador y el ego: por mucho que parezca que pueden hacer varias cosas a la vez, tanto la máquina como la voz de nuestra cabeza funcionan de manera unidimensional. Ambos consumen tiempo, y los segundos que dedican a una cosa no los pueden dedicar a otra.

Si la actividad mental está volcada en la vida de otras personas, es uno/a mismo/a quien sufre el detrimento.

Basta fijarse un poco en la idea base que acabo de exponer para darse cuenta que puede explicar casi por completo el amplísimo abanico de actitudes con el que los usuarios se enfrentan a Facebook, y especialmente la vivencia de la dichosa página como evasión de los problemas, o de las simples tareas domésticas.


En mi caso, llevo unos meses enfrentándome con bastante disciplina a la tarea, compleja y multifactorial —espero escribir un artículo cuando haya avanzado bastante más el proceso— de desprogramarme.

Esta es una actividad que no consiste sólamente en erradicar injertos ideológicos, actitudes aprendidas, respuestas automáticas o contracturas musculares crónicas, así como en eliminar expectativas y ansiedades de todo tipo sobre el futuro; también consiste en quitarse a la gente, como un todo, de encima.

La Higiene Mental con mayúsculas exige tener la capacidad de desprenderse internamente de todo el mundo, de todas las personas, cercanas o lejanas.

Con ello no quiero decir que uno limite sus pensamientos a uno mismo. No funciona así, ni mucho menos. De hecho, no hay nada malo en tener en cuenta a los demás, y más aún: si el mundo va tan mal, es precisamente por no pensar más en los demás. Sí me refiero a la capacidad de poder desprenderse de la gente cuando es necesario. Por ejemplo, cuando se hace absolutamente imprescindible tomar las riendas de la propia vida.


Y por eso he puesto de título Better living without facebook a este artículo. Porque realmente la propia vida mejora una vez que te quitas todo el coro permanente de voces que acababa aplastando tu capacidad de concentración y de pensamiento dirigido.

Porque ahora llego a casa, y si enciendo el ordenador es, entre otras cosas, para escribir en este mi/tu/vuestro superglob, que tan abandonado tenía.

FF. Fuck Facebook, o lo que tú quieras que signifique.

  • RSS
  • Facebook
  • Meneame
  • Twitter
  • MySpace
  • Digg
  • del.icio.us
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Slashdot
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • Wikio
  • Google Bookmarks

31 octubre 2011

seis razones para abandonar facebook

Pues sí. Abandono Facebook. Y lo hago por los siguientes motivos:

1 – DISPERSIÓN MENTAL

Todos/as hemos oído hablar del grado de caos mental y superficialidad intelectual que supone usar internet de manera compulsiva, con lo que no voy a insistir en ello.

Pero es que Facebook a ese respecto es una de las peores páginas de internet, pues su capacidad de actualización en tiempo real permite que los contenidos puedan cambiar de minuto en minuto y por tanto renovarse constantemente.

En mi caso concreto, me llegué a indignar hace unos días viendo una película larga en vídeo: cada vez que tenía que levantarme por agua (a quitarla o a reponerla) acababa consultando el Facebook. Acabé cabreándome conmigo mismo, pues llegó un momento en que me dí cuenta de que por culpa de esta distracción me estaba perdiendo el desarrollo de la película. Y algo parecido ocurre trabajando con el ordenador. Si está Facebook abierto, es muy fácil que acabemos consultándolo cada pocos minutos.

Del mismo modo, la semana pasada me produjo mucha satisfacción tener que realizar un trabajo complejo y poder llegar a alcanzar un grado de concentración persistente durante horas, sin dejarme distraer por la página en cuestión: recordé los viejos tiempos en los que mi mente trabajaba como un reloj durante horas, perfectamente centrada y abstraída del resto del mundo.

Porque dispersión mental quiere decir acabar gilipollas.

2 – PÉRDIDA DE TIEMPO

Obviamente esto está relacionado con lo anterior. Si estamos constantemente interrumpiendo actividades para mirar el Facebook o estar pendiente de las posibles novedades, al final quedan los platos sin fregar y la casa sin barrer. Y estoy hablando de muchísimas horas al día, una vez sumadas. Casi peor que con la TV.

3 – GILIPOLLECES CONTINUAS

De nuevo esto está relacionado con el primer apartado. Aunque depende mucho de la gente con la que estés conectado, el Facebook se convierte muchas veces en el amplificador del video de gatitos de turno. Es decir, de información NO relevante que ayuda a acabar gilipollas.

Yo mismo me descubrí hace unos días habiendo escrito un buen puñado de comentarios chorras en publicaciones de amigos. Pero muy chorras. ¿Qué hace un tío como yo ejerciendo de metralleta de chorradas?

4 – FALSA SOCIALIZACIÓN

No hablo de meter como amigos gente que no son amigos. Eso es demasiado evidente, por una parte, y por otra no tengo costumbre de meter a cualquiera. Hablo de la transformación de las relaciones con la gente que YA son tus amigos y amigas.

Antes de abrir mi cuenta en Facebook, el primer semestre de 2009, organizaba un sarao (muy civilizado) en mi propia casa al menos una vez al mes. Cada uno de ellos implicaba cena y toxicidad para 4-8 personas, según el día. Obviamente para muchos amigos era la principal ocasión de vernos y de comentar nuestras intimidades o inquietudes.

Desde entonces el ritmo ha disminuido de tal modo que la última vez que organicé una fiesta en casa fue en Enero, hace casi un año. Con mucha de mi gente al final acabo chateando y nada más.

Y es que no nos damos cuenta de que la interacción por el ordenador no sólo supone una lejanía física absoluta, sino también la pérdida de una grandísima parte de los elementos no verbales de la comunicación. Hasta hablar por teléfono aporta mucha información sobre las emociones del interlocutor sólo por la inflexión de la voz o las pausas. ¿Hay que insistir en que internet de momento no es el mejor medio para la comunicación interpersonal?

5 – FALSO ESPACIO PÚBLICO

Y con esto no me refiero al hecho evidente de que es peligroso escribir en Facebook porque al final no sabes quién te puede acabar leyendo. Hablo de algo mucho peor.

Los centros comerciales modernos, si os fijais, siempre tienen en el interior una especie de plaza con bancos, fuentes, etc… De hecho, parece una plaza pública. ¡PERO NO LO ES! Tú no puedes ejercer de ciudadano en esa plaza pública porque en realidad es un espacio privado. No puedes repartir octavillas de ningún tipo sin que dos seguratas te cojan de cada brazo y te echen.

Del mismo modo Facebook parece un foro público, ¡PERO NO LO ES! Es en realidad la casa del señor Zuckerberg y de su Policía Privada. Mas aún, es peor que la falsa plaza de tu centro comercial repleta de cámaras. Porque en la plaza de Facebook es imposible esquivar estas cámaras; para que lo que dices sea accesible a los demás, debe pasar por ellas.

6 – ¿UNA FUTURA CAZA DE BRUJAS?

Está claro que el propósito #1 de Facebook es ganar dinero. Si dividimos el valor bursátil de Facebook entre el número de usuario sale que cada uno de nosotros está valorado en más de 100€. A mí me parece mucha pasta a cambio de nuestros parloteos.

No hay que ignorar que además de un espacio para la gilipollez, la chorrada y la novedad insulsa, Facebook es para muchos usuarios un espacio de debate político, en el que los usuarios exponen y defienden ideologías concretas.

Eso estaría muy bien si Facebook fuera de verdad un espacio público. Pero no lo es.

Dado que las democracias occidentales parecen estar derivando en un capitalismo autoritario a-la-china… ¿Quién garantiza que Facebook en un futuro no acabe vendiendo tus datos a elementos represivos? ¿Y si lo que dices en Facebook acaba llevándote a un centro de detención en un futuro no tan lejano?

CONCLUSIÓN

No me resulta fácil abandonar la aparente fiesta perpetua que supone Facebook. Sí, es como dejar una fiesta que nunca se acaba, y echas un último vistazo a la puerta y ves globos y confetti y un montón de gente que conoces charlando, interaccionando y riendo.

Pero no se puede estar todo el día de fiesta con los amigos. Y más, cuando cada vez que miras al techo ves una cúpula negra invertida que sabes que esconde una cámara que no se sabe a dónde apunta. Aunque seguramente apunta a todos.

Prefiero volver a mi aburrido y solitario Mundo Real.

EDITO: No te pierdas la segunda parte de este artículo: Better Living Without Facebook.

  • RSS
  • Facebook
  • Meneame
  • Twitter
  • MySpace
  • Digg
  • del.icio.us
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • Slashdot
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • Wikio
  • Google Bookmarks
índice   cranf.net   wordnadapress